¿Puede un corazón trasplantado inducir emociones, gustos y recuerdos de su antiguo propietario en el nuevo portador? La actriz francesa Charlotte Valandrey asegura que sí

Dice que vivió retazos de una vida que no era la suya tras su trasplante
cardiaco, hasta el punto de que llegó a enamorarse perdidamente del
marido de su supuesta donante. Lo cuenta en un libro que fue un fenómeno editorial en Francia, y que se
publica este otoño en España. Hablamos con ella en exclusiva.

La vida de Charlotte Valandrey (1968) estrella adolescente del cine francés es a ratos un melodrama, una novela romántica y, a ratos, un relato de misterio, incluso de suspense. Hay flechazos, videntes, intuiciones imposibles de ignorar y cartas anónimas. Pero, a pesar de las apariencias, ‘Un corazón desconocido’ (Ediciones Martínez Roca) no es el libro de una excéntrica, sino el testimonio, salpicado de sentido del humor, de una mujer que busca explicarse sensaciones reales que la ciencia no aclara. Algunos médicos lo llaman ‘memoria celular’.

Ella tiene ‘la intuición de que el cuerpo recuerda’. Y el cardiólogo Gérard Helft, que ha escrito el prólogo, habla del misterio de esa transmisión fascinante (entre donante y receptor) .

Valandrey se hizo muy popular con su primera película, Rouge Baiser, por la que ganó el Oso de Plata a la mejor actriz en Berlín. Justo en pleno éxito, su pareja de entonces le contagio el virus del sida. tenía 17 años. Directores que no le dan trabajo, novios que huyen, dos infartos provocados por las duras terapias anti-VIH y un trasplante cardiaco en 2003, a los 34 años, que más que el virus del que nunca enfermó trastocó duramente su cuerpo y su vida. la actriz, hoy divorciada y madre de una niña de 12 años (que nació seronegativa), lo cuenta en su primer libro (L’amour dans le sang, Poche), que fue un bombazo en Francia, por sus revelaciones y su franqueza.

Un corazón desconocido es su segundo libro y comienza dos años después de su trasplante, cuando Valandrey sufre pesadillas recurrentes con un accidente de coche que nunca tuvo, siente intensos déja vu y se descubre un inexplicable gusto por el vino, el ron o la tarta de limón, que siempre detestó. Es como si no fueran mis sueños ni mis recuerdos , le dice a su psiquiatra, que la observa incrédula. La actriz decide investigar, convencida íntimamente de que todo está relacionado con su nuevo corazón, con las vivencias de la persona que se lo donó. Por eso quiere averiguar su identidad, algo prohibido en Francia (y en España), para darle las gracias, para comprender, como cuando alguien busca sus orígenes , escribe. Un día conoce, sin saber de quién se trata, al marido de esa supuesta donante. Él sí sabe que Charlotte puede ser la persona que lleva el corazón de su mujer, fallecida, pero no se lo dice. Ambos se enamoran perdidamente.

Hoy esta mujer menuda, que nos recibe en su apartamento del centro de París donde vive con su hija, Tara, y sus gatos persas, explica con serenidad su extraordinaria historia, sin intentar convencer a nadie. Es lo que yo viví, no le pasa a todo el mundo , matiza a menudo. Su cuerpo está ligeramente descompensado a causa de los duros tratamientos contra el rechazo. unas piernas muy delgadas, un torso demasiado ancho. Ella lo llama con humor su ‘aspecto de rana’. Al despedirse, añade, tras un largo silencio. Es difícil hablar así, en una entrevista, aunque el libro se haya convertido en un objeto con el tiempo .

XLSemanal. Dice en su libro que tuvo muchas dudas a la hora de publicarlo. ¿Temía que no la tomaran en serio?

Charlotte Valandrey. Simplemente de que no me creyeran.

XL. Comparte cosas muy íntimas

C.V. Para mí es algo natural, no me incomoda. Soy actriz, me gusta transmitir emociones, y esta es otra forma de hacerlo.

XL. ¿Cómo se explica hoy, con la distancia del tiempo, ese encuentro y ese amor con Yann, el marido de la mujer que supuestamente fue su donante?

C.V. Sigo sin explicármelo, pero lo cierto es que hay varias explicaciones posibles. En principio tuve un flechazo. Yo creo en el flechazo. Él era inteligente, encantador, y yo una mujer joven. ¿Por qué no iba a suceder? ¿Este flechazo se acentuó por el hecho de que el corazón de Virginie su esposa, fallecida estuviera en mí? ¿Reconoció a Yann de alguna manera? Quizá hay una mezcla de ambas cosas.

XL. Pero su relación solo duró un año. La abandonó al descubrir su identidad.

C.V. Sí, me sentí traicionada cuando supe quién era él y que no me lo hubiera dicho. Me atormentaba pensar que, en realidad, buscaba en mí a su mujer, a la que había amado intensamente. Que no me amaba por mí misma. Y, sí, había algo de las dos en ese amor, lo cual es muy perturbador, pero también es cierto que durante un año, mientras yo no supe nada, vivimos una muy bella historia de amor.

XL. ¿Tuvo miedo de volverse loca al descubrir la verdad?

C.V. Sí, hubo días difíciles, pero sobre todo me dolía la traición. Me sentí abandonada una vez más. Al final, uno perdona porque acepta la forma de ser del otro, y comprende que cada cual hace lo que puede, que no es un ataque personal.

XL. Pero nunca averiguó si Virginie, la esposa de Yann, era realmente su donante.

C.V. Es imposible saberlo con certeza. Pero me dije. Es esta mujer, es así, y era una buena persona . Para mí es suficiente, me permitió hacer las paces con este trasplante que me trastornó, que me destruyó. Es mi historia, sé que hay otras personas que esperan un corazón durante años, que no pueden andar o moverse y que están muy contentas lógicamente cuando lo reciben. Pero a mí me ocurrió de repente y me obligó, de la noche a la mañana, a quedarme un año en el hospital. Yo lo viví muy mal, y apropiarme del corazón de Virginie me apaciguó, fue un alivio.

XL. ¿Y los sueños, los déja vu, todo eso se terminó?

C.V. Sí. Desaparecieron cuando conocí a Yann. XL. ¿Le sigue gustando el vino?

C.V. Sí, el vino muy bueno, el champán [risas].

XL. ¿Y ha hecho otros descubrimientos?

C.V. Sí, pero no sobre nuevos gustos. Me he convertido en otra persona, pero ¿qué parte del cambio procede de mi donante y qué parte es simplemente por la trayectoria de un ser humano que ha atravesado cosas difíciles? No lo sé. Mientras investigaba, hablé con personas que han sufrido un trasplante y me contaban que en muchos momentos no se reconocen. Yo encontré la explicación a los recuerdos que no eran míos en la teoría de la memoria celular, pero tampoco rechazo la idea de que, cuando uno vive una cirugía tan importante, es normal que cambie, que se convierta en alguien diferente. No excluyo nada.

XL. ¿Y cómo explica usted las cosas que le dijo ese vidente del libro? Predijo su encuentro con Yann y la supuesta identidad de su donante con detalles muy precisos.

C.V. Es gente que tiene flashes, instinto. Quizá son signos que perciben, la intuición. Es inquietante encontrarse con gente así. No tiene explicación. Pero hay que vivir la vida. Ya no voy a videntes. Somos nosotros los que tenemos que trazar nuestra vida y nuestro camino.

XL. ¿Se siente una persona extraordinaria?

C.V. No. Sé que tengo una vida sorprendente y es verdad que me he planteado a menudo esa pregunta. qué sentido tenía todo esto. Pero todo lo que he vivido me ha permitido llegar a los 40 años con serenidad, abrirme a los demás. Estoy en el comienzo de mi tercera vida. La primera fue antes del trasplante; la segunda, después. Esta tercera comenzó cuando hice las paces con Yann y con la historia que tuvimos, y acepté que llevaba el corazón de Virginie.

XL. ¿No cree que su libro puede confundir a la gente? A muchos les cuesta convertirse en donantes o autorizar que lo sean sus familiares, porque hay un cierto tabú sobre la muerte, y si encima les cuenta esta historia sobre una doble personalidad inexplicable

C.V. Sí, pero yo solo cuento lo que me pasó a mí, lo que sentí yo. De cien personas que hayan recibido un trasplante, quizá les ocurre solo a dos. Creo que también tiene que ver con que uno esté abierto a eso. Tal vez algunas personas se planteen esas dudas, pero creo que los que donan desean que la persona a la que amaban continúe viviendo en algún sitio, lo cual efectivamente tiene una dimensión muy romántica. Y luego hay gente que es simplemente generosa. El libro tiene un mensaje de esperanza. yo estoy bien gracias a una familia que decidió donar.

XL. ¿Cree que se debería conocer la identidad de donante y receptor?

C.V. Yo sí necesitaba saber de quién se trataba. Pero también me pregunté qué ocurriría si no me hubiera gustado quien yo creo que fue mi donante Quizá, caso por caso, se podrían hacer excepciones, si una persona tiene verdadera necesidad de saber. Si la gente está serena, yo les diría que no lo intenten, porque no sirve para nada. Tiene usted un corazón, piense que era el de una buena persona, intenté vivir con ello y trátelo bien, dele amor, porque tiene que continuar latiendo.

XL. ¿Le ha contado su historia a su hija?

C.V. La conoce y ve que ahora estoy bien. Leerá el libro cuando sea mayor.

XL. En su trayectoria se percibe una gran soledad. el olvido de la profesión, una mujer divorciada y enferma que debe sacar a su hija adelante, las dificultades para encontrar una pareja

C.V. Sí, desde luego, he estado muy sola durante años. Después del trasplante, me divorcié, lo cual para empezar no es fácil. Tenía una niña pequeña. Mi cuerpo había cambiado, también tenía que aceptar que mi feminidad había recibido un golpe. Hoy estoy bien, y hay por supuesto muchas personas a las que tengo que dar las gracias, pero la primera es a mí misma. Y es algo de lo que estoy orgullosa.

XL. Hay un episodio muy cruel en su libro. la manera en que Steven, el médico con el que tiene al principio una relación, desaparece de la noche a la mañana, porque tiene miedo a contagiarse del sida. ¿Volvió a saber de él?

C.V. No, nunca. Cuando tuve un infarto, el tercero, tras averiguar la verdadera identidad de Yann, llamé a Steven y le dije si nos podíamos ver, porque tenía miedo a morir, y me respondió que no.

XL. Dice usted que los seropositivos son los nuevos intocables.

C.V. Quizá es simplemente porque no están informados, aunque parezca increíble a estas alturas, pero mucha gente tiene miedo, un miedo irracional. Por otra parte, hay una generación que ha olvidado, que piensa que uno ya no se muere, que se cura. Pero esta enfermedad no ha terminado. Las cosas han evolucionado, pero las terapias siguen siendo muy difíciles, y la gente se sigue contagiando. Hay que insistir en la protección. Yo me contagié con un solo contacto.