Nació en Bilbao en 1977. Es corresponsal en Londres del diario “ABC” y fue subdirector para Internet del mismo medio. En su libro “WikiLeaks confidencial” [Anaya Multimedia] analiza el fenómeno y a su líder, Julian Assange.

XLSemanal. En su libro expone muchas opiniones cruzadas sobre Julian Assange, pero ¿y la suya?Borja Bergareche. Hay una gran confusión sobre qué y quién es Julian Assange. No es periodista ni editor. Es un activista. no soporta que los gobiernos y las grandes empresas almacenen secretos y lidera un movimiento contra ello. Desde ese punto de vista posee un lado brillante.XL. ¿Y desde otros puntos de vista?B.B. Tiene un lado oscuro. Su propia genialidad, que tiene mucho de egocentrismo, vestida con un poco de paranoia, arrastra a WikiLeaks la organización que lidera al desastre. El juicio sobre él se torna negativo cuando ves el impacto que ha tenido en su criatura, a la que puede llevar a la ruina financiera, operativa y de credibilidad.XL. ¿Cree que WikiLeaks ya es pasado, que Assange ya ha vivido sus 15 minutos de fama?B.B. Existe un cansancio, y es normal, con el fenómeno WikiLeaks. Desde las grandes filtraciones de 2010 [sobre Afganistán, en julio; sobre Irak, en octubre, y sobre los cables del Departamento de Estado, en noviembre], que es su gran momento y Assange aparece en todas las listas de personajes de aquel año, ha perdido toda su capacidad. WikiLeaks está sumida en un caos operativo por los problemas judiciales de Assange [con causas en Suecia, EE.UU. y Australia], el bloqueo de sus fuentes de financiación por las empresas del sistema [VISA, MasterCard y PayPal no aceptan transferencias a su web] y el acoso de los piratas informáticos. Su buzón electrónico, que es lo que define su confidencialidad, lleva desenchufado desde noviembre de 2010. Eso merma por completo su capacidad operativa. XL. WikiLeaks, en todo caso, ha tenido su impacto al abrir un debate sobre los secretos de Estado y los sistemas de información B.B. Sí, bueno, los gobiernos intentan reforzar sus sistemas, pero la pregunta es. ¿de verdad creen que en la era digital pueden mantener en secreto tanta información? Es una ilusión, la expresión secreto digital es una contradicción in termini. Los gobiernos, los ejércitos, las empresas neurálgicas del sistema son cada vez más vulnerables.XL. También es cierto que la fuente de la cual se extrajeron muchos de los documentos filtrados provenían de un sistema al que tenían acceso hasta tres millones de usuarios B.B. Sí, los errores de EE.UU. eran de una ingenuidad de patio de colegio. Es que los soldaditos en las bases de las provincias lejanas del imperio, como quien dice, jugaban a los videojuegos con material clasificado. XL. Los gobiernos que se dicen democráticos, en todo caso, ¿no deberían ser más transparentes?B.B. Yo soy un activista en pro de las leyes de acceso, pero reconozco el derecho de los Estados a mantener ciertas cosas en secreto. El problema es que el umbral del secreto es altísimo. En 2010 solo la Administración de EE.UU. clasificó 75 millones de documentos, unos 750 millones de páginas. Un total de 4000 funcionarios están dedicados en exclusiva a ponerles el sello de secreto a esos documentos y, unos años después, el de desclasificado. Los gobiernos deben guardar menos secretos, aunque de manera más eficaz. XL. Con la excusa de la crisis, sin ir más lejos, se están tomando decisiones trascendentales a espaldas de los ciudadanos, ¿no?B.B. Los gobiernos deben ser capaces de deliberar en público. No en directo por televisión, pero sí que haya una constancia y podamos saber cómo se han tomado esas decisiones. Eso mejoraría la calidad legislativa, la acción de gobierno y la gestión de los recursos públicos. Es bueno que los gobiernos estén más vigilados. La información no es propiedad del gobernante, sino del ciudadano en nombre de quien deciden esos señores a quienes nosotros pagamos para ello.   fernando goitia

Pregunta a bocajarro

¿Por qué llama a España “el patito feo en transparencia”? Nuestra cultura burocrática es oscurantista. Se obstruye el acceso a la información. Necesitamos una ley de acceso y transparencia, pero la clase política ha demostrado que esta no figura entre sus prioridades.