Se anuncia que varios bancos centrales (que son los que hacen girar la manivela de la máquina de estampillar billetes), en acción concertada, van a inyectar liquidez a los bancos comerciales para facilitar su financiación hasta fines de año. Por supuesto, el anuncio ha sido acogido con alborozo por las principales bolsas del mundo, que han sacado pecho siquiera por un día (con esa fatuidad irrisoria con que saca pecho el tuberculoso terminal), y celebrado por los medios de adoctrinamiento de masas, encargados de mantener cretinizada a la gente mientras la expolian. Cuando, dentro de un siglo, se estudie el hundimiento del capitalismo financiero, los historiadores se llevarán las manos a la cabeza, horrorizados de que tanta gente se dejase embaucar, llevada al matadero de la mano por sus mismos verdugos, en quienes llegó a ver a sus salvadores. Para explicar un suicidio colectivo de tal magnitud hace falta una explicación de índole sobrenatural; y tal explicación nos la brinda el Apocalipsis cuando narra la caída de la gran Babilonia (tan semejante, por cierto, a la caída del capitalismo financiero). Del vino del furor de su prostitución bebieron todas las naciones . El vino de prostitución del que todos hemos bebido durante los últimos años es la adoración de Mammón; o, como explicaba el filósofo Santayana, la creación de una niebla de las finanzas vagabunda, nominal, inmaterial, que mañana puede destruirse y desvanecerse como un sueño . Azuzando nuestra avaricia, los sacerdotes de Babilonia nos hicieron creer que el dinero podía procrear como un conejo; y que, si les confiábamos ese conejo, nos premiarían con algunos hijos de su innumerable prole, aunque fueran los hijos más canijos (mientras ellos se reservaban los más orondos). El mañana que profetizaba Santayana ya ha llegado. lloran y hacen duelo los reyes de la tierra los politiquillos de la Unión Europea, el falso mesías negro de Yanquilandia que con ella fornicaron y se dieron al lujo; lloran

y hacen duelo los mercaderesplutócratas que se enriquecieron con el poder de su opulencia; y lloramos nosotros, pobre gente cretinizada, porque vemos desvanecerse ese sueño.La única salvación posible consiste en renunciar a las mañas del capitalismo financiero; pero esto es algo que los sacerdotes de Babilonia tratarán de impedir a toda costa mientras les reste un hálito de vida. Saben que su destino es perecer entre las ruinas de Babilonia; y, en su agonía, han adoptado la misma estrategia que Sansón cuando fue encadenado a las columnas del templo. ¡Muera yo con todos los filisteos! . En esta estrategia desesperada de aniquilamiento colectivo debemos enmarcar esta “acción concertada” de los bancos centrales que los mercados bursátiles han acogido con alborozo. Van a inyectar liquidez en los mercados financieros, nos dicen; lo que, traducido al román paladino, significa que van a fabricar un dinero de mentira, haciendo girar la manivela de la máquina de estampillar billetes. Un dinero que carece de respaldo alguno; un dinero desligado de la riqueza real; un dinero de naturaleza vagabunda, nominal, inmaterial que permitirá que los reyes de la tierra sigan endeudándose y que los mercaderes sigan realizando sus operaciones bursátiles; un dinero, en fin, que aumentará todavía más la burbuja especulativa y que solo podrá corporizarse cuando los reyes de la tierra tengan que pagar los plazos de su deuda, cuando los plutócratas tengan que repartir dividendos entre sus socios y accionistas drenando liquidez a la economía real; o sea, saqueando nuestros ahorros, acribillándonos a impuestos, reduciendo nuestros salarios y pensiones.Esto es lo que los bancos centrales se disponen a hacer, para alborozo de los mercados financieros y aplauso de los medios de adoctrinamiento de masas que mantienen a la gente cretinizada. Lo malo de fabricar dinero de mentira, sin respaldo alguno en la riqueza real de las naciones, no es que se cree una “burbuja”; lo malo es que la “burbuja” creada, para no estallar, trata a toda costa de abastecerse (de rellenar su oquedad) a costa de la economía real. La única solución a la crisis presente es frenar la expansión de los mercados financieros y reactivar la economía real. volver a trabajar la tierra, volver a producir bienes, volver a comerciar con el fruto de nuestro trabajo. Exactamente lo que los sacerdotes de Babilonia desean evitar a toda costa mientras nos llevan de la mano al matadero. n