¿QUÉ ESTÁ PASANDO? EL NÚMERO DE COOPERANTES ECUESTRADOS SE HA DISPARADO. YA MUEREN MÁS QUE CASCOS AZULES. Y ESPA? A NO SE LIBRA. LAS AUTORIDADES ASEGURAN QUE EL RIESGO PARA LOS dos mil TRABAJADORES HUMANITARIOS DE NUESTRO PAÍS SE HA TRIPLICADO. MIENTRAS VARIOS JÓVENES CONTINÚAN AÚN RETENIDOS, HABLAMOS CON ALGUNOS DE LOS COOPERANTES QUE HAN PASADO POR UNA SITUACIÓN SIMILAR, EN BUSCA DE RESPUESTAS.

EL MARABÚ, UN AVE CARRO? ERA, SOBREVUELA EL CIELO DE DADAAB, EN KENIA, UNA POLVAREDA ROJIZA CONVERTIDA EN EL CAMPAMENTO DE REFUGIADOS MÁS GRANDE DEL MUNDO. CASI MEDIO MILLÓN DE SERES ESPECTRALES QUE HAN HUiDO DE LA SEQUÍA BÍBLICA Y LA GUERRA EN LA VECINA SOMALIA.

Almas, pellejo y huesos tras una caminata de 20 días por el desierto, acosados por los bandidos. ¿Qué se les perdió a Blanca y Montserrat allí, en el infierno? Blanca Thiebaut, madrileña de 30 años. Montserrat Serra, catalana de 37. Voluntarias de Médicos Sin Fronteras (MSF). Se encargaban de la logística. compra de suministros y vacunas. Habían bajado de su vehículo para jugar con unos niños cuando fueron asaltadas por tres hombres que dispararon en el cuello al conductor, keniano, y se las llevaron. No son dos insensatas. Blanca es experta en desarrollo sostenible; Montserrat, profesora. Dos personas con formación, comprometidas.Otro desierto pedregoso. Tinduf, Argelia. En lo más desolado del Sáhara. Ciento cincuenta mil saharauis en mitad de la nada. Ráfagas de ametralladora y dos todoterrenos que huyen con Ainhoa Fernández, madrileña de 29 años, Enric Gonyalons, mallorquín de 26, y una chica italiana. Tampoco se trata de aventureros inconscientes. Ainhoa es abogada; ayudaba a construir un huerto de riego por goteo y un hospital. Enric estudió un máster en cooperación; daba clases de formación profesional a los refugiados.¿Qué está pasando? Las cifras que maneja la ONU cantan. 87 secuestros de cooperantes internacionales en 2010, 350 en los últimos cuatro años, cuando hace una década no solían ser más de 20 anuales. Además, ya mueren más cooperantes que cascos azules. Si en 1999 perdieron la vida 30 voluntarios de ONG, en 2009 la cifra ascendió a 102. Y España no se libra. La secretaria de Estado de Cooperación, Soraya Rodríguez, reconoce que el riesgo para los 2000 trabajadores humanitarios españoles se ha triplicado. Ellos lo saben y lo asumen. Pero las ONG se enfrentan a varios dilemas. ¿Deben estar los trabajadores escoltados por fuerzas armadas? , se pregunta Pilar Estébanez, presidenta de la Sociedad Española de Medicina Humanitaria. Es urgente debatirlo. Quizá sería conveniente sentarse a negociar con los beligerantes para asegurar el acceso a las víctimas . La seguridad privada no soluciona el problema. Cuando la población te percibe como un elemento armado, te posicionan en uno de los bandos , considera Manel Górriz, de Cruz Roja.Los voluntarios de esta organización reciben un curso obligatorio de 20 horas en el que se les enseña a reaccionar ante un ataque, comportarse en un checkpoint o protegerse durante un trayecto. En ocasiones, firman un documento en el que se detallan los protocolos de seguridad y se comprometen a cumplirlos. desde respetar el toque de queda hasta llevar siempre un teléfono móvil encima. Pero por estrictas que sean las normas, lo mejor es el arraigo donde se llevan a cabo los proyectos. Los locales conocen mejor el terreno. Y, llegado el caso, también protegen a los voluntarios. En Tinduf, un médico saharaui recibió un disparo por defender a los españoles. La acción humanitaria se basa en un contrato no escrito entre el que asiste y el que es asistido. yo cuido de ti, tú cuidas de mí. Se cuenta con esa confianza como único escudo frente a la indefensión de quien, por principios, no trabaja armado ni con escolta , advertía Paula Farias, expresidenta de MSF, en 2008, cuando saltó la alarma por el aumento del acoso a los cooperantes. Ese pacto no escrito se está rompiendo. La mayoría de las ONG lleva varios años reforzando el personal local y solo envía a expatriados a labores muy concretas o en caso de emergencias. Pero hoy por hoy los cooperantes siguen siendo necesarios. Y si no pueden desarrollar su trabajo, los grandes damnificados son los nadies de este mundo. Lo explicó Mercedes García, trabajadora de MSF secuestrada en Somalia en 2007. Somos la voz de los invisibles, contamos lo que vemos y en determinados contextos no quieren testigos de sus acciones. La población civil se queda en silencio . Ahora, MSF ha suspendido sus actividades en Kenia y sus equipos se mantienen a la espera de poder reanudar su labor. Antes, los secuestradores solían buscar publicidad o bien presionar a los gobiernos. Ahora, quieren sobre todo dinero. ¿Pero quiénes son? En los últimos secuestros se sospecha de las diferentes franquicias de Al Qaeda en África. Al Sabah en Kenia, AQMI en el Magreb Tienen cómplices e informadores en los campamentos. Y contactos en la City londinense para cobrar los rescates y colocarlos en paraísos fiscales. Esos intermediarios son los mismos que utilizan los piratas somalíes que atacan los barcos en el golfo de Adén. De hecho, la piratería en alta mar más difícil ahora por la vigilancia de las flotas de guerra se ha trasladado a tierra.Pero el peligro no es nuevo. Ser cooperante siempre fue una profesión de riesgo. Dan fe los 55 voluntarios y misioneros españoles secuestrados o retenidos en los últimos 15 años en Chechenia, Sierra Leona, Colombia, Ecuador, Brasil, Gaza, Kenia, Argelia Algunos se resuelven en unas pocas horas. Otros se eternizan durante meses, como sucedió en 2009 con tres cooperantes de otra caravana, enviada por Barcelona-Acció Solidaria a Mauritania. Permanecieron nueve meses retenidos por AQMI en el norte de Mali y solo fueron puestos en libertad tras pagar un rescate, algo que el Gobierno nunca ha admitido, aunque la cadena de televisión Al Arabiya dio por hecho que se abonaron entre cinco y diez millones de euros. Albert Vilalta y Roque Pascual son conocidos empresarios; Alicia Gámez, funcionaria. Llevaban años compaginando su actividad profesional y su vocación solidaria. Por cierto que Vilalta ha pedido que se lo reconozca como víctima del terrorismo y una indemnización. Cobraría unos 48.000 euros, más otra compensación por las secuelas físicas y psicológicas de los 267 días de cautiverio en el desierto de Mali. Vilalta recibió varios disparos y conserva una leve cojera. Matiza que no haría un uso personal del dinero. Este secuestro puso en tela de juicio el formato de los convoyes solidarios. A estas expediciones se les reprocha que causan más problemas que los que resuelven.Pero el debate más apremiante es otro. ¿Hay que pagar a los secuestradores? ¿Ceder no incrementa el peligro de otros cooperantes? ¿Pero cómo ignorar la suerte de los que están retenidos? Y un problema añadido. si se termina pagando, ¿las pólizas de seguro serán cada vez más altas? El estatuto del cooperante estipula la contratación de un seguro obligatorio de vida y salud. La Agencia Española de Cooperación pone a disposición de las ONG uno colectivo. Solo pagan la mitad de la prima, la otra la abona el Estado.Y todo esto en un contexto de crisis. José Carlos Rodríguez, voluntario desde 1984, lo expone crudamente. Aparte de algunas organizaciones internacionales potentes, la mayoría solemos trabajar con una gran precariedad debido a la gran sequía de fondos. Con un estrés semejante, la cooperación es uno de los sectores en los que hay más rupturas familiares. Ojalá con la crisis no se olviden de que en otros lugares del mundo las cosas están mucho peor .Y eso contesta a la pregunta del principio. No es que a Blanca, Montserrat, Ainhoa y Enric se les haya perdido nada en Dadaab o Tinduf. En realidad, estaban buscando lo que hemos perdido muchos de nosotros. la perspectiva.

Los liberadoshablan

Fernando Aguiló61 años. Misionero. Secuestrado en Sierra Leona en 1998, junto a otras cuatro personas. ahora dirige el hermanamiento entre el Hospital Sant Joan de Deu (Barcelona) y su homónimo en Sierra Leona.

“Rezábamos porque nos mataran de un tiro y no a machetazos”

Me tocó vivir la guerra civil. Nuestro hospital está en una aldea. Al principio creíamos que eran ladrones de diamantes. Luego supimos de la crueldad, de las mutilaciones La Embajada pidió que nos marchásemos, pero asumimos el riesgo. Recuerdo el primer ataque. tiros, cañonazos. Después, el caos en el hospital entre los heridos y los refugiados. Vivían aterrados; trataban de salvar a sus hijos para que los rebeldes no los convirtieran en niños soldados o les cortaran manos y piernas. Veíamos las llamas en el horizonte. La ONU decretó un embargo comercial. casi no podíamos abastecer el hospital, pero las armas seguían llegando. Así estuvimos dos años. Y llegó 1998. La ONU aprobó el ataque a la capital. Y entonces la junta militar, que huía, fue al hospital a capturar al extranjero. Fuimos cinco los secuestrados. Estuvimos retenidos en el bosque. Lo peor no era que te matasen, sino cómo. Rezábamos para que lo hiciesen de un disparo y no a machetazos. Los rebeldes más jóvenes, drogados, eran muy violentos. Uno de los jefes, al comprobar que no éramos ni ingleses ni americanos, nos dijo que nuestro valor se había esfumado. Pasamos de condenados a estar abandonados. Pero la gente del pueblo nos reconoció y hubo una movilización. Nos llevaron comida, ropa Fue inolvidable. Regresé a España por enfermedad, pero en Sierra Leona pasé los mejores años de mi vida. Habrá que proteger a los cooperantes. Pero eso encarecerá las misiones y puede hacerlas inviables. Nuestras ayudas al Tercer Mundo son a veces interesadas. Ayudamos a cambio de contratos de pesca, concesiones mineras Si quieres que África se desarrolle, los africanos deben llevar la batuta. Si no, son parches. n

Juan Carlos Martínez

44 añios. Religioso, secuestrado en Brasil en 2004 junto con otros dos misioneros. fueron liberados dos días despue´s. En la actualidad es administrador de la revista “antena misionera”. Vive en Madrid

“Al final nos sacó el Gobierno por la puerta de atrás, negociando”

Fue la noche de Reyes. Dormíamos, cuando oímos ruido de cristales. Habían forzado las ventanas. Salí al pasillo. Me encontré con hombres armados; algunos llevaban capuchas. Me cogieron junto con un religioso brasileño y otro colombiano. Nos metieron en un camión hasta un campamento a unos 30 kilómetros. Los encapuchados eran blancos. También había indios. Nuestros secuestradores eran hacendados, pequeños terratenientes. Los grandes no dan la cara. El Gobierno pretendía repartir 1,75 millones de hectáreas a los indios. En esa zona viven unos 16.000. Históricamente son sus tierras. El 85 por ciento de los indios apoyaba el plan, pero una minoría se había aliado con los hacendados a cambio de luz eléctrica, ganado Nos insultaban, pero no nos pegaron. Nos decían que nos iban a matar. Todo el mundo sabía dónde estábamos, incluso la Policía. Pero tienen pocos efectivos. Al final, nos sacó el Gobierno por la puerta de atrás, negociando con los secuestradores.Tras la liberación me quedé en la misión, aunque la habían destruido. Era una escuela agrícola y de formación de líderes indígenas. Chavales de 18 y 20 años. Les dijimos que se fueran a sus casas, pero se negaron. Y se pusieron a limpiar. Y la reconstruimos. Las amenazas continuaron, pero al final se consiguió. La reserva se aprobó hace un par de años. Los hacendados fueron expulsados. Los indios están en su tierra. No ha habido juicio por el secuestrado. Regresé a España después de 13 años en Brasil. Los secuestros no van a afectar a la cooperación. Hombre, te afecta porque la familia y los amigos te dan el coñazo. Pero ni las organizaciones ni la Iglesia van a dejar de acudir. n

Ander Mimenza38 años. Cooperante. Secuestrado con su hermana y su cuñado en 1999 en la selva de Ecuador por guerrilleros colombianos. Fue liberado a los 15 días. Hoy trabaja en la Fundación EDE (Bilbao).

“Para que soltaran a mi familia, hice lo que me pidió la guerrilla”

Desarrollaba mi labor de cooperante en ALER (Ecuador), una red de emisoras comunitarias que da voz a los excluidos. Invité a mi hermana y mi cuñado, recién casados, a que pasaran unos días conmigo. Habíamos contratado una excursión por la selva y caímos en una emboscada. Probablemente fue la guerrilla colombiana. Bloquearon la carretera interceptando todos los vehículos. Lo llaman una pesca milagrosa. Nos secuestraron por error. Buscaban a un grupo de trabajadores de una petrolera, canadienses y norteamericanos. Este tipo de secuestros son muy lucrativos. las compañías de seguros pagan el rescate, que llega a millones de dólares. En nuestro caso no fue necesario pagar.Era gente muy disciplinada. Sabían lo que hacían. En el momento de la captura hubo un tiroteo, en el que casi perdemos la vida. Murió un joven militar ecuatoriano que custodiaba a los petroleros. Caminábamos todo el tiempo, selva adentro, huyendo de los militares.Yo fui el primero al que liberaron. Para que soltaran a mi familia tuve que cumplir dos misiones. Debía tranquilizar a los medios de comunicación y tenía que entregar unas frecuencias de radio para que se pusieran en contacto los secuestradores y la empresa petrolera. A partir de ahí intervino un negociador profesional.Cuando fui liberado, no acudí inmediatamente a las autoridades. Me oculté en casa de unos amigos y cumplí el encargo de los guerrilleros. Un par de semanas más tarde soltaron a mis familiares. Los cooperantes no somos unos temerarios. Nos movemos por un ideal de justicia. Asumimos riesgos, pero la probabilidad de sufrir un secuestro es menor que la de padecer el dengue o la malaria. n