Si volviera a nacer,
haría exactamente lo mismo, incluyendo los episodios desagradables. Con
una salvedad. no haría aquel anuncio para American Express. Después de
salir en la tele, todos sabían el aspecto que tenía .

Cuando conocí a Stephen King, en Boston en 1992, él ya
estaba preocupado por la fama, que no parecía interesarle lo más mínimo.
La siguiente vez que me encontré con él, en 2002, me hizo subir al
escenario a tocar con los Rock Bottom Remainders, una banda musical
integrada por varios escritores. En ese momento tenía el pelo gris y el
aspecto frágil, como resultado de una larga estancia en un hospital
después de ser atropellado por una furgoneta conducida por un mentecato.
Recuerdo que King se quejaba de lo mucho que le costaba bajar por las
escaleras y que me quedé preocupado por su salud. Pero ahora, una década
más tarde, cuando sale a mi encuentro en su casa de Sarasota (Florida),
King tiene buen aspecto. Con 64 años, parece más joven que hace una
década.

Su última novela, titulada 22/11/63, aborda la
posibilidad de viajar en el tiempo. Trata de un profesor de Lengua de
instituto (lo que el propio King fue) que se traslada de 2011 a 1958 a
través de un agujero temporal situado en el pequeño almacén de un viejo
restaurante, con la misión de salvar a John F. Kennedy de Lee Harvey
Oswald. En la novela hay elementos de terror, pero vienen a ser un
simple condimento de lo que en parte es una novela histórica; en parte,
una historia de amor y, en todo momento, una meditación sobre la
naturaleza del tiempo. Pero King sabe que, escriba lo que escriba,
siempre será considerado como un escritor de novelas de terror. Me
pregunto si se siente frustrado por el encasillamiento. Pues no, la
verdad. Cuento con mi familia, estupenda, y tenemos dinero suficiente
para que no nos falte de nada. Ayer hubo una reunión de la King
Foundation (la fundación del autor con fines solidarios), y eso sí que
resulta frustrante Todos los años damos el mismo dinero a personas
diferentes, pero la sensación es la de estar siempre dando dinero para
lo mismo que nunca se soluciona. Eso sí que es frustrante de verdad. Yo
nunca pienso en mí mismo como en un novelista de terror. Eso es lo que
otra gente piensa. Pero nunca he dicho ni pío al respecto porque mi
mujer y yo en su momento lo pasamos muy mal, y teníamos miedo de que se
nos acabara el chollo si metíamos la pata. Por eso, cuando la gente me
catalogaba como novelista de terror, yo tampoco les decía que no; lo
importante era que el libro de turno se vendiera. Pensaba que lo mejor
era estar calladito y escribir lo que me interesaba escribir .

Después de Carrie -su primera novela de éxito-, King
escribió Las cuatro estaciones, un libro de relatos cortos; La redención
de Shawshank; y El cuerpo, basado en la niñez del propio autor. Recibió
muy buenas críticas. La gente por primera vez comprendió que en
realidad no eran historias de terror al uso . Pero no todo el mundo
estaba convencido. Un día, en el supermercado, se me acercó una mujer y
me dijo que sabía quién era yo, pero que no leía mis libros porque ella
prefería una literatura más realista, como La redención de Shawshank,
según dijo. Le respondí que esa novela la había escrito yo, pero se negó
a creerlo .

En un saco de huesos, una novela gótica de fantasmas
protagonizada por un novelista, King presenta a un autor que deja de
escribir, pero que sigue publicando libros escritos con anterioridad y
mantenidos en secreto. Me pregunto, si King muriera, ¿durante cuánto
tiempo podrían sus editores mantener el secreto? King sonríe y responde.
Alguien me dijo que Danielle Steel tiene la costumbre de escribir tres
libros al año, de los que tan solo publica dos. Y sé que Agatha
Christie se las arregló para que algunas de sus obras fueran publicadas
tras su muerte, a modo de colofón de su carrera Si yo me muriera esta
noche, los editores podrían mantener el secreto hasta 2013. Tengo
escrita otra novela de la serie La torre oscura, The wind in the
keyhole, y otra llamada Dr. Sleep. Joyland [la siguiente que está
previsto publicar] estaría inacabada, pero seguro que Joe [su hijo,
también escritor] podría terminarla. Su estilo es casi indistinguible
del mío. Pero sus ideas son mejores. Mi agente está negociando con los
editores la venta de Dr. Sleep, que es la continuación de El resplandor,
pero hasta ahora no les he mostrado el manuscrito. Quiero dejar que
pase algo de tiempo antes de darlo por bueno .

Le pregunto cuánto hace que ya no se preocupa por el
dinero. King lo piensa un momento y responde. Desde 1985. Hacía tiempo
que Tabby había comprendido que ya no teníamos que preocuparnos más por
estas cosas, pero yo seguía convencido de que me lo iban a quitar todo y
tendría que volver a vivir en una casa de alquiler, con tres niños a mi
cargo. La situación era demasiado buena como para creérmela. Pero hacia
1985 comencé a entender que tenía el futuro más o menos asegurado . Con
un gesto señala las mansiones del litoral de Florida y matiza. Aunque
todo esto me resulta muy extraño, y eso que solo pasamos tres meses al
año en Florida. Nuestra casa en Maine se encuentra en uno de los
condados más pobres del Estado. Muchos de nuestros vecinos se ganan la
vida como leñadores, basureros y demás. No quiero hacer demagogia, pero
soy una persona sencilla, del pueblo. Simplemente tengo la capacidad
para escribir, una capacidad que me da para vivir .

E insiste. Nada me resulta tan aburrido como estar en
Nueva York y pasarme tres horas cenando en un jodido restaurante de
lujo. Que si los aperitivos, que si los vinos, que si los tres platos,
que si el café y las copas de después Me lo paso mucho mejor en uno
de estos restaurante de gofres. Con un gofre y unos huevos revueltos, ya
me vale . King medita un momento y a que me paguen
unas sumas disparatadas de dinero por hacer algo que yo haría gratis .
Le pregunto si ahora le resulta más difícil escribir sobre personajes
proletarios que en sus comienzos. Me resulta mucho más difícil que
antes , reconoce. Cuando escribí Carrie y Salem’s Lot, tenía muy fresco
el recuerdo del trabajo manual. De igual forma, cuando tienes hijos
pequeños, es más fácil crear personajes infantiles. Hoy, me cuesta mucho
más escribir sobre la niña de doce años que aparece en Dr. Sleep de lo
que me costó escribir sobre el Danny Torrence de cinco años (el niño de
El resplandor), porque en esa época contaba con el modelo de mi hijo Joe
para describir a Danny. Con esto no quiero decir que Joe tuviera las
propiedades paranormales de Danny, pero yo en esa época tenía claro
quién era Danny, cuáles eran sus juegos, qué era lo que quería hacer y
demás .

Luego pasamos a charlar como hacen los escritores. sobre
cómo hacemos lo que hacemos, sobre la necesidad de crear unas realidades
distintas, sobre la vocación Yo nunca pienso en un relato como algo
artificial, sino como algo con lo que me he encontrado. Como si lo
hubiera encontrado en el suelo y me lo hubiera apropiado. Alguien me
dijo una vez que veo las cosas así para no dar importancia excesiva a mi
propia creatividad. También es un hecho que en el libro que ahora estoy
escribiendo hay varios aspectos que aún no he conseguido resolver. Pero
no me quita el sueño; las soluciones ya aparecerán cuando sean
necesarias de verdad . Y recuerda el caso de La milla verde. El libro
lo escribí con adelanto sobre el plazo previsto porque cada vez que
necesitaba un elemento determinado, estaba ahí, al alcance de la mano.
Cuando John Coffey va a la cárcel, va a ser ejecutado por el asesinato
de las dos niñas. Yo desde el principio tenía claro que Coffey era
inocente, pero no me había planteado que el verdadero culpable fuera a
estar allí. No sabía cómo había sucedido el crimen. Pero me puse a
escribir, y todo fue saliendo de forma natural. De pronto, todo encaja
como si hubiera existido desde siempre . King escribe todos los días. Si
no escribe, no se siente feliz. Por eso escribe. Así de sencillo. Me
siento a escribir hacia las ocho y cuarto de la mañana y sigo
escribiendo hasta las doce menos cuarto o así, y durante esas horas todo
me resulta real. Hasta que la mente se me queda en blanco. Lo normal es
que escriba entre 1200 y 1500 palabras, unas seis páginas al día .

 
Durante nuestra conversación, Stephen hace referencia a
distintos escritores y me doy cuenta de que todos son -o
fueron-escritores populares, con millones de lectores. Te voy a contar
una anécdota curiosa. Hace una semana estuve en la feria del libro de
Savannah Este tipo de cosas me pasan cada vez más. Salí a saludar, y
toda aquella gente me recibió con una gran ovación y puesta en pie. Lo
que me pone los pelos de punta, porque quiere decir que uno se ha
convertido en un referente cultural O que aplauden el hecho de que
uno todavía no esté muerto .

Resulta peligroso -conviene King-. Lo que yo quiero es
que a la gente le gusten mis libros, no que se queden alelados ante mi
persona . ¿Y qué me dice de los premios literarios? Bueno, la gente se
siente feliz al dármelos. Yo, luego, los meto en el cobertizo del
jardín, pero eso no lo sabe nadie .