Cuando se cumple un año del anuncio de su compromiso con guillermo, Catalina se ha coronado como la nueva princesa del pueblo. comparada siempre con su suegra, ha superado la primera prueba. Es lo que la corona esperaba de ella. tan mediática y empática como Diana, pero sin su fragilidad. A Gran Bretaña, sumida en la katemanía, solo le falta una cosa. un bebé. ya hay apuestas.

Se ha convertido en el cuento de moda en Gran Bretaña. En vez de la princesa y el guisante, se llama la princesa y el cacahuete.

El 2 de noviembre, durante su visita a Unicef en Copenhague, Catalina duquesa de Cambridge se negó a probar la pasta de cacahuete que las organizaciones humanitarias distribuyen a los niños africanos. Su marido

Guillermo, Federico y Mary, los herederos daneses, ya la habían probado, así que se consideró una falta de educación. Los tabloides ingleses se lanzaron a por ella. Confirmado que no es alérgica, la teoría que se impuso fue que siguió el consejo de algunos médicos que recomiendan no comer cacahuetes ¡a las embarazadas! Las casas de apuestas dan por hecho que habrá heredero antes del jubileo de la reina, en junio. Sin embargo, los expertos en la realeza dan una explicación más sencilla. Catalina no se sentía preparada. Comer en público con glamour es la prueba definitiva para una princesa. Una misión tan imposible que la reina prohíbe ser fotografiada comiendo.Y eso que huir de los obstáculos no es típico de Catalina. La explebeya parece adaptarse a la vida en el seno de la firma , como el duque de Edimburgo el marido de la reina llama a la familia real, con una facilidad desconcertante. A Diana le costó años de sufrimiento. Catalina ha inventado una nueva categoría, la de princesa al instante.La joven ya ha impuesto su estilo. la reina tiene sus sombreros de colores; Catalina es fiel a la figura de lápiz. vestido recto, tacones, melena suelta y una silueta como un trazo vertical. Los británicos se sienten muy a gusto con la imagen que transmite Catalina.El toque Catalina consiste en mezclar prendas de grandes creadores, como Alexander McQueen, con otras de marcas baratas. A finales de septiembre se fue de compras (casi de incógnito) a Topshop, el templo de la moda a buen precio. Se llevó una falda de lunares (44 euros), una chaqueta (75) y unos pendientes (9,80). Las vendedoras se quedaron atónitas. En la caja sacó tranquilamente su cartera y pagó. Al día siguiente, los artículos seleccionados por la princesa se habían agotado en el reino.Gran parte de su trabajo está inundado de compromisos solidarios. Por el momento, Catalina sigue los pasos de Diana. Como ella, visita en secreto a ONG para familiarizarse con su trabajo. Buckingham, además, no olvida que la nueva recluta es diplomada en Historia del Arte y la ha hecho seguir un programa de visitas privadas a los museos y galerías de todo el país. Catalina también se está formando con diplomáticos, historiadores y políticos. El objetivo. convertirla en embajadora del arte británico, un sector hasta ahora abandonado por la familia real.Catalina y Guillermo no dependen directamente de Buckingham. Han instalado a su equipo en un pabellón del palacio de Saint James. Comparten despacho con el príncipe Enrique, hermano de Guillermo. Sus asistentes tienen solo siete a jornada completa son jóvenes, y tanto Guillermo como Catalina se dirigen a ellos por sus nombres de pila.Para Catalina, la acogida de la firma ha sido lo más calurosa posible. El príncipe de Gales la llama mi nuera querida y saca frecuentemente a Catalina a la Royal Opera House, en Covent Garden. Pero lo cierto es que cuanto más aparecen Catalina y Guillermo, más petrificado, anticuado y desconectado de la realidad parece Carlos, el futuro rey. Después de una serie de revelaciones vergonzantes, el índice de popularidad del príncipe de Gales está en sus mínimos. Un nuevo libro, Not in front of the corgis (No delante de los corgis, en alusión a los perritos favoritos de la reina), desglosa el tren de vida de Carlos. 133 personas a su servicio, un guardarropa con 60 trajes y 200 camisas. Y 50 pares de zapatos (de más de 900 euros el par) que un soldado encera todos los días. Los cordones se planchan antes de cada puesta.A su lado, Guillermo y Catalina parecen monjes budistas. Catalina ha renunciado a las damas de honor a las que su título le daba derecho. En Anglesey, la isla donde viven porque Guillermo está destinado ahí como piloto del Ejército del Aire, empuja el carrito por los pasillos del supermercado y cocina ella misma, con una asistenta como único personal de la casa. Durante sus visitas a Londres ocupan un pabellón minúsculo en el palacio de Kensington. Una vez terminada la misión de Guillermo en 2013, la pareja se instalará en el palacio de Kensington, en pleno centro de Londres, en los antiguos apartamentos de la princesa Margarita, desocupados desde su muerte en 2002. Este ala del palacio, llamado Apartamento 1A, está justo al lado de donde vivía Diana. Decididamente, a Catalina le costará huir de la sombra de su suegra. Aunque la mudanza es también una declaración de independencia. la joven pareja se aleja así de Carlos y Camila, que viven en Clarence House, y de Buckingham. La casa es amplia. tres grandes salas de recepción, cinco dormitorios, un jardín privado y un garage para ocho coches, repartidos en cuatro plantas.Para mantener la paz familiar, aunque también por preferencia, Catalina y Guillermo no quieren un papel en primera línea, al menos por ahora. La misión de Guillermo en el Ejército del Aire se prolongará hasta 2013. Ha querido permanecer en Anglesey para proteger a su mujer. Para Catalina, la perfección tiene un precio. en cuestión de meses, la princesa ha pasado de una talla 38 a una 34. El estrés , explican sus amigos. Y aunque algunos quieran ver atisbos de los desórdenes alimentarios que padeció Diana, la sonrisa de Catalina aleja toda sospecha. Y es que, por encima de todo, Catalina tiene una ventaja que le faltaba cruelmente a su suegra. el amor de su marido. n

La causaCatalina visitó en septiembre a los niños

con cáncer del Royal Marsden, donde Diana estuvo en 1982. En enero tendrá que elegir la causa central de su acción humanitaria. Diana arriesgó al elegir el sida. Catalina podría optar por los sin techo.

Imagen de felicidadCatalina y Guillermo, un pareja radiante. A la izquierda, en Londres, en el primer acto oficial tras su boda, en junio pasado. Debajo, interior del palacio de Kensington, su futuro hogar.