Son los especímenes más raros y bellos del mundo, un auténtico tesoro para los naturalistas. Pero no son reales. Se trata de reproducciones en cristal realizadas en el siglo XIX con un realismo y perfección que todavía admiran a los científicos. El Museo de Ciencias Naturales de Londres los expone en la actualidad y con ese motivo rescatamos su increíble historia y la de sus creadores. Leopold y Rudolf Blaschka.

¿Para quiénes las construían?Los Blaschka representaban organismos algunos, microscópicos con asombroso detalle. Eran encargos de instituciones, museos y universidades, que vivían una época de esplendor por el nacimiento de la ciencia moderna en el XIX. Estas piezas se convirtieron en herramientas de estudio para los alumnos. En la foto. una Pelagia, medusa de mar.ü

¿Cómo están hechas?Leopold Blaschka y su hijo Rudolf nacieron en Bohemia, una región alemana conocida por su dominio del cristal. Su familia era cristalera desde generaciones. Ellos desarrollaron una técnica única, el hilado de vidrio, que permitía construir detalles de cristal de altísima precisión y la cual se perdió con la desaparición de sus autores. En la foto. Anthopleura ballii, anémona de mar.ü

¿Solo hicieron animales marinos?Con 30 años, a Leopold le recomendaron un viaje por mar para curar una enfermedad respiratoria. Fue a los Estados Unidos y durante la travesía se dedicó a estudiar y dibujar animales marinos, sobre todo invertebrados. Le fascinaron. Pero empezó reproduciendo flores. El príncipe y botánico checo Camille de Rohan le encargó cien modelos de orquídeas en cristal. En la foto. Arenicola, gusano marino.

¿En qué basaban sus reproducciones?En 1863, para que su hijo Rudolf -de seis años- tuviese una mejor educación, los Blaschka se trasladaron a otra ciudad alemana. Dresde. Allí, el Museo de Historia Natural le encargó los primeros doce modelos de anémonas. Usaba como referencia dibujos de libros y sus propias investigaciones. En la foto Serpula contortuplicata, anélido marino

¿Por qué son tan exactas?La demanda de cristales Blaschka se disparó y, al mismo tiempo, sus propios estudios del mar del Norte, el Báltico, el Mediterráneo La familia llegó a instalar un acuario en su casa para mantener vivas especies y poder modelarlas con precisión. Cuando tenía veinte años, su hijo Rudolf se unió a su taller como asistente. En la foto. Chromodoris lineolata, gastrópodo.

¿Quién fue su mecenas?La Universidad de Harvard se interesó tanto por su trabajo que les ofreció un contrato en exclusiva en 1890. Durante diez años trabajarían solo para su museo elaborando sofisticados modelos de cientos de flores. Les pagaban 8800 marcos al año. Así, los alumnos de Harvard podían estudiar la flora de especies tropicales en cualquier época del año. En la foto. Sycon raphanus, esponja marina.

“MAKING-OF”

Dos magos del cristal

Desde niño, Leopold Blaschka (foto de arriba) mostró dotes artísticas. Comenzó haciendo ojos de cristal para los taxidermistas, pero pronto se dedicó a objetos más sofisticados. Puso su amor por el detalle y la belleza al servicio de la ciencia. Su hijo Rudolf ahondó aún más en la parte científica, pero estaba igualmente obsesionado con la perfección, hasta el punto de fabricar vidrio con su propia fórmula. Rudolf participó en varias expediciones. Durante uno de esos viajes, en 1895, murió su padre. Él continuó trabajando solo hasta los ochenta años. Ni él ni su padre tuvieron aprendices, y Rudolf no dejó sucesor. Con ellos murió el secreto de su arte.