A sus 54 años, Gérard Depardieu vuelve a encarnarse en Obélix, una especie de álter ego al que no se cansa de interpretar, quizá porque quiero ser como él , admite

‘Excesivo’ es el adjetivo que mejor lo define. En lo físico, lo vital, lo profesional. Le falta la inocencia del grandullón galo, seguro, pero hablando con él
descubrimos que hay más cosas que los unen y no es solo la pasión por
el jabalí. Gérard Depardieu nos recibe en un lujoso hotel de París. Entra en la habitación donde tendrá lugar la entrevista acompañado de un asistente que lleva un pequeño ventilador de color naranja nada sofisticado.

Mientras el asistente lo enchufa y lo coloca apuntando al lugar que ocupará el actor, Depardieu se dirige a la ventana y la abre de par en par. Se sienta, atusa hacia atrás su pelo varias veces, enciende un cigarrillo, exhala la primera bocanada hacia el techo, como un largo suspiro de humo y paciencia. Apoya sus manos sobre la mismísima barriga de Obélix, el personaje de su nueva película, Astérix y Obélix. Al servicio de su majestad, se incorpora desafiante y dice. ¡Vamos! .

Es el actor vivo más importante de Francia. Ha estado nominado al Óscar; ha ganado dos César, un Globo de Oro, dos León de Oro en Venecia y la Palma de Oro en Cannes. Da la sensación de que Depardieu habría podido ser todos los personajes que le han dado fama. Cyrano de Bergerac, Cristóbal Colón, el inmigrante francés Georges Faure, de Matrimonio de conveniencia, tan excesivo e irresistible.

Depardieu ha vivido varias vidas y ha sobrevivido a otras tantas. Salió ileso cuando chocó el avión privado en el que viajaba en el aeropuerto de Barajas, en Madrid; ha sobrevivido a numerosos accidentes de moto; a una operación a corazón abierto de quíntuple by-pass; a la muerte de su hijo Guillaume Depardieu, también actor, en 2008 debido a una neumonía debida a su vez ‘a la mala vida’. Así que, cuando se le pregunta si tiene miedo de algo, responde rotundo. No, de nada, solo de la estupidez que me rodea. Cuando estoy rodeado de estupidez, solo miro y sonrío . Y mientras sonríe contesta a las preguntas sobre su última película, cuyo estreno es el próximo 30 de noviembre y en la cual vuelve a representar por cuarta vez el papel de Obélix.

XLSemanal. ¿Cuál es su poción mágica?

Gérard Depardieu. La vida. Mis excesos son quizá un poco desestabilizadores para los que me rodean.

XL. En estos tiempos de crisis, ¿quién está más necesitado de la poción mágica?

G.D. Todos los países, toda Europa, todo el mundo, hasta China. Todos tienen que hacer un esfuerzo. Espero que los jóvenes cambien esto, que vuelvan a la filosofía griega, al taoísmo, al hinduismo, a lo que quieran, pero que acaben ya con la religión del dinero, con el ‘dios dinero’.

XL. ¿Qué le hizo querer volver a ponerse el traje de Obélix?

G.D. Amo este personaje. Obélix tiene un campo de margaritas en su cabeza. no tiene ni un mal pensamiento. Si la mala suerte trae un mal pensamiento a su cabeza, lo entristece infinitamente. Eso es lo que lo hace extremadamente conmovedor. No hay nada negativo en él. Es simplemente un hombre gordo ¡al que no le gusta que lo llamen gordo!

XL. ¿En qué se parecen usted y Obélix?

G.D. Como él, puedo sentirme humillado. No sé si él es como yo, pero el hecho de que me guste tanto este personaje quizá muestra un cierto deseo de ser como él. No envidio su fuerza, ya que por naturaleza puedo aguantar mucho, más bien envidio su lado positivo.

XL. Esta es una película francesa, rodada en francés, que se va a exhibir en todo el mundo. ¿Es difícil competir con la industria cinematográfica americana?

G.D. América hace 600 películas al año. De ellas se estrenan unas 300 en la gran pantalla; el resto es para la televisión. Francia hace unas 200, pero solo 10 o 15 se mueven por el mundo. Es un mercado muy distinto. Las películas de entretenimiento no son como antes. La gente está acostumbrada a ver programas sencillos, o realities, que tratan sobre dinero y comida en su mayor parte. Antes, directores como Renoir, Fellini o Bertolucci se basaban en tres pilares fundamentales. el amor, el sexo y la muerte. No se cuestionaban sobre el dinero o la comida. Ahora es completamente diferente.

XL. ¿Qué opina de quienes dicen que una película solo puede ser rentable si se graba en inglés?

G.D. Realmente, no me importa una mierda el idioma en que esté rodada una película. Yo soy francés y siempre voy a tener un acento francés. Así que, si el filme es en inglés, solo puedo hacer de un inmigrante que busca papeles, o de camarero, o de peluquero, eso es todo. Quizá sea distinto para Jean Claude Van Damme o para el gobernador de California; pueden grabar secuencias de guerra sin preocuparse por el idioma. Yo puedo rodar una película en inglés, no hay problema. Pero no se debe renunciar a la cultura de cada país. Y eso aparece en los cómics de Astérix y Obélix, ellos recorren el mundo con su poción mágica y visitan todas las culturas, pero no olvidan la suya.

XL. ¿La resistencia de los galos a la conquista de Roma tiene mucho de simbólico en nuestros días?

G.D. Bueno, es una villa que se enfrenta a la globalización o como lo quieran llamar. En esa pequeña villa no se pagan impuestos, los hombres mayores pueden estar casados con jóvenes mujeres y no hay ningún problema, todo es moral, porque se respetan los unos a los otros.

XL. ¿Hay un mensaje político ahí?

G.D. El cine no es política. Yo viajo mucho, puedo estar en Rusia, Egipto o Japón y le puedo asegurar que en cuanto a entretenimiento puedes ver las mismas estupideces en todos los idiomas. Pero a mí no me gustan el fanatismo ni la estupidez. He leído el Corán, Mahoma fue un gran pensador y el islam es la única religión de los pobres. Pero puedes encontrar buenas cosas en la Torá, en el Antiguo Testamento Todo es cuestión de respeto.

XL. ¿Cuál es su n de la tecnología 3D, con la que ha trabajado en su última película?

G.D. En general no soy muy partidario del 3D, ya que suele usarse en películas americanas de ciencia ficción, y antes que ver Avatar o Batman en el cine yo prefiero leer a A. E. Vogt, Isaac Asimov u otros grandes autores del género. Pero debo admitir que, para dar vida a los personajes con rasgos cargados como los de los dibujos animados e ilustrar el espíritu de una pequeña aldea bretona que resiste a Julio César con tanta gracia, el 3D está perfectamente adaptado.

XL. ¿Representa una limitación para el actor?

G.D. Nada es una limitación; ni actuar con una pantalla verde de fondo ni enfrente de una cámara de 3D. Actuar es el trabajo más estúpido y maravilloso del mundo. Cuando no te tomas a ti mismo demasiado en serio, es fabuloso porque no es un trabajo. Por eso, me molesta que la gente se asigne una misión y lo intelectualice todo. Por suerte, cuando estoy frente a la cámara ¡no hay nada intelectual en ello!

XL. Para un gastrónomo como usted, ¿es posible sentir tanta pasión por el jabalí?

G.D. ¡El jabalí es muy bueno! Pero lo prefiero en salsa en vez de asado. ¡El fricasé de jabalí joven es exquisito! El apetito de Obélix solo es comparable a su generosidad y su capacidad de asombro. Lo mismo pasa cuando se enamora. es demasiado. No es racional, pero es hermoso.

PRIVADÍSIMO

Nació en Châteauroux, a 250 kilómetros al sur de París, y dejó su hogar a los 12 años. Es el tercer hijo de una familia pobre de seis hermanos con un padre alcohólico. Estudió Periodismo, pero dos semanas antes de graduarse comprendió que aquello no era lo suyo y se fue a California.Sus primeros trabajos son como ayudante en una pastelería y de copista en una imprenta. De joven cometió pequeños delitos y se metió en sonadas peleas. Vivía con dos prostitutas que atendían a los soldados de una base cercana de la OTAN. Ha tenido tres parejas estables. Élisabeth Guignot, Carole Bouquet y, en la actualidad, Clémentine Igou. Tienes tres hijos vivos. Su primogénito falleció en 2008.