¿Cómo le dices a tu mujer que tienes un hijo con otra? Esto le ha costado a Arnold Schwarzenegger el matrimonio. Lo cuenta en su autobiografía, ‘Desafío total’

Durante mi agitado último mes de gobernador, Maria y yo fuimos a un consejero matrimonial. Maria quería hablar del final de mi mandato y las cosas que encaran muchas parejas de mediana edad, como el hecho de que nuestros hijos estaban empezando a independizarse. Pero cuando Maria pidió la cita la mañana siguiente a que dejara el cargo y me convirtiera en un ciudadano más, me di cuenta de que había algo diferente. Ella tenía algo muy concreto en mente.

La oficina del consejero matrimonial estaba tenuemente iluminada, con colores neutros y una decoración minimalista. No era el tipo de lugar donde me gustaría pasar mucho tiempo. En el instante en que nos sentamos, el consejero se volvió hacia mí y me dijo.

-Maria quería venir hoy para preguntarte por un niño y saber si has tenido un hijo con Mildred, tu empleada doméstica. Ella quería venir para eso. Así que hablemos.

En ese momento, cuando el tiempo parecía haberse detenido, me dije. Bueno, Arnold, tú querías contárselo. ¡Sorpresa! Tendrás que hacerlo ahora. Tal vez sea la única oportunidad en la que tengas el valor para hacerlo .

-Es cierto -le dije al consejero, y luego miré a Maria-. Es mi hijo. Sucedió hace catorce años. No lo supe al principio, pero lo sé desde hace varios años.

Le dije cuánto lamentaba eso, que me había equivocado mucho, que era culpa mía. Me desahogué y le conté todo.

Fue una de esas cosas estúpidas que me había prometido no hacer nunca. En toda mi vida nunca tuve nada con ninguna de nuestras empleadas. Aquello sucedió en 1996, cuando Maria y los niños habían salido de vacaciones y yo estaba en la ciudad terminando de rodar Batman y Robin. Mildred llevaba cinco años trabajando en nuestra casa y de repente estuvimos solos en la casa de huéspedes. El siguiente agosto, cuando Mildred dio a luz, bautizó al niño con el nombre de Joseph y registró a su marido como el padre. Eso es lo que yo quería creer y lo que yo creí durante varios años.

Joseph iba a nuestra casa y jugaba con nuestros hijos, pero solo noté el parecido entre él y yo cuando ya era gobernador. El parecido era tan fuerte que concluí que había pocas dudas de que no fuera hijo mío. Aunque Mildred y yo escasamente hablamos de eso, a partir de ese momento le pagué los estudios y la ayudé económicamente con él y sus otros hijos. Su marido la había dejado unos pocos años después del nacimiento de Joseph, pero su novio, Alex, se había convertido prácticamente en su padre.

Maria me había preguntado muchos años antes si Joseph era hijo mío. En ese momento yo no sabía que era su padre y lo negué. Mi impresión ahora es que ella lo había hablado con Mildred, que en esa época llevaba casi veinte años trabajando en nuestra casa. En cualquier caso, muy poco de lo que tenía que decir pareció ser una novedad para Maria.

-¿Por qué no me lo dijiste antes? -me preguntó.

-Por tres razones -le dije-. La primera es que no sabía cómo decírtelo. Me sentía muy avergonzado, no quería herir tus sentimientos ni que nos peleáramos. La segunda es que no sabía cómo decírtelo y mantenerlo en privado, porque tú se lo cuentas todo a tu familia y mucha gente lo sabría. Y la tercera es que el secreto es una parte de mí. Guardo las cosas para mí mismo sin importar lo demás. No soy una persona que haya sido educada para hablar.

Yo podría haberle dado diez razones más y todas habrían parecido muy flojas. El hecho era que les había hecho daño a todos los involucrados y que debía habérselo dicho a Maria mucho antes.

-Metí la pata, eres una esposa perfecta. No lo hice porque algo estuviera mal entre nosotros ni porque te fuiste de casa una semana ni nada de eso. Olvídate de todo eso. Resultas fantástica, eres sexy y estoy locamente enamorado de ti. Tanto como lo estuve en nuestra primera cita.

Finalmente, Maria decidió que debíamos separarnos. Yo no podía culparla. No solo la había engañado con el tema del niño, sino que, además, Mildred había seguido trabajando todos esos años en nuestra casa. Maria y yo llegamos a un acuerdo que no perturbara mucho a los niños. Aunque nuestro futuro como marido y mujer era incierto, ambos sentimos que todavía éramos padres y que seguiríamos tomando juntos todas las decisiones sobre nuestra familia.

La crisis de nuestro matrimonio hizo que ese año fuera aún peor para Maria. Todavía estaba de duelo por la muerte de su madre quince meses antes. Y apenas habíamos comenzado a concretar nuestra separación cuando Sarge, su padre, falleció. Fue una pérdida terrible. En la misa Maria le hizo un homenaje con una remembranza conmovedora, durante la cual dijo que Sarge les había enseñado a sus hermanos a respetar a las mujeres. Eso pudo haber sido una especie de indirecta hacia mí, pero yo había oído a Maria elogiar a su padre con palabras similares en muchas ocasiones.

Mantuvimos nuestra separación en silencio. Ella se mudó en abril a un condominio asociado a un hotel cerca de nuestra casa, donde había un montón de espacio para los niños, que iban y venían entre las dos casas.

Me pregunté qué me había llevado a ser infiel y cómo no le conté a Maria lo de Joseph en todos esos años. Mucha gente toma decisiones estúpidas relacionadas con el sexo. Piensas que vas a salirte con la tuya haciendo caso omiso a las reglas, pero la realidad es que tus actos pueden tener consecuencias duraderas. Probablemente mi educación y el hecho de haberme ido de casa a una edad temprana también tuvo una parte de culpa en ello. Me endureció emocionalmente e hizo que fuera menos cuidadoso con las cosas íntimas. Mi motivación nunca ha sido normal. Por lo general ha sido una fortaleza. En este caso fue una debilidad terrible, una de la que siempre me arrepentiré. Como le dije al consejero, el secreto es una parte de mí. Siempre me he guardado para mí mismo los momentos clave de mi vida.

Cuando tuve la certeza de que Joseph era hijo mío, no quise que esa situación afectara a mi capacidad de gobernar con eficacia. Decidí ocultárselo no solo a Maria, sino también a mis colaboradores más cercanos. Políticamente no creí que fuera asunto de nadie porque yo no había hecho campaña a favor de los valores familiares. Ignoré el hecho de haber defraudado a la gente como esposo y como padre. Los defraudé a todos. También a Joseph, pues no estuve disponible para él como el padre que un niño necesita. Yo quería que Mildred siguiera trabajando en nuestra casa porque pensé que podía controlar mejor la situación de esa manera, pero eso también estuvo mal.

El mundo solo se enteró en mayo de que Maria y yo nos habíamos separado cuando Los Angeles Times nos llamó para hacernos preguntas. Respondimos con una declaración. que nos habíamos separado de manera amistosa y que estábamos trabajando por el futuro de nuestra relación. El terapeuta creía que debíamos incluir la causa para que quede claro quién es la víctima y quién ha causado daño . Yo me opuse. Sin embargo, también tuve que reconocer. He dejado que el público sepa todo de mí. ¿Por qué, entonces, ocultar el lado negativo? . Pero si yo iba a hablar de mala conducta, quería hacerlo cuando me pareciera más conveniente.

Era absurdo pensar que yo tendría otra opción. Pocos días después The Movie Channel comenzó a hacer preguntas acerca de un hijo nacido fuera del matrimonio y Los Angeles Times retomó la historia. Un día antes de que se publicara la noticia, un periodista llamó para avisarnos y pedirnos un comentario. Mi respuesta decía básicamente. No hay excusas y asumo toda la responsabilidad por el daño que he causado. Me he disculpado con Maria, con mis hijos y con mi familia. Lo siento de verdad. Les pido a los medios de comunicación que respeten a mi esposa e hijos durante esta etapa extremadamente difícil. Aunque yo merezco sus preguntas y críticas, mi familia no . Y entonces, sabiendo que la historia sería divulgada al día siguiente por la mañana, tuve que contárselo a mis hijos. Se lo dije a Katherine y a Christina por teléfono porque estaban en Chicago con Maria. Patrick y Christopher estaban en casa conmigo, así que les pedí que se sentaran y se lo dije cara a cara. En cada una de las conversaciones expliqué que había cometido un error. Y añadí. Voy a trabajar muy duro para que todos estemos juntos de nuevo. Será un momento difícil y espero que las cosas no sean demasiado terribles con vuestros compañeros de escuela, con los padres cuando vayáis a las casas de vuestros amigos, cuando veáis la televisión o leáis los periódicos . Pasaron algunas semanas antes de que ellos empezaran a confiar en que nuestra familia no se había desintegrado totalmente.

También lamenté el impacto que esto tuvo sobre Mildred y Joseph. Ellos no estaban acostumbrados a vivir en el ojo público y de un día para otro se vieron asediados por reporteros de programas de chismes y tabloides, y por abogados sedientos de publicidad. Mantuve contacto con Mildred y la ayudé a conseguir un lugar más privado. Ella no tuvo una actitud negativa y manejó la situación con honestidad.

Maria tiene derecho a estar muy decepcionada y a no volver a mirarme del mismo modo. El divorcio sigue adelante, pero todavía tengo la esperanza de que Maria y yo podamos volver a estar juntos como marido y mujer y como una familia al lado de nuestros hijos. Puede decirse que se trata de una negación, pero así es como funciona mi mente. Todavía estoy enamorado de Maria. Y soy optimista .