Una serie de suicidos entre los empleados de la multinacional francesa France Télécom conmocionó el año pasado al mundo y supuso la dimisión de toda la cúpula directiva. La situación parecía estar bajo control, pero el mes pasado otro trabajador se quitó la vida. Y esta vez, prendiéndose fuego a sí mismo. ¿Qué está pasando?

Estoy de más. RÉmy era un hombre meticuloso, una persona volcada en su trabajo, muy responsale, identificado conla empresa.Así lo describen sus compañeros. Un hombre comprometido que se siente traicionado si su lealtad no es correspondida. Llevaba 30 años en France Télécom. Rémy se roció de gasolina y se prendió fuego en el aparcamiento de la compañía en Burdeos el mes pasado. Tenía 57 años y cuatro hijos. Un ramo de flores junto a la mancha oscura que dejó su cuerpo calcinado fue el modesto homenaje a la última víctima de la oleada de suicidios que azota al gigante de las telecomunicaciones. al menos 60 desde 2008, sin contar decenas de intentonas fallidas.Rémy era delegado de personal, aunque había acumulado trienios en la oficina de Mérignac como contable. Hasta 2007, cuando su puesto fue suprimido y comenzó a ser rebotado de un departamento a otro, de una ciudad a otra. En septiembre de 2009 envió una carta abierta a la dirección de recursos humanos. Seis páginas. La consideración profesional, el reconocimiento, el simple respeto al ser humano debería guiar cualquier gestión. Aquí se está despojando de sus atribuciones a cuadros enteros y arrojándolos al cubo de la basura, víctimas de la movilidad forzosa y de la pérdida de confianza. La calidad en el trabajo ya no cuenta. Dentro de diez años todavía estaremos tratando el mismo asunto. O más bien no. Porque cierta categoría profesional habrá desaparecido por jubilación o por suicidio. Y el problema, ¡por fin!, se habrá solucionado Yo pertenezco a esa categoría. Estoy de más , concluyó. No recibió respuesta.El suicidio de Rémy ha reabierto una herida que se cerró en falso con la dimisión de la cúpula anterior, muy criticada porque tardó años en reconocer siquiera que existía un problema. La nueva dirección, desde febrero de 2010, la lidera Stéphane Richard, un negociador nato que contrató a cien directores de recursos humanos y varios médicos con órdenes de detectar a los empleados más vulnerables; y suprimió, aunque solo de manera provisional, los traslados fulminantes y otras medidas que causaban malestar. Los demonios interiores parecían haberse adormilado. Ahora se han despertado de golpe y, para colmo, un tribunal de París ha reactivado las investigaciones sobre una supuesta conspiración de los anteriores directivos para amargarle la vida a la plantilla. No hay ningún complot para crear las condiciones que pueden llevar a que la gente se suicide. Se puede tener la impresión de un cierto encarnizamiento, pero es una caricatura. Somos una sociedad privada, operamos en un sector muy competitivo y debemos obtener beneficios. En cuanto a los suicidios, nos vemos enfrentados a dramas personales que, a priori, nada tienen que ver con la empresa , expone Richard, el actual presidente de la compañía.En realidad, Richard utiliza dos líneas de defensa que ya esgrimió su antecesor, Didier Lombard. 1) La cuenta de resultados. o eres rentable o la empresa se va al garete. Pero France Télécom ganó 4880 millones de euros en el pasado ejercicio. ¿Qué necesidad hay de seguir apretándoles las tuercas a los trabajadores para recortar gastos?, se preguntan los sindicatos. 2) La decisión de suicidarse es un asunto misterioso, íntimo y en el que confluyen factores diversos, como una depresión, soledad o problemas de pareja. Pero Christophe Dejours, psicólogo del trabajo y autor de un estudio interno encargado a raíz de la primera tanda de suicidios, replica. Las iniciativas de la empresa son muy simplistas. Identificar a los individuos frágiles y crear células de ayuda psicológica. Este enfoque pone la responsabilidad en el trabajador problemático. Pero en France Télécom se suicida gente que no tenía ningún problema personal; gente sin neurosis o pulsiones morbosas. Esto es novedoso y muy inquietante .Otro rasgo sorprendente y que tiene a los investigadores desconcertados es el carácter espectacular de muchos de los suicidios. Quemarse a lo bonzo es muy infrecuente. Denota una voluntad de rebelarse contra la injusticia. Y hacerlo en una dependencia de la empresa es un gesto simbólico. Una forma muy visible de protestar. Este señor [Rémy] estaba cerca de la edad de retiro. ¡No es posible que no hubiera una solución para él! , se lamenta Brigitte Font Le Bret, psiquiatra del observatorio del estrés de France Télécom, a raíz de los últimos sucesos. En la consulta, al principio me llegaban empleados que me pedían tranquilizantes o que no podían dormir. Ahora lo que me dicen es que tienen ganas de comprarse una pistola o que darían un volantazo cuando van en el coche. El ambiente es de una intensidad casi bélica. No es la primera vez que un suicidio en esta multinacional, propietaria en España de la operadora Orange, se convierte en una declaración de intenciones. en Troyes, un empleado de 49 años se clavó un cuchillo en el vientre en mitad de una reunión (sobrevivió). Le acababan de informar de que iban a trasladarlo a otra ciudad. ¡Ya estoy harto de gilipolleces! , gritó antes de hacerse el harakiri. Otra empleada, Stéphanie, se lanzó al vacío desde el quinto piso de su oficina. Le habían anunciado un cambio de equipo. La víspera envió un correo electrónico a su padre. He decidido pasar a la acción. Es inútil avisar al propietario de mi piso, porque pienso poner fin a mis días en mi despacho. Mi jefe no estará prevenido, pero yo seré la siguiente víctima. No acepto una nueva reorganización del trabajo. Acuérdate de pasar por mi piso y recoger a Frimousse [su gato] y Zebulon [su conejo] y darles de comer. Llevaré conmigo mi carta de donante de órganos. Nunca se sabe. Te quiero, papá. Michel, un técnico que se atiborró de barbitúricos, también dejó una nota demoledora. Me suicido a causa de France Télécom. No puedo más con las urgencias permanentes, el trabajo excesivo, la ausencia de formación, la desorganización total de la empresa. Los directivos practican el management del terror. Esa manera de trabajar me ha convertido en una ruina humana. Los franceses están atónitos. Estamos hablando de un país que se paraliza cuando cualquier gremio va a la huelga, con unos convenios colectivos que son la envidia del resto de la UE, 35 horas semanales y unas prestaciones blindadas. ¿Entonces? ¿Qué está pasando? Los sindicatos están sobrepasados. Culpan a la privatización de la compañía y su consiguiente reorganización, que ha supuesto un recorte de 22.000 empleados en el último lustro y 7000 traslados obligatorios. La plantilla suma en la actualidad 102.000 trabajadores solo en Francia, con un salario medio de 3000 euros mensuales. Muchos tienen la consideración de funcionarios, pues la empresa era un antiguo monopolio del Estado (que sigue siendo accionista) y apartarlos de su puesto de trabajo pasa por obligarlos a que acepten la renuncia voluntaria o la prejubilación. Para los sindicatos, la dirección se lanzó a una campaña furibunda de presión y acoso con el fin de que los asalariados pasasen por el aro. De un día para otro, te pueden anunciar que debes mudarte de tu puesto a otro que está a cien kilómetros , explica Pierre Morville, delegado sindical. Un programa específico denominado en inglés time to move (tiempo de moverse) obliga a los cargos medios a cambiar de puesto cada tres años. Está inspirado en el Ejército, para evitar que los jefes se encariñen con sus empleados y se opongan a las reducciones de personal o a los cambios de ubicación. Pero los sindicatos han perdido representatividad. Los trabajadores ya no creen en ellos. Según una encuesta interna, solo un 17 por ciento opina que sirven para algo. Y la dirección de la empresa también está en la picota. El ex consejero delegado Didier Lombard y su adjunto, Louis-Pierre Wenes, además del antiguo director de recursos humanos, Olivier Barberot, no solo se vieron obligados a dimitir. También se verán las caras con la justicia. Estos altos directivos tuvieron una actuación poco gloriosa. Algunos empleados no logran cambiar de cultura y pasar del prefijo de la provincia al router , se despachó Wenes, que sostiene que la tasa de suicidios en la compañía no tiene nada de extraordinario. Se ajusta como un guante a la media francesa. Lo más desconcertante es que los números parecen darle la razón. Según la Organización Mundial de la Salud, 17 de cada 100.000 franceses se suicidan cada año (26 hombres, 9 mujeres), más del doble que en España (12 hombres, 4 mujeres). Entre los países ricos, solo Japón tiene unos índices tan descorazonadores. Pero es en el ámbito laboral donde las cifras alarman. Y no solo en France Télécom. De 300 a 400 trabajadores galos se quitan la vida cada año. Y existen antecedentes en Renault, Peugeot y EDF (gas y electricidad). Hasta el punto de que el suicidio ya tiene consideración de accidente de trabajo y, por tanto, es indemnizable. La compensación ronda los 45.000 euros. n

los rostros 1. Entierro de un empleado de France Télécom que se suicidó en septiembre de 2009. 2. Didier Lombard (dcha.) y Louis-Pierre Wenes (izda.) dimitieron como presidente y vicepresidente de la empresa. Lombard calificó los suicidios como una moda . 3. El nuevo presidente, Stéphane Richard, dialogante e íntimo de Sarkozy, no ha podido evitar una nueva muerte.

Quemarse a lo bonzo es muy infrecuente. “Denota una voluntad clara de rebelarse contra la injusticia”, explica la psiquiatraü

La situación en españa

n En nuestro país, los suicidios vinculados a la actividad laboral no suponen un dato reseñable, aunque los de la población en general tampoco ocupan un lugar destacado en el ranking europeo. La tasa de suicidios en España es la mitad que en Francia. Lo que no impide hablar de cifras alarmantes

que, además, han crecido en los dos últimos años. aquí se quitan la vida nueve personas al día. Es decir, se producen más muertes por suicidio que por accidente de tráfico.n El único caso significativo de suicidios vinculados a una empresa es el de Sintel, cuyos trabajadores fueron noticia en 2001 por acampar durante seis meses en el madrileño paseo de la Castellana (en la foto) en reivindicación de sus derechos tras el cierre de la empresa. Siete trabajadores se suicidaron y otros cuatro murieron a causa de enfermedades derivadas del estrés. n Fuera de Francia, solo en la región china de Shenzhen existe una incidencia de suicidios en el ámbito laboral llamativa. En fábricas de componentes electrónicos como Foxconn, proveedora de Apple, se han producido varios suicidios recientes, pero allí las jornadas son de 16 horas y los salarios, de 100 a 250 dólares al mes.

La empresa tiene 102.000 empleados solo en Francia. Su tasa de suicidios se ajusta a la media del país, asegura la compañíaü