Es la dolencia que más crece en el mundo. dos millones de casos por año. Científicos de todo el planeta buscan detener la pandemia. un español parece haber encontrado el camino. descubrí que los perros padecen una demencia idéntica? y ¡Eureka! En la semana en que España acoge la cumbre global del alzhéimer, entramos en su laboratorio de Zaragoza, donde prepara una vacuna revolucionaria.

No había cumplido los 13 años, pero recuerda. Ya sabía cómo se llamaban los huesos del carpo [los enumera], adoraba la biología y tenía mi propio laboratorio de química en casa . Años después, convertido en investigador, llegaron más preguntas. ¿cuál es el sustrato molecular de los recuerdos? ¿Qué reacciones químicas tienen lugar para que existan? Siempre me fascinaron los mecanismos de la memoria. cómo la almacenas, luego la evocas y cómo es posible que eso se pierda. Esto fue lo que me llevó, a finales de los 80, hasta el alzhéimer . Ahora, a sus 54 años, Sarasa, que es natural de Ayerbe (Huesca), neurobiólogo, embriólogo, anatómico, veterinario y fundador de Araclon Biotech, una pequeña compañía biotecnológica de Zaragoza, está convencido de haber encontrado las claves que pueden acabar con la llamada “enfermedad del olvido”.Bajo esa misma premisa y convicción, sin embargo, se desarrollan en todo el planeta no menos de 900 proyectos sobre el alzhéimer, un mal cuyo impacto mundial se estima en más de 400.000 millones de euros entre atención médica, tratamientos, pérdida de productividad de pacientes y cuidadores, etc. Ante semejantes cifras, las estimaciones de los expertos sobre el número de pacientes 66 millones en 2030, el doble de los que hay hoy; más de 115 millones en 2050 adelantan un terrible escenario. En Araclon, cuya vacuna comenzará en breve los ensayos en personas, son optimistas. Si nuestros planes se cumplen se aventura Sarasa, podríamos tener el compuesto aprobado para comercializarlo antes de 2018 . El trabajo de Sarasa, así lo cuenta él, es resultado de una serie de preguntas que lleva haciéndose desde que, en 1989, comenzara sus pesquisas sobre alzhéimer. Para entonces, hacía cinco años que dos norteamericanos habían aislado y secuenciado la proteína beta-amiloide, el gran villano de esta historia. Aquello relanzó las investigaciones de la dolencia, en dique seco, prácticamente, desde que Alois Alzheimer identificara la dolencia a principios del siglo XX, tras analizar las lesiones en el cerebro de una de sus pacientes.Hoy en día el consenso médico relaciona el alzhéimer con una alteración en el comportamiento de esa proteína en nuestro organismo. Puede ser exceso de producción, que el cuerpo no la elimina de forma adecuada o ambas cosas a la vez, la cuestión es que, cuando se deposita en la corteza cerebral, comienza el proceso destructivo neuronal que conduce al alzhéimer. El asesino, dicho de otro modo, está dentro de nosotros y los intentos por encontrar una cura pasarían por controlar la producción de esta proteína. üLa clave para Sarasa siempre fue la aproximación al problema. Todo el mundo se puso a investigar el comportamiento de estas proteínas en la vejez, ya que el alzhéimer se relaciona con el envejecimiento recuerda. Yo tomé otro camino. Quería saber qué pasa en el inicio de la vida. La pregunta fue. ¿participan esas proteínas ya en la formación y el desarrollo del individuo? ¿Dónde se producen, qué papel juegan? .Así, mientras sus colegas experimentaban con ratones transgénicos modificados y envejecidos genéticamente para simular la demencia, ya que el ratón no la desarrolla, Sarasa se adentró en lo inexplorado. Necesitaba intervenir en embriones, pero no puedes manipular el de un ratón, no sobrevive fuera del útero. Yo había trabajado con pollos, los huevos son fáciles de manipular, y decidí probar , rememora. Al poco entonó su primer ¡eureka!. Resultó que el gen clave en el desarrollo del alzhéimer también lo tiene el pollo, son idénticos, cosa que no ocurre con los ratones .A partir de ahí investigó todo lo que quiso con embriones hasta que, en 2000, dio con la llave que, cree él, le ha abierto la puerta hacia la erradicación del alzhéimer. Describimos la presencia de esa proteína en sangre revela Sarasa y vimos que es un marcador biológico de las etapas iniciales de la enfermedad . En otras palabras, descubrió que controlar los niveles de la proteína en la sangre podría evitar que el exceso de producción de la misma se deposite en la corteza cerebral. O, yendo más allá, Sarasa tenía ante sí la clave para diseñar un método que, con un mero análisis de sangre, le permitiera decir. Esta persona tiene una alta probabilidad de padecer alzhéimer .El diagnóstico temprano ha sido, desde entonces, una de sus guías, un terreno en el cual el alzhéimer está en pañales. No hay terapias que detengan la neurodegeneración

admite el científico, y si las hubiera, el diagnóstico siempre llega cuando el paciente ya está demente. Para entonces, las neuronas, las conexiones entre ellas y las funciones afectadas son irrecuperables .Sarasa lo sabe de primera mano. Su madre murió con alzhéimer hace unos años. Una experiencia que lo instruyó en el lado emocional del mal. Somos seres inteligentes y sabemos engañarnos y engañar a los demás prosigue. El enfermo percibe pérdidas de memoria, pero, en vez de avisar, usa trucos como ponerse notas para que no se le olviden las cosas. Mi madre, por ejemplo, sorteó un test neuropsicológico de los que se usan para el diagnóstico. De 30 puntos, el neurólogo le puso 22, lo que apenas define un posible deterioro cognitivo. Pero la enfermedad estaba ahí, siguió su curso y el día en que lo supimos ya era tarde . Se estima, de hecho, que menos de la mitad de los enfermos de alzhéimer están diagnosticados. Si dividimos el desarrollo del mal en seis etapas ilustra, el diagnóstico suele llegar en la fase cinco o seis . Hay quien dice incluso que el único procedimiento validado para diagnosticar el alzhéimer al cien por cien es la autopsia. Obviamente, demasiado tarde.ü Mi idea siempre fue buscar un fármaco que impida el arranque del mal o que lo detenga en un estadio inicial expone el investigador, antes de que se desate el proceso neurodegenerativo . Consciente de tener entre manos algo distinto , Sarasa depositó las patentes de sus hallazgos e inició, de la mano de la Universidad de Zaragoza donde ejerce la docencia, el proceso para fundar un laboratorio. En 2003 nacía Araclon Biotech, cuyo primer producto, un kit para medir el beta-amiloide en sangre, marcó el inicio de la pequeña revolución que Sarasa está organizando.El desarrollo del kit está en su fase final y ya ofrece buenas noticias. En los ensayos hacemos un seguimiento a personas con deterioro cognitivo leve [sufren déficit en la memoria y otras áreas cognitivas, pero se valen por sí mismas], un estadio previo a la enfermedad, y hemos descubierto que a medida que pierden capacidad cognitiva se alteran sus niveles de dos proteínas beta-amiloide. la 40 y la 42 [el número indica la cantidad de aminoácidos, componente básico de las proteínas, que conforman cada una]. Estos hallazgos aclara Sarasa nos permiten ser muy específicos en el diseño de la vacuna para saber a qué diana debemos apuntar .Convencido de las limitaciones de estudiar con ratones transgénicos, el director científico de Araclon se lanzó a la caza de otro modelo natural en el que probar su vacuna. Esta vez, eso sí, quería un mamífero. Sarasa observó que el perro, al parecer, no se conforma con ser el mejor amigo del hombre, resulta que también está dispuesto a echar una mano para acabar con la enfermedad del olvido. Los perros sufren una demencia idéntica al alzhéimer, con las mismas lesiones, las mismas proteínas, el mismo mecanismo genético Esto lo descubrimos nosotros revela Sarasa, puro entusiasmo. Al inocularles la vacuna, ellos producen anticuerpos frente a los beta-amiloides 40 y 42 y se reducen el nivel de esas proteínas en su sangre y su cerebro. Hemos multiplicado por miles de veces, proporcionalmente, la dosis que vamos a inocular en humanos y no ha dado ningún efecto secundario; inhibir el crecimiento de esa proteína con nuestra vacuna no parece que afecte a otros procesos. Al diseñar la vacuna, hemos pensado en cosas en las que nadie había pensado todavía .La combinación de diagnóstico temprano y vacuna preventiva abriría la puerta al fin del alzhéimer, una dolencia cuya prevalencia se cree que se duplica por cada cinco años de edad a partir de los 65. Hay neurólogos incluso que dicen que a los 85 lo normal es estar demente y que más del 50 por ciento de los ancianos tiene síntomas de demencia. Una tendencia epidémica que Sarasa se ve capaz de revertir. Con nuestro kit, cuando alguien vaya al médico por pérdidas de memoria, sabremos si está desarrollando el mal aventura Sarasa. A cierta edad, hasta se podrá hacer el análisis como se hacen de colesterol o ácido úrico, y detectar alteraciones en el beta-amiloide. Unos niveles altos y mantenidos en el tiempo creemos que conllevan un alto riesgo de enfermar. Si vacunamos a ese individuo y controlamos sus niveles de la proteína, no sufrirá alzhéimer. Esa es nuestra hipótesis .Los ensayos clínicos supondrán ahora su prueba de fuego. He tardado más de 20 años en llegar hasta aquí reflexiona Sarasa. La investigación es perseverancia, pelearte, convencer a muchas personas. Quizá con una gran farmacéutica todo habría sido más rápido, aunque no estoy seguro. Conservar el control ha sido clave en nuestro camino. Ahora podemos presumir de tener una propuesta íntegramente española y todo ello con capital privado, sin subvenciones. Necesitaremos más dinero para seguir, pero la verdad es que no puedo ser más feliz . Lo dice Sarasa, sonríe y regresa a su laboratorio, el lugar donde cada día, asegura, aprende algo nuevo. Millones de personas esperan que siga haciéndolo.

el científico. Manuel Sarasa, de 54 años, en su laboratorio. Este aragonés lleva más de dos décadas tras la cura de la enfermedad. Se trata de un proyecto cien por cien español y privado. Izquierda, tejido cerebral canino teñido para su estudio.

Desvelando una cura

el mejor amigo del enfermoLa vacuna ha sido probada en perros, un animal que desarrolla una demencia idéntica al alzheimer. A diferencia de los ratones, a los que se les inocula el gen de la dolencia, el perro es un modelo natural.

cuando se inicia la vidaCuando Sarasa empezó a investigar, descubrió que los embriones de pollo poseen el gen clave del alzhéimer. Abrió así una nueva vía, ya que todos sus colegas estudiaban el comportamiento de la enfermedad en la vejez.

igual que Los humanosEn la pantalla del ordenador se aprecia un corte de cerebro de un perro que padece amiloidosis (depósitos de proteína beta-amiloide) en la corteza cerebral, igual que ocurre en un cerebro humano con alzhéimer.

DOCTOR DENNIS J. SELKOEEl mayor experto del mundo

Este profesor de Harvard es la gran autoridad mundial sobre el alzhéimer. Sus investigaciones han revolucionado el conocimiento de la enfermedad. Hablamos con él de la caja negra que sigue siendo el cerebro.Por Ixone Díaz Landaluce / Fotografía de David Matellanes

Este médico y profesor en Harvard, formuló en los 80 la teoría que afirma que una proteína, la beta amiloide, es la principal causante del alzhéimer. A sus 68 años, Selkoe pertenece a la generación de científicos que puso nombre y apellidos al mecanismo biomolecular de la dolencia.

Poco antes de que viaje a Madrid para participar esta semana en la Cumbre Global sobre esta enfermedad nos citamos con él en su laboratorio de Boston.üXLSemanal. ¿Qué ocurre en nuestro cerebro cuando padecemos alzhéimer?Dennis Selkoe. Se produce una acumulación muy lenta de una proteína pegajosa, la beta-amiloide, que daña las neuronas. Este proceso empieza, en realidad, diez o veinte años antes de que esa persona olvide dónde aparcó el coche o no sea capaz de recordar el nombre de su hijo. XL. ¿Todos somos igual de vulnerables?D.S. La prevalencia en las mujeres es algo mayor. Pero, en líneas generales, todos estamos igual de expuestos.XL. ¿Hay algún factor ambiental que predisponga a la enfermedad?D.S. Se sabe muy poco sobre eso. Tenemos más indicios genéticos que ambientales, aunque imagino que esos factores tienen su incidencia. Por ejemplo, raramente un trauma cerebral da lugar a la enfermedad. Tampoco creemos que el tabaco, el alcohol o la exposición al sol influyan. Un lugar con muchos casos de alzhéimer es el sur de Florida. ¿Por qué? Porque muchos ancianos van allí a tomar el sol [sonríe]. XL. En resumidas cuentas, no hay manera de prevenirla.D.S. No. No le podemos decir a nadie. No comas esto o haz más ejercicio . Aunque yo he llegado a la conclusión de que si sigues las recomendaciones básicas de cualquier médico, es decir, comer sano, hacer deporte y evitar golpearte la cabeza, quizá tengas una posibilidad más pequeña de padecer la enfermedad. Pero lo que sucede, en realidad, es que eso evitará otros problemas en tu cerebro y, como consecuencia, el alzhéimer aparecerá más tarde o será menos severo.XL. Pero algunos estudios sugieren que aprender idiomas previene la enfermedad D.S. ¡Eso no se sostiene científicamente! El alzhéimer no se puede prevenir. Como mucho, la actividad intelectual podría retrasarlo un poco, unos meses. XL. En último término, ¿de qué mueren los enfermos de alzhéimer?D.S. De una neumonía o un problema respiratorio leve. Aisladamente no son problemas graves, pero los pacientes de alzhéimer están tan débiles y son tan incapaces de cuidar de sí mismos que mueren de fallo respiratorio. XL. Se la ha llamado “la enfermedad del siglo XXI”. ¿Esta dolencia es consecuencia de nuestra longevidad?D.S. El envejecimiento de la sociedad es, sin duda, el principal factor. Pero también se debe a que tenemos métodos más sofisticados para reconocer una enfermedad que siempre habíamos malinterpretado. Hoy está en boca de todos, pero hace 30 años nadie la conocía. XL. ¿Hemos alcanzado una esperanza de vida para la que nuestro cerebro, simplemente, no está preparado?D.S. En cierto modo, sí. De hecho, todo el mundo entre 70 y 90 años acumula pequeñas cantidades de proteína beta-amiloide en el cerebro. Pero para la mayoría no es un problema hasta los 80 años, cuando se ven más y más casos. De hecho, se espera que entre el 30 y el 40 por ciento de los mayores de 85 años padezca la enfermedad. Pero con el cáncer de próstata pasa lo mismo. La mitad de los hombres ancianos lo padece al morir, lo supieran o no. ¿Por qué? Porque vivimos mucho más de lo que deberíamos desde el punto de vista biológico XL. Entonces, ¿estamos desafiando a la naturaleza tratando de ponerle freno?D.S. Sí, claro que estamos desafiando a la naturaleza porque su mandato es que una próstata explote debido a la multiplicación de células cancerígenas. Eso es lo que la naturaleza quiere hacer, ese es el proceso natural. Pero también evitamos las inundaciones construyendo diques. XL. Para eso está la ciencia, ¿no?D.S. Exacto. Ciencia es tratar de moldear la naturaleza, aunque nunca podremos ganarle la partida porque después de una enfermedad, aparecerá otra. Además, ¿qué es la naturaleza? Para alguien como yo, que no soy religioso, todas las interacciones moleculares que ocurren en este lugar que llamamos Tierra son completamente aleatorias, no tienen un propósito ni un significado especial desde el punto de vista ético.XL. En el hipotético caso de que pudiéramos curar el alzhéimer, ¿cuál es el límite del cerebro? ¿Es la inmortalidad posible desde el punto de vista neurológico? D.S. No, porque hay muchos otros desórdenes que afectan al cerebro envejecido, como los infartos cerebrales, el párkinson o demencias más raras. La pérdida de capacidades cognitivas es común con la edad. Si un día resolvemos este problema, y no estamos tan cerca de hacerlo aunque podemos reducir su frecuencia, entonces habrá otras enfermedades esperándonos. Pero viviremos más y viviremos mejor.XL. ¿Qué es el ser humano sin memoria? D.S. Un organismo no puede progresar sin memoria. Ni siquiera un gusano o una mosca pueden avanzar si no saben descodificar las lecciones de la experiencia. La memoria es la cualidad humana más importante. Sin ella, la vida no es placentera. El alzhéimer empieza con la pérdida de la memoria, pero también merma la capacidad de abstracción o el juicio. XL. ¿De qué modo?D.S. Mis pacientes han llegado a firmar cheques por valor de 10.000 dólares a personas que llaman a su puerta. Además, afecta a la conducta. Nadie quiere orinar en un parque, pero los enfermos de alzhéimer lo hacen. No somos monos, no defecamos donde y cuando nos apetece. La pérdida de nuestras cualidades humanas es lo más devastador.XL. Existe un gran debate ético sobre si el paciente debe saber si padecerá la enfermedad antes de que se manifieste. ¿Qué opina el experto?D.S. Tener un test diagnóstico sería maravilloso, pero solo si contamos con un tratamiento que ralentice la enfermedad. Por eso, no debemos fomentar el diagnóstico temprano hasta que haya un fármaco disponible. Pero, desde el punto de vista científico, el diagnóstico tiene que ir en paralelo al desarrollo de un tratamiento.XL. Muchas veces, de hecho, se confunde la enfermedad con otras demencias D.S. Claro. Yo diagnostico a mis pacientes dándoles una lista de palabras. Luego, diez minutos después, sustituyo la mitad por otras nuevas y ellos tienen que decirme cuáles son. Obviamente, no es un sistema preciso. Otras dolencias, como la depresión, podrían impedir que detectaran esas palabras. XL. ¿Y no se puede detectar con un análisis de sangre, por ejemplo?D.S. Sería genial. Pero para mí el líquido cefalorraquídeo es más preciso. Ya tenemos un test de diagnóstico que mide las dos proteínas claves que, en mi opinión, causan el alzhéimer. la proteína beta-amiloide y la tau. Se puede medir con una precisión exquisita. Pero muchos médicos no quieren decirle al paciente que necesitan poner una aguja en su espalda, aunque sea un procedimiento muy seguro.XL. ¿Se puede hablar de curar el alzhéimer o solo de detenerlo?D.S. No podemos hablar de cura, al menos por ahora. Quizá dentro de 20 o 30 años Esto no es una neumonía para la que tenemos la penicilina. Si el médico te receta un fármaco para reducir el colesterol, tus arterias no empeorarán, pero la enfermedad no desaparece; y, aun así, dentro de dos años puedo sufrir un ataque al corazón y morir. Lo mismo pasa con el alzhéimer. El primer objetivo es tratarlo y, en último término, prevenirlo. Curarlo será más difícil.XL. ¿Por qué?D.S. Las células del cerebro no se vuelven a dividir. Es decir, las células que tendrás a lo largo de tu vida son las mismas con las que naces. No podemos restaurarlas, excepto si un día se hacen realidad esas ilusiones engañosas sobre el trasplante de cerebros o neuronas XL. Hay más de mil grupos de investigación en todo el mundo estudiando la enfermedad. ¿Cuál es la gran dificultad para resolver este puzle? D.S. Solo hacemos investigación biomolecular seria desde hace 25 años. Por eso, el alzhéimer y el cerebro son aún una caja negra. Los cardiólogos, sin embargo, empezaron a investigar en 1920 y se dieron cuenta de los peligros del colesterol. La segunda razón es que ha habido mucha controversia sobre qué molécula debería ser la diana del tratamiento. Y ese debate sigue existiendo. Por último, hemos cometido errores. En los últimos tres años, por ejemplo, hemos aprendido que no podemos tratar la enfermedad en la fase moderada, tiene que ser en la leve o, mejor, antes de que aparezcan los síntomas.XL. Con tantos grupos trabajando por dar con una vacuna, parece que cada uno hace la guerra por su cuenta D.S. Es bueno que haya mucha gente haciendo disparos a puerta. No podemos apostar todo a una sola carta. XL. Siendo optimistas, ¿cuándo habrá un tratamiento en el mercado?D.S. En el mejor de los casos, en 2013. Aunque en ciencia las mejores expectativas, muchas veces, no se cumplen y hay contratiempos; pero yo soy optimista. XL. Alzhéimer aparte, ¿cuál diría que es el siguiente gran reto de la neurociencia?D.S. Saber cómo piensa el cerebro, cómo somos capaces de hacer juicios de valor o de abstraernos a través de un poema o una canción. El reto es entender con precisión qué es la conciencia y el intelecto y cuál es su base bioquímica. Sabemos algunas cosas, pero probablemente solo conocemos un 15 o un 20 por ciento del funcionamiento del cerebro. n