Lleva 15 años en prisión; Dos de ellos, en el corredor de la muerte. Fue acusado de asesinato en Filipinas y condenado a morir por inyección letal

En la escuela de hostelería de Manila (Filipinas) donde estudiaba Paco Larrañaga, en 1997, se presentaron de repente varios policías y le atribuyeron, sin ninguna prueba, el asesinato de dos chicas jóvenes de buena familia para el que no encontraban culpables. ¿El motivo? Ante la ausencia de pistas fiables, la Policía, acuciada por las críticas y la presión social, decide tirar de una lista de siete jóvenes con antecedentes por pequeñas faltas. Paco figuraba en ella. Su delito. verse implicado años atrás en una pelea a las puertas de su colegio. Quince años después, este hijo de pelotari vasco y madre filipina prepara su ingreso en la escuela de hostelería de Arguiñano para el próximo curso. Entre medias fue víctima del complot que ahora desvela la película Ríndete mañana (Give up tomorrow), fue condenado a morir por inyección letal y permaneció dos años en el corredor de la muerte. Hoy duerme en una prisión del País Vasco, aunque desde hace unos días goza de un segundo grado penitenciario que le permite salir a formarse o trabajar. El Gobierno español ha solicitado el indulto a Filipinas, ya que el tratado de extradición entre ambos países no permite concederle la libertad. A las puertas de dejar atrás 15 años de pesadilla, hablamos con él en una cafetería de San Sebastián.

XLSemanal. ¿Qué siente al volver a la calle después de tanto tiempo entre rejas?

Francisco Larrañaga. Empiezo a recuperar una vida normal, por fin puedo trabajar y ganarme la vida como cualquiera. No es fácil adaptarse a un entorno que ha cambiado tanto desde que tenía 19 años y en un país distinto. Tengo una profesora en la prisión que me enseña dónde comprar cosas, cómo organizar un viaje en transporte público Puede parecer algo sencillo, pero no lo es cuando llevas años viviendo en una prisión en donde todo te lo dan hecho.

XL. ¿No está acostumbrado a tomar decisiones?

F.L. En la cárcel siempre sabes a qué hora es la comida, a qué hora apagan las luces, con quién te vas a encontrar en el módulo o cuándo tienes visita. Todo está previsto. Entre rejas no existen las sorpresas. Por eso, ahora disfruto con el mero hecho de elegir el sitio donde voy a tomar café o el menú en un restaurante.

XL. Es lo que tiene la libertad

F.L. Sí. Quiero empezar a trabajar para tomar mis propias decisiones y tener algo mío. Me gustaría comprarme una moto, pagarla con mi propio sueldo. Tener algo distinto a mi celda, que me lo haya ganado yo, que no hayan tenido que dármelo mi familia o el Estado. En prisión, te sientes un parásito, una persona a la que todo le viene dado por otros y es algo con lo que quiero romper.

XL. ¿Qué metas se plantea ahora? 

F.L. Sueño con cocinar con Arguiñano. Cuando me detuvieron en Filipinas, estudiaba en una escuela de cocina, donde más de 35 compañeros testificaron que estaba haciendo un examen en Manila el mismo día en que se cometió el crimen del que me acusaron en Cebú, ¡que está a más de 500 kilómetros! Ahora estoy gestionando el ingreso para el próximo curso en la escuela de hostelería de Arguiñano. Esa formación me permitirá encontrar trabajo y en verano aprovecharé para mejorar mi castellano.

XL. ¿Ha conseguido mantener esa afición por los fogones entre rejas?

F.L. En Filipinas sí que cocinaba con frecuencia en la prisión. Pero aquí, en Martutene (San Sebastián), he preferido trabajar en la enfermería, donde podía ayudar más. Es muy duro estar tanto tiempo encerrado sabiendo que eres inocente. Por eso tengo que encontrarle un sentido. Ejercer de voluntario en la enfermería me hace sentirme útil, tengo un motivo para estar aquí dentro.

XL. El documental Ríndete mañana revela toda una conspiración para encontrar a los culpables de un crimen sin resolver. ¿Le guarda rencor a alguno de los implicados en su proceso?

F.L. No. Muchos de ellos, como la familia Chiong [a Paco lo acusan de matar a dos hermanas con ese apellido], también son víctimas. De los implicados, muchos han muerto ya; el propio juez se suicidó en una habitación de hotel.

XL. Hay varios policías sospechosos del montaje en su contra. ¿Qué les diría ahora, después de 15 años?

F.L. Me gustaría preguntarles. ¿por qué lo hicieron? ¿Quién lo ordenó? No tengo rencor ni odio. No sé quiénes son los responsables, pero me gustaría saber la verdad y que todo quedara aclarado.

XL. Ríndete mañana destaca su motivación para no bajar los brazos en la cárcel, para rechazar la tentación de abandonarse. ¿Estuvo cerca de la desesperación en algún momento?

F.L. Fue muy dura la primera condena, cuando tuve que ir al penal de Manila, con la cabeza rapada, y cuando las apelaciones terminaban en nada. Por supuesto, lo pasé muy mal en el momento en que me condenaron a muerte. Pero también cuando la presidenta filipina, Gloria Macapagal, abolió la pena capital. La decisión estaba tomada, pero pasaban los días y no nos dejaban salir del corredor. Era angustioso. Hay que luchar y buscar cada día el lado positivo de la vida. Es una idea que ha conseguido reflejar muy bien Ríndete mañana.

XL. ¿Cómo se resiste tanto tiempo en el corredor sabiendo que a uno lo van a ejecutar?

F.L. Tienes que tratar de evadirte; buscar motivos para vivir y pensar en las personas que te quieren y que te apoyan. Siempre he dicho que no tenía miedo a la muerte, porque sabía que me iba a encontrar con el Creador al ser inocente, pero me dolía lo que iba a sufrir mi familia.

XL. España logró su extradición hace casi tres años. ¿Le costó dejar Filipinas?

F.L. Por una parte estaba feliz de venir a España. Pero, al mismo tiempo, fue uno de los momentos más duros de mi vida que romper una relación con una persona que me quería de verdad. Ella sabía que me convenía salir de allí, pensaba en mí antes que nada. Pero fue muy duro dejarla en Filipinas. Al venir a España me sentía mal, sentía que estaba dejando tiradas a personas que me habían apoyado mucho allí, que me querían, incluso a los compañeros de condena, que no tenían la suerte de tener la doble nacionalidad que yo tenía.

XL. ¿Está dispuesto a volver?

F.L. Si me conceden un nuevo juicio, vuelvo enseguida. Siempre he querido contar la verdad, que se reconozca mi inocencia. No me importaría estar más tiempo en prisión si me permitieran tener un juicio justo y que la verdad saliera a la luz. Hay una resolución del Comité de Derechos Humanos de la ONU, del año 2006, que dice que no tuve un juicio justo y que se violaron hasta nueve derechos humanos en el proceso. En mi propio juicio no se me permitió declarar, ni tampoco a la mayoría de los testigos que juraban que estaba con ellos el día del crimen.

XL. ¿Qué cambia en una persona tras ser condenado a muerte?

F.L. Aprecias más la vida. Aprendes a relativizar los pequeños problemas. No te agobias por pequeñeces.

XL. Amnistía Internacional asegura que el mero hecho de estar en el corredor ya es una forma de tortura

F.L. Totalmente de acuerdo. Es duro saber que estás destinado a morir a corto o medio plazo, aunque sin fecha fija y más cuando sabes que eres inocente. Los países civilizados deben entender que nunca se puede acabar con una vida humana. Siempre digo que matar nunca es la solución y puede acabar con personas inocentes.

XL. ¿Qué le diría a quienes, como Pablo Ibar en EE.UU., están aún en el corredor de la muerte?

F.L. A Pablo Ibar me gustaría decirle que no baje los brazos, que hay mucha gente que lo apoya desde aquí y que tiene que seguir luchando. En una cárcel te pueden encerrar el cuerpo, pero nunca tu mente.

XL. Junto a su familia y sus padres, también hay mucha gente que ha luchado por sacar a la luz la injusticia de su caso. ¿Se siente arropado por ellos?

F..L Me siento en deuda con mucha gente y creo que no tendré tiempo en esta vida para agradecer a todos los que han luchado por mi causa. La campaña que hizo el diario Qué! en España contra la pena de muerte me salvó la vida. Las más de 120.000 firmas que se enviaron al Congreso tuvieron mucha importancia y no dejo de dar las gracias.

XL. ¿Hay algo que uno pueda aprender en una prisión? ¿Se puede sacar algo positivo?

F.L. Lo primero es la paciencia. He aprendido a no tomar decisiones sin meditar antes, sin escuchar todas las versiones y sin preguntarme las causas y las consecuencias de los actos. También puedes encontrar a mucha gente con ganas de ayudar, pendientes de sacar adelante a los reclusos, de reinsertarlos.

XL. ¿Qué ha supuesto la fe cristiana en su vida?

F.L. Es algo esencial. Cuando no veo la respuesta a un problema, procuro dejarlo en manos de Dios. Y Dios me da la luz para ver todo más claro. Antes tenía más devoción a Dios en general y ahora me siento más cerca de la Virgen María, siento que me lleva de su mano.

XL. ¿Siente que ha cambiado mucho el mundo desde que entró en prisión?

F.L. Sí. Es una experiencia sorprendente. Estas Navidades han sido las primeras que he pasado con mis padres desde hace 14 años. Mantengo el contacto con ellos, hablamos todas las semanas, pero no había convivido con ellos en todo este tiempo. Y la verdad es que me parecían mis abuelos. La imagen que yo tenía de ellos es de cuando eran mucho más jóvenes. Y ellos también de mí. Mi madre me decía las mismas cosas que cuando tenía 18 años, y ya supero los 30.

XL. ¿Qué es lo primero que quiere hacer cuando sea totalmente libre?

F.L. Quiero hacer el Camino de Santiago. Me gustaría hacerlo solo, poder caminar por el día, por la noche, pensar Aún guardo la camisa que llevaba el 16 de julio de 1997, cuando se cometieron los crímenes a cientos de kilómetros de donde yo estaba. Quiero quemarla cuando llegue a Santiago.

XL. ¿Conserva algún otro recuerdo de esos años?

F.L. Tengo la camiseta naranja del corredor de la muerte de Filipinas. Todavía la conservo en la prisión.

UN PREMIO GRANDE EN SAN SEBASTIÁN

Un norteamericano, Michael Collins, y un canadiense, Marty Syjuco, destapan en Ríndete mañana (Give up tomorrow) toda la conspiración para condenar a Paco Larrañaga y a otros seis jóvenes de Cebú en 1997. Testimonios de abogados, policías o periodistas que intervinieron en esos procesos se combinan con declaraciones de los padres de Paco, Margot y Manuel, y de su hermana Mimí, abrumados al ver cómo su hijo pequeño vive un proceso que consideran inexplicable. Premiado en festivales internacionales como Tribeca o Sheffield, Ríndete mañana recibió en marzo el Premio del Público al Mejor Largometraje en el Festival de Cine y Derechos Humanos de San Sebastián. En el teatro Victoria Eugenia, abarrotado durante la proyección de la película, se palpaba la impresión del público, paralizado en sus butacas, ante un drama tan injusto como real y con un protagonista que aún cumple condena, injustamente, en la misma ciudad en donde se presentaba la película. El triunfo de la película supuso una inyección de optimismo para él y su familia. El mismo Paco aseguraba que no está acostumbrado a recibir tan
buenas noticias.