El 20 de abril el fotógrafo Tim Hetherington y su colega Chris Hondros cayeron bajo el fuego de las tropas de Gadafi. Hetherington, de 40 años, llevaba media vida desafiando a las balas para mostrar al mundo el horror de la guerra. No pudo esquivar un último proyectil. Sucedió en Misrata, bastión de los rebeldes libios, donde tomó las que acabarían por ser sus últimas instantáneas.

Liberia,Sierra leona, Nigeria, Afganistán , Tim Hetherington pudo haber muerto en cualquiera de estos países, donde documentó la guerra y sus dramáticas consecuencias.

El ganador del World Press Photo de 2007 siempre vivió las batallas desde primera línea. Demasiado cerca, en realidad. En Liberia, por ejemplo, el entonces presidente Charles Taylor llegó a emitir una orden de ejecución contra él al conocer que Hetherington había estado viviendo una temporada en territorio rebelde.La biografía de este fotógrafo con doble nacionalidad, británica y norteamericana, está repleta de balas que silban, bombas que estallan, cuerpos mutilados y sangre, mucha sangre, derramada sobre la tierra de los países más desangrados de África y de Asia. De tanto tentar a la muerte, Hetherington acabó por toparse con ella el pasado 20 de abril en una calle de Misrata. Un día antes había colgado este mensaje en la red social Twitter. En la ciudad libia sitiada de Misrata. Bombardeo indiscriminado de las fuerzas de Gadafi. Ni rastro de la OTAN . Fueron sus últimas palabras al mundo. En cuanto a sus fotografías el verdadero legado de Tim Hetherington, las imágenes de este reportaje fueron su póstumo testimonio del último conflicto africano. Tenía 40 años.Hetherington nació en Birkenhead, una mediana ciudad al norte de Inglaterra. Llevó una vida sin sobresaltos hasta que, ya cumplidos los 20, heredó 5000 libras de su abuela y pasó dos años viajando por la India y China, incluido el Tíbet. Regresó a casa con una idea cincelada en su cráneo. dedicar su vida a la fotografía. Como fotógrafo se hizo asiduo de los conflictos más crudos de África y de Asia, mostrando tal y como definió el periodista británico James Wellford el trabajo de su amigo lo que significa ser un hombre y cómo la guerra, a menudo, define la masculinidad . Los retratos de rebeldes que aparecen en estas páginas evidencian esa premisa que el propio Hetherington concretó ante otro de sus afectos, el escritor Stephen Mayes, un mes antes de morir. La fotografía es estupenda para representar el hardware, el armazón de la guerra. Pero lo cierto es que la maquinaria de una guerra se define también con el software, el programa, digamos, que la lleva a cabo. Y el software son los jóvenes soldados. Yo ya no soy tan joven, pero al fin he podido comprenderlo. Esa es la idea que realmente impregna todo mi trabajo .Y así fue. Hetherington impregnó de esa idea toda su obra. No solo la fotográfica. También instalaciones, libros y películas como Restrepo, el documental que le proporcionó mayor reconocimiento con una nominación al Oscar y el eterno agradecimiento de los veteranos de Afganistán. Durante 15 meses, Hetherington y su alma gemela, el escritor, periodista y documentalista norteamericano Sebastian Junger, convivieron con un regimiento de infantería de los Estados Unidos en el valle de Korengal, una región que por aquel entonces National Geographic definía como el lugar más mortífero de la Tierra .A su funeral, en Nueva York, el senador John McCain, último candidato republicano a la Casa Blanca, envió dos banderas de EE.UU.. una para la familia y otra para su novia, Idil Ibrahim, hija de emigrantes somalíes. Las enseñas fueron entregadas en persona por cuatro veteranos de la Compañía 173 Aerotransportada, que tantas veces estuvo bajo fuego enemigo con Tim en Afganistán , como se subrayó durante el servicio.Días después de caer abatido, la ciudad de Ajdabiya bautizó su plaza principal con el nombre del fotógrafo británico. Renombramos la plaza por este héroe declaró a la cadena árabe Al Jazeera un líder insurgente. Tim es ahora uno de nuestros mártires . n

Los rostros de la guerraEntre sus últimas fotografías figuran varios retratos de los hombres que luchan contra Gadafi y una imagen de la morgue, la misma en la que, trágicamente, él yacería poco después.

Entre las ruinasEsta es la última imagen de Tim Hetherington con vida. La tomó un colega suyo mientras el fotógrafo británico descendía de un edificio en ruinas, en el centro de la ciudad sitiada de Misrata, ayudado por unos milicianos. Pocas horas después, Hetherington moría abatido por proyectiles de las tropas libias, que bombardeaban la ciudad con fuego de mortero y lanzagranadas RPG.