Las mujeres leen muchas más novelas que los hombres. Está comprobado. Nadie sabe a ciencia cierta el porqué, pero el fenómeno es mundial

El escritor británico Ian McEwan no tenía ni un hueco libre en los estantes de su biblioteca. Decidido a ganar espacio, reunió unos 30 libros que tenía repetidos (copias en tapa dura de sus propias obras) y salió a la calle acompañado de su hijo, que llevaba la pesada caja.

En cinco minutos de paseo por el centro de Londres repartieron las 30 novelas. Cada mujer joven a la que nos acercábamos estaba ansiosa y agradecida de coger un ejemplar. Alguna incluso rebuscó en el montón murmurando ‘leído, leído ‘ antes de escoger. Otras pidieron dos y tres . Los hombres se comportaron de una manera muy diferente. Fruncían el ceño con suspicacia o aversión. Ni siquiera cuando les asegurábamos que no tenían que pagar nada podíamos convencerlos. ‘Gracias, pero no’. Solo un espíritu sensible fue tentado . Conclusión. Cuando las mujeres dejen de leer, la novela estará muerta .

El experimento de McEwan tiene poco de científico, pero las investigaciones apuntan en esa dirección. las mujeres leen más que los hombres. Lo afirma la Federación de Gremios de Editores de España en su último informe sobre hábitos de lectura. Lo corrobora Eurostat, la oficina de estadística comunitaria. el 75 por ciento de las mujeres lee al menos un libro al año, algo que solo hace el 30 por ciento de los hombres. En cuanto a gustos. ellas devoran la ficción; ellos prefieren el ensayo. La tendencia es mundial. En el mercado anglosajón, el 80 por ciento de los lectores de novela son mujeres. Compran nueve libros al año, por cinco los hombres. Además, ellas son más tenaces. La mitad de las lectoras que empieza un libro lo termina, algo que solo consigue uno de cada cuatro varones.

¿Por qué se produce esta brecha de género? Es la pregunta del millón. El debate tiene un valor económico añadido. La industria editorial mueve anualmente cerca de 4000 millones de euros solo en España y da empleo a más de 30.000 personas. Las editoriales, cuyas plantillas están formadas mayoritariamente por mujeres, afinan el punto de mira a la caza de lectores y, sobre todo, lectoras. Cada vez son más las escritoras que llegan a la categoría de best seller, emulando el camino que abrió J. K. Rowling (Harry Potter), cuyo relevo tomó Stephanie Meyers (Crepúsculo) y que ahora transita triunfalmente E. L. James (Cincuenta tonos de gris), aupada por la blogosfera, el formato digital y la sugestiva etiqueta de ‘porno para mamás’.

¿Por qué? Los psicólogos cognitivos ofrecen una primera explicación. Las mujeres son más empáticas que los hombres y poseen un rango emocional más amplio. Son capaces, por tanto, de identificarse más fácilmente con los personajes y hacer suyas sus penas y alegrías. La neurociencia parece verificar esta hipótesis. Algunos estudios sostienen que el cerebro de las mujeres dispone de más ‘neuronas espejo’, que se activan cuando miramos a los demás. Estas neuronas nos hacen salivar cuando vemos a alguien comer, sentir miedo cuando está en peligro o sufrir cuando siente dolor. Es decir, son las responsables de la empatía.

La génesis de esta diferencia entre sexos se produce en la infancia. Desde muy pequeñas, a las niñas les cuesta menos estar quietecitas y sentadas; dos condiciones recomendables para sumergirse en la lectura. Ellos son más impacientes, aguijoneados por la testosterona. Además, ellas suelen tener una mayor precocidad en el manejo del lenguaje. Es otra ventaja en la parrilla de salida.

La educación es fundamental. Los universitarios son quienes registran un mayor índice de lectura (82 por ciento). Solo el 35 por ciento de la población que no pasó de la primaria lee. El Centro de Estudios para la Promoción de la Lectura y la Literatura Infantil de la Universidad de Castilla-La Mancha está realizando una investigación sobre las variables de género en la construcción del lector. Este estudio, coordinado por los profesores de psicología Santiago Yubero y Elisa Larrañaga, se plantea si la educación que reciben los niños y las niñas, hasta convertirse en hombres y mujeres, influye en las diferencias que se dan a favor de las mujeres en el gusto por la lectura. Y para ello analiza las respuestas de más de 2000 universitarios. ¿Puede ocurrir que los rasgos masculinos y femeninos, que aprendemos en nuestra infancia, ayuden o dificulten nuestro acercamiento a la lectura? Aunque la investigación todavía está en curso, la respuesta es sí. Los rasgos arquetípicamente femeninos, como la expresión de emociones, la sensibilidad o la afectividad, se correlacionan con leer durante el tiempo libre. Las personas que puntúan alto en sensibilidad valoran más la lectura. Los datos muestran las dificultades que tienen algunos niños para contar a sus amigos que les gusta leer y para integrar la lectura en su ocio , explica Yubero.

La clave final es el placer. El hábito lector es más fácil que arraigue en casa si la familia disfruta leyendo que en la escuela, donde se lee por obligación. Como sucede con cualquier adicción, los estímulos placenteros actúan sobre el circuito de recompensa cerebral y proporcionan gratificación. Por eso, los repetimos. Para la mayoría de los hombres, la lectura tiene un valor instrumental. formarse, informarse De ahí que prefieran el ensayo y se decanten por las carreras técnicas. Las mujeres -que optan más por las humanidades- garantizan que la novela, para alivio de McEwan, nunca muera.