Un pueblo de 20.000 habitantes representa estadísticamente de forma perfecta al alemán medio. Viajamos allí para saber qué opinan de los españoles. Por Carlos Manuel Sánchez/ Fotos: Christoph Otto

¿Qué tiene de especial esta localidad de apenas veinte mil habitantes? ¿Quién sería capaz de situarla en el mapa? Un par de pistas: cae en la ruta de los vinos del Rin y está a media hora del polo industrial de Ludwigshafen.

¿Por qué es tan importante lo que piensan sus habitantes? Porque Hassloch es Alemania en miniatura. Su composición demográfica, la renta de los hogares, la tipología familiar, los porcentajes de población activa y jubilada, las simpatías políticas y una docena de variantes sociológicas más lo sitúan en el punto medio exacto de Alemania. Ni más ni menos. Así que es el tubo de ensayo perfecto para sondear qué pasa por las cabezas [¿cuadradas o no tanto?] de nuestros socios germanos. Y qué opinan de sus vecinos del sur en apuros.  Si sucede lo acostumbrado, el partido que gane en Hassloch ganará las elecciones.

Cada lanzamiento comercial en Alemania se prueba primero aquí. “Si funciona en Hassloch, lo hará en el resto del país”, asegura una directiva publicitaria

Llegamos a Hassloch después de conducir seis horas desde Berlín. Y la primera impresión es anodina. Hay poco que ver. Apenas algunas casas antiguas que han sobrevivido a las destrucciones bélicas; entre ellas, la perpetrada por soldados españoles en 1621 durante la Guerra de los Treinta Años. Un museo de historia local donde el legado de la comunidad judía ocupa un lugar preferente. Un mercadillo más bien desangelado con solo media docena de puestos. Un par de restaurantes de comida rápida: pizzas a cuatro euros, un kebab…  Al fotógrafo que ha realizado las imágenes del reportaje, berlinés y cosmopolita, le mosquea que el pueblo se llame ‘agujero del odio’, que es la traducción literal de Hassloch, y al principio se mueve por sus calles con cierta aprensión. “Tengo la sensación de que la gente nos mira”. Pero pronto ese recelo se disipa. Durante nuestros tres días de estancia seremos tratados con una mezcla de paciente amabilidad y curiosidad respetuosa. Nos invitarán a café, a tarta, a más café… Y pocos pondrán pegas a que les preguntemos. Están acostumbrados a ser cobayas de encuestas y sondeos.

Los primeros que se percataron del potencial de Hassloch como laboratorio de opinión fueron los directivos del Instituto de Investigaciones de Mercado (GfK) de Núremberg, que instalaron allí su base de operaciones en 1985. Cada lanzamiento comercial en Alemania se prueba primero en Hassloch. Unos 3500 hogares participan en los ensayos. Los vecinos disponen de unas tarjetas electrónicas que registran sus compras. Y en la televisión por cable local se emiten anuncios especiales del producto en cuestión. “Si funciona en Hassloch, lo hará en el resto de Alemania”, me cuenta la directora de GfK, Bettina Bartholomeyzik.

Las bicicletas se aparcan delante de las tiendas sin ponerles candado. Las calles están inmaculadamente limpias y cada vecino barre la porción de acera que le corresponde. Se ven muchos ancianos, pero hay que tener en cuenta que unas 3000 personas cogen el coche para desplazarse a las industrias de los alrededores. Y el resto se ocupa de sus huertos de espárragos y lechugas y de sus granjas de faisanes, gansos y caballos. La tasa de paro es del 6 por ciento. El fotógrafo ha alquilado un salón en el centro de cultura municipal y monta allí su estudio. Regateó el precio. Le pedían 400 euros, pero al final lo ha conseguido por la mitad. El Ayuntamiento está en números rojos; debe casi tres millones y hay que rentabilizar como sea las instalaciones. Así que 200 euros es mejor que nada.

En otro de los salones se celebra una fiesta de una asociación de aficionados a la horticultura; la mayoría, septuagenarios. Uno de ellos, Boto Kison -de 77 años-, fue director de operaciones comerciales en BASF, la compañía química más grande del mundo, ubicada a 25 kilómetros del pueblo. “Tenemos los mismos problemas que en el resto de Europa. Los ayuntamientos, las autonomías y los gobiernos tienen sus cuentas en rojo. Yo soy muy partidario de la Unión Europea, pero empiezo a tener dudas. Como nación exportadora, Alemania se ha aprovechado mucho del euro. Pero la disciplina en la economía es lo más importante. Y vemos que algunos países no han sido responsables ni disciplinados. Y Alemania no puede solucionarlo todo, porque también tenemos que preocuparnos de lo nuestro”, dice. Y se marcha con prisa después de un vigoroso apretón de manos. Pero vuelve pasada una hora porque quiere “puntualizar un par de cosas”. Se le nota dolido.

“A la señora Merkel le echan la culpa de todo en los países del sur; hasta la tachan de nazi. Y es injusto. Hace veinte años que los alemanes hacemos nuestros deberes. Y eso salvó nuestra industria y consiguió que la economía fuese competitiva. En BASF había 6000 personas de este pueblo trabajando, ahora son la mitad. La plantilla era de 55.000 empleados. Ahora solo hay 35.000. Hubo que despedir, prejubilar. Tuvimos que producir más con menos gente, ser competitivos. Y fue doloroso. Hubo que cerrar divisiones que no eran rentables. Por eso somos fuertes ahora, porque tomamos decisiones difíciles que implicaban sufrimiento. Pero no había más remedio para salvar la industria. Y, por eso, ahora en Alemania hay trabajo y en España la mitad de los jóvenes están parados”.

Así que Hassloch vota a Ángela Merkel. aunque hay excepciones. Matthias Seger, de 59 años, fue uno de esos obreros prejubilados en la reconversión de BASF y actualmente trabaja de conserje. “Merkel no sabe lo difícil que es sobrevivir con 700 euros, que es la prestación mínima por desempleo. Yo nunca había visto a gente buscando en los cubos de basura y ahora empieza a verse. [El fotógrafo me apunta que en Berlín la gente recoge botellas de plástico o cristal porque les devuelven 30 céntimos con cada envase]. Los políticos viven en otro mundo. Hay uno en Berlín que dice que con tres euros se puede comer todo el día e incluso ha publicado un menú. Debería darle vergüenza… El mayor problema que tiene Alemania aflorará en los próximos años. Y será la pobreza de los jubilados. No es mi caso, porque yo he ganado bastante: unos 4000 brutos, así que me quedará una pensión de 2000 euros. Pero hay muchos empleos muy mal pagados… Mucha gente que apenas ha cotizado. El Gobierno le dice a esa gente que suscriba un plan privado, porque con la pensión estatal no le va a llegar. En España piensan que los alemanes ganan mucho dinero, pero no es así desde la reunificación. Entonces cerraron muchas fábricas en el Este. Los sueldos empeoraron. Y ahora hay trabajos que se pagan a cinco euros la hora, algo increíble hace unos años. Muchos compañeros dicen que se vivía mejor con el marco alemán. Pero no creo que sea esa la cuestión. El problema es de competitividad de Europa. Mi primer ordenador me costó 4000 marcos. Ahorré durante un año para comprármelo. Ahora podría comprarme media docena con lo que gano en un mes. Pero antes todas las piezas del ordenador se fabricaban en Alemania o en Europa. Ahora vienen de China. Vale, importamos barato, ¡pero al precio de perder nuestros empleos!”.

¿Alguna conclusión después de oír a la gente de Hassloch? Alemanes y españoles vamos en el mismo barco, aunque eso también podrían decirlo todos los pasajeros del Titanic y solo se salvaron los que iban en primera. Por lo menos España cae simpática, algo de lo que los griegos no pueden presumir. Como resume la carnicera del pueblo. “Es mejor tener un final horroroso que un horror sin final”. Traducción: auf wiedersehen, Grecia. Los alemanes parecen menos reacios a echarnos un cable. Falta saber si la política de austeridad es un cable al cuello o la única salvación. Justo cuando nos marchamos del pueblo salta la noticia de que Merkel ha conseguido que las cajas de ahorros alemanas -cuya solvencia está en entredicho por activos tóxicos que algunos analistas cifran en 250.000 millones de euros- se libren de la vigilancia del supervisor único europeo.

BOMBEROS VOLUNTARIOS

Rainer Dietz, de 45 años, es, además, Empleado del ayuntamiento. Su hijo, Markus, de 18, estudia Formación Profesional, rama de Electricidad

“Los alemanes gastamos ahora menos dinero que antes. Se nota en la calle. Ahora, la gente es más agarrada. Y nosotros también lo notamos en los viajes. Hemos ido de vacaciones a España un par de veces, a Mallorca y Alicante. Eran otros tiempos. Actualmente vigilamos más el dinero, así que los viajes al extranjero se acabaron para nosotros y otros alemanes. Lo siento por los españoles, porque sé que lo están pasando mal y que el turismo es muy importante para ustedes. Pero tengo tres hijos y una exmujer. Y eso son muchos gastos. ¿Rescatar a España si lo piden? ¿Por qué no? Si lo hemos hecho con Grecia, habrá que hacerlo con España. Pero el problema es ver a quién le das el dinero. Si se lo das al Gobierno o a los bancos, como en Grecia, es como si te lo gastases en fuegos artificiales. Lo que hacen falta son créditos para las pequeñas empresas y no subir los impuestos para que las familias puedan comprar”.

JUBILADO

Boto Kison, de 77 años, Exdirector de operaciones comerciales de la compañía química BASF

“Temo por el euro. Si vemos que un país tan pequeño como Grecia causa tantos problemas y casi hace caer a la Unión Europea, un país tan grande como España puede provocar una catástrofe Si no hemos dejado que Grecia salga de la Unión, con más razón debemos procurar que no caiga España. Pero ustedes deben hacer sus deberes, los alemanes no podemos solucionarlo todo. El futuro de la Unión Europea depende de que ustedes y los italianos pongan su casa en orden. Si lo hacen, saldremos adelante. Nosotros hemos recortado sueldos.

“Me indigna que los españoles nos vean como los malos. ¡Hagan sus deberes!”

Desde que cayó el Muro y se abrieron los mercados, primero al Este de Europa y luego a Asia, no hay otra alternativa. Gracias a eso todavía somos potentes y exportamos. Pero si nuestra economía entra en recesión porque países como España, Italia y otros no pueden comprar nuestros productos, no podremos ayudar a nadie, ni siquiera a nosotros mismos. Nuestra fuerza son las empresas medianas. Las de menos de 500 trabajadores. Son las más creativas. Y se han aplicado el cuento. Por eso no entiendo que en España digan que somos los alemanes los que exigimos los recortes. Nosotros no tenemos la culpa. Y, además, tuvimos que hacerlos antes que nadie. Me indigna que en el sur nos vean como los malos”.

DEPENDIENTA

Miriam Rechner, de 46 años, trabaja en en una tienda de fotocopias

“Soy pesimista. Cuido mucho más el dinero que antes porque temo por el futuro. No creo que la situación en Europa vaya a mejorar. Y en España, tampoco. Los alemanes nos preguntamos por qué siempre tenemos que pagar. Pero vamos todos en el mismo barco y, si no lo hacemos, se hundirá. Quizá si todo se derrumba, la gente por fin se despierte. Antes éramos más solidarios, nos preocupábamos del vecino. Ahora vamos a lo nuestro. Tenemos que cambiar esa mentalidad”.

DIRECTIVA

Bettina Bartholo-Meyzick, de 52 años, es directora del Instituto de Investigaciones de Mercado (GfK)

“Llevo 25 años trabajando en Hassloch y he tenido ocasión de ver su evolución. Se vive bien aquí, sobre todo si comparamos la situación alemana con la española. Creo que la Unión Europea tiene un problema grave y es la gran diferencia que hay entre países pobres y ricos. Y la situación ha empeorado. Creo que el euro llegó demasiado pronto y sin meditar bien las consecuencias. No era una mala idea, pero se hizo muy deprisa y no todos estaban preparados. A la gente le preocupa la inflación y la caída de su valor. Ahora hay que ayudar a España, no queda otra”.

PROFESOR

Kurt Siebein, de 61 años, es Profesor de música y director del conservatorio

“Nací aquí y lo que más me gusta es el tejido social. Hay 110 asociaciones culturales, musicales, deportivas Ese espíritu colectivo es lo que mejor representa a Alemania. En las asociaciones se aprende a trabajar en equipo, a respetar las jerarquías. Se construye nuestra forma de ser. Pero la crisis se nota. Este año nos han recortado el presupuesto en 10.000 euros en la escuela. Ni creo que el caso de España es tan grave como el de Grecia ni que la corrupción esté tan generalizada. España está más integrada en la Unión Europea. Somos socios. Si Alemania quiere vender sus productos, necesita países que los compren. Y España es un gran cliente y viceversa. Un mercado común necesita que las mercancías circulen. Somos un país exportador. Producimos más de lo que necesitamos, por lo que nos interesa que los trabajadores españoles, italianos o portugueses ganen dinero para que puedan comprar nuestros productos”.

CONSERJE

Matthias Seger, de 59 años, es exempleado de BASF y trabaja de conserje

“Yo creo que haya futuro para la Unión Europea. ¿España? Es muy grande para rescatarla. Además, las ayudas a Grecia no están funcionando. De hecho, son un error. El dinero se presta con tantas contrapartidas que la economía griega jamás podrá recuperarse. Ahorrar hasta límites exagerados es un suicidio. Grecia habría capeado el temporal mucho mejor fuera de la Unión. Deberían estar fuera y volver a su moneda. Sería mejor para ellos. Sé que los bancos españoles necesitan dinero, pero los bancos han sido los culpables de la crisis en España y en todas partes. Jugaban a la ruleta. En Alemania también tenemos unos cuantos ejemplos de bancos rescatados. Si España kaputt, Alemania sufrirá. No solo porque muchos fondos de pensión alemanes compraron deuda española. Es una cuestión de tamaño. Lo de que los españoles son unos vagos es un mito. No sé en España, pero doy fe de que los que vienen aquí a trabajar se esfuerzan tanto como los alemanes“.