Holly Petraeus se ha convertido en la esposa engañada más famosa del planeta. La infidelidad del general Petraeus, ex director de la CIA, con su biógrafa – Paula Broadwell- la ha convertido en el “patito feo” de un triángulo amoroso con implicaciones políticas y de seguridad internacionales. Pero Holly no es una sumisa esposa de general. su familia pertenece a la “realeza militar” americana y es asesora financiera de muchos soldados que la adoran. el ejército está con ella.

¡No soy tonta! Nunca me hubiera casado con un trepa , responde Holly petraeus, airada, cuando le preguntan por las suspicacias que su matrimonio levantó en West Point.

Nos casamos por amor , replicaba a la periodista Linda Robinson -la primera biógrafa del general Petraeus- en 2008. Y es que Holly pertenece a la realeza militar . Sus antepasados lucharon en las guerras indias y la guerra civil americana y su padre, el general William Knowlton, fue comandante de la OTAN y superintendente de la Academia Militar de Estados Unidos. Fue allí, en la base de West Point, donde Holly conoció al cadete Petraeus durante una cita a ciegas en 1973. Al año siguiente anunciaban su compromiso en The New York Times y dos meses después de que Petraeus se graduara como teniente se casaban. Hubo quien vio en el enlace el atajo más corto hacia una carrera militar sembrada de galones.

No hay ningún indicio de que Robinson -prestigiosa cronista militar y profesora en Harvard- tuviera un affaire con Petraeus, pero ella, al igual que Paula Broadwell, la amante confesa y segunda biógrafa, también dijo sentirse impresionada por su energía y carácter. Y, aunque no tiene el espectacular físico de Broadwell, también fue de las que salieron a correr con el general

Petraeus no solo acostumbra a correr con sus mandos. Pone a prueba a los periodistas invitándolos a seguirlo. Broadwell hasta podía superarlo. Vernon Loeb, del Washington Post y quien la ayudó con la biografía, cuenta que los dos eran grandes corredores y capaces de hacer cientos de flexiones .

Es obvio que Holly no tiene las inclinaciones atléticas de su marido, pero no ha escatimado esfuerzo, incluso físico, en su matrimonio. En sus 38 años de casados, los Petraeus cambiaron de destino en 23 ocasiones. Por esa vida de sacrificios, Holly Petraeus la mujer de aspecto afable que se ganó el cariñoso apodo de rata de hangar por su apoyo incondicional a las tropas ha sido calificada como la única víctima inocente de este escándalo. Decir que está furiosa sería un eufemismo, está más que furiosa , ha contado Steve Boylan, exportavoz de Petraeus y amigo personal de la familia. Eso es lo poco que se sabe sobre su reacción después de que el affaire de su marido fuera vox pópuli. Discreta y comedida, no ha querido hacer declaraciones ni apariciones públicas para no alimentar el morbo.

EL PERFECTO SOLDADO. Para entender el revuelo en torno a Petraeus, se debe tener en cuenta el puritanismo norteamericano. el adulterio sigue siendo conducta delictiva en 23 estados y es punible con la cárcel en el código militar. Y, al mismo tiempo, es un país en continua búsqueda de héroes. Petraeus se había convertido en uno perfecto. Un protestante con antepasados holandeses que apenas bebe, no fuma y con una carrera militar espectacular. En 2003, en Irak, Petraeus decidió que, junto con la lucha contra la insurgencia, el principal objetivo de sus tropas era ganarse a la población civil. construir carreteras, levantar tendidos eléctricos Y tomó otra decisión. invitar a ciertos periodistas a las reuniones secretas del mando militar. Los medios descubrieron un filón. un general que hacía las cosas de otra manera. Y funcionaba. Su éxito en Irak es incuestionable. Luego vino su fulgurante ascenso, que pasa por Afganistán, la parte que más se detalla en la biografía de Broadwell. Aunque esa campaña no fue tan exitosa, en el libro resulta gloriosa. Broadwell hace hablar a Petraeus con sabias sentencias mientras estudia los clásicos de la estrategia militar y busca estímulo en la antigua Roma Cuando salió el libro, en enero de 2012, fue menospreciado por los militares y criticado por ser intelectualmente endeble.

Eso no significa que Paula no sea inteligente. Al contrario. Broadwell, de 40 años, fue la mejor alumna de su instituto y campeona en atletismo y baloncesto. Luego se alistó en el Ejército y figuró entre los mejores soldados de su promoción en West Point. Entró en las unidades especiales, terminó dos carreras universitarias una de ellas, en Harvard, tuvo dos hijos y no por ello dejó de participar en triatlones. Frente a ese currículo, el de Holly queda ensombrecido. Madre de dos hijos, trabajó durante años como voluntaria en distintas unidades militares. Cuando se establecieron en Virginia, empezó a trabajar en la Oficina de Asesoramiento Financiero para militares. Su propia experiencia le había servido de inspiración. Nada más casarse, lo primero que compraron los Petraeus fue un descapotable rojo, un apartamento que no habían visto y un futbolín. Las consecuencias de aquella novatada le sirvieron para asesorar a miles de familias, a menudo endeudadas o víctimas de desahucios. En 2011 fue nombrada directora en la Oficina de Protección Financiera.

¿NO VIO HOLLY EL PELIGRO? Holly se enteró de la infidelidad de su marido justo antes de que este le presentara su dimisión a Obama. Así, al menos, lo cuenta Boylan. Y así parece confirmarlo el hecho de que los dos se mostrasen cariñosos y encantados durante la boda de su hija un mes antes de que estallara el escándalo.

Para entonces, según parece, Petraeus ya había puesto fin a la relación con Paula. Lo que podría ser cierto. O no. Porque también insiste el general en fechar el inicio de su relación en 2011, cuando ya era director de la CIA, para evitar que se le aplique el código militar que lo puede llevar a la cárcel. Pero lo cierto es que se conocían desde hace tiempo. Fue en 2006, cuando el general participó en un debate con estudiantes en Harvard. Broadwell le dio su tarjeta. Cómo fueron los siguientes pasos solo lo saben ellos, pero en 2010 Petraeus, destinado en Afganistán, recibe numerosas visitPaula. Acude allí cada seis semanas y pasa tres semanas cada vez. Ella lo llama mentor ; él ve en ella a su avatar . Todos teníamos la sensación de que ella estaba enamorada de él , afirmó al canal ABC un testigo. Cuando Petraeus fue puesto al frente de la CIA, siguieron viéndose e intercambiando mensajes subidos de tono. Y ahí entra el FBI.

¿Cómo se enteró el FBI del affaire? Por Jill Kelley, amiga de la familia Petraeus. Pero fue sin querer Jill, de 37 años, origen libanés y con una hermana gemela tan explosiva como ella, es toda una celebridad en Tampa (Florida). Allí está la base aérea de MacDill, desde donde Petraeus dirigía las guerras en Irak y Afganistán cuando fue nombrado jefe del Mando Central en 2008. Jill y su marido, Scott -un cirujano oncólogo-, organizaban fiestas espectaculares en su mansión, a las que acudía la élite militar. Uno de los habituales era John Allen, un ambicioso general que relevó a Petraeus como comandante en Afganistán y que no tarda en intimar con Jill. Pero mucho más curioso es que otra de las habituales sea Holly Petraeus. Nadie se explica cómo encajaba ella con la provocativa Jill, pero lo cierto es que pasan las Navidades juntos, los Kelley fueron invitados a la boda de su hija y Holly y Jill hasta iban de compras juntas.

NO TE ACERQUES A MI HOMBRE . Jill tenía, sin duda, acceso a Petraeus. Pero cuando el pasado mayo recibe un e-mail en el que se pregunta a su marido si sabe que ella ve al general, no acaba de entender el mensaje. Aunque encaja con otro que le acaba de reenviar el general Allen en el que alguien la avisa de que Jill es una traidora . El remitente anónimo en los dos casos firma como kelleypatrol . Recibe más e-mails que le advierten de que no haga más intentos de aproximación a Petraeus. Jill se siente amenazada y se pone en contacto con un amigo del FBI, Frederick W. Humphries, que encuentra muy interesante el asunto. Los agentes del FBI no tardan en localizar las direcciones IP de los ordenadores utilizados para enviar los e-mails a Jill. En julio ya tienen nombres. Paula Broadwell y David Petraeus. Un golpe de suerte para Humphries, enemigo tan declarado de Obama que llega a ser apartado del caso por parcialidad.El resto de la historia es ya un complejo entramado político con más misterios que el propio culebrón sentimental. El único resultado seguro es que Petraeus está jubilado y hundido. Boylan, que habla con él, mantiene que aunque Holly está decepcionada y muy enfadada, han estado casados durante 38 años y espero que puedan superarlo. Son una pareja fuerte, pero cada día es un reto. Ahora mismo, a David solo le preocupa salvar a su familia . Boylan ha revelado que, pese a todo, Petraeus sigue viviendo en la casa familiar. Nadie sabe, fuera de ahí, qué decisión tomará Holly, pero la palabra divorcio solamente ha salido en medios sensacionalistas. Quizá Holly, que tiene fama de ser tan cordial como implacable, haya decidido que el statu quo sea la mejor solución y la más acorde con su educación militar. Pero no es que eso deba tranquilizar a Petraeus ni a Paula Broadwell. Una colaboradora suya llegó a decir de Holly que, cuando se sentía atacada, podía ser un pit bull .