En España, seis mil personas sufren cada año alguna quemadura grave. Fumar en la cama, quitar el tapón del radiador del coche antes de tiempo, manipular aparatos eléctricos con los pies descalzos El 85 por ciento de los casos que atienden en esta unidad del hospital La Paz podrían haberse evitado solo con sentido común. Aquí luchan por salvarlos y para ofrecerles una nueva vida sin deformaciones y con dignidad.

El olor, el recuerdo del fuego quemando tu propio cuerpo, nunca se olvida. Si se vive para contarlo, claro. En la memoria del quemado, el hedor a carne chamuscada mantiene una fuerte presencia. Recuerdo el olor a churrascado, pasé varios días oliendo a quemado , recuerda Francisco del Hoyo 56 años y cuatro décadas de servicio en una freiduría, mientras dos enfermeras curan y lavan sus brazos, su rostro y su abdomen, fritos por aceite hirviendo pocos días atrás. A los pacientes, de hecho, les cuesta olvidar. No solo el hedor. El episodio completo que los llevó a una unidad de quemados hay nueve en nuestro Sistema Nacional de Salud suele permanecer fresco en su memoria. Ni siquiera el tiempo difumina los detalles de aquel día, admitiendo incluso la propia imprudencia; principal causa, de hecho, en la mayoría de los casos.

En España, más de 120.000 personas reciben atención médica cada año por quemaduras; unas 6000, las más graves, las que necesitan ingreso hospitalario, pasan por las unidades de quemados. En la del madrileño Hospital Universitario La Paz operativa desde 1965, reformada en 2006 y Centro de Referencia Nacional en ese ámbito, su responsable, César Casado, jefe del servicio de cirugía plástica, estética y reparadora del centro, dirige un equipo que el año pasado atendió más de 1000 urgencias por quemaduras. El 85 por ciento son por imprudencia; se evitarían si la gente tuviera más información y más sentido común, subraya Casado, miembro de la Academia Nacional de Medicina. Debería haber menos quemados de los que hay .

Hay quien se baña sin comprobar la temperatura del agua y se escalda la piel; quien manipula aparatos eléctricos enchufados a la red con los pies húmedos o en la propia ducha; hay quien abre la olla a presión antes de tiempo y le estalla en la cara; y quien quita el tapón del radiador al motor del coche cuando este está caliente, exponiendo rostro, tórax y brazos a un estallido de agua hirviendo; hay también niños que se acercaron demasiado a un fuego, a agua demasiado caliente, a aceite hirviendo o a un enchufe, y personas que, para reavivar una barbacoa o una chimenea no se les ocurrió nada mejor que lanzar un chorro de alcohol o gasolina a las llamas. Cuando llega uno por imprudencia, comenta Auxiliadora González, coordinadora de las 38 enfermeras de la unidad, con 24 años de experiencia, es mejor no decirle nada. Bastante tiene. Además, ellos mismos acaban por hacer la reflexión de su error .

Recuerdo a un paciente que sufrió dos veces el mismo incidente, añade Casado. Muchos te dicen. Es que sabía que me iba a pasar. Es que, a veces, uno está pensando en Dios sabe qué. Por ejemplo, todos los meses recibimos gente que está con respiración en su casa, se aparta la mascarilla o la gafa intranasal y, sin cerrar el oxígeno, enciende un cigarrillo y ¡pum! Se queman la cara y, si lo inhalan, también las mucosas digestiva y respiratoria. Muchos se mueren. También hay enfermos sin movilidad que fuman en la cama, se les quema el colchón y . . La crisis económica, por cierto, ha reducido el número de pacientes. Albañiles, fontaneros, soldadores, ferrallas; hoy llega menos gente por accidentes en la construcción subraya. Apenas hay quemaduras por cemento, cal viva o brea, frecuentes hace poco .

En sus cuatro décadas como cirujano plástico, Casado ha tratado todo tipo de quemaduras. Ha intervenido a heridos por bomba, productos químicos, descargas de alta tensión, lanzallamas, accidentes de tráfico, de avión En la unidad de quemados de La Paz se recuerda de forma especial el 20 de agosto de 2008, cuando 154 personas murieron al estrellarse el vuelo 5022 de Spanair. Los heridos, apenas ocho, fueron enviados aquí rememora Casado. Seis no llegaron vivos, una falleció esa noche y otra, tres días después . O el 11 de marzo de 2004, cuando todos los hospitales de Madrid se movilizaron para atender a los más de 1800 heridos de un atentado que segó la vida de 191 personas. No sé a cuántos atendimos, pero esos días nunca se olvidan , apunta la enfermera González. En todo caso, ni ella ni Casado se arrugan ante las brutales heridas que contemplan a diario. Lo que más me sigue impresionando es el olor confiesa el cirujano. Es una mezcla del olor del quemado, el de las cremas y de los gérmenes específicos de estos pacientes. Es algo que llevas siempre encima, hasta que te vas de vacaciones .

Curar a un quemado grave es laborioso. Es difícil darle por completo de alta destaca Casado. Suele volver para corregir secuelas funcionales, morfológicas o estéticas. Son tratamientos que no completas al cien por cien, hay cosas que nunca va a recuperar. Es imposible . Carlos Grima, por ejemplo, sabe que nunca va a recuperar los dedos de sus pies. Los perdió en 2002 tras sufrir un accidente de tráfico. Tras un fuerte impacto, su corazón se paró y el motor de su coche empezó a arder. Sufrió quemaduras por medio cuerpo, sobre todo en las piernas, envuelto en una nube de humo tóxico dentro del habitáculo. Tuve suerte afirma. Los bomberos llegaron rápido y una mujer que se detuvo me hizo una cánula y me reanimó allí mismo . Pasó diez días en coma, siendo sometido a dos operaciones. Ya consciente, vendrían tres más. Dejó la UVI de quemados de La Paz a los 46 días y recibió el alta dos meses después. Al final, todo es relativo reflexiona. No tengo dedos en los pies, pero camino sin problemas; uso medias de compresión porque al perder masa muscular la sangre no circula bien; tengo una marca en la cara; la mano, igual; y veo doble por diplopía, un problema en el nervio óptico, pero es que estaba muerto y ahora estoy vivo .Once años después, Grima rebosa optimismo. Trabaja en la misma empresa que esperó a su recuperación, se casó con su novia de entonces, decisión que tomaron en sus días en La Paz, y es padre de dos chicos, de siete y nueve años. En la playa, la gente te mira admite Grima, pero lo vas asumiendo. Mis hijos me preguntan cosas, pero nunca se avergüenzan de mí. ¿Acaso eres mejor persona por no tener cicatrices? .Se considera ‘gran quemado’ aquel que ingresa en la UVI al paciente que sufre quemaduras por llama, fuente eléctrica o química en más del veinte por ciento de su cuerpo, al que sufre problemas por inhalación de humo y también a quien tras la ingesta de algún fármaco desarrolla un cuadro agudo de pérdida de piel. Tenemos un diez por ciento que no sobrevive, lo cual nos da una tasa de mortalidad bastante baja, asevera el doctor Casado. Hay que tener en cuenta, en primer lugar, que la piel es la primera gran protección de nuestro cuerpo; si la perdemos, queda el campo libre para infecciones y fallos multiorgánicos. Y no es lo mismo una quemadura térmica que una química o eléctrica. Estas no solo afectan a la piel, pueden recorrer todo el cuerpo. músculos, nervios, huesos, órganos, cerebro, conducción eléctrica cardiaca Estos pacientes suelen llegar en parada cardiaca .

La gravedad de una quemadura depende de cuatro factores. profundidad, superficie afectada, agente causal y el propio paciente con la edad, por ejemplo, se reduce la capacidad regenerativa de la piel, y el organismo en general está más debilitado y su historial médico. A lo cual podría añadirse lo que Casado denomina el ‘factor social’. Un paciente curado, pero con marcas visibles de quemaduras en la cara o las manos ilustra Casado es un quemado cien por cien ante la sociedad, porque así lo ven los demás .Para el personal médico, explica Casado, lo primero es salvar la vida, después la función y, en tercer lugar, la morfología estética. Así se resume el camino de quienes, tras sobrevivir a una quemadura grave, ven marcada su vida, de cirugía en cirugía. Un mismo paciente puede someterse a 30 o 40 operaciones a lo largo de su vida explica el cirujano. Las más críticas son las tres o cuatro primeras, en las que se elimina el tejido quemado y, si la superficie afectada es muy extensa, cubrimos temporalmente con Biobrane, una malla sintética, o piel de cadáver mientras hacemos cultivos de su propia piel, ya que el quemado, a día de hoy al menos, necesita su piel propia. No sirve la de otra persona. Después, las siguientes operaciones son para ir corrigiendo secuelas, que pueden ser de lo más variado .

Esas primeras intervenciones son procedimientos extremamente delicados que ponen a prueba la resistencia del paciente. El olor a humo, a animal olvidado sobre el fuego, impregna el quirófano de la unidad, donde el cirujano y su equipo se esmeran en desbridar raspar la dura capa negra que cubre los brazos de un paciente que avivó una parrilla lanzando alcohol directamente desde una botella, al tiempo que le extraen piel sana para irle injertando. Su dermis ennegrecida, chamuscada, se ha convertido en una lámina necrótica que el médico retira hasta toparse con los primeros rastros de tejido. Entonces, la sangre brota de la superficie liberada antes de ser cubierta con capas de Biobrane.

Un quemado grave no aguanta que le desbrides toda la piel carbonizada de una vez, explica el cirujano. Necesita un descanso, porque él ya está en una situación delicada y el trastorno hemodinámico que le originas complicaría su evolución. Debes vigilar el pulmón, el corazón, el riñón, la temperatura, la tensión Si ves que se descompensa, el intensivista y el anestesista te dicen. Oye, acaba ya que lo está pasando mal. Yo, como cirujano, quiero llegar lo más lejos lo antes posible, pero no siempre puede ser, hay otras cuestiones en juego. Por eso se requieren varias operaciones . En algunos casos, alguien con quemaduras del 60 o 70 por ciento puede pasar en coma inducido alrededor de 40 días, llegando a completar hasta seis meses en la unidad. Una vez fuera del área de críticos, siguen siendo tratados en la unidad de la piel, dolores y férulas posicionales hasta recibir el alta. Después vienen a revisiones con mucha frecuencia para observar la evolución de las deformaciones y los vas operando, porque la cicatriz del quemado es evolutiva durante meses e incluso durante años .

-César Casado. Jefe de Cirugía Plástica, Estética y Reparadora del hospital La Paz. “Tratar a un quemado cuesta un dineral. En España somos afortunados”

Unidades de quemados como esta son un privilegio. Aquí salvamos vidas a diario, pero imagine si cada paciente debiera pagarse su estancia de meses, con enfermera, auxiliar e intesivista pendientes de él, ocho o diez cirugías, lo que gasta en medicinas y laboratorio Son cientos de miles de euros. No hay economía personal que se lo pueda permitir. En España somos afortunados de tener esta Seguridad Social .

-Gema Hassen-Bey, se escaldó el pie derecho con agua muy caliente en la bañera. “Cuando me recupere, me voy a subir el Kilimanjaro en silla de ruedas”

Tengo una lesión medular desde los cuatro años y sufro falta de sensibilidad. Me metí en la bañera con el agua ardiendo y me quemé. La gente como yo debemos tener cuidado con el calor, pero nadie te advierte de ello. Ahora voy a instalar un termostato. Primero vine a urgencias y me hicieron una cura, pero me fui sintiendo mal, no me dolía, claro, pero resultó que tenía una septicemia. La infección llegó a la sangre y me ingresaron en la unidad de quemados. Todo ha ido de maravilla. Mi vida es un reto tras otro. Desde niña supe que el mundo iba a ser difícil y nunca me he rendido. He participado en cinco Juegos Olímpicos, soy bronce en esgrima y, cuando me recupere, me voy al Kilimanjaro. Quiero ser la primera en ascender en silla de ruedas. Cuando me hablan de crisis, digo. ¿Qué crisis? ¡Yo llevo en crisis toda la vida! .

-María Jesús Díaz, se quemó la caradebido a UN escape de gas en su cocina. “Me ardió la cabeza. Fue horrible. Mi marido me puso un paño de agua fría”

Unos días antes, me habían cambiado la goma del gas. Yo había cocinado sin problemas, pero no sé si la goma estaba mal enganchada o se había movido, pero encendí la cocina, se había acumulado en el suelo y. ¡puuummm! No sé cómo, estiré la mano para cerrar la llave y me quemé solo la cara. Mi marido, con 91 años y sondado por un problema de próstata, me vio con la cabeza en llamas, me agarró por detrás y me puso un paño con agua fría. ¡Un dolor! ¡Terrible! En la Cruz Roja nos dijeron que debíamos ir a la unidad de quemados y me hicieron una cura mientras venía la ambulancia. He pasado varios días en la UVI y me operaron para quitarme todo lo quemado. Por suerte, no he necesitado trasplante de piel. Tuve suerte. De no haber apagado el gas, se habría incendiado toda la casa .