Crisis, guerras, catástrofes esa es la imagen que tenemos de África. Sin embargo, el continente se está transformando. Su crecimiento económico hará de él el mercado del futuro. Descubra qué está pasando

Esta historia se desarrolla en África. Pero no habla ni del sida, ni del hambre ni de la malaria.

Seis de las diez economías que más rápido crecieron durante la década pasada están en África. Y es la única región del mundo que está acelerando su crecimiento económico este 2012. Y no son solo los países petroleros como Angola los que presentan curvas ascendentes, también los pobres en materias primas.

Gran parte del éxito se debe a los nuevos emprendedores del continente. Gente como Jeff Gasana, de Ruanda. Este joven fundó en 2003 una compañía con varios compañeros; cobraban una pequeña cuota por el envío mediante el móvil de noticias breves y resultados de fútbol. En 2008 se atrevió a dar el gran paso. entrar en el negocio de la electricidad.

Funciona así. aquí los clientes compran una cantidad determinada de corriente a las compañías eléctricas. Es un procedimiento complicado, porque hay pocas oficinas de venta y tienen unos horarios de apertura muy incómodos. Por eso hemos desarrollado un modelo que permite comprar esa corriente a través del móvil , explica Jeff. El resultado. la idea ha revolucionado el mercado eléctrico ruandés. Hoy, el 60 por ciento de los clientes privados encargan su electricidad mediante un mensaje de texto.

Empresas como esta son el África de hoy. El economista George Ayittey acuñó no hace mucho tiempo el término ‘guepardos’ para describir a los nuevos emprendedores africanos, como Gasana, y diferenciarlos de la generación anterior. los llamados ‘hipopótamos’. Eran estos los peces gordos de la primera generación tras la independencia, hombres como el presidente de Ghana Kwame Nkrumah o el de Tanzania Julius Nyerere. Culparon de todos los males a los antiguos amos coloniales y se arrojaron en brazos del marxismo. Nyerere nacionalizó todos los bancos y las aseguradoras. Al cabo de solo diez años, casi la mitad de las 330 empresas estatales estaban en bancarrota.

Aquella era una época de absurdos económicos, alimentados por el Este y el Oeste durante la Guerra Fría. El presidente de Costa de Marfil hizo construir una basílica tan grande como el Vaticano. En Ghana, todos los carteles publicitarios tenían que estar iluminados; la capital debía brillar como Piccadilly Circus. Los nuevos gobernantes de África querían dejar atrás los tiempos coloniales y lo que consiguieron fue imitar a los antiguos señores. Piel negra, máscaras blancas , lo definió el psiquiatra Frantz Fanon.

Aquellas décadas siguen marcando nuestra imagen de África y nos dificultan ver los cambios. África, un continente con 54 Estados, parece un ente monolítico de miseria. Sin embargo, la economía crece sin parar desde finales de los años 90. Y ‘guepardos’ como Jeff Gasana, el empresario de los SMS, ya no cargan con lastre ideológico alguno.

Incluso el genocidio de 1994, que sigue tiñendo la imagen que en Europa se tiene de Ruanda, es para Gasana solo un suceso borroso de su infancia, aunque él mismo perdió a un abuelo en aquel horror. La vida de Gasana es una mezcla del África tradicional y de la globalización. Por las noches va a restaurantes a cenar bistec, a su mesa se sientan dueños de agencias de comunicación y asesores empresariales. Pero al día siguiente vuelve a verse inmerso en el día a día africano. Hoy, por ejemplo, ha tenido que pasar horas al volante, llevando a unos familiares a Burundi por sinuosas carreteras de montaña, pues el autobús que hace ese recorrido ha vuelto a despeñarse.

Ambas caras del continente coexisten, pero las historias de éxito apenas nos llegan. Por ejemplo, la de Botsuana, que ha conseguido sacar de la pobreza a sus dos millones de habitantes en una generación. Las tasas de crecimiento se sitúan entre el cinco y el seis por ciento; los colegios y universidades son gratuitos, al igual que la asistencia sanitaria. La capital, Gaborone, es un lugar tranquilo que no responde al estereotipo caótico de las metrópolis africanas. La gente se reúne a la salida del trabajo en centros comerciales, hay parques tecnológicos y modernos barrios de oficinas. Su riqueza descansa en sus enormes reservas de diamantes. Desde que en 1967 se encontrara la primera gema en Orapa, localidad situada al noroeste del país, Botsuana obtiene la mayor parte de sus ingresos de un ventajoso acuerdo con De Beers, la mayor compañía del mundo dedicada a los diamantes. La empresa conjunta responsable de la extracción, llamada Debswana, es propiedad a partes iguales del país y de De Beers; sin embargo, el 81 por ciento de las ganancias van a las arcas estatales.

Botsuana ha conseguido imponerle a De Beers que el proceso de clasificación de los diamantes se realice también en el propio país. En Gaborone se ha construido un enorme complejo de hormigón y cristal. En su blindado interior, maquinaria de alta tecnología clasifica los diamantes en bruto; a continuación, unos 500 expertos -la mayoría de ellos, nativos- valoran las gemas en función de su tamaño y color. Después pasan a los talleres de tallado y pulido, alojados en unos edificios igual de impolutos y a los que solo se puede acceder tras superar un escáner de iris. Aquí se transforman las piedras en brillantes joyas. No obstante, Botsuana es tan poco perfecta como Ruanda. Si en Ruanda el presidente, Kagame, gobierna de forma autoritaria y en el país todavía domina una pobreza severa, en Botsuana el mismo partido político ocupa el poder desde la independencia.

A pesar de ello, el mundo como lo dividíamos antes, el Norte rico y el Sur hambriento, se ha vuelto más complejo. El hombre más rico del planeta ya no es estadounidense, sino mexicano. La mayor industria cinematográfica está en Mumbai. Porsche ha abierto concesionarios en Ghana. Europa y Estados Unidos han dejado de ser el centro.

Incluso Johannesburgo y Lagos, esas supuestas metrópolis dominadas por la criminalidad, ya no tienen mucho que ver con su sombría imagen anterior. Los inversores se han lanzado a recuperar calles enteras de la ciudad que es el centro económico de Sudáfrica. Apartamentos, lofts, cafeterías. el barrio de Braamfontein, por ejemplo, recuerda mucho al Brooklyn neoyorquino.

El cambio es mucho más evidente en Lagos. Es cierto que esta ciudad portuaria nigeriana no es un remanso de paz. Hay atascos eternos, calles llenas de socavones y chabolas y chabolas. Solo se dispone de corriente eléctrica esporádicamente, por lo que hay generadores petardeando y humeando por todas partes. Pero ya han quedado atrás los tiempos de los Area Boys, pandillas de jóvenes violentos que cobraban derechos de paso en los cruces de las calles. También es cosa del pasado la criminalidad descontrolada. el número de robos con violencia se ha reducido.

En las aguas del Atlántico, frente a la capital, se ha creado una península de siete kilómetros. Sobre ella se ha construido un moderno barrio residencial y de negocios para 250.000 personas que cuenta con rascacielos, puerto deportivo y tranvías.

Numerosas asesorías han reflejado en sus informes este nuevo atractivo de África; McKinsey, por ejemplo, habla de leones africanos en referencia a los cuatro tigres asiáticos . Hong-Kong, Singapur, Corea del Sur y Taiwán. También se habla del concepto Africa two. Con este término se refieren los economistas al grupo fundamental de consumidores que están impulsando el crecimiento del continente. No es el Africa one, los superricos, de esos siempre ha habido, sino las familias de clase media que recorren los centros comerciales, que compran aparatos de aire acondicionado o lavadoras o incluso un coche de segunda mano. Este Africa two reúne ya a unos 500 millones de personas. El porcentaje de africanos que no tienen que dedicar más de la mitad de sus ingresos a comida se reducirá en un 50 por ciento en diez años.

En prácticamente todos los lugares de África las mujeres tienen hoy menos hijos que sus madres. La relación entre personas en activo y jubiladas será extremadamente favorable durante las próximas décadas, al igual que ha venido ocurriendo en el sudeste asiático. el milagro económico de los últimos 30 años se ha debido en buena parte a su ‘dividendo demográfico’. La conclusión a la que llega McKinsey es clara. Empresas e inversores ya no pueden permitirse seguir ignorando el potencial de África .

Sin embargo, subsiste el verdadero problema. la constante ayuda exterior paraliza las fuerzas propias del continente y consolida esa imagen de pedigüeños que solo saben vivir de las limosnas. Occidente lava su conciencia en vez de aceptar condiciones justas de comercio. La importación de cacao a Estados Unidos, por ejemplo, no tiene aranceles, pero la de chocolate paga 52 céntimos por kilo lo que dificulta que estos países desarrollen una producción propia y se queden en la simple exportación de materias primas. Pero esa es otra historia.