Esta novelista de origen noruego lleva 30 años casada con el escritor Paul Auster. Brillantes, intelectuales y comprometidos, forman una de las parejas más “cool” de Nueva York. Charlamos con ella. Por Daniel Méndez

“Mira es Paul Auster, el poeta”. Le dijeron. Y ella se enamoró en el acto… “Él tardó un poco más, un par de horas” , recuerda Siri Hustvedt. Corrían los años 80 y el hoy célebre escritor todavía no había publicado ninguna novela. Un año después se casaron. Y juntos han crecido como escritores: él, hasta alcanzar la fama; ella demasiado a menudo relegada a la figura de ‘la mujer de’.

Sus ojos azules, su cabello rubio y su imponente 1,80 de estatura revelan los genes noruegos de esta mujer, nacida en una pequeña localidad de Minnesota hace 56 años. Su primer poema lo publicó hace ahora tres décadas, en 1981. Y desde entonces ha ido fraguando su propia carrera literaria. acaba de publicar su quinta novela (El verano sin hombres, Anagrama) y el libro Ocho viajes con Simbad (La Fábrica), donde sus textos conviven con las imágenes del fotógrafo iraní Reza. Ella y su marido son, para muchos, una de las parejas mas cool de Nueva York. Por ello, no es extraño que su nueva novela, en la que narra la historia de una mujer abandonada por un esposo que huye con una mujer más joven, haya levantado más de un interrogante en los círculos literarios…

XLSemanal. Todo el mundo ha querido ver algo autobiográfico en su novela. Creo que hasta algunos amigos suyos se alarmaron al leerla.

Siri Hustvedt. ¡Sí! [Ríe]. Un amigo me llamó por teléfono y me preguntó si iba todo bien entre Paul y yo. Y yo le dije. “¡Pero qué te pasa!” [ríe de nuevo]. Mi marido no me ha dejado ni yo he vuelto a casa de mi madre. Pero, bueno, si la gente ve la novela tan biográfica, debe de ser porque hay algo auténtico en ella.

XL. Usted define su novela como una obra feminista.

S.H. Sí. En el sentido en el que relata la subversión y la insurrección de las mujeres. La mujer ha avanzado mucho. Cuando yo era estudiante de Literatura en Columbia, fui a una clase del departamento de Filosofía… ¡y no había una sola mujer! Esto ha cambiado completamente y es una diferencia importantísima. Pero, por supuesto, no está todo hecho. ¡Mira el Gobierno de cualquier país?! Está claro que todavía no vivimos en una cultura de igual a igual. Creo que todavía hay muchos prejuicios inconscientes contra las mujeres, mucha presión ideológica de la que la gente ni siquiera se da cuenta.

XL. Como aquel periodista alemán que le dijo. “Sé que este libro lo ha escrito su marido”.

S.H. ¡Exacto! ¡Todavía me sorprenden este tipo de cosas! Debe de ser que sigo siendo un poco ingenua, aunque, la verdad, creo que serlo es bueno. te permite ver cómo deberían ser las cosas en realidad. Tenemos muchas identidades. ¿por qué la de género parece siempre la más importante, y no la estatura o cualquier otra característica? Fíjate en el concepto de sexy para las mujeres. Muchas veces las mujeres se transforman en objetos para ser consumidos. Literalmente.

XL. Su marido no era famoso cuando se conocieron.

S.H. Hemos sido compañeros literarios, además de vitales. Cuando yo conocí a Paul, él no era famoso. Nuestra vida matrimonial ha coincidido con todo su proceso creativo. Cuando yo lo conocí, estaba escribiendo su primera novela. Y juntos vivimos los numerosos rechazos que tuvo su libro: ¡le dijeron que no hasta 17 veces! Fue algo muy doloroso para los dos.

XL. Son una pareja de escritores, ¿hay rivalidad literaria entre ustedes?

S.H. En absoluto. Somos los primeros editores el uno del otro. Cuando a él le llegó el éxito y la gente empezó a entender la importancia de la Trilogía de Nueva York, yo me alegré muchísimo. Nuestras trayectorias literarias, sin embargo, han ido alejándose cada vez más en los últimos años. Quizá porque yo me he acercado a una vía académica, muchas conferencias, clases? ¡Y me encanta!

XL. Entonces, pese a las alarmas que ha despertado la trama de su último libro, no debemos preocuparnos?

S.H. He visto a muchos matrimonios irse al traste…y un buen día me pregunté. “Qué ocurriría si… ? . La idea de que de repente todo puede cambiar es una premisa fascinante. En cualquier caso, el truco de las relaciones largas es un movimiento, un reajuste constante. La flexibilidad. Así definiría yo nuestro matrimonio. ¡De momento todo va bien!

XL. Suele bromear diciendo que el suyo fue un amor a primera vista, mientras que a Paul le llevó un poco más.

S.H. Sí, un par de horas.

XL. Se casaron en Bloomsday un 16 de junio.

S.H. No fue un accidente. Aunque tampoco una decisión premeditada. Fue un libro importante para los dos y nos gustaba pensar que nos íbamos a casar en el día en que Bloom caminaba por Dublín. ¡Y el final de ese libro es precioso y ella dice “sí” y yo dije “sí”!

“Padezco un problema neurológico: si corro y pierdo el aliento o sufro estrés emocional, me dan convulsiones”

XL. Y después de la boda usted enfermó…

S.H. ¡Sí, un año de migrañas! Yo siempre he tenido mucho interés por el psicoanálisis y me preguntaba. “¿Me estaré yo provocando todo esto?”. Ahora he descubierto que las emociones intensas de cualquier tipo pueden desatar una proceso neurológico. ¡Tengo un sistema nervioso muy raro!

XL. Quizá por eso le dedica su último libro a Frances Cohen, su psicoanalista.

S.H. ¡Sí! [Ríe]. Es divertido porque gran parte de la historia de esta novela surge cuando estaba escribiendo mi obra anterior, La mujer temblorosa. En aquel libro contaba las convulsiones que padezco y mis tratos con psiquiatras y neurólogos. Cuando empecé a padecer esas convulsiones, me recomendaron acudir a un neurólogo, y resulta que, efectivamente, se trata de un problema neurológico, es decir, físico. Pero hay algo que lo hace saltar, y ese algo puede tratarse de algo emocional o físico.

XL. ¿Por ejemplo?

S.H. Por ejemplo, si corro o hago algo que me haga perder el aliento, eso puede desatar las convulsiones. ¡No sabemos qué tengo! [Ríe]. Pero sí que el estrés emocional las puede provocar.

XL. ¿Sigue acudiendo a su psicoanalista?

S.H. Sí. Me interesa el psicoanálisis desde los 15 años, cuando empecé a leer a Freud, pero nunca había acudido a terapia. Ahora creo que el psicoanálisis es un camino hacia una mayor libertad. ¡Y se lo debo a ella, a mi psicoanalista!

XL. En ‘La mujer temblorosa’ hablaba de sus propios problemas neurológicos y ahora se acerca a un tema parecido, pero desde la ficción.

S.H. Sí, es la historia que subyace en la novela. que la protagonista atraviesa un breve episodio de locura. Eso ocurre, hay gente que se derrumba por completo, que se descompone pero solo durante un breve periodo de tiempo y luego no le vuelve a pasar jamás. Al final, la diferencia entre la normalidad y la enfermedad se resume en ser capaz de manejar esas emociones o no.

XL. ¿Cuestión de límites?

S.H. Sí, pero… ¿dónde los inscribes? ¿Dónde los sitúas? Es muy difícil. Por ejemplo, hay personas que escuchan voces durante toda su vida, pero siguen adelante con su vida, no terminan en un hospital. Saben que están escuchando voces, pero no creen que sean extraterrestres o un chip informático situado en su cabeza… ¿Cuál es la diferencia?

XL. Este libro lo ha escrito mucho más rápido de lo habitual?

S.H. Sí, tardé nueve meses. ¿Por qué? Cuando escribía mi libro anterior, estaba pensando en Mia, la protagonista de esta novela. Su voz empezó a llegar a mí, y el primer párrafo de esta novela comenzó a dibujarse en mi cabeza. Lo reescribí mentalmente una y otra vez, pero una vez que lo tenía, el libro surgió.

Siri Hustvedt escritora

XL. Perdone, ¿usted oye voces?

S.H. Nabokov, en su libro Habla, memoria, cuenta que escucha voces cuando se va a dormir. Es exactamente lo que me pasa a mí. No oigo voces durante el día, pero sí antes de dormir. Le pasa a mucha gente, es como una ruptura de la conciencia hacia la inconsciencia. ¿Por qué los pacientes psicóticos o esquizofrénicos los escuchan y no son conscientes de que se trata de una ilusión? ¿Por qué piensan que es algo que está realmente ocurriendo? Nadie sabe el motivo. Yo, cuando me voy a dormir, oigo voces, pero no pienso que esté siendo poseída o algo parecido. Los expertos creen que puede guardar relación con el hemisferio derecho del cerebro, que no registra el discurso voluntario.

El psiconálisis me interesa desde los 15 años, cuando empecé a leer a Freud. Pero con mi psicoanalista he descubierto que es un camino hacia una mayor libertad.

XL. Usted ha reconocido que la ficción la ayuda a afrontar sus miedos.

S.H. Sí. ¡Son un gran motivador! [Ríe]. Cuando era más joven, a menudo, pensaba que con cada proyecto de un libro estaba abriéndome camino hacia una historia que yo misma mantenía cubierta por una serie de defensas. Es una visión muy psicoanalítica, pero real. A medida que me hago mayor tengo menos miedos. Además, cuento con experiencias, he hecho muchas cosas y tengo una mayor libertad emocional cuando escribo. Una de las preguntas que me hago, y que me parece fascinante, cuando escribes ficción es. ¿Por qué te decides por una historia y no por otra? . En teoría puedes escribir lo que quieras, no tienes límites ni una verdad a la que atenerte

XL. ¿Y la respuesta es ?

S.H. Creo que, cuando escribes algo, estás respondiendo a algo muy profundo. Hay muchas maneras de contar una historia, ese es el trasfondo consciente. Juegas con muchas realidades, pero también te introduces en una serie de niveles emocionales muy profundos.

XL. Quizá por eso el tema de la identidad atraviesa todo su trabajo.

S.H. Sí. Estos niveles múltiples de identidad. Los seres humanos tenemos genéticamente muchas cosas en común con las ratas, nos guste o no. Pero también están esos niveles de insconsciencia que permiten crear múltiples identidades, muchos ‘yos’…Escribir ficción responde a esto: a ser otra persona, a multiplicarse.

XL. El pueblo donde ha nacido la protagonista de El verano sin hombres se parece mucho al lugar donde usted nació, en Minnesota.

S.H. Siempre tomo los lugares de mi propia vida. Para mí, crecer allí hizo que fuera necesario escaparme. El pueblo se llama Bondon en la novela, una palabra que en noruego significa “granjero” [ríe]. Me divierte mucho este juego de palabras. Porque también alude al término bond, que significa “lazo”, “vínculo”, “atadura”. En el sentido de los vínculos entre personas, el matrimonio, pero también estar atado por esas relaciones. Estos lazos tiene un doble sentido, pueden ser buenos y malos.

XL. La situación de su madre y la de la madre de la protagonista son también muy similares.

S.H. Sí. Mi madre tiene 88 años, pero no he robado ningún personaje de la vida real, aunque la inspiración viene de ahí, desde luego. Después de la muerte de mi padre, mi madre ha hecho muchas amigas donde vive. Algunas han muerto. Sientes que estas mujeres mayores -y debo decir que apenas hay hombres- son muy conscientes de que se aproximan al momento de la muerte. Yo no. Sé que llegará, pero lo veo más lejano. Ellas, en cambio, están filosóficamente saturadas con la realidad de su propia muerte cercana. Es muy interesante.

XL. Aunque en la novela lo afrontan con mucho optimismo.

S.H. Sí, no hay lamentación. Es fascinante; la gente muere, haces nuevas amistades. Se acepta.

“Para mí, Nueva York era una idea: una fantasía cosmopolita y urbana. No buscaa la felicidad, sino la aventura que son cosas distintas. ¡Enseguida, te sientes neoyorquino!”

XL. Estudió en la universidad en Nueva York. ¿Significó ese viaje una ruptura con su origen?

S.H. ¡Sí! Antes de irme allí había estado una sola vez en Nueva York. Para mí, Nueva York era una idea, un concepto: una fantasía cosmopolita y urbana. No buscaba la felicidad, sino la aventura, que son cosas distintas. Pero es una ciudad muy tolerante, ¡enseguida te sientes neoyorquino! Había aspectos de mi personalidad que resultaban extraños en mi pueblo y eran completamente aceptables y aceptados en Nueva York. Fue una liberación.

XL. ¿Cómo ve el movimiento Occupy Wall Street?

S.H. Me identifico mucho con ellos. Antes de venir a Europa, Paul y yo estábamos hablando y me dijo. “Si fuera más joven, estaría allí!” [ríe]. Pero somos un poco mayores para dormir allí al raso.

XL. ¿Ha estado con ellos?

S.H. Sí, sí. Creo que el alcalde ha debido de estar presionado para echarlos en las últimas semanas. Al principio se mostró comprensivo con ellos. tienen derecho a protestar, son pacíficos y muy organizados, según dijo. Y después todo cambió. Pero no creo que este movimiento termine. Quizá en este sitio concreto sí, pero seguirá en otros. Pienso que es una señal muy esperanzadora. Mucha gente joven quiere un mundo diferente al que tenemos ahora.

XL. ¿Y cuál sería ese mundo?

S.H. Desde Reagan, en Estados Unidos no ha habido ningún límite a la adquisición de riqueza por parte de… digámoslo abiertamente. ¡tramposos avariciosos de las grandes corporaciones! [Ríe]. Y han creado un mundo que no es seguro para la gente ‘corriente’. No solo para los pobres, sino tampoco para la clase media. Y estamos viendo ahora las consecuencias. Hablamos de ficción, pero el dinero es una de las mayores ficciones que existen. Ni siquiera está ya basado en el patrón oro. Lo que ocurrió en Wall Street es que las ficciones se multiplicaron, se alejaron cada vez más de la realidad. Era una ficción financiera hecha de números.

“Desde Reagan, en Estados Unidos no ha habido ningún límite a la adquisión de riqueza por parte de los tramposos de las grandes corporaciones”

XL. ¿Es usted optimista con respecto al futuro?

S.H. Filosóficamente no soy una persona muy optimista, pero vivo de manera optimista. ¡Es raro! Pienso que vamos a morir, que la gente no cambia fácilmente, no creo en las utopías? Pero, aun así, vivo con optimismo. Mi hija, de 24 años, es fantástica y parece tener amigos estupendos que me hacen tener esperanza. Siempre esperas lo mejor para tus hijos, para los niños, pero en su mundo hay también muchos idiotas crueles [ríe]; aunque también gente maravillosa, y el mundo sigue adelante.

XL. Y los orígenes noruegos ¿cómo le han influido?

S.H. Cuando era pequeña, todo era Noruega: mi madre es noruega; mi padre, aunque nacido en América, mantuvo siempre unos lazos muy estrechos con su origen escandinavo. Mi madre y yo todavía hablamos noruego y, cuanto mayor me hago, me siento más conectada a Escandinavia. Cuando visito Noruega, Suecia o Dinamarca, hay algo familiar, que me hace sentirme en casa. Es importante para mí, mucho.

Siri Hustvedt, Paul Auster, hija

Si Paul y Siri se dedican con éxito a la escritura, la hija de ambos Sophie, también estaá vinculada al mundo artístico. Es actriz. En la foto, los tres en Nueva York en 2004.

XL. Pero fue en Islandia donde decidió que quería ser escritora.

S.H. ¡Sí! Tenía 13 años y estaba siempre leyendo y leyendo. Era verano y la luz no me permitía dormir por la noche. Me encantaba David Copperfield. Y pensé que escribir era lo mejor del mundo. ¡Si puedes hacer esto, a por ello!

XL. El libro que está escribiendo se llama ‘Monstruos en casa’.

S.H. Sí. Es un libro complejo. Hay muchos narradores y referencias a Frankenstein, la maravillosa novela de Mary Shelley. Pero es solo uno de los monstruos posibles.

XL. ¿Cuáles serían los monstruos para nosotros?

S.H. En el siglo XVIII, en la Enciclopedia había todo un capítulo que versaba sobre el estudio de los monstruos. Todo aquello que no podías encasillar se convertía en un monstruo.


PRIVADÍSIMO

 

Durante  tres años trabajó como voluntaria en un hospital psiquiátrico para ayudarse a escribir Elegía para un americano. “Cuando la terminé, seguí yendo. Fue muy gratificante”.

Le gusta la biología y leer a Jane Austen y Emily Dickinson. Ve muy poco la televisión y le encanta cocinar y cuidar del jardín.

Su marido dice de ella. “Es brillante y cariñosa; toda mi vida”.