El doctor Mir acaba de cumplir 70 años y cuelga el bisturí. No lo hace por convicción, sino por obligación. en España, la ley no le permite trabajar más. No lo ha hecho poco. En los últimos 20 años ha firmado 1800 trasplantes de hígado. Uno de cada cien en el mundo lleva su nombre.

Ha salvado, de media, tres vidas a la semana. También tiene el récord de trasplantes en un solo día: seis intervenciones. Reunimos a uno de los médicos más reputados con cuatro de los pacientes a los que salvó la vida. Y descubrimos que es todo corazón

Es el Leo Messi de los quirófanos. no hay situación que no pueda “regatear”. y eso que ha vivido muchas operaciones como si fuesen finales de la champions.Casos como el de Cristina. Cuando tenía 18 años, un buen día se fue a urgencias a causa de una gripe que se le complicaba. Salió dos meses más tarde, después de haber pasado, inconsciente, por las manos del doctor José Mir y haber recibido dos trasplantes de hígado. El caso de Eva no fue más fácil. A los seis meses de edad le detectaron un cáncer en el hígado. La trataron con quimioterapia, pero no funcionó. El tumor era demasiado grande. Necesitaba un nuevo órgano. Su madre se ofreció para donarle un trozo del suyo, pero esa técnica se ha hecho en contadas ocasiones en nuestro país por su alto riesgo. Pero ahí estaba Mir para jugar el balón más difícil. Hoy es una niña feliz. Los de ellas son solo dos casos de los 1800 trasplantes que ha realizado Mir en sus 20 años de ejercicio. En parte, dentro de su desgracia, tuvieron suerte de vivir en nuestro país (desde hace 19 años somos la nación que más trasplantes hace) y de caer en las manos del doctor Mir, o Pepe, como lo llaman cariñosamente, que tiene por principio no rechazar ningún caso, buscar siempre una solución a cualquier enfermo. Pasear con él por los pasillos del hospital de la Fe de Valencia es como acompañar al delantero centro que ha marcado el gol de la victoria. Todo el mundo lo saluda, le dedican guiños y palmadas. Hoy, XLSemanal lo ha citado para una sesión de fotos con cuatro de sus pacientes. Cuatro personas que ahora no estarían aquí si no fuera por él. Son casos relevantes, porque estaban casi deshauciados. En su día marcaron un hito dentro de la investigación y los trasplantes. A pesar de que han pasado muchos años, cuando el doctor entra en la sala y se encuentra con sus compañeros de fotografía, se acuerda perfectamente de cada caso. Los pacientes lo miran de la única manera en la que una persona puede mirar a quien en su día le salvó la vida, con una mezcla de admiración y nervios. Para Pepe Mir, quien ya se ha puesto la bata y bromea con ellos, es una expresión conocida. Asegura que tiene grabada en la memoria esa expresión de los pacientes cuando te miran y te dicen gracias. Eso te llega al corazón . En el rostro de Mir no hay ni rastro de la leyenda negra de la soberbia del cirujano. En realidad soy yo añade quien tendría que agradecérselo todo a los enfermos. Son ellos quienes me han dado una satisfacción a mí. Imagina lo que es que venga un paciente y ponga su vida en tus manos sin conocerte. Lo es todo. Se fían de ti la primera vez que te ven. Esa confianza es lo que yo más agradezco. Hombre de cifras. El trasplante de hígado es uno de los más complejos. Técnicamente, incluso más que el de corazón. También es de los de mayor coste económico. Actualmente se han hecho en España más de 18.000 intervenciones en 27 años. El equipo del doctor Mir es el que más ha protagonizado, a pesar de que comenzó a funcionar cinco años después de que se pusiera en marcha esta técnica en nuestro país. Haciendo una rápida división, él y su equipo se han dedicado a salvar una vida cada tres días. En dura competencia con otros equipos, son el grupo más avanzado de España, donde firman el diez por ciento de los trasplantes de hígado. La unidad del doctor Mir nació el 5 de enero de 1991. Comentábamos jocosamente que era el regalo de Reyes , recuerda el doctor. Aquel día, el hospital de la Fe de Valencia, que ya gozaba de mucho prestigio en otro tipo de intervenciones, aprobó su primer trasplante de hígado, una experiencia que hacían muy pocos centros en Europa. El primer día, rememora el doctor, nos llevó unas 14 horas el trasplante. Hoy se invierten algo más de cinco. Lógicamente continúa era una sobrecarga de trabajo demasiado fuerte para el hospital . Puede que fuera esa sobrecarga lo que hizo que no todos vieran con buenos ojos la experiencia. Algunos pensaban que se iban a estrellar, que no podrían llevarlo adelante; otros, que era un trasplante testimonial y no se harían más. Demasiado coste humano y recursos sanitarios. Pero para el equipo de Mir era muy duro ver cómo llegaba un donante y mientras el pulmón, el corazón y el riñón se quedaban aquí para trasplantes, el hígado se iba a otra parte porque no podíamos trasplantarlo. Y, sin embargo, sí teníamos pacientes que necesitaban esos hígados. El hígado estaba aquí, el enfermo estaba aquí, no le podíamos decir que se fuera. Así que comenzamos y ya no se nos escapó ninguno . El equipo tenía tanta fe y trabajó a tal ritmo que unos años después, en plenas Navidades, batió el récord de trasplantes seguidos. Sin ningún tipo de aviso previo, un 28 de diciembre cuenta Mir hicimos seis trasplantes. Permanecieron 24 horas seguidas en quirófano. Al día siguiente estábamos rotos. Cuando acabábamos uno, y pensábamos que ya estaba todo, nos avisaban de que había otro donante. Íbamos cogiendo fuerzas de donde no sabíamos ni que las teníamos. Médico casi por casualidad. Pese a sus logros, el doctor Mir llegó a la medicina casi por casualidad. Por extraño que parezca, de adolescente no toleraba la sangre. Se dio cuenta a los 17 años, jugando un partido de fútbol con unos compañeros. Uno de ellos recibió una patada y comenzó a sangrar. Yo siempre he sido curioso y me acerqué a verlo. Caí fulminado. No podía ver la sangre. ¡Y voy y me hago médico! Y después, cirujano. Y dentro de la cirugía, la del hígado, la que más sangra una paradoja. Pero es que la alternativa tampoco le atraía. Su familia lo presionaba para que fuera arquitecto. El doctor confiesa que no podía ni con el dibujo ni con las matemáticas y, como estaba en ciencias, solo me quedaba la carrera militar o la medicina . Está claro cuál fue, por fortuna para sus pacientes, su opción. Aclara Mir que en todo momento contó, y sigue contando, con el apoyo de su familia. En primer lugar, su padre. Me fijaba mucho en sus consejos, me decía que tuviera fe y dignidad en aquello que hiciera. Y, ahora, su mujer, sus tres hijos y cinco nietos son su gran sustento. Se muestran orgullosos de lo que el doctor representa, aunque también han vivido los momentos duros que rodean a tan especiales cirujanos. Nuestras familias son las más sufridoras , confiesa el doctor.Probablemente no habrá médico que no se haya sacrificado por su profesión. Mir recuerda muchas situaciones difíciles para los suyos, como una ocasión en la que se iba de fin de semana con toda su familia en el coche, viajábamos a Calpe (a unos 150 kilómetros del hospital) recuerda y, al llegar, tuve que dejar a la familia y volverme para operar. Cuando acabé y de nuevo iba para Calpe, a mitad de camino me tocó dar media vuelta otra vez porque había otra urgencia . Cuando las guardias apretaban, el teléfono le sonaba unas diez veces al mes en plena madrugada. Una ducha y al hospital, que hay un donante.Ahora que se ha jubilado, Pepe Mir dedica las madrugadas a dormir cosa que su mujer agradece, pero sigue trabajando sus ocho horas diarias. Además de conferencias y artículos, prepara el congreso de cirugía hepática más importante de los últimos años, que se celebrará en junio en Valencia. Ahora toca ceder el testigo y que la unidad continúe su camino sin él, pero dice que no quiere perder el día a día con los pacientes, que le han enseñado mucho. Lo demuestra contándonos lo que él considera uno de los momentos más duros. Se le ha planteado varias veces en su carrera. Está a punto de entrar en quirófano con un enfermo que ha superado una larga lista de espera y aparece una persona en coma con una viabilidad límite, con solo unas horas de vida, a menos que reciba el órgano destinado al primer enfermo. El paciente ha estado esperando el hígado meses, ya está aquí, a punto y tienes que decirle que hay otra persona que acaba de llegar en una situación peor. Es durísimo. Pero en ese momento siempre te dicen que sí, que pueden esperar y el órgano pasa al otro. Eso es lo más grande. Eso es la bondad humana. Y hace que todo merezca la pena. n

María JosÉ JordÁ y Eva “Cuando te dicen que a tu bebé le queda un mes de vida, todo vale”

La crueldad de la enfermedad se cebó con la pequeña Eva. Se le diagnosticó un cáncer de hígado a los seis meses de haber nacido. Intentaron curarle con un duro tratamiento de quimioterapia que no surtió efecto. Le quedaba un mes de vida. Era necesario un trasplante urgente, pero no era la primera en la lista de espera. Su madre, médico de profesión, había escuchado que la técnica del donante vivo comenzaba a experimentarse. Se plantó en el hospital y les pidió que lo hicieran en su caso. No importaba el riesgo; cuando te dicen que a tu bebé le queda un mes de vida, todo vale. El equipo de Mir movió cielo y tierra y obtuvo los permisos. María José y Eva ingresaron a la vez, pero en pabellones distintos. Mientras a María José le extirpaban un trozo de su hígado adulto, a Eva le extraían el suyo. Unas horas después, la pequeña recibía ese aliento de vida de su propia madre y lograba superar la operación. Hoy es una niña feliz de casi tres años que revolucionó la sesión de fotos.

Nieves Sánchez “Crees que en la vida esto solo te pasa una vez. pues a mí me pasó dos”A Nieves, una inesperada y terrible enfermedad le truncó una prometedora carrera. Estaba preparando la oposición a juez cuando se sintió mal. Una hepatitis la obligó a ser trasplantada. Era 1988 y la técnica estaba todavía dando sus primeros pasos. Después vino la medicación, las revisiones y la recaída. Tú piensas que en la vida te toca pasar por esto una vez, pero que jamás te tocará dos. 15 años después, un 15 de diciembre ingresaba directamente en la UCI. Salió tres meses después con su tercer hígado. Hoy en día está mucho más sana que a los 26 años, dice. Cada año, el día del trasplante celebra una misa por sus donantes. El primer órgano sabe que venía de Bélgica; del segundo no sabe nada y nunca quiso preguntar. Pero serán, para siempre, parte de su vida.ü

cristina lópez “Me quedé embarazada después del trasplante. un milagro”A Cristina le trasplantaron con 23 años. Entró por urgencias aquejada de una gripe. Pocas horas después era una alerta 0. Le trasplantaron el hígado ante la incredulidad de los familiares que la acompañaban. Su cuerpo lo rechazó y 48 horas después recibió un nuevo órgano que la salvó de la hepatitis fulminante que padecía.Años después rompió las barreras de la medicina y la estadística cuando se quedó embarazada, un caso único en Europa entonces. En teoría, la medicación inmunosupresiva que debe tomar de por vida impedía el embarazo. Pero hoy tiene un feliz milagro de ocho años que desea con todas sus fuerzas ser portero de fútbol. Cristina celebra dos cumpleaños, el de su nacimiento y el del trasplante que le permite estar entre sus seis hermanos. Todos se han hecho donantes.

Antonio Tomás Pastor “Me trasplantaron el hígado y los pulmones a la vez. sin precedentes”

Antonio se acostumbró a vivir entre hospitales desde pequeño a causa de una fibrosis quística. Pero a los 18 años le dijeron que su situación era crítica. necesitaba un nuevo hígado y también dos pulmones. No había tiempo, todo se debía hacer en la misma intervención. Fue el primer caso de España de trasplante hepatobipulmonar. Duró 19 horas. No había precedentes. Pero lo superó. En cierto modo sentí un alivio porque me dijeron que tenía una única posibilidad, pero al menos tenía una. Hoy en día, a sus 31 años, es un joven lleno de ganas de vivir, con mucho cuidado con los constipados y las gripes, eso sí . Sigue luchando, ahora contra la fortísima medicación que toma. Es tan dura que le ha machacado un riñón. Acaba de recibir uno nuevo en el hospital, que considera su segunda casa.

El lugar de los hechos El doctor José Mir, con bata blanca, con cuatro de sus casos más significativos en el quirófano del hospital de la Fe de Valencia donde los intervino, aunque hoy no está ya en uso. De izquierda a derecha, Antonio Tomás Pastor, Nieves Sánchez, María José Jordá y su hija Eva (donante y trasplantada, respectivamente) y Cristina López y su hijo Carlos (primer niño nacido de una trasplantada). ü