XLSemanal. Acaba de poner el punto final a su último libro. La conjura de Cortés.

Matilde Asensi. ¡Ya soy libre! Todavía no he aterrizado. Tengo un jet lag de cuatro siglos. Lo primero que hice fue anunciarlo en las redes sociales. Siempre llega la paz a la casa del guerrero. Puse FIN. ¡Estoy feliz! .

XL. Se le nota. Está exultante.

Matilde. Para mí, poner ‘fin’ es un ritual. Dos espacios, subrayado, negrita y centrado. FIN. Eran las seis y media de la mañana. Luego le envié un correo electrónico a mis editoras.

Carmen Fernández de Blas. Mirar el correo es lo primero que hice esa mañana. Y pensé. ¡Ha parido! .

Matilde. Estoy hecha unos zorros. Han sido dos años y medio de trabajo, entre la investigación y la escritura. Hay temporadas que todo es fluido, que parece que te dicta una voz, y otras que la cabeza no te da.

Carmen. Matilde se trabaja las novelas muchísimo. Si algo aparece en su novela, está justificado históricamente.

Matilde. Todo tiene que encajar. Conservo la impronta de periodista. los mimbres deben ser reales, aunque se trate de ficción de historia y aventura. La documentación es muy meticulosa.

Carmen. Nosotras la hemos ayudado a encontrar algunos libros raros, pero lo normal es que se lo guise todo ella solita. Recuerdo una carrera en taxi a una librería para comprar un libro del que solo quedaba un ejemplar.

Matilde. Mis editoras también ayudan cuando me entra la inseguridad. Hay momentos en que necesitas conocer una opinión.

Carmen. Pero siempre está estupendo. Matilde es un chollo como autora. Manuscrito limpio, lo entrega ‘niquelao’ No todos lo hacen. Por eso podemos estirar el cierre tanto con ella. Hay poco que podamos sugerirle.

Matilde. Acuérdate de que cambié el principio de El salón de ámbar porque me dijiste que entrara a saco con la acción, y no dando explicaciones para contextualizar.

Carmen. También te dije que cambiases el título de Iacobus porque habría gente que no lo entendería y no lo hiciste.Matilde. Porque es una palabra preciosa, aunque todavía hay quien pronuncia ‘Jacobus’.

XL. ¿Hay alguna receta para vender 20 millones de libros?

Carmen. Las mujeres son las que hacen que una novela tenga éxito, aunque también acaben leyéndola los hombres.

XL. ¿Por qué?

Carmen. Porque las mujeres son más de recomendar, de compartir Los clubes de lectura están formados mayoritariamente por mujeres. El boca-oreja es lo que manda, por mucha promoción que hagas. Si el libro es un pestiño, venderás algo gracias a la publicidad. Pero ya no lo reeditas y muere. El capital de un autor son sus lectores. Matilde comenzó a publicar en 1999 y sigue vendiendo todos sus libros y los seguimos reeditando porque respeta a sus lectores.

XL. ¿Qué tal se manejan con lo digital?

Carmen. Todavía estamos dando palos de ciego. Como editora quiero vender libros, me da igual el formato. Matilde es nuestra gurú de nuevas tecnologías.

Matilde. A mí me parece magnífico. Además, mucha gente se descarga el libro de Internet y luego lo compra en papel.

Carmen. El libro, como objeto, tiene todavía el valor regalo.

Matilde. Una pega. no se pueden firmar los libros digitales. Sería genial.

Carmen. Y luego está la piratería.

Matilde. Hay que matizar. La gente compraría más, pero la industria no ha facilitado las cosas. Y, además, hay crisis. La cultura es cara. A mucha gente la están echando de sus casas, ¿cómo se van a gastar lo que no tienen? Yo creo que hay dos tipos de piratas. Si no puedes permitirte comprar el libro, me parece perfecto. Pero si tienes dinero, es imperdonable.

XL. ¿Y la crítica?

Matilde. Los mandarines están cayendo. El último Catón vendió un millón y medio de ejemplares y no hubo ni una reseña en los suplementos culturales.

Carmen. Imagine una revista musical que se niega a reseñar un concierto de Lady Gaga, o un periódico deportivo que no cubre el Madrid-Barça solo porque a la mayoría le gusta eso.

Matilde. A veces te tratan con una condescendencia increíble. Yo vengo del periodismo, pero he tenido que aguantar entrevistas de colegas que te preguntan si ya te has comprado el velero, como Pérez-Reverte, o el loft. De alguna entrevista he salido llorando.