Acaba de cumplir 80 años y afirma que lo que más le cansa es descansar

Acaba de cumplir 80 años y afirma que lo que más le cansa es descansar. el artista vivo más reconocible y uno de los más cotizados posee, asegura, más energía que nunca. Pese a dos matrimonios fallidos y la pérdida de un hijo, Botero nunca ha dejado de crear. este octubre mostrará en Bilbao sus últimos óleos. En su estudio de París, uno de los seis que posee repartidos por el mundo, recibió a ‘XLSemanal’.

FERNANDO BOTERO NO TIENE UNA NOVIA EN cada puerto, aunque bien que podría. Este colombiano que nunca descansa porque su descanso es el trabajo posee estudios en Nueva York, Medellín, París, Montecarlo, Italia, Grecia e incluso cuando navega en su propio barco no deja de pintar. La pintura es el amor de su vida, la felicidad absoluta, por eso este antioqueño piensa morir con un pincel entre los dedos. Sus 80 años, cumplidos el 19 de abril, no han mermado su vitalidad, tampoco su elocuencia. Para celebrar este aniversario, Botero recibe a XLSemanal en su estudio de París, donde rodeado de su volumétrica obra ante la que insiste en ser fotografiado repasa su vida y defiende, ante todo, la libertad. Hablamos con uno de los artistas vivos más cotizados del planeta y, sin duda, el más universal y reconocible.

XLSemanal. ¿Ochenta años no es nada?

Fernando Botero. No, no, es mucho. Da tiempo de aprender y vivir muchas cosas. Toco madera, pero tengo salud y una enorme energía para el trabajo. Ahora incluso más que antes. Uno siente que el tiempo es limitado y se afana por aprovechar lo más posible, porque después de muerto ya no se puede trabajar [se ríe].

XL. ¿No coge vacaciones, no va a la playa?

F.B. ¡Uf!, me cansa horriblemente. Trabajo todo el tiempo en todos lados. Nada me produce más placer. A donde voy trabajo. Descanso trabajando. Lo que me cansa es descansar.

XL. ¿En qué anda metido ahora exactamente?

F.B. A mí me pasa que de pronto tomo interés por algún tema y me entrego a él. El último fue el vía crucis. Pasé más de un año pintando, 27 óleos y 35 dibujos. Hace unos años fue el circo, la tauromaquia, Abu Grahib Siempre me agarra un tema así, como un entusiasmo especial, y me meto.

XL. ¿Qué es, como un arrebato que le da?

F.B. No sé explicarlo. De pronto pienso. ¡Pero cómo no se me ocurrió antes esto! . El circo, por ejemplo, estaba yo en un pueblito mexicano y pasó un circo muy pobre por la calle anunciándose. con sus animales muertos de hambre, sus payasos, malabaristas Fui a ver el espectáculo, me encantó y decidí pintar. Uno nunca sabe cómo le va a llegar el entusiasmo por algo. Le llega.

XL. ¿Un pintor, como les ocurre a algunos escritores, también se bloquea?

F.B. Jamás me ha pasado de ponerme ante el lienzo y preguntarme. ¿Qué hago? Es más, ojalá tuviera cuatro manos porque quiero hacer tantas cosas que no me da el tiempo.

XL. ¿Crear es terapéutico; ayuda a pensar sobre uno mismo?

F.B. Tal vez. Yo siempre he sido muy equilibrado, aunque ahora que lo dice igual lo soy gracias a la pintura [se ríe]. No respondo al tipo ‘artista angustiado’ ni nada parecido. Pero claro, cuando pintas, en el fondo, sale todo lo que es uno. La obra de un artista es su autorretrato final.

XL. Algún momento crítico habrá vivido en su carrera, ¿no?

F.B. Nunca, mi primer año en Nueva York fue duro, pero a los dos ya no tenía angustias de plata. Fuera de eso, bueno, uno de mis hijos murió, algo terrible, en la carretera entre Córdoba y Sevilla, de algo así uno nunca se repone, pero no Vamos que no hay que sufrir para pintar. Si fuera así, no existiría Rubens, ni Goya ni tantos grandes que fueron bon vivants.

XL. ¿Siempre ha sido pintor, no ha trabajado de otra cosa?

F.B. Nunca. He tenido la suerte de ganarme la vida siempre con mi pintura, viniendo, además, de una familia sin dinero.

XL. ¿De niño, les llegaba para comprarle pinceles y pinturas?

F.B. No teníamos dinero, pero tampoco vivíamos en la miseria. Teníamos nuestra casa, íbamos al colegio, pero mi madre enviudó cuando yo tenía cuatro años. Estábamos en plena crisis mundial, era un momento complicado, pero nos apañamos. Yo empecé con acuarelas, que es más barato, y con dibujos, que solo necesitas papel y lápices.

XL. ¿Con qué soñaba cuando era niño?

F.B. Yo quería ser Picasso [se ríe]. No, mentira, a Picasso lo descubrí más tarde. Lo que más se conocía en Colombia era el muralismo mexicano. Después, un día tenía yo 16 me encontré un librito chiquito, en blanco y negro, de un argentino que hablaba del arte moderno. Ahí fue que oí hablar de Picasso, Matisse Hoy los niños saben de Picasso ya con cinco años, pero en Medellín entonces no había ni galerías de arte ni museos; nada. Siempre me ha sorprendido haber desarrollado una vocación tan fuerte en un lugar tan poco propicio. ¡Si es que el bobo del pueblo era el pintor! [se ríe]. 

XL. ¿Cómo veía su madre lo de que quisiera ser pintor?

F.B. Era el oficio menos atractivo del mundo, pero mi mamá fue muy comprensiva. Si quiere ser pintor, pues sea pintor. Ahora, le advierto que se va a morir de hambre . Y yo. Me da igual, quiero ser pintor . Y ella. Bueno, pues si es lo que quiere, sea pintor . No se opuso más, al contrario, guardaba todo lo que hacía.

XL. ¿Tuvo que dejar Colombia para vivir del arte o fue el arte quien lo empujó a dejar Colombia?

F.B. Las dos cosas, supongo. El europeo tiene la historia del arte a mano, crece rodeado de la belleza, pero en América Latina no es así. Uno siente asombro ante cosas quelos europeos son muy naturales. Para mí todo era nuevo, como un regalo. Eso jugó a mi favor. Al no haber estado expuesto desde niño al arte, mi capacidad de asombro permanecía intacta cuando llegué y me encontré frente a la gran pintura.

XL. Se vino a Barcelona en barco, ¡Dios mío! ¿Recuerda bien aquel viaje?

F.B. ¡Vaya si lo recuerdo! Salí desde Buenaventura, en el Pacífico, y fueron 25 días navegando. Llegué agotado, pero nada más pisar tierra me fui a un museo y vi el primer cuadro de un pintor de renombre en mi vida. Un Zurbarán. Confieso que me pareció chiquito, me llevé una desilusión con el tamaño [se ríe]. Visitar el Prado, después, me impresionó muchísimo.

XL. Eran los años 50. La pintura figurativa ya empezaba a ser despreciada. ¿Qué ambiente se encontró?

F.B. Me quedé espantado. En la Academia de San Fernando, el profesor nunca iba. Vino el primer día y ya no lo vi más. Después fui a la Academia de San Marcos, en Florencia, y lo mismo. Era muy comprensible. Yo veía a todo el mundo, gente joven, haciendo cubismo, abstraccionismos Teníamos a la modelo delante y nadie pintaba a la mujer. De verdad, yo soy profesor en esa época y renuncio [se ríe]. Los miraba y me decía. Estos locos, cómo voy a quejarme de que no venga el profesor . Yo pintaba a la modelo, quería aprender.

XL. ¿Le preocupaba la política por aquel entonces?

F.B. No, bueno, a mí la política me ha preocupado siempre, pero en España no podía uno ponerse muy airado expresando opiniones. Me dediqué a trabajar. Cuando llegué, en 1952, la dueña del piso lloraba todo el día y un día me decidí a preguntarle qué le pasaba. A mi marido lo fusilaron en la cárcel. Estaba preso desde la Guerra Civil , me dijo. Trece años después seguían fusilando gente. Qué cosa tan absurda. Impresionante. Como para decir algo. España era el sitio más reaccionario del mundo. Terrible. Era un país estupendo. la vida baratísima, la juerga, los toros, todo fantástico, pero si te metías en política podías acabar muy mal.

XL. Ahora, por sus 80 años, lo ha condecorado el presidente Santos, el Congreso de su país, el Senado francés

F.B. [Interrumpe]. Sí, bueno, pero no soy yo un groupie de los políticos. No me interesan.

XL. Una cita suya. Yo creo que el arte se basa más en temas amables que dramáticos . Como artista, ¿no siente también la responsabilidad de hacer una acusación que permanezca?

F.B. Bueno, sí, de vez en cuando, pero es que la historia del arte se ha construido sobre temas amables. Botticelli, Leonardo, los impresionistas Como dijo Poussin, la pintura se ha hecho para dar placer, no para fastidiar a nadie. Lo que pasa es que ahora la cosa cambió, a lo que es meramente estético lo llaman ‘prostitución’. Si Botticelli viviera hoy, sería el pintor más denigrado del mundo.

XL. ¿No cree que el artista tiene también derecho a mostrar su indignación?

F.B. Claro, por supuesto, cada uno puede hacer lo que desee. Pero mire, Francia vivió dos guerras durante los años del impresionismo y un periodo interno terrible; morirían parientes o amigos cercanos a esos artistas, pero no conozco un solo cuadro impresionista que muestre la menor tristeza, pesimismo o denuncia. Pintaban cosas atractivas, llenas de luz y alegría. La pintura no reflejó el drama del país ni el de los artistas. Los pintores preferían lavar ‘la ropa sucia’ en casa.

XL. Pero usted ha pintado series sobre dictadores latinoamericanos, la violencia en Colombia o Abu Ghraib; obras que nacieron, precisamente, de su indignación

F.B. Sí, bueno, ya le digo, yo pinto lo que me sale de adentro, me arrebata una idea y me lanzo. Eso no impide que en la historia del arte prevalezcan la amabilidad y la belleza. Esa idea del artista como el ser maldito, el pobre, el sucio, es falsa. Es cierto que pasa trabas en sus inicios porque, normalmente, procede de clase media o baja, ya que para la clase alta trabajar con las manos era denigrante hasta hace poco tiempo, pero el pintor casi siempre ha tenido una actitud positiva ante la vida.

XL. ¿Se le quedan a uno más grabadas las buenas o las malas críticas?

F.B. Las malas se recuerdan más [se ríe]. Pero los críticos siempre han estado equivocados, históricamente equivocados. Hasta Diderot habló mal de Delacroix. Ahora vuelven a equivocarse porque es tal el miedo a estar equivocados, a no entender, que acaban entendiendo más de la cuenta. Hay una confusión total. Vivimos un momento trágico para la pintura.

XL. Ya que hablamos de críticas, le mencionaré una de Peter Greenaway

F.B. ¿Quién es este? ¿Peter, qué?

XL. Greenaway, un director de cine británico, también pintor que

F.B. ¿Y este hombre ha dicho algo de mí?

XL. Dijo que no ha hecho una contribución realmente significativa a los grandes pintores del siglo XX

F.B. Bueno, he oído ya toda clase de comentarios. Hace tiempo que no me preocupan. Vivimos rodeados de imbéciles [se ríe] que lanzan teorías absurdas. Los artistas jóvenes deberían ir con los oídos tapados para no escuchar tantas estupideces.

XL. Hay quien define su estilo como boterismo, ¿qué le parece el término?

F.B. Solo es la manera mía de pintar. Un pintor debe desarrollar su propia visión de la realidad. Muy pocos lo logran; parece que ya está todo hecho. Pero mi trabajo es reconocible. La gente reconoce una obra mía a un kilómetro. Hasta los niños. Ya he oído a alguno decir [grita]. Ya, esto es un Botero [se ríe].

XL. ¿El estilo es algo que nunca deja de evolucionar o usted hace tiempo que no le da muchas vueltas a eso?

F.B. No, no. Evoluciona siempre. Pero hoy en día se pretende que el artista cambie, como Picasso, el único que lo ha hecho; bueno, Goya hizo sus cuadros negros al final, pero siempre pintó de forma muy definida. Picasso cambió mucho de estilo, pero era parte de su búsqueda. Ahora parece que todo el mundo ha de hacer lo mismo. Nosotros no somos diseñadores de moda ni ejecutivos de publicidad. Un pintor es alguien con una obsesión o una creencia profunda y es eso lo que crea el estilo. Vermeer, Botticelli o Giotto pintaron Vermeers, Botticellis y Giottos toda su vida. Y Botero, pues Boteros.

XL. A sus esculturas se las llama ‘las gordas de Botero’, ¿las ve usted gordas o solo rellenitas?

F.B. ‘Las gordas de Botero’, sí, sí [se ríe]. Es inevitable que las llamen así, qué se le va a hacer. No me molesta, no. La gente las ve así y la obra ya les pertenece a ellos.

XL. No tuvo algo que ver en esto algún amor orondo, ¿no?

F.B. No, no [se ríe], nunca he tenido amores con gordas, lo juro. Mi mujer es flaquísima. Lo cierto es que las gordas nunca fueron mi tipo. Yo he dicho toda mi vida que jamás he pintado una gorda y no me creen, pero es cierto, yo pinto el volumen, no pinto gordas.

XL. ¿Amor y arte, por cierto, son difíciles de compaginar?

F.B. Nooo. Facilísimo, yo he tenido tres mujeres; lo sé bien.

XL. ¿Cómo entró la escultura en su vida?

F.B. Bueno, mi pintura es volumétrica y había una necesidad de concretar eso en un volumen real. Lo pensé mucho tiempo, era una decisión difícil ya que implicaba dejar de pintar. En el 74 me dije. Ya. Voy a hacerlo; si no, estaré toda la vida pensando en ello . Paré de pintar y me dediqué a aprender el oficio de escultor. Dos años después hice una exposición en París. Ahora le digo que ningún artista en la historia ha mostrado su trabajo en tantos lugares como yo, y siempre en los más importantes de cada ciudad. Londres, París, Venecia, Singapur, Tokio, Nueva York, Montecarlo

XL. Madrid

F.B. ¡Oh, por supuesto! [se ríe]. Cuando llegué, la ministra de Cultura Esto

XL. ¿Esperanza Aguirre?

F.B. ¡Esperanza Aguirre! Nos subimos a su automóvil y me dijo. Bueno, Fernando, dígame, ¿dónde quiere exponer? . Me llevó a la Plaza Mayor, por aquí, por allá, hasta que le dije. Yo quiero aquí, en la Castellana . Pero es que eso me pasa en todas partes. ¡Es fantástico! En Park Avenue, en los Campos Elíseos, frente al Casino de Montecarlo Pero oiga, esta conversación ya va muy larga. Se me está secando la garganta.

XL. Solo cuénteme de su exposición en Bilbao a partir del8 de octubre y le dejo tranquilo

F.B. [Se ríe]. Pues sí, en el Museo de Bellas Artes, 79 óleos y una escultura. Me gusta más que el Guggenheim. El edificio es espectacular, claro, pero allí no se aprecia bien la pintura; tanto muro redondo y tanta cosa, pues no. Un museo para pintura debe ser neutro. El Guggenheim no se hizo para eso, sino para mostrar al arquitecto. n