Le sobran talento, descaro y estilo. Asegura no tenerle miedo a nada ni a nadie. Y aunque la frase soy el atleta vivo más grande es suya, no hay quien se atreva a discutírsela.

El jamaicano es excepcional por sus logros; por su estatura, 1,95, lo nunca visto en un velocista; por su trabajo, mucho más duro de lo que nos quiere hacer creer, y hasta por sus dotes artísticas. Que bailaba ya lo demostró en Pekín, ahora además es dj. No hay pista en la que no arrase.

Tamarindos.

Jennifer Bolt tiene claro cuál es el secreto de su hijo: los tamaridos, un fruto muy dulce y popular en Jamaica que ella comía como un antojo durante su embarazo. Ese exceso de azúcar , dice es lo que hizo que desde muy pequeño, Usain no parase quieto. Corriendo por toda la casa, jugando al críquet o subido a los árboles. Jennifer no daba abasto para controlarlo. Se buscan muchas explicaciones a que Jamaica, un país de solo 2,5 millones de habitantes, sea un criadero de velocistas: causas fisiológicas al ser descendientes de esclavos africanos; sociológicas, dado que es el único país del mundo en el que el atletismo es el deporte nacional y domina las audiencias televisivas; o razones menos sofisticadas, como los efectos del consumo de ñame o de una sopa elaborada con testículos de cabra.

A Usain no le convence ninguna. “Yo creo que la explicación es que, en Jamaica, desde que nacemos, estamos todo el día en la calle”. Bolt, con todo, conforma una categoría única incluso en ese país de centellas sobre el tartán. Es el plusmarquista mundial más alto de la historia de los 100 metros. simplemente no había ocurrido hasta ahora que alguien de 1,95 de altura fuera tan rápido. Y en consecuencia pudiera, por la longitud de sus piernas, recorrer 100 metros en 41 zancadas en vez de las 44 habituales.

La madre de Usain sigue viviendo en el mismo pueblo que esas piernas recorrían sin parar, Sherwood Content. El mejor atleta de todos los tiempos ha cumplido la promesa que le hiciera siendo niño Mamá, “algún día vivirás a lo grande gracias a mí”, pero para Jennifer eso significa jubilarse tranquila en su casa rosa y verde de este pueblo de 2.000 habitantes, en una calle sin alumbrado público, y viajar de vez en cuando para ver cómo su hijo hace historia.

Los proyectos de Usain son similares. El único atleta en poseer simultáneamente los récords mundiales de 100 y 200 metros, el primero en revalidar los oros olímpicos en ambas distancias, asegura que “no podría vivir en otro sitio que no fuera Jamaica”. Aunque ahora reside en Kingston, la capital, cerca de un centro de alto rendimiento en el que se entrena, vuelve cada semana a su pueblo, a dos horas en coche. Se encuentra con los amigos de siempre delante de unas fichas de dominó el juego más popular de la isla, se toma unas cervezas negras y, según reconoce, se duerme la siesta a veces en el porche, sobre el regazo de su madre.

Con 26 años, esos rasgos naifs abundan en el carácter de Bolt, y forman parte sustancial de su atractivo público. En Kingston, comparte casa con su hermanastro y un amigo de la infancia; juegan a la videoconsola, ven fútbol por la tele y salen de noche con una frecuencia poco adecuada para deportistas de élite. “Si dieran una medalla a los fiesteros, también la habría ganado”, admite con su sonrisa habitual. Su entrenador, Glen Mills, el hombre reservado que le impulsó a la excelencia cuando determinó que sus lesiones se debían a una escoliosis en la espalda, le deja hacer en cierta medida. Si falta un día al entrenamiento, redobla el trabajo al siguiente. Le impuso un cocinero para regular sus excesos, y aunque Usain admite que ha intentado sobornarle, parece que quedaron atrás disparates como su alimentación con nuggets de pollo durante los Juegos de Pekín, donde ganó por primera vez tres medallas de oro. Pese a los nuggets. ‘Pese a’ es, de hecho, un arranque de frase que podría aplicarse a buena parte de las circunstancias de Bolt. Sigue sumando hitos aunque que se reconoce un perezoso recalcitrante. Además, le gusta demasiado otra clase de velocidad, que le ha llevado a tener dos accidentes de coche, y dedica buena parte de su tiempo a probar su propio videojuego o a actuar como DJ. Hasta tiene una pierna 1,4 centímetros más corta que la otra.

También suele incluirse en los ‘pese a’ el hecho de que no parezca tomarse nada en serio. Pero ahí Bolt tiene su propia explicación. Hacer gestos y tonterías antes de la carrera tiene que ver con mi personalidad. No es un ritual ni nada parecido. Solo me relaja. Prefiero no pensar en la carrera hasta que estoy en la pista y dicen. “On your marks “. Por supuesto, la razón del éxito a pesar de tantos pesares es que detrás hay mucho más trabajo del que parece, como él mismo reconoce a veces. Es todo cuestión de dedicación y sacrificio. “A mí me llevó un tiempo darme cuenta de eso”. También parecen estimularle los desafíos. La ascensión en su equipo de entrenamiento del segundo hombre más rápido del mundo, Yohan La Bestia Blake, le ha dado el incentivo que podría faltarle a estas alturas de su exitosa carrera. Blake le ganó el año pasado en el Mundial y en los campeonatos nacionales de este año, aunque ahora ha tenido que conformarse con las dos platas en las pruebas de Londres. Sin embargo, Bolt asegura que el reto no son los otros. “Esto lo haces para ti mismo. Tendrás apoyos, amigos, pero al final estás solo en la pista. Te tienes que motivar a ti mismo”.

Criado en una familia modesta, pero en posición desahogada, sus padres pudieron darle una buena alimentación pero no lujos, ni le libraron del camino de ocho kilómetros diarios a pie para ir a la escuela. Allí determinaron que, pese a que le gustaba mucho el críquet y el fútbol, sus condiciones le permitían despuntar en atletismo. Su entorno ha sido desde entonces el mismo: entrenador, mánager, compañero de piso El único elemento inestable ha sido la compañía femenina. Su novia desde los 13 a los 23 años, Mizicann Evans, quedó en el camino cuando ya lucía anillo de prometida. Al comienzo de este año, Bolt empezó a salir con una diseñadora de moda eslovaca residente en Jamaica, Ludwicka Slovak, pero a los seis meses rompieron la relación.

El Usain Bolt que sale de los Juegos de Londres es el deportista con mayores posibilidades comerciales del mundo, según la revista SportsPro, por delante incluso de las estrellas de la NBA. A su imagen simpática se une un carácter frío a la hora de la competición y muy buenos asesores. Forbes cifra por encima de los 20 millones de dólares anuales sus ingresos, los mayores nunca obtenidos por un atleta, algo que no consiguió ni siquiera Carl Lewis. Con el que, por cierto, mantiene ahora una agria polémica: el ídolo esidense, que ha visto sus éxitos olímpicos superados, cuestionó la limpieza de los triunfos jamaicanos. Bolt le ha respondido con dureza y se ha autoproclamado leyenda. Aprovecha el tirón mediático para coquetear con dedicarse en algún momento al críquet en Australia o al fútbol en el equipo de sus amores, el Manchester United. Más de una vez ha desafiado al club inglés a que le hagan una prueba, y es fan confeso de Cristiano Ronaldo. Pero lo que ahora se toma más en serio es ser DJ. Ya ha demostrado que puede bailar, lo dejó claro en las celebraciones de Pekín, pero lo de pinchar música quiere hacerlo profesionalmente. Se prepara con los mejores, entre ellos Steve Porter, el autor del sencillo Faster Than Lightning, que ha inspirado a Usain en estos Juegos.

Su futuro en la música podría comenzar tras su retirada del atletismo, que sitúa en 2016, en Río. Para entonces, dice que tal vez podría dejar el récord del mundo cerca de los 9,40 segundos; para ello, debería mejorar las salidas para alcanzar antes su velocidad punta de 46 kilómetros por hora, a la que ahora no llega hasta los 60 metros de carrera. Puede hacerlo. Sé de lo que soy capaz , dice. ¿Cómo lograrlo? Pues con el mismo consejo que él da a los jóvenes atletas. Entrena duro y da lo mejor de ti mismo. El último esfuerzo es el más importante. Es cuando mejoras. Cuando estás cansado, agotado, no puedes más ahí es cuando tienes que seguir. Un minuto más. Eso marca la diferencia. Tienes que pasar esa barrera. Merece la pena . Y por si se está poniendo demasiado serio, añade. Eh, yo ahora me puedo comprar todas las zapatillas y hasta todos los coches que quiera .

Los otros reyes

David Rudisha. El guerrero masái. En los Mundiales de Berlín, en 2009, perdió una carrera por ir encerrado entre varios corredores. Entonces, el keniata David Rudisha decidió que siempre correría en solitario por delante. La cumbre de esa ‘estrategia’ la vimos en Londres en los 800 metros. salió el primero, corrió sin límites y acabó con el oro y con récord del mundo, en la carrera que ha sido calificada por los expertos como la mejor actuación individual de los Juegos. Este masái de 1,88 m de altura es hijo de un medallista olímpico (plata en México 68 en 4×400), pero fue un misionero irlandés, reconvertido en entrenador, quien se dio cuenta de sus condiciones naturales y le ayudó al comienzo de su carrera, que puede ser histórica en el medio fondo. Y es que, aunque de aspecto maduro, casado y con una hija de dos años, tiene sólo 23 años.

Mohammed Farah. El mediático. ‘Mo’ Mo Farah ha justificado su doble victoria en 5.000 y 10.000 metros por la necesidad de conseguir un oro para cada una de las gemelas que espera en unos días. Será un acontecimiento para los tabloides, porque Farah es una figura mediática en Gran Bretaña. fue el primer ganador del programa The Cube, en el que hay que superar pruebas de agilidad y destreza, y destinó las 250.000 libras del premio a paliar el hambre en su país de origen, Somalia. Incluso su baile de celebración, el Mobot, inspirado en el YMCA de los Village People, e imitado por Bolt, fue escogido en un programa de televisión. En la fama le acompaña su esposa Tania, todo un carácter capaz de regañarle tras ganar un oro olímpico, y su hijastra Rihanna, de una relación anterior de Tania. Farah se entrena ahora en Estados Unidos, donde proyecta, a los 29 años, dedicarse a los maratones.