Su pequeña torre hexagonal, sus pálidos muros de toba y sus tejados de pizarra anuncian la elegancia del castillo de Boissimon. Pero lo mejor está en su interior, tras el castaño centenario.

Este pequeño castillo del siglo XIII ha sido siempre el principal atractivo de Linières-Bouton, una minúscula aldea de apenas 90 habitantes. El lugar perteneció al conde Ramolino y fue escenario de la boda del príncipe Luis Napoleón Bonaparte en 1949. Con más de 700 años, abundan las anécdotas históricas, y los nuevos propietarios de Linières las coleccionan con curiosidad, como para entender mejor la casa a la que devuelven la vida. Porque Chantal e Yves han transformado lo que imaginaban que era solo una casa de campo para su familia en una casa de huéspedes refinada. No se trataba de encontrar una actividad cualquiera para mantener la finca o financiar la reparación de los tejados. No. Lo más importante fue, desde el principio, el encuentro con el lugar y con su historia, las ganas de devolverle su esplendor de antaño y de lanzarse a la aventura. Al igual que los señores y príncipes del Renacimiento, los nuevos dueños se convirtieron en mecenas más que en constructores. Con ambición, pero sin ostentación, se aseguraron los servicios de una decoradora de interiores, Jacotte Courtois de Viçose. Albañiles, carpinteros, herreros, pintores y tapiceros de Suiza, París, Nantes, Tours y alrededores trabajaron en Linières durante tres años. Se desnudaron los muros, se rascaron y picaron, para vestirse con un nuevo aspecto. Los estilos gustaviano, victoriano y barroco se mezclan respetando el alma del castillo y proporcionándole un toque actual. Se observan, por supuesto, objetos y muebles de anticuario una consola del XVIII adornada con una colección de candeleros heteróclitas, un conjunto de sillas con el cuero remendado o un reloj gustaviano todo en curvas e innumerables elementos que dan fe de la finura del trabajo. el drapeado de las cortinas de lino gofrado a cual mejor, el maridaje de las tarimas macizas con baldosas de cemento, colores y materiales sofisticados a lo largo y ancho de las paredes y estancias del castillo. Y en el comedor, un fresco con motivos inspirados en los paisajes del Loira de los pintores suizos Nathalie y Romain Guillon en un tono sobre tono de verde y gris tormenta. Una pequeña obra que concentra el espíritu de esta casa, enraizada en la historia de los países del Loira y delicada interpretación de las luces del río. n

Biblioteca. Con mucha luz natural, la mesa está cubierta de lino, material también de las cortinas. Sobre el sofá antiguo, cojines de seda y algodón. Recibidor. En la entrada, destacan dossofás, uno adamascado y otro de lino.Como mesas, dos bancos con patas de fundición.

“Office”. Un aparador de madera sirve para guardar los útiles de cristal. Las pantallas de las lámparas son de papel verde bronce con interior dorado.

Estilo indo-veneciano. Dormitorio con cama con columnas del siglo XVI rematadas de pies de lámparas y cómoda de madera. Estilo gustaviano. Cama con dosel, espejo de fundición verde gris y cómoda en este dormitorio. Baño. Se ha recortado la tarima para poner una alfombra de baldosas de cemento. Destacan la bañera exenta y los biombos del siglo XVIII.