Desastres naturales, hambrunas terribles, dramas personales las noticias, normalmente, son malas noticias. el año que se va, sin embargo, nos dejó unas cuantas historias de superación. ejemplos positivos de personas que consiguieron darle la vuelta a la tragedia.

Mofletes que golpean concienciasEntre estas dos fotografías hay tres meses y cinco kilos de diferencia. Minhaj pesaba 3,1 kilos cuando llegó a un campo de refugiados en Kenia. Tenía siete meses. Su madre, que lo había traído en brazos desde Somalia, pensó que no llegaría al octavo. Ahora, cerca de su primer cumpleaños, tiene el peso de un niño de su edad.ü

El niño que venció la muerte

Es solo un niño entre cuatro millones de personas amenazadas por el hambre en el cuerno de África, pero la resurrección de Minhaj Gedi Farah introduce una señal de esperanza en medio de la tragedia.ü

Minhaj tenía siete meses y pesaba 3,1 kilos, el peso de un recién nacido, cuando su madre alcanzó el campo de refugiados de Dadaab el mayor del mundo el pasado julio. Assiyah Dagane llevaba semanas de caminata por el desierto, desde su hogar en Somalia hasta este enclave en Kenia, a 90 kilómetros de la frontera, viendo cómo la vida de su pequeño se escapaba entre sus brazos. Viajó sin apenas comida, sorteando milicias por una región donde las agencias de la ONU y las ONG tienen prohibido adentrarse, pensando en qué momento su hijo exhalaría el último aliento. Seguía el mismo camino emprendido ya por medio millón de somalíes que han abandonado sus hogares, huyendo de una guerra sin fin y de la mayor hambruna del siglo XXI.Cuando Assiyah entregó a Minhaj a los médicos de la ONG International Rescue Committee (IRC) en Dadaab admitió ante ellos haber perdido toda esperanza. El niño padecía desnutrición y anemia severa. Lo normal en un caso así en esta región de África, al menos, donde más de 30.000 menores de cinco años han muerto en los últimos meses es no sobrevivir. En el hospital le practicaron tres transfusiones de sangre y lo sometieron a una dieta con una pasta de cacahuete enriquecida con vitaminas. Pronto, los médicos vieron la luz. Hoy recuerdan que la desesperación con la que Minhaj se agarraba al pecho de su madre les hizo ser optimistas. En pocos días ganó un kilo y enfiló la senda de la recuperación. Más tarde, incluso superó una tuberculosis gracias al aumento de sus defensas. Su evolución fue tan positiva que, hace unas semanas, fue el argumento estrella de IRC en su evento anual de recaudación de fondos. Los médicos que le salvaron la vida mostraron fotografías del día en que llegó a sus manos y de su última consulta. tres meses y cinco kilos de diferencia. No puedo estar más contenta , asegura Assiyah ante su hijo mofletudo. El rostro frágil del hambre , como definió a Minhaj el reportero que lo retrató cuando la piel se pegaba a su esqueleto, es hoy un niño alegre cuyos mofletes se arrugan cuando se ríe en brazos de su madre.

En Somalia acecha la muerte A la izda., el pequeño, en mitad de su recuperación. Abajo, el campamento de refugiados. La historia de Minhaj es un milagro en un país donde, para muchos, lo difícil es permanecer vivo. Los niños siguen en peligro. La desnutrición, las enfermedades y la guerra son una cuestión de vida o muerte , advierte Sikander Khan, representante de Unicef en Somalia.

El poder de los tapones de Aitana

Aitana necesita 400.000 euros para seguir viviendo. padece una grave enfermedad y su padre lo ha dejado todo para conseguir el dinero. gracias a la solidaridad y a toneladas de tapones de plástico se va acercando a su objetivo.

Aitana quiere que le saquen una fotografía en la Puerta del Sol. A sus 11 años, le cuesta respirar y se cansa al caminar, pero hoy esboza una sonrisa espontánea ante la cámara. Su padre, Luis Miguel García, aprecia el esfuerzo de sus labios. Más que nada porque lleva toda una vida, la de su hija, entregado a devolverle la sonrisa. Y sigue en ello. Necesitamos 400.000 euros para pagar las dos operaciones que necesita , detalla. Mi hija no tiene la vena principal que une el corazón con los pulmones. Sufre una atresia pulmonar sin tronco con colaterales. Nació así. Mantiene el riego con seis venas colaterales, pero es insuficiente , explica. Este hándicap ha marcado la infancia de la niña. Desde pequeña, al mínimo esfuerzo le faltaba oxígeno. al comer, al gatear, al empezar a andar . Luis Miguel y su esposa, Isabel Doiz, buscaron sin descanso opciones y especialistas, hasta que en 2006 fue operada en el hospital Doce de Octubre, en Madrid. Le colocaron una válvula para ayudarla a regar sus pulmones , recuerda su padre. Quince meses después sufrió dos desfallecimientos; la válvula estaba taponada y hubo que dar marcha atrás.Pasó el tiempo, la vida de Aitana prosiguió su fatigoso curso, y el 22 de diciembre de 2009, fecha que su padre lleva esculpida en el cráneo, un médico le dijo que no se podía hacer más. El peor día de mi vida , subraya Luis Miguel, un hombre que, al parecer, no conjuga el verbo rendirse. La perseverancia pronto depositó en sus oídos el nombre del doctor Pedro del Nido, cardiólogo del Childrens Hospital de Boston. Le escribió un e-mail y en 15 minutos le llegó la respuesta. Rescataremos las venas ciegas de sus pulmones y le reconstruiremos las venas pulmonares, eso me dijo . Traducción. Aitana necesitaría tres operaciones, a razón de 200.000 euros cada una. Comencé a tocar puertas. Seguridad Social, Casa Real, Presidencia del Gobierno, PP Todos me rechazaron . Lejos de abatirse, Luis Miguel siguió a lo suyo y con ayuda de artistas como Amaral, Rosa o Camela recaudó el dinero para la primera operación.En septiembre de 2010, le fabricaron las venas del pulmón derecho y desde entonces cuenta Luis Miguel ha engordado más de cinco kilos, ha crecido 25 centímetros y puede caminar más de dos metros sin cansarse como antes .Sus progresos, sin embargo, no acomodan a su padre. Faltan dos operaciones, la del pulmón izquierdo y otra para unir todas las venas y conectarlas al corazón , explica. Hacerlas realidad es la obsesión del padre de Aitana.La campaña Tapones para Aitana arrancó en julio. Es sencillo cuenta. Guardas tus tapones de plástico y los llevas a una oficina de Seur; dices que son para Aitana y ellos se encargan de todo. Recogemos cinco toneladas semanales, que vendemos a una empresa de reciclaje. Andamos ya por los 90.000 euros. Más de cinco millones de personas han donado tapones para Aitana , revela.Luis Miguel, que también hace campaña en la web unasonrisaparaaitana.blogspot.com, espera volver pronto a Boston. No nos dicen cuánto le queda de vida, pero sí que lo del pulmón izquierdo corre prisa .

La sonrisa de Aitana.Aitana padece una rara dolencia. Su corazón y sus pulmones digamos no se lelvan bien y se cansa al hacer esfuerzos. Eso si,mantiene al día sus estudios de 5 de primaria

Ya puedo sentir los besos de mi hija

Una brutal descarga eléctrica convertió su cara en una máscara impenetrable. Lo dieron por muerto, pero tres años después, motivado por el amor de su hija. ha recuperado su rostro y las ganas de vivir

Deseaba, ante todo, sentir los besos de su hija de cinco años. También sonreír, oler la lluvia; privilegios de una humanidad que un hombre sin rostro como él pensaba haber perdido para siempre. Dallas Wiens tiene 26 años y no ha dejado de soñar con estas posibilidades desde que, en el verano de 2008, su cara quedó abrasada tras sufrir una descarga eléctrica. Fue como si le hubieran borrado la identidad. sin ojos, sin cejas, sin nariz, sin labios, sin dientes. Quedó irreconocible. Sin embargo, él y, sobre todo, su hija Scarlette, su faro, siempre tuvieron claro quién era la persona bajo la máscara.Él no recuerda lo ocurrido. Trabajaba en la construcción y vivía bien con su esposa y su hija. Un día, mientras pintaba una iglesia subido a una grúa, su cabeza golpeó contra una línea de alta tensión. Me dijeron que perdí el control de la máquina y choqué contra los cables , recuerda. Entró en coma y los médicos quebraron de un golpe toda esperanza. Su cabeza era una calavera quemada , recuerda el doctor Jeffrey Janis, jefe de cirugía del hospital de Dallas donde ingresó. No sobrevivirá , le dijeron a su familia. Pero despertó. Tardó tres meses en hacerlo. Después pasaría otro medio año en el hospital, de cirugía en cirugía. Espoleado por el deseo de volver a disfrutar de su hija, Dallas Wiens aprendió a hablar, no le importó carecer de labios y dientes; en lugar de tumbarse en la cama, dedicó su tiempo a series interminables de flexiones y ejercicios hasta que consiguió aparcar su silla de ruedas desafiando a quienes le habían asegurado que jamás volvería a caminar. Cuando le dieron el alta, una fina capa de piel cubría el lugar donde no mucho tiempo atrás estaban sus ojos y su nariz y había aprendido a caminar con un bastón de los que utilizan los ciegos. Echo de menos la vista, pero, sobre todo, echo de menos sentir mi cara y mi olfato declaró al dejar el hospital, pero he decidido tomarme cada día como un desafío, una oportunidad para ilusionarme y disfrutar .Había una cuestión, sin embargo, que aterraba a Wiens. que su hija se asustara o no lo reconociera. Enseguida descubrió que no habría nada de lo que preocuparse. Me dijo. Papi tiene pupa, pero con ayuda de Dios y de los doctores cada día está mejor subraya, orgulloso, Wiens. No le molesta mi aspecto y nunca, ni siquiera el día que me vio, me ha hecho notar que mi cara está desfigurada .El miedo al rechazo no era el único enemigo a batir. Incapacitado para trabajar, el Gobierno le dijo un día que ya le habían cubierto todos los tratamientos que podían cubrir. Su mujer, en otro frente, inició los trámites de divorcio. Wiens no desistió, rebuscó en la nueva ley sanitaria de Obama y descubrió un paraguas salvador acogiéndose como beneficiario al seguro médico de su padre. El premio gordo, sin embargo, estaba a punto de caer. Tras haberse sometido a más de 24 intervenciones quirúrgicas desde su accidente hace un año fue elegido para recibir un trasplante de cara.Wiens fue intervenido en marzo pasado durante 15 horas. Recibió nariz, labios, piel, músculos y nervios faciales de un donante. Dos meses más tarde, su presentación en sociedad dejó al mundo con la boca abierta. Escoltado por su pequeña Scarlette, que ya ha cumplido los cinco años, Wiens mostró su nueva nariz, las cavidades de sus ojos que oculta tras unas gafas oscuras, una floreciente perilla y agradeció esta nueva oportunidad que le da la vida. n

una brutal descarga eléctrica convirtió su cara en una máscara impenetrable. Lo dieron por muerto, pero tres años después, motivado por el amor de su hija, ha recuperado su rostro y las ganas de vivir.

Mi papá tiene pupa, pero ya está mejor Vivía feliz con su esposa y su pequeña Scarlette (izda., juntos, antes del accidente), pero una descarga destrozó sus facciones. Su fuerza de voluntad y el amor inquebrantable de su hija (dcha., en mayo, tras recibir un trasplante de cara) le permitieron seguir adelante.

Ibai vuelve a soñar

hace un año, la vida de este niño tuvo en vilo al país, le trasplantaron cinco órganos a la vez. Sin embargo, su lucha no había hecho más que empezar. Este septiembre, un virus lo mandó de nuevo al quirófano, sólo hace unos días ha vuelto a sonreir

Día de los inocentes, 28 de diciembre de 2010. Ibai, de cuatro años, entra a un quirófano del hospital de La Paz, en Madrid. Siete horas y media después sale con cinco órganos nuevos en su organismo. hígado, estómago, duodeno, intestino delgado y páncreas. El éxito de su operación es una noticia positiva en medio de la crisis. Semanas después, XLSemanal visita al pequeño en el hospital y cuenta los detalles de su lucha. Desde entonces, la angustia y también las alegrías de su familia ha formado un poco parte del día a día de la redacción.Ibai abandonó el hospital en abril, cuatro meses después del trasplante. Iba en un carrito de bebé; su boca, cubierta por una mascarilla. Está tan contento que no quería esperar a la ambulancia , contaba su padre, Javier Uriarte. Los médicos, a su lado, advertían. la nueva etapa será delicada. Se deben hacer revisiones periódicas y, sobre todo, cuidar la función renal y evitar deshidrataciones e infecciones.En septiembre, más buenas noticias. Ibai volvía a su ikastola en Zarátamo (Vizcaya). Según sus padres, estaba tan excitado que habría ido a clase el domingo. La realidad, sin embargo, es implacable. Pronto recordaría a la familia Uriarte que la vida aún está lejos de ser fácil para ellos. Todo iba bien rememora Javier. El 26 de septiembre iban a cerrarle la bolsa donde hace sus necesidades. Era importante para nosotros. Fuimos a hacerle las pruebas para la operación y surgieron los problemas. un virus que se reactivó, dificultad para respirar Había que hospitalizarlo .Ingresar de nuevo a su hijo en el centro donde pasaron los cinco meses más angustiosos de su vida fue una prueba, otra más, para la familia. Hemos pasado mes y medio en Madrid cuenta Javier. Nuestro otro hijo, Markel, de nueve años, se quedó en Bilbao con sus abuelos. Me dan la baja [es vigilante de seguridad], pero, claro, son muchas ya .Ibai, que ya tiene cinco años, lo lleva mejor. Es duro para él dice Javier, pero está contento. Ha vuelto a clase y, si todo va bien, en enero le quitarán la bolsa. Quiero llevarle al Circo del Sol, a Ibai le hace una ilusión enorme. Antes espera que esta noche, el Olentzero [quien lleva los regalos de Navidad a muchos niños vascos] le traiga unas pistas de coches que ha pedido. Creo que se las traerá , presagia Javier. n

La lucha continúaEn enero, al pequeño le quitarán la bolsa donde hace sus necesidades. Atrás quedan duros momentos de su hospitalización (arriba). A la izda., hace una semana con su hermano mayor en Bilbao.