Michael Douglas ha vuelto. Y lo ha hecho por la puerta grande. Su primer trabajo tras sufrir un cáncer de garganta se titula ‘Behind the candelabra’ y ha logrado emocionar en Cannes. Poco antes, hablamos con él en su casa de Nueva York.  Por Lynn Hirschberg 

“En una escena de sexo, una vez que das el primer beso lo demás viene rodado. Lo más difícil es convencer al espectador. No sé cuánto tiempo ha pasado desde la última vez en que usted cometió un asesinato o le voló la tapa de los sesos a alguien, pero el sexo lo practica todo el mundo; esta misma mañana incluso… Así que todo quisqui tiene una opinión muy clara sobre cómo hay que hacerlo”.

El día es muy soleado, y la luz entra a raudales por las ventanas. El entrevistado se encuentra a contraluz, y el brillo de su cabello plateado contrasta con sus ropas oscuras. “A Liberace le volvía loco el sexo -afirma Douglas-, y la verdad es que a mí tampoco me disgusta”. La nueva película de Douglas, Behind the candelabra, narra la vida del pianista Liberace, el artista con mayor éxito en Las Vegas durante los setenta -cuando llegó a ganar hasta 400.000 dólares por semana-, y supone el regreso del actor después de un largo paréntesis: en los últimos años, a Douglas le diagnosticaron un cáncer y su hijo mayor fue encarcelado.

“Estábamos a punto de empezar el rodaje de este filme cuando me diagnosticaron un cáncer. Hubo que posponerlo todo un tiempo”, apunta. Desde 2010, Douglas llevaba casi un año sintiéndose mal. “Sabía que algo no iba bien. Tenía unos dolores de muelas tremendos. Creía que era una infección. Fui a mi otorrino y al dentista. Uno y otro me recetaron antibióticos. Regresé, y me dieron más antibióticos, pero yo seguía con dolores. Un amigo me sugirió que fuera a ver a su médico en Montreal. El doctor canadiense me pidió que abriera la boca, echó mano a una espátula para retirarme la lengua y me miró a fondo. Nunca olvidaré la expresión en su rostro. ‘Vamos a tener que hacer una biopsia’, dijo. En la base de mi lengua había un tumor del tamaño de una avellana que ningún otro médico había visto. Me hicieron la biopsia y dos días después me citó en su consulta. Me dijo que tenía un cáncer de cuarto grado. ‘¿De cuarto grado ? ¡Por Dios!’, musité. Y eso fue todo”.

Tras el diagnóstico se sometió a un programa intensivo de ocho semanas de quimioterapia y radioterapia. La radioterapia le quemó el interior de la boca, y comer se tornó en algo casi imposible. “Si te alimentas por un tubo, no tardas en perder la capacidad de tragar. Así que me recomendaron que intentara comer por todos los medios, y nunca me entubaron. Perdí 20 kilos”. El actor hace una pausa. “Es la vida. Las cosas me habían ido muy bien hasta entonces y, supongo, había llegado el momento de que el karma cambiase”.

Antes de enfermar, Douglas había terminado dos películas: Wall Street. el dinero nunca muere (la secuela de Wall Street) y El hombre solitario, un filme independiente. A pesar de su estado, decidió participar en la promoción de ambas producciones y, tras la primera semana de radioterapia y quimioterapia, apareció en un programa televisivo, donde reveló su problema médico con absoluta naturalidad.

En un momento de la entrevista, el periodista comentó que tenía buen aspecto, a lo que Douglas contestó. “Es porque estoy actuando. Como mi padre solía decir. ‘Hijo, uno siempre ha de tener buena pinta, nunca se sabe si vas a tener un cáncer'”.

Una de las claves de la personalidad de Douglas es su valentía ante situaciones complicadas. Es un hombre hecho a la antigua, de esos que afrontan los problemas de cara y hace lo posible por no clarear sus angustias. “La enfermedad la pasé tumbado en ese sofá -dice, señalando un diván verde oscuro-. Veía muchos deportes, cualquier cosa cuyo final no estuviera claro”. Pregunto si echaba en falta el trabajo. “Sí, pero me sentía demasiado débil como para añorarlo mucho. Tenía un cáncer de nivel cuatro, y el nivel cinco es la muerte. Me había estado quejando durante nueve meses sin que los médicos encontraran nada… ¡y un mal día me dijeron que tenía un cáncer de cuarto grado!”.

En 2011, concluido el tratamiento, Douglas acudió a la entrega de los Globos de Oro, a los que estaba nominado. Al subir al escenario, el público lo ovacionó en pie. Estaba espeluznantemente flaco. Cuando la gente dejó de aplaudir, Douglas dijo: “Tiene que haber una forma más fácil de conseguir una ovación”. Del público llegaron risitas nerviosas, pero lo cierto es que vencer a la muerte es un buen paso para que Hollywood vuelva a tenerte en cuenta.

“El cáncer te rejuvenece. Antes nunca me preocupaba qué película iba a hacer a continuación. Ahora siento que es magnífico volver al trabajo. El cáncer ayuda a ver las cosas de otra forma… Y la gente, de pronto, se acuerda de ti y quiere volver a verte en la pantalla”.

La entrevista tiene lugar en el piso que Douglas posee en Nueva York. Aquí vivió con Diandra y con el hijo de ambos, Cameron, durante una década, y tras el divorcio han residido Catherine Zeta-Jones, él y sus hijos.

Douglas echa mano de su iPhone. “Mire” , dice. Acaba de llegarle un eufórico correo electrónico sobre su próxima película, Last Vegas. La proyección de prueba ha tenido mucho éxito. Michael Douglas parece sorprendido. “Me cuesta entusiasmarme. He pasado por una muy mala racha, pero la situación empieza a mejorar“.

“Mi hijo sufre un problema de adicción desde los 13 años. cuando recayó la última vez, tuve ganas de estrangularlo, pero lo sigo queriendo”

Douglas está a la espera de otra noticia. Cameron, de 34 años, está en la cárcel por tenencia y tráfico de drogas. La sentencia ha sido recurrida, y el actor vive pendiente del veredicto final. Cameron estaba en prisión cuando le diagnosticaron el cáncer, y Douglas sospecha que el estrés provocado por la terrible situación de su hijo exacerbó la enfermedad.

“Cameron sufre un problema crónico de adicción desde que tenía 13 años -explica sombrío-. A esa edad lo expulsaron de la escuela por vender marihuana. Es un chaval estupendo y con mucho talento al que quiero con locura, pero, cuando hace ocho años se enganchó a la heroína, la situación se volvió imposible. Se chutaba hasta siete veces a Yo sabía lo que pasaba. Cameron tenía una pequeña asignación mensual para sus gastos normales, pero no le alcanzaba para inyectarse tanto. La adicción le estaba costando unos cinco mil dólares por semana y, para pagarse el hábito, empezó a traficar con cristal, la droga más asquerosa que hay. Por entonces ya estaba siendo investigado por la DEA. Los agentes finalmente lo detuvieron en una redada antidroga. Le dieron a escoger entre una condena de diez años o cooperar en la investigación. Lo primero que hizo fue llamarme y pedirme la opinión. Le dije que lo mejor era que cooperase. Eso de dar nombres está muy mal visto en el mundo de la droga, pero todos terminan por hablar. Es mejor que ir a la cárcel”.

A partir de ese momento, la historia de Cameron se torna en pesadilla. Sometido a arresto domiciliario, hizo que su novia le trajera heroína, que resultó confiscada. Antes del juicio, uno de sus abogados le pasó de matute un frasco con Xanax, un fuerte sedante con el que se estaba automedicando. Estas dos faltas redundaron en su contra y fue condenado a cinco años de reclusión en una prisión federal en Pensilvania. Cuando iba a someterse a un programa de desintoxicación, tuvo una recaída. En una muestra de su orina encontraron restos de opiáceos, y la Policía le confiscó Suboxone, otro medicamento muy fuerte. El juez fue implacable y agregó cuatro años y medio a su condena. Considerado un preso difícil, fue recluido en confinamiento solitario durante once meses, y sus familiares tuvieron prohibido visitarlo durante dos años.

“De ser un padre muy decepcionado pero que quería mucho a su hijo, he pasado a considerar que la justicia no es igual para todos. No estoy defendiendo que Cameron se drogue o trafique, pero creo que su apellido hizo que los jueces quisieran hacer un escarmiento público”. El actor hace una pausa. “En su momento tuve ganas de estrangularlo. Cuando tuvo esa recaída, faltaban solo dos semanas para que empezara el programa de desintoxicación. Pero quien lleva años chutándose termina desquiciado por completo”.

Douglas cree que en su familia hay una propensión genética a las adicciones. Su hermanastro Eric murió de una sobredosis; su hermano, Joel, tuvo problemas de alcoholismo; y el propio Douglas se sometió a una desintoxicación en 1992. La prensa aseguró que se trataba de una adicción al sexo, pero el actor insiste en que era fatiga nerviosa combinada con abuso de alcohol. “Fue justo después del estreno de Instinto básico y la gente decía que mi problema era una adicción al sexo por la película. Pero lo que pasaba era que me sentía deprimido tras la muerte de mi padrastro, al que estaba muy unido. Fue una época muy mala”. Catherine Zeta-Jones recientemente ha ingresado en una clínica para someterse por segunda vez a un tratamiento de su trastorno bipolar.

Douglas no cree que estos problemas se deban a los peligros de la fama. “Tampoco defiendo que haya que ser fuerte siempre en la vida. No es mi mentalidad”. Le recuerdo que una vez me dijo que su principal motivación era la venganza, que cuando estaba luchando por sacar adelante la producción de Alguien voló sobre el nido del cuco soñaba con el día en que le pasaría el éxito por la cara a los escépticos. El actor se ríe. “Ha pasado mucho tiempo. Aunque es verdad que sigo siendo de armas tomar”.

“Mi primer beso lo di a los 11 años. La chica me dio un morreo con lengua. ¿Qué era esa especie de serpiente en mi garganta?

Hasta que ingresó en la universidad, en 1963, Douglas nunca había pensado ser actor. Sus padres se divorciaron cuando él tenía siete años, y de niño creció en Westport (Connecticut) con su madre y su padrastro. Durante los veranos solía visitar a su padre, pero muchas veces ni lo veía por estar de rodaje. “El bachillerato lo estudié en Los Ángeles -recuerda-. El primer beso lo di a los 11 años. La chica tenía 13, medía un metro setenta y me pegó un morreo con lengua. ¡Nadie me había hablado de eso! ¿Qué era esa especie de serpiente en mi garganta?” .

En la universidad, Douglas se convirtió “en un hippy” y pensó que Arte Dramático era una salida cómoda. “Mi padre se portó muy bien y vino a ver todas mis obras. Yo lo hacía fatal y tenía un miedo escénico de campeonato. Hasta que un día hice de protagonista y me soltó. ‘Hijo, lo has hecho pero que muy bien'”.

En 1972, Douglas fue escogido para aparecer en la serie Las calles de San Francisco como el policía novato compañero de Karl Malden. “De pronto, me convertí en famoso por mí mismo. Los hijos de las estrellas de Hollywood no lo tienen fácil. De ellos se espera que tengan mucho éxito, pero no suele ser así. Somos muy pocos los que lo hemos logrado. Jane Fonda, yo… Lo bueno y lo malo de pertenecer a la segunda generación es que no te haces muchas ilusiones. Siempre tuve claro que esto es un negocio. Puede ser maravilloso, pero un negocio” .

Desde hacía años, Kirk Douglas tenía en su poder los derechos de adaptación al cine de la novela Alguien voló sobre el nido del cuco. Kirk había encarnado al protagonista en la versión teatral en Broadway, que no tuvo éxito, y estaba empeñado en llevar el libro al cine. Frustrado, ya barruntaba vender los derechos cuando Michael le pidió intentarlo por su cuenta. “Trabajé cinco años en el proyecto. Y cuando logré tenerlo a punto, mi padre ya estaba mayor. El director, Milos Forman, creía que no era el protagonista adecuado. Hablé con mi padre y le dije. ‘La buena noticia es que vamos a rodar el filme. La mala, que el papel es para Jack Nicholson’. Fue el momento más difícil de mi relación con él. Se lo tomó a mal, y lo entiendo”. Por suerte, la película tuvo un éxito descomunal: recaudó más de cien millones de dólares y ganó cinco Óscar. Michael, de pronto, era un gran productor. “Recuerdo que, tras los Óscar, me dije que todo iba a empezar a ir cuesta abajo. Insistía en decírmelo no porque lo creyera, sino por si acaso, para que el resto de mi existencia no fuera una decepción constante”.

Douglas pasó varios meses viajando para promocionar el filme. “Todo el mundo está encantado contigo cuando tienes 31 años y un Óscar”. Pero nadie lo quería como actor. Así que empezó a producir películas en las que hubiera buenos papeles para él. En El síndrome de China interpretó a un apuesto cámara de televisión. En Tras el corazón verde encarnó a un guapo aventurero. “En 1984 produje Starman, y los del estudio me obligaron a que Jeff Bridges hiciera de protagonista. No querían darme el papel”, recuerda. Lo que le ofrecieron fue la dirección de dos estudios: Warner y Disney, pero Douglas dijo que no. “Yo quería actuar”, subraya.

Todo cambió en 1987. Atracción fatal y Wall Street se estrenaron con cuatro meses de diferencia. En ambas interpretaba a un personaje dudoso. Su padre siempre le había animado a hacer papeles de malo. “Harías un asesino estupendo -le decía Kirk-. Tienes encanto, pero en el fondo eres un cabrón”. Kirk estaba equivocado: incluso cuando hacía de malo, Michael no dejaba de resultar atractivo para el espectador. Gordon Gekko, el personaje que interpretaba en Wall Street, fue concebido como un ser detestable, pero el carisma de Michael provocó que muchos lo adoptaran como modelo en la vida. “Cada vez que salgo de noche, aparece algún fulano de Wall Street borracho que me abraza y me dice que soy su héroe” , explica.

Tras el rodaje de Atracción fatal, Douglas se dio cuenta de hasta dónde llegaba su capacidad de seducción para los espectadores. Así lo recuerda: “Durante la primera proyección de prueba, el público rompió a reír cuando vuelvo al hogar familiar después de mi escapada nocturna y revuelvo las sábanas de la cama de matrimonio para que parezca que he estado durmiendo en ella. El productor se giró hacia mí y exclamó: ‘¡No puedo creerlo! ¡Ya te han perdonado la cana al aire… !'” . El actor sonríe. “En ese momento me pregunté hasta dónde podía llegar sin dejar de camelarme al público…”.

Pocos días después de esta charla, Michael Douglas recibe dos nuevas noticias: la apelación de su hijo Cameron para reducir su condena es rechazada, y el festival de Cannes anuncia que Behind the candelabra va a competir por los premios. Como de costumbre, Douglas no pierde la calma. Se siente triste pero no sorprendido por la confirmación de la condena de Cameron; orgulloso pero no sorprendido por el interés por Candelabra. Durante el lapso transcurrido entre los tratamientos para el cáncer y el inicio del rodaje de la película sobre Liberace, Douglas se sumergió en el personaje. Existía el gran peligro de que la historia de Liberace se convirtiera en una sucesión de amaneramientos. Pero tanto Soderbergh como Douglas estaban interesados en hablar de algo que para ellos tiene gran valor: la profesionalidad y el compromiso que representa lo mejor de Hollywood. “Liberace trabajaba como una bestia -afirma Douglas-. Mi padre lo pasó muy mal al ver la escena de la película en la que estoy agonizando. Estuvo a mi lado durante mi enfermedad y fue muy duro para él. Tras verme morir en la pantalla, se quedó más bien callado”. Douglas se detiene. “Mi padre tiene 96 años, pero sigue siendo un hombre muy competitivo. Yo siempre le estoy gastando bromas y le digo que suelte el legado de una maldita vez. Los padres y los hijos… Igual tienen ganas de estrangularte y, sin embargo, siguen queriéndote. No suele suceder en otras relaciones”.

PRIVADÍSIMO

  • El mejor año de sus más de 40 de carrera fue 1998. cobró 20 millones de dólares por rodar The game y otros tantos por Un crimen perfecto.
  • Tiene dos Óscar. Uno como actor por Wall Street y otro como productor por Alguien voló sobre el nido del cuco.
  • Su noviazgo con Diandra Luker duró seis semanas. Su matrimonio se prolongó 23 años y el divorcio le costó 45 millones de dólares.
  • Diandra ha pedido la mitad de sus ganancias por la secuela de Wall Street. Aduce que la original la rodó estando casados.