Es el gran maestro del cine italiano. Con ‘Cinema Paradiso’ consiguió la insólita proeza de poner de acuerdo a jurados, críticos y público y, desde entonces, el director es una de las voces más reputadas de la conciencia de su país. En lo más crudo de la crisis, Tornatore regresa con una nueva película, ‘La mejor oferta’, y con su amargo y desesperanzado discurso político intacto. Razones tiene

Giuseppe Tornatore recibe a ‘Xlsemanal’en su oficina del distrito romano de Parioli, una de las zonas más exclusivas de la capital italiana. Viste con un traje azul de corte impecable, camisa de popelín, discreta corbata a juego y pañuelo de seda asomando por el bolsillo de la chaqueta. Lo primero que hace es disculparse por su atuendo, tan formal, y se explica. viene de encontrarse, junto con el resto de los candidatos a los premios David de Donatello -los máximos galardones del cine italiano-, con el presidente de la República, Giorgio Napolitano. Esa misma noche, pocas horas después del encuentro, Tornatore triunfará en los Óscar del cine transalpino llevándose seis estatuillas, incluidos los premios al mejor director y a la mejor película. La responsable es La mejor oferta, su último largometraje, que ha estrenado en España el 5 de julio.

XLSemanal. Dicen que La mejor oferta no es la película más ‘estilo Tornatore’. ¿Está de acuerdo?

Giuseppe Tornatore. Hay quien lo dice y yo, como no sé cómo tomarme el comentario, ante la duda, lo interpreto como un cumplido [ríe]. No sé si hay un estilo Tornatore; y si lo hay, yo no lo conozco. Pero quien piense que no responde a mi estilo deberá reconocer que tampoco lo hacen otros filmes míos. Una pura formalidad, por ejemplo, no se parece en nada a Cinema Paradiso.

XL. En su película hay un enfrentamiento generacional. Ese debate está muy presente en Italia, donde parece que al final siempre domina la gerontocracia.

G.T. Depende del punto de vista. Yo miro con esperanza a tantos jóvenes que, a pesar de las dificultades de este momento, luchan con insistencia por hacer realidad sus proyectos. Me hace pensar que, al final, podrán vencer.

XL. ¿No teme que ante la situación actual pierdan la esperanza?

G.T. Mi generación es la primera desde la guerra que sabe que a sus hijos les va a ir peor que a ellos. Y claro que existe el riesgo de que se pierda la esperanza. Muchos jóvenes se ven obligados a emigrar, aunque esos al menos tienen la fuerza para hacerlo y no se conforman. Pero hay otros que no tienen esa energía; esos me preocupan más Vivimos un periodo en el que no podemos ofrecer a los jóvenes aquello que nos gustaría.

XL. Y como padre, ¿cómo vive esta situación?

G.T. Yo tengo una hija pequeña, de diez años. Y estoy muy preocupado porque me pregunto en qué mundo vivirá. ¿Habremos superado dentro de una década este momento oscuro? ¿Estaremos igual? ¿Peor?

XL. ¿Y cómo está Giuseppe Tornatore? ¿Esperanzado?

G.T. [Sonríe]. Siempre nos dicen que el año que viene irá mejor, pero luego la recuperación se aplaza hasta dentro de dos años más. Yo espero que llegue ese momento. Si no fuese así, sería un fallo de mi generación.

XL. ¿Siente que su generación es responsable de la crisis?

G.T. Durante años, nos hemos dejado llevar por la idea de que las cosas iban bien y de que siempre iba a ser así. Antes era fácil formar gobierno. Los partidos no estaban en crisis, se sentían reafirmados por los votantes, y al menos Italia era un país gobernable. En esa época se cometieron errores que estamos pagando ahora.

XL. ¿Nos equivocamos al no anticipar que estaba llegando un momento así?

G.T. Exacto. El error ha estado en quien estaba en condiciones de prever la que se avecinaba y prefirió hacer como si nada. La política ha mirado a corto plazo, no a largo. Y ahora le cuesta recuperar la confianza de la gente.

XL. En las últimas elecciones municipales, celebradas en mayo en Italia, la participación bajó del 80 por ciento hasta algo menos del 50. ¿Fue por esa falta de confianza?

G.T. Nunca había pasado algo así en Italia. Aquí, la participación siempre ha sido muy alta. un 70 por ciento nos parecía poco. Hay, por tanto, problemas que deben resolverse para recuperar el equilibrio que tuvimos en otras épocas.

XL. ¿Puedo preguntarle por el Movimiento 5 Estrellas de Beppe Grillo? La suya es una figura llamativa

G.T. No tengo mucho que decir. En principio podría parecer un movimiento de protesta [guarda un largo silencio], pero la fuerza del electorado que lo ha sostenido hacía pensar que podía ir más allá, que estaba en condiciones de proponer algo nuevo. Pero, hasta ahora, no ha sido capaz de aportar nuevos proyectos, ideas innovadoras. Sigue siendo un movimiento contra los partidos. Y eso puede generar una enorme desilusión a gran parte del electorado que lo ha apoyado.

XL. ¿Y eso está sucediendo ya?

G.T. Sin duda. Sus argumentos impactaron a una gran parte del electorado durante la campaña. Pero luego, cuando se trata de llegar a la fase concreta de propuestas, no ha habido nada. No me sorprendería que en menos de una década este movimiento solo se recuerde en los libros de Historia. Pero es algo que ha ocurrido cíclicamente en Italia, como cuando surgió el Movimento dellUomo Qualunque [Movimiento del Hombre Cualquiera, fundado en Roma en los años cuarenta por el periodista y dramaturgo Guglielmo Giannini]. No puedes basar una campaña electoral en pedir que se vayan todos los políticos a casa. Después acaba la campaña, obtienes el 25 por ciento de los escaños y ¿qué haces? ¿Sigues diciendo que se vayan todos?

XL. ¿Y Berlusconi? Usted celebró que se fuera, pero parece que está siempre en el centro de la vida política italiana

G.T. A Berlusconi se le atribuye más peso del que ahora mismo tiene en la polítaliana. los resultados de las últimas elecciones municipales han puesto en evidencia su caducidad. Muchos aún piensan que la situación actual es cosa suya, y es cierto que muchos de los problemas actuales se incubaron en los años del berlusconismo, pero es demasiado fácil echarle las culpas de todo. Debemos olvidarnos de Berlusconi y refundar un país que debe salir adelante.

XL. Hemos arrancado hablando de política En La mejor oferta llama la atención precisamente lo contrario. ha abandonado el discurso político de otras películas suyas.

G.T. Mi filmografía no es lineal, es zigzagueante. Me gusta cambiar, me divierte. Esta historia me encantaba; hacía años que la tenía en un cajón, hasta que un día maduró y se realizó por el gusto de contar una historia aparentemente muy sencilla, aunque con un trasfondo complejo. Pero debo decir que hay quien ha visto un significado político en esta historia

XL. ¿Ah sí?

G.T. Dicen que tiene una tendencia política justo en el juego generacional. Me ha llegado una carta donde dice que ahí hay un contenido político.

XL. ¿Y está de acuerdo con esa afirmación?

G.T. Yo no lo había pensado. Pero una vez que la película está hecha ya no es tuya, es del público, y puede interpretarla como desee.

XL. Aunque si hubiese que resumir la película en una palabra, diríamos que habla sobre el amor.

G.T. Absolutamente. La idea era contar una historia de amor como si fuese una película policiaca. No hay más. solo una historia de amor y un personaje que me encantaba. un hombre adulto que nunca ha sabido amar y que, por una experiencia grave, se transforma. Es una historia de amor no canónica.

XL. Habla a menudo de esos proyectos suyos que guarda en un cajón hasta que un día encajan las piezas

G.T. Es así. Tengo mi propia ‘maleta’ llena de juegos, de objetos, de cosas pequeñas, en las que trabajo constantemente. Unas veces sale algo que funciona; otras no, y lo vuelvo a meter todo en la ‘maleta’. Me gusta afrontar las ideas como si fuesen objetos que puedo modificar.

XL. Y se refiere a sus personajes como ‘marionetas’.

G.T. Sí. En el caso de La mejor oferta había una ‘marioneta’ que formaba parte de una historia. La ‘marioneta’ me gustaba. la historia, menos. Con otro personaje me pasaba lo mismo. Por divertimento hice interactuar a ambos personajes y nació una historia que funcionaba.

XL. Habla a menudo de la importancia del rol del productor

G.T. Son parte de nuestra profesión. Antes, para hacer un filme, hacían falta dos personas. el director y el productor. Hoy hacen falta, al menos, 15. el director, el productor, un coproductor, tres o cuatro distribuidores, un distribuidor internacional, dos o tres abogados

XL. ¿Echa de menos esa forma de trabajar más sencilla?

G.T. Echo de menos los tiempos en que hablabas con el productor, le contabas tu idea y, si lo convencías, se hacía.

XL. Un modo más artesanal de trabajar

G.T. Se ha perdido el sentido del productor como autor. Ahora solo se basan en cálculos económicos y a veces casi no importa que sea un proyecto bonito o no [ríe].

XL. Aunque a usted no le gusta el concepto de ‘cine de autor’.

G.T. Esa manía por las etiquetas ha hecho mucho daño al cine. Cuando se dice que una película es de autor, para muchos espectadores es como si les dijeras que se trata de un filme difícil que no merece la pena ir a ver. Y al revés pasa lo mismo. te dicen que no es una película de autor y entonces no vas a verla porque piensas que no será interesante. Pero todos los filmes tienen el mismo derecho a ser vistos.

XL. ¿Cuánto marca ser siciliano? ¿Qué huella deja?

G.T. ¡Muchísimo! Pero no porque sea Sicilia. Si has vivido los primeros 25 años de tu vida en un sitio, este condicionará el resto de tu existencia, se llame Sicilia, Cerdeña, España, Inglaterra o Rusia. Esos primeros años marcan tu forma de ver la vida; si eres feliz, triste, violento, pacífico Lo que recibes en esos años vuelve a salir.

XL. Lleva más de 20 años lejos de su isla. ¿La echa de menos?

G.T. Nunca me he ido del todo. Parte de mi familia aún vive allí y voy tan a menudo como puedo. Y, además, se han reducido mucho las distancias. Hoy, Roma y Palermo me parecen cercanas. abres la puerta y Sicilia está ahí.

XL. ¿Cuánto hay en usted de su padre, el sindicalista Peppino Tornatore?

G.T. ¡Todo! Está la parte del Peppino soñador, que quiere cambiar el mundo sin derramamientos de sangre gracias a la política; y está también el Peppino irracional que no se conforma ante la injusticia, que pierde de cuando en cuando la razón y que nunca deja de creer en las ideas y en la política. Y que cree, sobre todo, que nuestra vida depende de nosotros mismos y de ninguna otra persona. Esta fue la enseñanza más importante que recibí de mi padre.

XL. Es supersticioso, ¿verdad?

G.T. Tengo mis cosas [ríe]. Por ejemplo, no dejo que nadie vaya vestido de violeta al set de rodaje. ¡Sucede siempre algo terrible! Ni enseño un guion al productor un martes o un viernes. ¡Nunca! Ni empiezo un rodaje en esos días

XL. ¿Y el Óscar? ¿Lo tiene encerrado en un armario junto con sus decenas de David de Donatello?

G.T. Está en una vitrina en casa con otros premios. No me gusta exponerlos. Si viene alguien y me pide verlo, se lo enseño encantado. Pero no me gusta exhibirlo, me parece que se puede convertir en algo que modifica tu propia identidad.

XL. En La mejor oferta vuelve a contar con la colaboración de Ennio Morricone. ¿Cómo es su trabajo conjunto?

G.T. Trabajamos juntos incluso antes de empezar a rodar. Para mí, la música tiene que nacer con el guion. Él tiene infinidad de registros y los pone todos al servicio de la película. Además, yo no sé leer música. Yo hablo con él mediante alegorías, que él transfiere a su propio lenguaje. Así que yo mantengo mi código y él, el suyo. Nadie invade el territorio del otro.

Privadísimo

Tuvo una infancia modesta, pero feliz. Su padre, el sindicalista de la CGIL Peppino Tornatore, lo educó para que siguiera sus ideas. En su adolescencia se dedicó a la fotografía. Hacía reportajes para parejas y familias. Con su primer sueldo compró una cámara Super-8, un equipo de montaje y un proyector. Cuando asistía al Liceo Clásico, montó una compañía de teatro. Me fue muy útil dice, porque eso me hizo darme cuenta de que no tenía madera de actor . Vivió en Sicilia hasta los 25 años y, aunque ahora vive en Roma, adora su isla. Cuando no vivo en Sicilia, solo sobrevivo , asegura. No le gustan las comidas pesadas. No tomo espaguetis a mediodía; prefiero el pescado y la fruta , dice.