Mucho antes de que naciera Paris Hilton, existía Gloria Vanderbilt, y su fortuna, su “glamour” y sus hazañas con los hombres dejan en mera anécdota las aventuras de la mediática rubia. Rica heredera también, Gloria protagonizó titulares de revistas desde niña, tuvo a su lado a Frank Sinatra, Marlon Brando y muchas otras leyendas de Hollywood, triunfó como diseñadora y sufrió tragedias que a sus 87 años no ha logrado superar. Un nuevo libro recorre sus inolvidables días y sus aún más apasionantes noches.

Acababa de ver “nido de ratas” y había perdido la cabeza por marlon brando. ¿pero quién no? “sí, tiene que ser para mi”, pensaba.

No podía esperar a salir del cine y llamar a mi amiga Carol en la Costa Oeste. Ella lo conocía, había salido con él. Querida, qué increíble. Acabo de cortar con él, me dijo. Voy para allá, le contesté. Y allá fui, en el primer avión a Los Ángeles .Así recuerda Gloria Vanderbilt el comienzo de su aventura con el actor de moda en el año 1954, cuando ella tenía 30 años. Carol me pasó a buscar por el aeropuerto y cenamos en la casa de Marlon esa misma noche. Había metido en la maleta mi mejor vestido de Norell rojo, tipo sari, bordado en oro, demasiado arreglado para una cena que terminó siendo una pequeña reunión en la cocina. la tía de Marlon, Carol, él y yo. No importa. con las rodillas temblando, pero en apariencia en calma, esperé en la puerta mientras Carol tocaba el timbre. Y ahí estaba. más, más, mucho más de lo que podía imaginar. Necesité de toda mi concentración para no desmayarme. ¿De qué hablamos en la mesa? No tengo ni idea. Lo único que recuerdo es lo que él me dijo durante el postre. Tienes una piel muy japonesa. Sí, sí, japonesa, tenía ganas de gritar. Japonesa y toda para ti. Pero sonreí con gracia (o eso pretendí) y miré para otra parte. Pasaron las horas, se fue la tía y después se fue Carol. Estábamos solos. Al fin . Su amiga Carol la recogió al día siguiente. Cuando me subí al coche, Marlon apoyó sus labios sobre el vidrio de la ventanilla, y yo apoyé los míos al otro lado. Pero el vidrio no se quebró. lo único quebrado era mi corazón. No me llamó en todo el día. Di vueltas por la casa de Carol esperando que sonara el teléfono mientras terminábamos los preparativos para una fiesta que daba esa misma noche. ¿Debía llamarlo? No, no, no. Había que esperar. ¿Iba a venir a la fiesta? Quizá. Pero no fue. En su lugar estuvo Gene Kelly, que no paraba de llamarme princesa persa mientras nos escabullíamos para besarnos, pero yo volvía a Nueva York al día siguiente, hueca y vacía. ¿Volvería a tener noticias de Marlon? Sí. en el aeropuerto, antes de embarcar. En la sala de embarque, justo antes de que yo pusiera un pie en el avión recibí una llamada. Gracias por tus cálidos sentimientos, me dijo. A ti también, respondí casualmente. Pero sentía pánico. No solo no volví a verlo, sino que tampoco lo volví a escuchar, y me hundí en la desesperación . Gloria regresó a Nueva York, donde vivía con su segundo marido, el director de orquesta Leopold Stokowski. La experiencia con Brando le dio valor a Gloria para enfrentarse a su marido y decirle que lo abandonaba. Leopold me contestó. Nunca, nunca, nunca te voy a dejar ir. Corrí a por la botella de güisqui, tomé un par de sorbos para tragar unos somníferos y le dije que, si no me dejaba libre, prefería morir. Lo asustó lo suficiente como para llamar a un médico, pero lo que tomé no era grave como para internarme ni para que me dejara libre. Lo único que logré al día siguiente fue un terrible dolor de cabeza. Entonces recibí una de esas llamadas que pueden cambiarte la vida. Era mi amiga Julie Styne, quien me dijo que Frank Sinatra estaba en la ciudad y me quería conocer. ¡Sí! ¡Sí! Salté. Una semana más tarde dejaba a Leopold y me llevaba a mis hijos conmigo al hotel Ambassador. Frank Sinatra había explotado en mi vida .La escena la cuenta la propia Gloria Vanderbilt en su autobiografía y no puede describir mejor la que ha sido todavía es una de las vidas más apasionantes de Hollywood. La suya es una historia de cuento de hadas que se convierte por momentos en relato de terror, especialmente a causa de una infancia dañada que le dejó graves carencias afectivas. Nacida en 1924 en la ciudad de Nueva York, fue una de las dos herederas del magnate del ferrocarril Reginal Vanderbilt, fruto de su segundo matrimonio. Después de haber bebido hasta ahogarse en alcohol, su padre falleció cuando ella contaba apenas 15 meses y fue su madre, Gloria Morgan, quien recibió la potestad para administrar su correspondiente mitad de la fortuna. Pero su madre llevaba una vida desaforada en compañía de su hermana gemela, Thelma, amante en esa época del duque de Windsor. La infancia de Gloria fue un trasiego constante a Europa. Ante la disoluta vida nocturna y sexual de las gemelas Morgan, la pequeña Gloria se refugió en el afecto de su abuela y de la niñera Dodo, quienes jugaron un papel decisivo en su formación.En medio de ese panorama turbulento tomó cartas en el asunto la tía Gertrudis Vanderbilt Whitney, hermana de Reginal. Escultora por vocación y filántropa por dedicación, fue la fundadora del museo Whitney de Arte Americano.

En 1934 decidió reclamar la custodia de la pequeña Gloria, lo que degeneró en un juicio que alimentó durante meses las portadas de los principales diarios y revistas de la época, con un memorable escándalo de sociedad que tenía como protagonista a una de las familias más adineradas del país y una niña de apenas 10 años. Las graves acusaciones que Gloria lanzó contra su progenitora fueron determinantes para que el juez decidiese otorgarle finalmente el tutelaje a la tía Gertrudis. En un mundo sin reglas, esta batalla legal fue el inicio de un viaje con muchas vidas, muchos amores, muchas pérdidas. Desde entonces su madre tuvo que conformarse con una atribución económica limitada y un sistema de visitas supervisado. La pequeña se instaló en la mansión familiar de Old Westbury, en Long Island, rodeada de toda clase de lujos y de primos de su edad con los que jugar. Comenzó a asistir también a la escuela de artes de Nueva York, donde desarrolló los variados talentos artísticos que posteriormente marcaron esa trayectoria multidisciplinar, algo dispersa y neurótica, que la ha llevado a abordar con ciega osadía las más diversas empresas.Ya en la adolescencia, su exótica belleza fue el mejor pasaporte al éxito. Durante una visita a Beverly Hills, donde ya vivían su madre y su tía, tomó contacto con el mundo de Hollywood. Fue así como volvió a las páginas de sociedad, como maniquí de lujo para reputados fotógrafos y acompañante de galanes en las fiestas más cotizadas. Con solo 17 años terminó casándose con el agente Pasquale Pat DiCicco, un matrimonio amargo, breve y cargado de polémica, porque desde el principio fue una decisión tomada por despecho tras su ruptura con el multimillonario Howard Hughes. Sería solo el primero de sus 4 esposos, con los que continuó construyendo su estatus de mito en los medios impresos. Sin resignarse a ser víctima recurrente de los ataques violentos de Pat, Gloria emprendió el vuelo en 1945 cuando conoció al director de orquesta Leopold Stokowski, de 63 años. Coincidió que ella cumplía entonces 21, momento en el que tomó posesión de su herencia familiar y retiró la dote restante a su madre. Carismático, cultivado y controlador, Leopold fue el padre de sus 2 primeros hijos. Vivieron recluidos en su casa de las montañas, con un ambiente monacal muy alejado de las luces de candilejas a las que Gloria estaba acostumbrada y que pronto echaría de menos.Aprovechó aquella década de vida tranquila para dedicar largas horas a trabajar en su estudio privado e impulsar su pasión por la pintura. Tras sus primeros trabajos con óleos, pasteles y acuarelas, cedió algunos de sus trabajos bajo licencia a las tarjetas Hallmark. A este acuerdo lo siguieron otras colaboraciones para crear líneas exclusivas de ropa de cama, vajillas, cristalerías y cuberterías con diferentes firmas especializadas en diseños del hogar. En 1953 volvía a comprometerse en matrimonio, esta vez con el director de cine Sidney Lumet, a quien conoció a través del fotógrafo Richard Avedon, uno de sus confidentes.En aquellos años puso a prueba su talento sobre las tablas, que resultó ser algo limitado, pero que sirvió para devolverle protagonismo mediático. Así fue como se convirtió en uno de los cisnes de la bandada que inspiró a Capote para componer el personaje de Holly Golightly en Desayuno con diamantes. Finalmente llegó un nuevo divorcio en 1963, meses antes de tomar como cuarto marido a Wyatt Emory Cooper, con quien permaneció hasta la muerte del escritor, en 1978, durante una operación a corazón abierto con tan solo 50 años. Gloria, que había ganado la custodia sobre sus dos hijos mayores en un juicio que se equiparó al que ella misma padeció de cría, dio a luz a dos nuevos retoños, Carter y Anderson. Los años junto con Wyatt y los niños fueron felices y provechosos. Repartían su tiempo entre mansiones en las que celebraban fastuosas veladas que exhibían en las revistas de decoración, donde sus diseños de edredones y telares eran el colmo de la sofisticación. Siempre inquieta e inconformista, tras su éxito en el diseño de interiores, el salto al mundo de la moda resultó de lo más natural. Los suyos fueron los primeros vaqueros de diseño en comercializarse, con su firma en el bolsillo trasero. En 1976 destacaban como novedad por ser más ajustados de lo habitual y tuvieron un éxito apoteósico. Llegó a vender 10 millones de vaqueros al año. De nuevo el cisne se reinventa y surgen toda clase de perfumes, blusas, vestidos, sábanas, licores, zapatos y accesorios con su sello. Sin embargo, no tardaron en volver los escándalos. En los 80 tuvo que pleitear por fraude contra su abogado y su psiquiatra. Salió victoriosa de la conspiración, pero solo a medias. Ellos fueron declarados culpables, pero tuvo que cubrir las millonarias deudas fiscales de la compañía con la venta de sus casas. Perdió gran parte de la fortuna acumulada y tuvo que desprenderse de la firma que aún lleva su nombre. Pero los golpes económicos no son ni remotamente comparables con lo más horrible que le ha pasado nunca. la muerte de su hijo Carter. En el verano de 1988, el mundo de Gloria volvió a oscurecerse. Era el 22 de julio, un día tremendamente caluroso. Carter, que se había graduado de Princeton el año anterior y trabajaba como redactor en la revista American Heritage, le dijo que quería volver a casa. Se encontraba deprimido por el fracaso de una reciente relación. Aunque raramente se echaba la siesta, se durmió a media tarde en el sofá de la biblioteca con el aire acondicionado apagado. Horas después entró en el despacho de Gloria, desorientado y aturdido, como en estado de trance. De repente corrió escaleras arriba a la azotea de la planta 14 y Gloria, viendo que algo terrible iba a suceder, corrió detrás de él. Ella misma describió lo que ocurrió después en su libro Historia de una madre. Me quedé ahí, con miedo de moverme, gritando Carter, Carter. Entonces, de repente, pasó un helicóptero sobre nosotros. Él lo observó directamente, como si fuese una señal. Se giró y extendió su mano hacia mí. Yo intenté acercarme, tendiéndole mi mano. Pero se movió, hábil como un atleta, por encima del muro, apoyándose en un saliente. Se agarró con confianza, colgando sobre un edificio de 14 plantas, ahí, suspendido. Carter, vuelve, sube, le grité, y por un momento pensé que lo haría. Pero no, se dejó ir .Carter se suicidó durante un ataque psicótico, que ella atribuye a un efecto secundario de una medicación para el asma que tomaba, pero cuyas causas nunca quedaron claras. Fue devastador para ella y para el hermano pequeño de Carter, Anderson Cooper, quien, sin embargo, ha logrado hacerse con un nombre propio al margen del apellido Vanderbilt como uno de los periodistas más célebres de la CNN. Es precisamente él el que reseña la vida y obra de su madre en el libro The world of Gloria Vanderbilt, de Wendy Goodman, editado por Abrams. Le pregunté hace años qué había hecho para sobrevivir , cuenta su hijo. Ella me respondió. Imaginé que en mi interior había un diamante duro como una piedra que nada ni nadie podía alcanzar . n

Sus hombresGloria se ha casado cuatro veces y tuvo numerosos amantes. Uno de los que más la impactó fue Marlon Brando (4), con quien se acostó mientras estaba casada con el director de orquesta Leopold Stokowski, su segundo esposo. Antes, a los 17 años, se casó con el agente Pat DiCicco (1). Luego, a los 32, con Sidney Lumet (2) y, a los 39, con el escritor Wyatt Emory Cooper (3).

Con estiloGloria, en 1961, recibiendo un tratamiento de belleza en Nueva York. En esa época ya diseñaba, pero sería a finales de los 60 cuando triunfaría con la decoración de interiores y con la moda. Comercializó los primeros vaqueros de diseño y vendió diez millones en un año.

Toda una vidaA la izquierda, Gloria, a los 10 años, con sus guardaespaldas durante una visita a su madre cuando estaba en juego su custodia. En el centro, con sus dos hijos pequeños, Anderson y Carter, que se suicidó. Arriba, en la actualidad, con 87 años. Aún en activo, escribe novelas, la más reciente, Obsesión, un relato erótico que se publicó en 2009.ü