Una conversación casual sobre cruzar una línea sin marcha atrás, un GPS, una red de prostitución, una playa Así fue surgiendo en la cabeza de Lorenzo Silva la trama de ‘La marca del meridiano’, la novela que le ha valido el premio Planeta 2012. Él mismo nos lo cuenta.

Todo libro tiene una historia invisible. Los que reciben un reconocimiento no son una excepción. Para quien escribe uno que presenta a un premio, y más aún si al final lo recibe, es importante saber y recordar lo que hubo a lo largo del camino. Es una historia que no suele contarse, salvo por los que la desconocen, y casi siempre desde la suspicacia. He aquí el relato de cómo se gestó un libro que ha acabado teniendo un premio. Y no uno cualquiera.

El germen. Otoño de 2004. El lugar es una cafetería céntrica de Barcelona. El hombre, un viejo policía que le cuenta al escritor su vida. Se ha citado con él para otra cosa. recopilar información para una novela ambientada en Cataluña, territorio que el policía conoce bien por haber vivido y trabajado allí durante décadas (aunque nació lejos). La conversación acaba llevando a un punto delicado. cómo en cierta ocasión el policía tuvo la sensación de que si daba un paso más en sus tratos con cierto sujeto de mal vivir, del que recibía información, iba a atravesar una línea que ya no podría descruzar. Rememora la facilidad, la intrascendencia con que se le planteó la cuestión. La repentina toma de conciencia que le hizo echarse atrás. En la mirada del policía, el novelista encuentra la señal. Ha aprendido a reconocerla. Allí hay una novela, que algún día escribirá.

El meridiano. Otoño de 2008. Desde hace unas semanas, el escritor vive entre Madrid y Barcelona. Está montando su casa barcelonesa y decide hacer el viaje por carretera para transportar ropa y algunos enseres. Llega a Zaragoza a media tarde y, cuando está ya oscureciendo, circula por la AP-7 en el término del municipio zaragozano de Bujaraloz. De repente ve un arco luminoso que sobrevuela la autopista. Un cartel indica que es el punto exacto de cruce del meridiano de Greenwich. El GPS lo atestigua, pasando de la W a la E cuando lo rebasa. El meridiano, no había reparado antes, está entre Barcelona y Madrid. entre el pasado y el presente del protagonista de la novela que, sobre la idea inicial de 2004, va armando en su mente. Ahí siente que acaba de encontrar la metáfora que sostendrá la historia y la mitad del título. En él estará esa palabra. ‘meridiano’.

El trabajo de campo. Otoño de 2010. Restaurante de comida económica de Sitges, un par de mozos de escuadra, un hombre y una mujer. Hablan de su relación con los guardias civiles, a los que ambos se refieren con respeto. La mujer, cuarenta años, policía curtida, desgrana las dificultades para desarticular las tramas de trata y explotación de mujeres que surten de prostitutas los burdeles y cunetas del Bajo Llobregat. Amenazadas, drogadas, despersonalizadas, nunca denuncian. Varios días después, en la comandancia de la Guardia Civil de San Andrés de la Barca, un jovencísimo guardia le cuenta cómo Facebook lo ayuda a seguir los pasos a los malos. También habla de los mozos de escuadra, a los que tiene en buena estima. Los curritos nos entendemos . El mapa humano de la novela empieza a poblarse.

La escritura. Otoño de 2011. Tras siete años recogiendo material y madurando el argumento, la novela está lista para ser escrita. El escritor se acerca a la desierta playa de Viladecans, su ciudad catalana, donde ha soñado que ocurrirá el epílogo de su historia. Lo ve claro, todo está ya en su sitio. Arranca la escritura a buena velocidad. En esos mismos días, Gadafi muere linchado en su Sirte natal y ETA anuncia que deja la lucha armada. La novela es un espejo de la vida. ese día, 20 de octubre de 2011, será el día en que aparezca el cadáver que abre el libro.

El seudónimo. Primavera de 2012. El libro está concluido. Con el resultado en la mano, la idea que le ronda desde hace años se confirma. Este es el libro con el que optará al premio. Tiene en las manos la que en su sentir es la mejor y más completa historia de los personajes que más le han granjeado el favor de los lectores. El único inconveniente, que sean ya conocidos, no lo es aquí. Las bases del premio no exigen seudónimo, puede irse a cara descubierta, nada importa que el jurado lo reconozca. Se pondrá un seudónimo, pese a todo, porque los finalistas se anuncian con anterioridad y no quiere estar anunciado y expuesto como candidato a un premio que puede llevarse otro. Ya fue nominado a un Goya y hubo de aplaudir mientras se lo llevaba Isabel Coixet. Lo hizo con deportividad, pero no es experiencia que apetezca repetir. Elige llamarse Bernie Ohls, en homenaje a Raymond Chandler, que dio ese nombre a un personaje secundario.

Una larga espera. Verano de 2012. Epícteto le enseñó a no preocuparse por lo que no está en sus manos. Que el libro que ha presentado en el plazo estipulado por las bases del premio sea o no distinguido con el galardón ya no depende de él, sino de otras personas a las que, por añadidura, apenas conoce. Solo con dos miembros del jurado ha tenido alguna relación. Que el libro les hable y el libro decida su suerte por sí mismo. Se dedica a algo que le tiene la cabeza ocupada. preparar el nacimiento de una editorial de cuyo primer título es, además, traductor. Mientras su novela hace camino, él está con Thomas Edward Lawrence camino de Ákaba, saboreando el inglés primoroso de aquel viajero, soldado, espía y arqueólogo que cambió la historia del siglo XX.

El ganador es Viernes 12 de octubre de 2012. Se publica la lista de los finalistas, y Bernie Ohls está en ella. Un periodista de Oviedo, Tino Pertierra, que le ha leído bien, como a Chandler, ata cabos y hace su apuesta. Lo llama buscando una corroboración que no puede darle, porque no la tiene. El lunes 15, Pertierra publica su conjetura. Comienza el bombardeo. El escritor nada confirma, porque nada está en disposición de confirmar. Es al caer la tarde de ese mismo día, mientras viaja en coche de Madrid a Barcelona, poco antes de cruzar el meridiano en Bujaraloz, cuando le dicen que tendrá que prepararse un discurso. Al filo de la medianoche, su nombre se hace público como ganador. Srecoger el premio y lo agradece en español (o castellano) y catalán. Algunos ven una intención política. Solo es un homenaje personal a dos ciudades que ama y a sus gentes. Ellas, y el meridiano que ahora las une y no las separa, le han dado este premio.