Enrique Morente pasó el último año de su vida rodeado de cámaras. Él no lo sabía, pero el documental Morente acabaría por convertirse en póstumo testimonio de su arte. Ahora, su director, Emilio Barrachina, que compartió con él aquellos días, rememora los momentos finales del genio del flamenco.

Una noche en el museo Dos días antes de operarse [murió de un infarto cerebral tras ser intervenido de un tumor en el esófago], grabamos una secuencia memorable en el Reina Sofía. Allí cantó Autorretrato, una seguirilla, dio varios gritos espectrales y se puso a imitar las figuras del Guernica [su último disco, Pablo de Málaga, es un intenso homenaje a Picasso]. En tres minutos que dura el plano en la película, Morente nos cuenta su historia, desde su primera actuación en Nueva York hasta hoy. Fueron sus últimas palabras ante una cámara.

El equilibrista, ante el espejo

Aquí vemos a Enrique tal y como era. Arriba, en un concierto en Buitrago de Lozoya. En su caravana puso el güisqui, el móvil, el traje, las botas y no dejó entrar a nadie. No precisaba mucho para ser feliz. Abajo, en el Retiro, ante la estatua del Ángel Caído el día antes de la operación. Me dijo. ¿Y si camino como si fuera el ángel que va a caer?. Esa tarde grabó una versión antológica de Ángel caído, de Antonio Vega. Lo último que cantó.

Cuando se cierra el telón La película se cierra con Morente ante el Liceo vacío [arriba]. Lo decidimos juntos así antes de su muerte. Nos gustaban los ojos picassianos que Aurora, su mujer, había pintado en la chaqueta y la idea de que, tras la creación, el artista se queda a solas consigo mismo. La imagen de abajo es de la noche en el Reina Sofía, ante uno de los bocetos del Guernica. Fue un año de rodaje, pero él nunca actuó. Siempre era natural. Le gustaba la gente de tú a tú.