Más débiles que nunca, las farc van camino de perder su larga batalla. Tras 47 años de lucha, el estado colombiano se ve cerca de la victoria. gracias, sobre todo, al papel del ejército. tras eliminar a los últimos cabecillas de la guerrilla, los militares acechan ahora al nuevo comandante, alfonso cano. los acompañamos.

Rendición. El Estado colombiano estaba en vías de perder la guerra civil que libraba con las FARC y el ELN durante cuatro décadas cuando el 7 de agosto de 1998, a las tres de la tarde, Ernesto Samper Pizano traspasó los poderes de presidente de la República a Andrés Pastrana Arango. Trece años después, la foto fija del enfrentamiento entre el Estado y los terroristas a los que algunos románticos siguen atribuyendo la condición de guerrilla es radicalmente distinta. Los que hoy marchan inexorablemente hacia la rendición son los que en 1998 se creían muy cerca de la victoria final.El cambio diametral que se ha gestado en estos años tiene un soporte principal. el Ejército colombiano. Los hombres que están constantemente expuestos a los ataques de las FARC y que se encuentran en permanente operación de acoso a los alzados en armas en todos los rincones del país. Un Ejército que en la última década ha realizado infinidad de brillantes operaciones que han ido descabezando a las FARC. Recuérdese la operación militar que acabó con Raúl Reyes en territorio ecuatoriano el 1 de marzo de 2008. Era ministro de Defensa colombiano el hoy presidente, Juan Manuel Santos Calderón. Fue una operación que no solo acabó con la vida de este terrorista y algunos allegados, sino que además probó la aquiescencia de regímenes bolivarianos con las FARC y dio acceso al ordenador de Reyes, en el que se encontraron abundantes testimonios de su colaboración con otras organizaciones terroristas,

ETA entre ellas.La tensión que se vivió en aquel momento entre Colombia y sus vecinos bolivarianos dista mucho del momento político presente. Y eso es, en pura lógica, contradictorio con el hecho de que hoy sea presidente el entonces ministro de Defensa. Pero Santos quiere demostrar que él fue leal a Uribe mientras fue su ministro de Defensa. Y ahora ha decidido hacer política de una forma muy distinta a su predecesor, aunque con el mismo objetivo final. la victoria del Estado de derecho sobre los criminales de las FARC.Cuando Santos llegó al poder las relaciones de vecindad pasaban por un momento de ruptura total con Venezuela y de parálisis asfixiante con otros vecinos como Ecuador o Bolivia. Santos decidió dar un giro a esa situación a base de mucha diplomacia directa, de bastante conversación serena con Hugo Chávez y para eso hace falta una paciencia infinita, porque una conversación con Chávez puede desembocar en un monólogo más largo que un ramadán en el Polo Norte y de continuar con la mano dura contra las FARC sobre el terreno. Exactamente lo que está haciendo en este momento. Su objetivo prioritario hoy es dar de baja a Alfonso Cano, el guerrillero que actualmente funge como comandante del Bloque Central, comandante en jefe y miembro del Secretariado de las FARC. Cano está también al frente del clandestino Movimiento Bolivariano por la Nueva Colombia, proyecto de las FARC lanzado el 29 de abril de 2000, y del Partido Comunista Clandestino Colombiano o PC3. Y cuando una operación como la que reflejan las imágenes de estas páginas logre su objetivo y acabe con la carrera delictiva de Cano, otro más débil ocupará su lugar y se convertirá en el nuevo objetivo prioritario del Ejército colombiano. Así, Santos está intentando conjugar dos políticas aparentemente opuestas, las de sus dos predecesores en el cargo de presidente. Álvaro Uribe y Andrés Pastrana. Santos fue ministro en los gobiernos de ambos y en carteras de la máxima relevancia. Defensa con Uribe y Hacienda con Pastrana. Pero las de estos presidentes en realidad fueron políticas complementarias y sucesivas. Lo que ahora intenta Santos es ponerlas en práctica simultáneamente. Cuando Andrés Pastrana llegó a la Presidencia en 1998, el electorado le había dado un mandato de paz. Él se sentó con la guerrilla y sondeó todas las posibilidades de lograr un entendimiento que permitiese el abandono de las armas. Y mientras hacía eso, conseguía de Estados Unidos la creación del Plan Colombia, que entre 2000 y 2005 supuso la percepción de 2800 millones de dólares entregados por Estados Unidos para planes sociales y de combate al narcotráfico. Y en paralelo a eso, 1700 millones de dólares para la modernización y el fortalecimiento del Ejército colombiano.Así, la Presidencia de Pastrana, muy criticada por las aparentes concesiones a la guerrilla, concluyó con que las FARC no obtuvieron avance alguno en sus demandas políticas, se vieron sumidas en el mayor descrédito internacional al demostrarse ante el mundo que eran incapaces de hacer el más mínimo avance con un presidente que había demostrado la mejor voluntad de diálogo y un Ejército colombiano con más capacidad operativa que nunca antes en la historia de Colombia. Exactamente lo contrario de lo que recibió Pastrana de Samper cuando la rendición metafórica era una opción real.Sobre estas bases descrédito internacional de las FARC y Ejército poderoso pudo sostener Álvaro Uribe su política de acoso militar a las FARC. Fue una política de enorme éxito que él bautizó como seguridad democrática y que le dio una popularidad inigualable. Porque los mismos que en 1998 querían buscar una forma de negociar la paz con las FARC, después de la experiencia del cuatrienio de Pastrana, querían la derrota sin matices de la guerrilla terrorista. Pero después de dos mandatos de Uribe y un tercero fallido porque la Corte Constitucional le impidió volver a candidatearse el lastre judicial de sus gobiernos es bien pesado. Son muchos los ministros y altos cargos del uribismo que tienen citaciones judiciales ante sí. Y son más los que creen que Santos ha traicionado a Uribe y ha seguido otro camino.La realidad es que Santos está siguiendo su propio camino, en el que busca mantener la firmeza de la seguridad democrática de Álvaro Uribe sin necesidad de buscar permanentemente el conflicto con los vecinos. Busca la derrota de las FARC en todos los frentes sin necesidad de hacer evidente que las FARC han contado con el firme respaldo de Hugo Chávez. Porque a las FARC se las puede derrotar en el campo de batalla como ya está ocurriendo, pero derrotar a Hugo Chávez desde Bogotá es mucho más complicado.Para esa batalla, Juan Manuel Santos se está apoyando en un Ejército al que muchas veces no tenemos presente. Un Ejército que es la espina dorsal de un combate en condiciones difíciles, como puede verse en estas páginas. Me cuentan que un oficial se preguntaba un día. ¿Qué pasaría en Colombia si el Ejército se pusiera en huelga dos días? . Desde Europa nos cuesta entender la trascendencia de esa pregunta porque en un país como España, el Ejército vive y actúa en una suerte de burbuja al margen de la sociedad. En Colombia la situación es muy diferente. El Ejército está presente en la vida de todos y garantiza la seguridad en muchas zonas del país donde no hay más representación del Estado que la que encarnan los hombres de las Fuerzas Armadas. Es un Ejército que durante años se vio en la difícil posición de tener que mantener las distancias con paramilitares que en una remota quebrada disparaban igual que ellos, junto con ellos en ocasiones contra guerrilleros a los que consideraban enemigos comunes. Eso está hoy más que superado y tampoco era fácil hacerlo. Ahora, ese Ejército que es en verdad un Ejército del pueblo porque en casi todo su escalafón las clases alta colombianas tienen una presencia escasa está dando la batalla por terminar de derrotar una guerrilla devenida banda terrorista y narcotraficante. n

LA SELVA ESMERALDALa brigada móvil n. 8 lidera las operaciones contra los insurgentes del comandante Alfonso Cano en Tolima. Como en Vietnam, el helicóptero es el estilete en la selva.

ZONA MINADALas FARC llevan años minando los caminos. Un soldado herido en una patrulla comparte transporte con dos guerrilleras capturadas de la columna Marquetalia.

ENTRE DOS FUEGOSEl pueblo de Algeciras, en la provincia de Huila, es un bastión de las FARC. Un batallón peina las calles y monta un control. Los civiles viven entre dos fuegos.

AYUDA HUMANITARIACada palmo de terreno arrebatado a las milicias, como esta pista de aterrizaje en Planadas, supone que llegue ayuda al asilo o se formen colas para recibir tratamiento médico gratuito.

El ejército está presente en la vida de todos y garantiza la seguridad en las zonas donde no hay otra representación del estado que la que encarnan estos hombres

EL REPOSO DEL GUERREROUna partida de cartas, comida enlatada, una foto para facebook, un poco de televisión No se trata solo de liberar tensiones, sino de confraternizar con la sociedad civil.