A Ricardo Ten le amputaron los dos brazos y una pierna a los ocho años tras un accidente eléctrico. Entonces solo le obsesionaba poder seguir montando en bicicleta. Lo consiguió. Hoy es un campeón mundial de natación y una de nuestras grandes esperanzas en los Juegos Paralímpicos de Londres

Ricardo introduce la llave en el contacto de su coche y la gira para arrancarlo. Nada extraño si no fuera porque no tiene brazos. pero este no es, ni mucho menos, su mayor logro.

La necesidad hace milagros , dice mientras lo fotografiamos, sin querer darle importancia. Pero la tiene, por muchas razones. Entre otras, es el ser humano, en su categoría, más rápido en nadar los 100 metros braza. Tiene el récord del mundo. Y eso que también le falta una pierna. El 12 de septiembre de 2008, Ricardo Ten (Valencia, 1975) subía al podio de los Juegos Paralímpicos de Pekín y se colgaba el oro al cuello. En un gesto de rabia mordía la medalla. Además de ganar la prueba, había pulverizado un récord del mundo que aún lleva su nombre. Nadó 100 metros braza en 1 minuto y 36 segundos. Ahí queda eso. Era su tercer oro paralímpico.

Pasar una jornada con él es recibir una cura de humildad para unos cuantos meses. El optimismo que derrocha es casi un bálsamo para perderle el miedo a las complicaciones mundanas. Para él hubo un día, tras sufrir el accidente, en el que los problemas cambiaron de perspectiva. Ponerse de pie, por ejemplo, se convirtió en un reto de complicada conquista. Pero llegó un momento en que lo consiguió, y a partir de ahí quiso seguir explorando aquellas cosas que creía que no podría hacer para ver si realmente era cierto que no podía o solo se trataba de una barrera mental. Decidió convertir en problemas solo los que realmente lo son. Y decidió solucionarlos. Muchas veces la barrera nos la ponemos nosotros. Está claro que, cuando sufres una discapacidad, habrá muchas cosas que realmente no puedas hacer, pero lo importante es intentar hacerlo para saber de verdad si puedes o no. Te darás cuenta de que no puedes tan solo cuando lo intentes y lo veas. Muchas veces nos ponemos un muro delante y pensamos ‘pobrecito de mí que no puedo hacer nada’, y no es así. Depende de las ganas que le pongas .

Esa mentalidad lo ha llevado a conseguir metas que, probablemente, ni usted ni yo estaremos nunca cerca de lograr. Ha saltado en paracaídas, nadado entre tiburones o viajado en un fórmula 1. Si de deportes hablamos, con casi total seguridad usted perdería si lo retara a un partido de ping-pong, a una competición de esquí o a una carrera de ciclismo de montaña. Y eso que en la piscina es donde realmente se mueve como pez en el agua. Es capaz de nadar a un ritmo difícil de igualar incluso si lo seguimos caminando por el borde.

Pero no solo eso, también ha triunfado en la vida diaria. Cuando digo que soy totalmente autónomo, a la gente le cuesta un poco asimilarlo, pero lo soy. Desde que me levanto, me visto, me hago el desayuno, me preparo la mochila, tiendo, conduzco, llevo a mis hijos al colegio La clave de todo es afrontar la vida de una manera positiva y optimista. Me ha tocado vivir una situación que no es fácil, tengo mis momentos difíciles, pero al final te das cuenta de que o sigues hacia delante o sigues hacia delante .

El accidente.

A los ocho años, Ricardo sufrió un grave accidente eléctrico. Toqué un cable de alta tensión. Estaba con mi primo jugando encima de una casa de campo, con la mala fortuna de que había unos hierros de unas obras en ese lugar y empezamos a jugar con ellos. Cosas de chiquillos. ‘Que si mira qué fuerte soy que levanto el hierro ‘. Por encima de la casa pasa un tendido eléctrico. Creemos que la barra de hierro no llegó ni a tocar el cable, pero pasó muy cerca y me electrocuté .

Una ambulancia trasladó a Ricardo al hospital con el 75 por ciento del cuerpo quemado y daños muy severos. Pasó por diversas operaciones y le tuvieron que amputar dos brazos y una pierna. Estuvo tres meses en cuidados intensivos, otros tres en planta y tres más en rehabilitación, tiempo en el que, a pesar de su corta edad, ya mostraba su determinación. Conseguí no perder el curso. Me iban trayendo los deberes y hacía los exámenes en el hospital. Luego seguí yendo al colegio. Me las apañé para aprender a escribir con la boca y tomaba notas en clase como cualquier otro .

Una de las cosas que más le obsesionaban cuando salió del hospital era saber si podría volver a montar en bicicleta. Creía que poder pedalear de nuevo junto a sus amigos le arreglaría la vida. Su familia podía haber pensado que no sería capaz, que con tres miembros menos eso no es posible y ni dejarle intentarlo, pero no fue así. Pronto aprendió y en el momento en que conseguí volver a ir en bicicleta lo vi todo diferente . En ese momento supo que había superado uno de sus límites y decidió probar con los demás.

Su familia comprendió el reto y desde ese momento siempre lo trataba como uno más. En casa, si tenía que recoger la mesa, pues lo hacía. Si tenía que hacerme la cama, pues también. Y con mis amigos, lo mismo. Si me tocaba pagar cuando jugábamos a pillar, pues a pagar .

Una filosofía que extiende a todo tipo de personas, ya que, según asegura, todos tenemos retos delante de nosotros, seamos discapacitados o no, y debemos centrarnos en ellos. Siempre hay que pensar en lo que se puede hacer. Pensar en positivo. La gente con discapacidad debe pensar en lo que sí puede hacer, porque estar pensando siempre en no puedo hacer esto o no puedo hacer lo otro es una cosa negativa que lo único que hace es meterte en una fase pesimista .

Tal fue su perseverancia que llegó un momento en que no solo era uno más, sino que conseguía ganar a sus amigos en muchos de los deportes que practicaban.

El deporte

Eso fue lo que me motivó a dar el salto hacia la competición oficial. Pensaba que si a mis amigos de toda la vida, que no tenían ninguna discapacidad, era capaz de ganarles, pues seguro que en el momento que compitiera en igualdad de condiciones lo podría hacer bien. Siempre he sido muy competitivo .

Ricardo no supo del deporte adaptado hasta los 16 años, cuando leyó unulo en prensa sobre una nadadora discapacitada. En ese momento vio la luz. Y no se equivocó. Ha conseguido tres medallas olímpicas en cuatro Juegos diferentes. En una ocasión le dio por probar a esquiar como hobby y se metió rápidamente entre los 20 mejores de Europa. Para mí, el deporte lo es todo. Al principio era un juego, luego competición y ahora es mi vida . A través de una federación de deporte adaptado pudo conseguir su primer trabajo como administrativo. Luego pasó a ser contable de una empresa que gestiona centros deportivos, pero la guinda del pastel la consiguió cuando conocí a la que hoy es mi mujer y madre de mis dos hijos. Ella también es nadadora y nos conocimos en la piscina entrenando juntos .

Actualmente nada cerca de cuatro horas al día. Recorre unos 7000 metros cada jornada. Sumando las horas de gimnasio y estiramientos, unas seis horas diarias de entrenamiento. Todo con la mente puesta en una fecha. el 4 de septiembre. Es el día de su especialidad, los 100 metros braza, donde espera revalidar el oro y tratará de mejorar su propio récord del mundo. Si consigo batir la marca y aun así me ganan, solo me quedará felicitar al rival porque ha sido mejor . Junto con él estará su entrenador. Su mujer, sus hijos y sus padres lo animarán desde la grada, y miles de españoles desde la pantalla de la televisión, como al resto de los 142 deportistas paralímpicos que participarán en los Juegos.

Es su próximo reto tras haber conquistado metas impensables para la mayoría. En algún momento en nuestra vida, todas las personas tenemos un momento de crisis. No hace falta ser discapacitado, en el trabajo o a nivel personal cualquiera tendrá que superar una situación complicada. Mi vida siempre ha estado enfocada a eso, a superar límites; como el día que me saqué el carné de conducir, pensaban que estaba loco y no podría. También lo pensaron cuando quise esquiar, tener un trabajo, formar una familia Y aquí me tienen.