El país más pobre de Amrica del Sur ha reducido su mortandad infantil en un 45 por ciento en cinco años. No han sido los políticos, si no la labor callada y eficaz de Unicef. Una experiencia que ha dado la vuelta al mundo. Cada hora, treinta nuevos bebés saben que tienen un futuro

Cien dólares hubiesen bastado. Es lo que cuesta el trayecto desde la localidad de Loma Alta, departamento de Pando, en pleno Amazonas boliviano, hasta el hospital más cercano, en Riberalta. Cien dólares y apenas una hora si se viaja en deslizador, una embarcación rápida. De haberlos tenido, el hijo de Katherine Arengui podría estar hoy vivo.

Tres días estuve en cama, retorciéndome de dolor durante el parto. Cuando nació, el pequeño quería respirar, pero no pudo , cuenta Katherine, quien se mueve siempre acompañada por uno de sus hijos, sordomudo. Hoy es concejala de Loma Alta, una comunidad de algo más de mil vecinos que en esta época se encuentran concentrados en la recolección de lo que aquí llaman ‘castaña’ la nuez de Brasil para nosotros. Katherine perdió aquella dura batalla, pero está dispuesta a seguir luchando. Y no está sola. Estamos en uno de los países más pobres de América (en muchas estadísticas, solo Haití queda en peor lugar); con diez millones de habitantes repartidos en una superficie que es el doble que la española. En 1990, la tasa de mortalidad infantil de menores de cinco años era de 121 por cada mil nacidos vivos. Una cifra que ha caído en picado hasta los 54 fallecimientos por cada mil nacidos vivos (en España ronda los tres por mil). La mortalidad de menores de un año ha caído en términos similares. La desnutrición crónica se ha reducido también desde aproximadamente un tercio de los menores de cinco años hasta el 21 por ciento.

Detrás de estas cifras hay un esfuerzo constante por mejorar la situación de los menores de edad en Bolivia. Un trabajo que lleva la firma de Unicef, aunque su logo se mantiene alejado de los focos. El Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia aplica una política de perfil bajo, especialmente desde el intenso conflicto del gobierno de Evo Morales con la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (Usaid). Nada que ver con Unicef, por supuesto, pero los responsables de la agencia de la ONU no estaban seguros de que el grueso de la población supiese diferenciar ambos organismos. Solución. ser discretos. La discreción, con todo, tiene mucho que ver con el método de trabajo de este organismo. Actúa convenciendo a las autoridades de la necesidad de invertir en salud, educación y todo cuanto afecte a los derechos de la infancia. Lo hace también colaborando en la formación del personal para nutrir los centros de salud; en los estudios necesarios para decidir las futuras políticas públicas primero y en la implantación de las mismas después; y, claro está, aportando fondos.

Una de las soluciones encontradas ha sido organizar las llamadas ‘brigadas de salud’. si la población no puede acudir hasta el médico, que sea él quien viaje hasta ellos. Estas incursiones pueden llegar a durar hasta dos semanas. Tres veces al año, un pequeño equipo médico parte hasta alcanzar las comunidades más remotas. Las más de las veces, la población de estas aldeas solamente recibe atención médica esas tres veces al año.

Sin embargo, no solo hay que convencer a las autoridades de que hay que actuar; también a una población que a menudo se muestra o se mostraba reacia a poner un pie en un centro de salud. Aproximadamente la mitad de la población boliviana es indígena. quechua y aimara principalmente, pero también chiquitana, guaraní, ese ejja Y la convivencia entre la medicina tradicional y la llamada medicina occidental no siempre es fluida. Algún veterano por aquí recuerda cómo hace veinte años, cuando acudían a los pueblos a vacunar a los menores, azuzaban a los perros para espantar al personal médico. Hoy es la propia población la que reivindica el derecho a recibir vacunas para sus hijos. Para lograrlo, ha habido que adaptar también los propios centros de salud, atendiendo a detalles como el color de las sábanas. El blanco es, para algunas comunidades indígenas, símbolo de muerte. ¿Quién querría tener a su hijo en un entorno que implica luto? El parto en casa sigue siendo una de las grandes amenazas a la supervivencia infantil y una realidad cotidiana, especialmente entre la población indígena. Para evitarlo, se trata de integrar a las parteras tradicionales en el centro de salud, que convivan y trabajen mano a mano con el médico local. Que este conozca las costumbres locales y conviva con ellas sin menospreciarlas. si la mujer rechaza la camilla de parto porque prefiere tener a su pequeño de cuclillas sobre una piel de oveja, que lo haga.

Otra dificultad frecuente es conseguir personal médico dispuesto a aceptar las duras condiciones de vida del medio rural de un país como Bolivia. No es fácil pasar de la ciudad a un campo donde a menudo no hay corriente eléctrica se utilizan generadores ni agua corriente. Así, el carismático doctor Coca a quien muchos conocen simplemente como doc llegó hace cinco años a la localidad de Ukumasi, en el altiplano boliviano. Para qué vamos a venir a su consulta si en apenas unos meses usted se marchará , le decía la gente cuando llegó. Y confiesa que era la idea que tenía en mente. Pero algo le hizo quedarse y poco a poco ha conseguido dotar al centro de salud de esta pequeña comunidad de unos medios impensables hace solo unos años. servicio odontológico, ecógrafos Todo ello en un oasis de plantas y juguetes para los más pequeños que sorprende al visitante. El objetivo asegura es conseguir que los niños y sus madres vengan contentos hasta aquí . Ha conseguido eso y mucho más. Hoy es una referencia en el pueblo; pero confiesa que algún día, quizá no muy lejano, él también se verá obligado a emprender la marcha.

¿Y después? Nadie es imprescindible si se planean bien las cosas. Ni siquiera Unicef, que elabora sus proyectos de tal manera que, una vez que la agencia se retire o pase a segundo plano, todo lo conseguido hasta la fecha siga su curso. es la implicación de la autoridad local a nivel estaregional la que asegura la continuidad de cada proyecto. Aunque se muestran preocupados. en estos tiempos de crisis, el presupuesto para ayuda internacional ha caído en picado. En España, por ejemplo, los fondos de ayuda a países en desarrollo han disminuido un 74 por ciento desde 2011. Este dinero salva vidas. Diecinueve mil menores de cinco años mueren cada día por causas que se pueden evitar.