Es el mayor escándalo en la historia de la prensa británica. Decenas de famosos, incluido el príncipe Guillermo, fueron espiados por el periódico sensacionalista News of the World. Todo intenta taparse con multimillonarias indemnizaciones, pero el drama, con los ingredientes del mejor cine negro detectives corruptos, chicas guapas, sobornos políticos , no ha hecho más que empezar. Por Carlos Manuel Sánchez

Todo empezó con una lesión de rodilla. El príncipe Guillermo notó un pinchazo mientras jugaba al fútbol. Era 2005, el joven heredero tenía entonces 23 años y se agobió por su problema en el tendón rotuliano. Veía cómo su ingreso en la academia militar de Sandhurst peligraba. Que corra por sus venas sangre real no lo excusaba de someterse a las duras pruebas físicas de acceso. Y, medio cojo como estaba, no aprobaría. Así que concertó una cita con un traumatólogo y decidió operarse. El asunto se llevaba en secreto, pero los lectores del periódico sensacionalista News of the World se enteraron con pelos y señales, incluida la fecha programada para la intervención, hospital y cirujano. ¿Cómo demonios había trascendido? Guillermo sospechó que alguien había pinchado su teléfono móvil. La Policía realizó unas pesquisas y lo que descubrió era tan preocupante que la investigación fue encomendada a la división antiterrorista de Scotland Yard. Meses más tarde, otra exclusiva. el príncipe Enrique, hermano menor de Guillermo, era sorprendido en un club de striptease. El semanario incluso divulgaba los mensajes de texto intercambiados después de la juerga entre el contrito y resacoso Enrique y su despechada novia. Comenzaba así, entre la banalidad de lo publicado y la gravedad de la brecha de seguridad que sugería, el mayor escándalo en la historia de la prensa británica. Después de casi seis años de petardazos, la traca final estalla ahora en pleno corazón del imperio de Rupert Murdoch, presidente de News Corporation, el mayor conglomerado de medios de comunicación del mundo y propietario de News of the World. Lo que se ha destapado es poco menos que una red de espionaje de los teléfonos móviles no solo de la realeza, también de políticos, militares, artistas y deportistas, así como de sus amigos, empleados y familiares. Las pruebas confiscadas por Scotland Yard incluyen 4332 nombres y 2987 números de móvil. Entre las personalidades espiadas, cuya identidad se ha difundido, están la actriz Sienna Miller y su ex pareja el actor Jude Law; la modelo Elle MacPherson; la activista por los derechos de los animales Heather Mills, que fuera esposa de Paul McCartney; el ex primer ministro Gordon Brown; Boris Johnson, alcalde de Londres, y diversos parlamentarios; el jefe de comunicación del príncipe Carlos y el secretario privado de los príncipes Guillermo y Enrique; el ex futbolista Paul Gascoigne La dirección del periódico sostuvo durante años que todo fue obra de una manzana podrida , un redactor que contrató, por su cuenta y a espaldas de sus editores, los servicios de un detective privado sin escrúpulos. Se trata de Clive Goodman, corresponsal de la casa real, y Glenn Mulcaire, un investigador que parece sacado de una novela negra. Ambos fueron condenados a unos meses de prisión en 2007. Pero esta versión hace aguas y todo parece indicar que se trataba de una práctica endémica. Tanto que Murdoch acaba de ordenar que el semanario pida disculpas y que se destine un fondo de decenas de millones de libras a indemnizaciones. News Corporation aceptaría pagar hasta 120.000 euros por cabeza para llegar a acuerdos extrajudiciales. Si el afectado pide más, litigará. Los precedentes van en su contra. Frenar dos de las querellas las del publicista Max Clifford y la del ex presidente de la asociación de futbolistas Gordon Taylor le ha costado casi dos millones de euros.El caso es un folletín por entregas y con cada nueva revelación recobra ímpetu. Cuando se produjeron las escuchas ilegales, era director del rotativo Andy Coulson. Sus subordinados cuentan que su lema era búscate la vida y tráeme una historia, no importa cómo . En 2006, una ballena quedó varada en el río Támesis. Un periodista de un tabloide de la competencia se lanzó al agua para ayudar a salvarla. Cuando vio las fotos, Coulson montó en cólera. Si mi periodista no se moja también, que no se moleste en volver a la redacción , dijo. Y despachó a otro reportero al Mar del Norte para buscar a la familia de la ballena . La presión era tal que un redactor de deportes lo denunció y el tribunal consideró probado un delito de acoso laboral y estipuló una indemnización de 900.000 euros. Coulson siempre negó estar al corriente de los pinchazos telefónicos, pero dimitió. Fue contratado como asesor del líder conservador y futuro primer ministro David Cameron, del que ha sido jefe de comunicación hasta enero, cuando renunció salpicado por otro bandazo del escándalo.El detective encarcelado es otro personaje. Presuntamente, Mulcaire cobraba 2285 euros a la semana por suministrar exclusivas al periódico. Su especialidad era el espionaje electrónico de los buzones de voz de los famosos. Proporcionaba a varios periodistas transcripciones de los mensajes de texto que, sazonadas y entrecomilladas, se convertían en titulares de portada. En el caso de Sienna Miller, que ha presentado una querella, la vigilancia abarcaba nueve teléfonos, incluyendo el de su madre, su asistente personal, su agente y su novio de entonces, Jude Law. Otro redactor estaba obsesionado con la modelo Liz Hurley, ex de Hugh Grant, y el marcaje se extendía a su peluquero y su chófer. El detective habría recibido un pago de 113.000 euros antes de ser enviado a prisión, se sospecha que para que no tirase de la manta. Las pruebas en el caso de Miller han conducido en las últimas semanas a los arrestos de Ian Edmonson, director adjunto hasta que fue despedido en enero, y de Neville Thurlbeck, redactor jefe. Además, los abogados de la actriz han conseguido que el rotativo entregue a la justicia millones de correos electrónicos enviados o recibidos por los redactores durante los años 2004 a 2006 que podrían proporcionar nuevas evidencias. La información pesa medio terabyte, espacio suficiente para almacenar 50 millones de páginas de texto. Hasta ahora, la dirección sostenía que esos correos se habían perdido.Pero Mulcaire no era el único detective a sueldo. El dominical de Murdoch y otros tabloides encargaban trabajos sucios a Jonathan Rees, cuya biografía parece escrita por Dashiel Hammet. Nadie paga tanto como News of the World , se jactaba. Dicen que unos 170.000 euros anuales. Rees tenía una oficina mugrienta en el sur de Londres y vivía en un piso destartalado escaleras arriba. Divorciado, obeso e iracundo, Scotland Yard lo tenía enfilado por sobornar a policías y ocultó un micrófono en su despacho. Era 1999. Su red de informantes incluía también a empleados de bancos y de compañías telefónicas. Y fue un pionero en el uso de troyanos para reventar cuentas de correo. Un par de fuentes asegura que incluso encargó asaltos a domicilios de celebridades para obtener cualquier dato de sus vidas que pudiera ser vendido. A Rees se lo acusaba de haber matado a su socio de un hachazo a la salida de un pub. Hace unos días fue absuelto por falta de pruebas, pero durante el juicio se abrió la caja de Pandora. la conexión de Rees con un peso pesado, Rebekah Brooks, directora ejecutiva de todas las cabeceras de Murdoch en el Reino Unido.Esta dama pelirroja es la mujer más influyente de los medios británicos. Y protagonista de un rocambolesco contraespionaje. Harto de ser fisgoneado, el actor Hugh Grant decidió cambiar los papeles, se colocó un micrófono oculto y fue en busca de Paul McMullan, un ex periodista de News of the World, con el que mantuvo una distendida conversación. McMullan le hizo algunas confidencias sobre Brooks muy jugosas. Es íntima amiga del primer ministro. Eran vecinos hasta que Cameron se mudó a Downing Street y montaban juntos a caballo. Según McMullan, Cameron está en deuda con Rebekah por ayudarlo a ganar las elecciones . Sea o no cierta, la revelación muestra el enorme ascendiente sobre los políticos que sigue teniendo la prensa amarilla, a pesar de la caída de las ventas. Rupert Murdoch podría haber usado sus contactos al más alto nivel para pedir al ex primer ministro Gordon Brown que enfriase las críticas que arreciaban desde Gobierno y Parlamento a raíz del escándalo de las escuchas, hipótesis calificada como basura por un portavoz de la corporación. La táctica no habría surtido efecto, en buena medida gracias a la vigilancia ejercida por The Guardian y otros diarios serios, que han mantenido vivo el caso, pese a las reticencias de Scotland Yard a reabrirlo se le había dado carpetazo en 2007 o siquiera avisar a cientos de presuntas víctimas de que sus teléfonos no eran seguros. Y por el celo de la televisión pública BBC, con la que Murdoch mantiene una enconada batalla por la audiencia. Posee el 39,1 por ciento de la cadena por satélite BSkyB y ha ofrecido 8800 millones de euros por hacerse con la totalidad, lo que podría infringir las leyes antimonopolio. La controversia del espionaje puede poner en peligro la maniobra, así que Murdoch ha decidido ahora pedir perdón y pagar a tocateja a los damnificados. Este golpe de timón ratifica la estrategia preferida por su hijo, James Murdoch, que firmó los cheques de las primeras indemnizaciones millonarias. Y desbarata la de Rebekah Brooks, que siempre optó por negar la mayor. Lo interesante del tema, si usted me habla de una crisis de reputación, es que el negocio marcha viento en popa. Lo que demuestra que somos capaces de meter el problema dentro de una caja , declaró James, heredero in péctore del imperio. La sucesión es un asunto candente, pues Rupert tiene 80 años y, aunque bromee diciendo que llevará las riendas hasta los 130, todo está dispuesto para que el tercero de sus vástagos, de 38 años, asuma algún día el control después de la espantada de sus hermanos Lachlan y Elizabeth. Según el New York Times, James tiene la agresividad de su padre, pero carece de su sentido táctico y su templanza . James dirige las operaciones del conglomerado en Europa y Asia, pero acaba de ser llamado a los cuarteles generales en Nueva York, quizá para guarecer al delfín mientras arrecia la tormenta en el Reino Unido. Más allá de la lucha de poder, un debate ético sacude a la prensa británica. ¿Marcará esta polémica un antes y un después en los modos de perseguir las noticias? ¿Será el final del todo vale? ¿O el asunto terminará diluyéndose en una época en la que Internet y las redes sociales están laminando las fronteras entre lo público y lo privado? ¿Por qué las filtraciones expuestas por Wikileaks son elogiadas en las facultades como un ejemplo de buen periodismo y el cotilleo de un buzón de voz es execrable? Los viejos caimanes de Fleet Street son escépticos. La única diferencia es la tecnología. Todos hemos recurrido a cualquier treta con tal de conseguir una historia. No por una cuestión de interés público, sino porque sentíamos el aliento de nuestro redactor jefe en la nuca , afirma un veterano en el blog de Roy Greenslade, profesor de periodismo en la City University. Un refrán judío dice. Mejor no preguntes. En la cadena de mando de un periódico, el redactor jefe no pregunta cómo ha obtenido la historia al reportero, y el director no pregunta al redactor jefe ironiza otro. Es una manera de cubrirse las espaldas. Lo que el director no conoce no puede dañar su publicación. Si alguien le viene con el cuento de que se han traspasado ciertos límites, él puede responder con la mano en el pecho. No sé de qué me hablas. n

EL PRÍNCIPE Y EL MAGNATEUno de los personajes espiados por News of the World fue el príncipe Guillermo. En esta página, James Murdoch, vicepresidente de News Corporation, empresa a la que pertenece el diario. ü

“Celebrities” in fraganti

Sienna Miller üLa más peleonaLa actriz fue una de las primeras en saber que su móvil estaba pinchado y la más perseverante para que Scotland Yard reabriese el caso. Ya ha anunciado que las disculpas no le sirven y que no detendrá su querella.ü

Gordon Brown üEL CANDIDATO al que BATIREl ex primer ministro sospecha que fue espiado cuando era ministro de Finanzas de Tony Blair. News of the World es muy crítico con el Partido Laborista, pero luego Brown también atacó al diario en lo que se interpretó como una venganza. ü

Heather Mills üLa odiadaRecién separada de Paul McCartney, los tabloides dispararon sin piedad contra ella. Todo valía para atacarla, incluido intervenir sus conversaciones. Ella misma recopiló en una carpeta 4400 recortes de artículos ofensivos.ü

Elle Macpherson üLa equivocadaLa modelo australiana despidió a su asesora financiera creyendo que era ella quien estaba filtrando detalles íntimos de su vida, incluidos ciertos romances inconvenientes (y poco sólidos). En realidad, tenía el teléfono pinchado.ü

Hugh Grant. Al contraataque

Harto de la pesecueción mediática que sufre, el actor decidió contraatacar y acudió a una cita con un periodista del “News of the world” con una grabadora. Lo que logró sacarle ha sido clave en la investigación.