Los empresarios e inversores mexicanos han desembarcado en España. Haciendo honor a su fama, no lo hacen con discreción, pero en un país como el nuestro, necesitado de dinero, son recibidos con entusiasmo. ¿Quién mueve el oro azteca? Por Carlos Manuel Sánchez

España está en venta. Pero ahora, ¡ándale!, tiene quien la compre. El dinero está volviendo. Decenas de fondos extranjeros han aterrizado en busca de gangas.

Hay de todo. fondos buitre a la caza de despojos, pero también inversores a largo plazo. Desde Bill Gates a jeques cataríes, pasando por capital chino, ruso, fondos de pensiones y de capital riesgo. Una llovizna de 14.000 millones desde enero que empieza a compensar la fuga de capitales, que fue una auténtica estampida hasta no hace mucho. más de 200.000 millones en 2012.

La gran sorpresa la protagoniza México, cuyos empresarios han sido los primeros en volver a confiar en España. Como todos, están comprando barato, muy barato Pero, a diferencia de otros inversionistas más discretos, han irrumpido bravamente. ¿Alguien ha oído decir ‘esta boca es mía’ a alguien de Temasek, fondo de Singapur que ha inyectado 1036 millones en Repsol? Pero quién no se ha sobresaltado con la ‘tremenda balacera’ de Emilio Lozoya, director general de Petróleos Mexicanos (Pemex). Los disparos apuntaban a la cabeza de Antonio Brufau, presidente de Repsol. Y eso que son socios y aliados: “Cobra mucho, pero sus resultados son mediocres”. Lozoya ha forzado el acuerdo entre Repsol y Argentina sobre la nacionalizada YPF. La petrolera se conformaría con 3700 millones de euros (pedía 12.000). Pero estamos de rebajas De rebote, uno de los grandes beneficiados es otro mexicano, Carlos Slim, el hombre más rico del mundo (54.000 millones de euros), cuya inversión en el yacimiento argentino de Vaca Muerta queda a salvo de litigios.

Entre 1995 y 2005 fueron las empresas españolas las que invirtieron masivamente en México. Ahora, dicen, toca devolver el favor

Lo de Slim con España es un idilio. Todos lo cortejan. Y el magnate, gran amigo de Felipe González, no solo invierte en bienes tangibles, también en un intangible: el optimismo. “España ha tocado fondo y saldrá de la crisis en 2014”, augura. A sus múltiples intereses financieros, inmobiliarios y energéticos sumó el de un club de fútbol desahuciado, el Real Oviedo. Y todo por una broma telefónica. Un periodista de radio llamó a su yerno y mano derecha, Arturo Elías, haciéndose pasar por el exfutbolista Emilio Butragueño. Y le pidió ayuda. Lejos de molestarse, Slim compró acciones del club por valor de dos millones, salvándolo de la liquidación.

La economista mexicana Claudia Luna Palencia conoce bien a Slim. “No es impulsivo. Es alguien que se lo piensa diez veces antes de invertir el dinero. Solo lo hace cuando está seguro de que va a ganar”. Por eso la inversión en un club histórico, aunque venido a menos, es especial. Un gesto caballeroso. “Hay una corriente histórica de simpatía a España por parte de los mexicanos que se manifiesta sobre todo en épocas difíciles, como cuando se acogió a tantos exiliados republicanos tras la Guerra Civil. Y también hay lazos de sangre. El mismo Slim (con ancestros en Galicia), los Servitje (Grupo Bimbo) -de raíces catalanas- y otros muchos empresarios son originarios de España. Pese a 200 años de independencia y a que los mexicanos somos orgullosos, España sigue siendo la ‘madre patria’. Además, las empresas españolas invirtieron mucho en México, sobre todo de 1995 a 2005. Y ahora toca devolver el favor”.

No es solo un favor, también es una oportunidad. Son inversiones potentes. Como la del Grupo ADO, que ha comprado la empresa de transportes Avanza, con una flota de casi 2000 autobuses, por unos 800 millones. Sin embargo, Avanza no estaba ya en manos españolas; la controlaba un fondo británico. Es una pauta que se repite. La diferencia es que el dinero anglosajón (más especulativo) deja paso a capital, como es el mexicano, con pretensiones más duraderas. Es el caso de Bimbo. En 2001, Daniel Servitje Montull vendió la filial hispana por 900 millones a la firma estadounidense Sara Lee. Llegó la crisis; un ERE, cierre de plantas La recompró en 2011 por 115 millones. Negocio redondo, sí, pero ha seguido apostando por España a pesar de cerrar 2012 con pérdidas.

“España necesita inversores, no pelotazos -resume Javier Flores, analista de la Asociación Europea de Inversores-. Sería deseable que se tomasen medidas que permitiesen que la inversión financiera que llega a España de todas partes encuentre incentivos para llevar a cabo también inversiones productivas a largo plazo. Y más ahora que el Estado parece dispuesto a poner en el escaparate ‘pasteles’ como AENA, Loterías Y que todavía queda el grueso del ladrillo que vender por parte del Sareb (el banco malo)”. “Solo es el principio -vaticina Enrique de la Madrid, director del Banco Nacional de Comercio Exterior mexicano-. Es buen momento para invertir en España: es un mercado muy atractivo y los precios están muy por debajo de su valor natural. Creo que la crisis ya tocó suelo y que la economía solo puede ir a mejor. Espero más inversión mexicana”.

El ladrillo vuelve a ser atractivo para el gran capital. Moisés El-Mann ha comprado 300 oficinas del banco Sabadell de una tacada. A tocateja

Esa percepción positiva la comparte Rosendo Sainz-Trápaga, presidente de la Asociación Nacional de Fabricantes de Chocolates, Dulces y Similares de México. “Las medidas anticrisis están empezando a surtir efecto. The Economist habla de que España puede convertirse en la nueva Alemania, guardando las proporciones. Otros países importantes no se han tomado con tanta seriedad la lucha contra la crisis. Son medidas dolorosas, pero los españoles están siendo muy estoicos, muy hidalgos, y verán resultados. La disciplina es muy importante. La señora Angela Merkel no es tonta y su prioridad es mantener a raya la inflación, que es el impuesto silencioso, pero también sabrá aflojar algo para que la economía no se estanque”.

El interés por España es enorme, sobre todo ahora que el estado parece dispuesto a poner en el escaparate ‘pasteles’ como Aena y loterías

De momento, la Bolsa española se ha revalorizado un 20 por ciento. “Yo invertí en Banco Santander cuando las acciones estaban a 4 euros y pico. Y ya han subido un 50 por ciento”, comenta Sainz-Trápaga, que se considera inversor a largo plazo. “Invierto a cinco, diez años. Tengo acciones en Zardoya Otis, la empresa de ascensores. Mis amigos me preguntan por qué, si la construcción está parada. Pero yo les digo que en España se instalaron muchos ascensores y que hay que mantenerlos. Y eso hace que la empresa esté activa. Y cuando se empiece a construir de nuevo, habrá beneficios”.

Parece que España ya no es ‘radiactiva’, como dijo un empresario. Y el ladrillo vuelve a ser atractivo, al menos para el gran capital. Y en México, que tiene las cuentas macroeconómicas bastante saneadas, hay liquidez. Moisés El-Mann ha comprado 300 oficinas del Banco Sabadell de una tacada. A tocateja. En algunos aspectos, El-Mann recuerda a algunos reyes hispanos del ladrillo que arrasaron en la lista Forbes con la burbuja y volaron a otras tierras con el ‘pinchazo’, como Enrique Bañuelos Resulta, además, inquietante la presencia de fondos buitre, como Fintech, dirigido desde Nueva York por el también mexicano David Martínez, al que envuelve un halo de misterio. Se sabe muy poco de él, aunque rompió su silencio en Financial Times para alardear de que había participado en casi todas las reestructuraciones de deuda soberana de los últimos 25 años, desde América Latina a Rusia o Grecia.

España ha entonado un “Bienvenido, míster Moctezuma” porque necesita un empujón. Y quizá esté dispuesta a ciertas concesiones. Por ejemplo, la Agencia Tributaria abrió un expediente a la cementera Cemex, presidida por Lorenzo Zambrano. La multa. 450 millones. La inspectora que desestimó el recurso fue despedida. Cemex asegura que cumple con Hacienda, y el Gobierno español niega que exista trato de favor. ¿Todos contentos con el ‘oro azteca’? Unos más y otros menos Hace cincuenta años, un panadero de Alcoy creyó hacer el negocio de su vida. Había visto en una revista mexicana el logo y la marca Bimbo. Le gustaron y los registró en España. Cuando el Grupo Bimbo, líder mundial de la panificación, desembarcó en España allá por el año 1963, sus directivos se quedaron estupefactos. Su marca ya estaba patentada. Hubieron de desplazarse a Alcoy para negociar la cesión de derechos. Desembolsaron un millón de pesetas. Durante la comida que siguió a la firma del contrato, el panadero les comentó eufórico que se hubiera conformado con cien mil pesetas. Los negociadores mexicanos le confesaron que estaban autorizados a pagar hasta 12 millones.

ESTÁN EN TODAS PARTES

-ALIMENTACIÓN. A por el salami. El grupo Sigma, del empresario Armando Garza Sada, ha lanzado una opa (amistosa) de 700 millones de euros para hacerse con el control de la compañía de alimentos cárnicos Campofrío. La propiedad de la empresa aún está en manos de la familia Ballvé, aunque la firma china Shuanghui dispone ya del 37 por ciento de sus acciones.

-INMOBILIARIO. El rey del ladrillo. El fondo de inversión Fibra Uno, controlado por Moisés El-Mann, promotor de urbanizaciones turísticas y centros comerciales, se ha convertido en el nuevo casero de Banco Sabadell tras comprar 278 oficinas por 300 millones. Esta red de oficinas pertenecía ya a un fondo británico.

-ENERGÍA. El petrolero amotinado. Emilio Lozoya, director general de Pemex -socia de Repsol-, puso en la picota a Antonio Brufau, el presidente de la petrolera española, por su excesivo sueldo (5 millones anuales) en vísperas del acuerdo con Argentina por YPF. En el fondo subyace el interés de ambas compañías por el yacimiento argentino.

-BANCA. El “zopilote” misterioso. David Martínez dirige Fintech, un fondo buitre que controla el 5% del Banco Sabadell. Entre sus ‘gestas’, renegociar la deuda de Brasil. Por su gestión, de dos horas, ganó 30 millones de euros. Vive en Londres y no hay fotos de él; solo un borroso perfil extraído de una cita con Néstor Kirchn.

-OCIO. Salvando a “Pocoyó”. Miguel Valladares, propietario de un holding de comunicación, ha salido al rescate de Zinkia, la productora de Pocoyó, en preconcurso de acreedores. Valladares es ahora el segundo accionista de Zinkia. Hace tres años ya invirtió en la compañía con intención de ‘enderezarla’.

CLAUDIA LUNA PALENCIA

“El empresario mexicano tiene aversión al riesgo. No se la juega”

Economista y periodista mexicana afincada en España desde 2006. Dirige la revista ‘Conexión Hispanoamérica’.

XL. ¡Que vienen los mexicanos!

C.L.P. Sí, sí. Antes eran las empresas españolas las que iban a México, ahora se han vuelto las tornas. Es una cuestión de oportunidad, pero también de simpatía mutua. España es el segundo socio comercial de México, tras EE.UU.

XL. ¿De dónde sale el dinero?

C.L.P. México es la segunda economía latinoamericana. Tenemos unas reservas de divisas muy altas, la deuda bajo control, buenos ingresos de las industrias energética y automotriz, y remesas que llegan de los emigrados en los EE.UU. Esos dólares han permitido la expansión de la clase media.

XL. ¿Pero las pymes mexicanas invierten en España?

C.L.P. De momento no, solo las grandes corporaciones. Estamos al inicio de un ciclo. La inversión aún es tímida. Pero hay potencial para que un centenar de empresas desembarquen en España.

XL. ¿El empresario mexicano es diferente al de otras latitudes?

C.L.P. El carácter mexicano es más gregario y el control de las corporaciones está en manos de la familia. El empresario mexicano también tiene cierta aversión al riesgo. No se la juega. Se lo piensa mucho. El español es más lanzado.

XL. Usted llegó a España antes de la crisis. ¿En qué ha cambiado la sociedad?

C.L.P. Yo vine en invierno. Paseaba por la calle y no podía diferenciar al ejecutivo del obrero; todos, con buenos abrigos. En México, la clase social salta a la vista por la manera de vestir. Ahora, sí que se aprecia la diferencia en las calles. Yo soy hija de la crisis. En mi país he pasado cuatro o cinco. Las recetas para salir me las sé de memoria. Y sé a dónde llevan.

XL. ¿Adónde?

C.L.P. Al abaratamiento de la mano de obra. España no puede devaluar el euro, como hace México con el peso.

XL. Hay pocos emigrantes mexicanos en España

C.L.P. Unos 17.000 residentes. Es una emigración diferente de la que va a EE.UU. Vienen a estudiar, a conocer a sus ancestros; no a trabajar de camareros y a buscar el dólar.

XL. ¿Y ahora van muchos españoles allí?

C.L.P. Sí. La Embajada se llena cada día. En México se admira mucho la intelectualidad de los españoles. Es fácil que se coloquen como investigadores o profesores. Y también se valora su buen hacer en la hostelería.