Los violadores son fríos y peligrosos. Y lograr la prueba definitiva que los ponga entre rejas siempre es difícil. Tres investigadores  detrás de alguno de los casos más sonados reviven aquellos días de pesquisas en medio de la polémica por su excarcelación.  Por Daniel Méndez

Caso de Juan Manuel Valentín Tejero. Investigador: Francisco Javier Galache

CASO DE JUAN MANUEL VALENTÍN TEJERO, asesino y violador de la niña Olga Sangrador, investigado por Francisco Javier Galache

Francisco Javier Galache: “Acatamos la sentencia de Estrasburgo, pero nos da mucha pena el resultado: no lo esperábamos”

En 1992 descubren, cerca de Valladolid, el cadáver de una niña de nueve años. Se llamaba Olga Sangrador. Había sido violada. Este agente logró que el asesino confesara. Se trataba de un condenado por abuso de menores con permiso penitenciario.

“El caso me impresionó. Mi hija tiene la misma edad que la víctima y pensaba que podría pasarle a ella”

La imagen apareció en los telediarios de la época. Es un breve vídeo de aficionado de dudosa calidad, pero tan elocuente que no hace falta más: es de noche, varios guardias civiles, algunos de paisano, acompañan a un detenido de espesa barba. La luz es dura, tanto como los rostros que se ven en la grabación. El hombre, esposado, trata de desviar la mirada, pero uno de sus vigilantes le impide hacerlo. ¡Mírala, mírala! , exclama, al tiempo que, agarrándole el rostro con las manos, lo obliga a girar la cara. La cámara no lo recoge, pero a sus pies se encuentra el cadáver de la pequeña Olga Sangrador, de nueve años de edad. Estamos a finales de junio de 1992.

En la noche del 25 de junio fue secuestrada, violada y asesinada por Juan Manuel Valentín Tejero, que disfrutaba de un breve permiso penitenciario tras ser condenado por dos violaciones, abusos sexuales a menores y exhibicionismo. “Sí, es ella”, musita.

“Esta investigación me impresionó mucho”, cuenta hoy el coronel de la Guardia Civil Francisco Javier Galache, en la reserva desde finales de 2010; él fue quien obligó al verdugo a mirar a su víctima. “Yo tengo una hija de la misma edad de Olga Sangrador y pasé una época muy preocupado por que le pudiera ocurrir algo parecido”. Hoy entiende la alarma producida por la excarcelación de Valentín Tejero, libre a raíz de la derogación de la doctrina Parot por parte del Tribunal Europeo de Derechos Humanos de Estrasburgo: de haberse aplicado, hubiese permanecido entre rejas hasta 2025. “Acatamos, claro. Es una sentencia muy bien justificada, pero a nosotros nos produce mucha pena el resultado. No lo esperábamos”, concluye. El asesino, que hoy tiene 52 años, salió de la cárcel de Herrera de la Mancha con gorra, larga melena y una barba que le cubría el rostro.

Unas gafas de sol ocultaban sus ojos, pero Galache no los ha olvidado. “Desde que salió, no he querido saber nada. Pero no tengo la menor duda de que es mala persona, tiene el odio dentro y en mi opinión volverá a hacerlo si tiene oportunidad. Ha estado completamente aislado todos estos años, sin hablar con nadie ni recibir visitas. Y en nuestros interrogatorios lanzaba una mirada cada vez que le hacías una pregunta… Claro, que las nuestras eran más duras”.

“Todavía recuerdo cómo nos miraba. Tiene el odio dentro. Creo que, si puede, volverá a hacerlo”

“Estábamos seguros de que era él, lo habían visto merodeando en el pueblo la noche antes de los hechos, y conocíamos sus antecedentes; solo necesitábamos su confesión o reunir las pruebas suficientes para poder demostrarlo en el juicio”, relata Galache. Durante 48 horas, no soltó prenda. Tenían que conseguir que hablara o se verían obligados a dejarlo en libertad a las 72 horas de su detención. Tras consultarlo con el juez, decidieron realizar una reconstrucción de los hechos en Villalón de Campos (Valladolid), la localidad natal de la pequeña.

Tablón del caso de Juan Manuel Valentín Tejero acusado de violación y asesinato de la niña Olga Sangrador. Caso investigado por Francisco Javier Galache

Los investigadores no tenían datos, pero tampoco dudas de la culpabilidad de Valentín Tejero. El reto era que hablara. Lanzaron un órdago: le dijeron que habían encontrado pistas en un pinar. Era mentira, pero funcionó

Había que actuar con discreción: sus habitantes, volcados en la búsqueda de la menor -aún tenían la esperanza de encontrarla con vida-, querían venganza. “Con un par de bemoles lo llevamos al bar donde había estado antes de salir a por la pequeña. Incluso practicamos estrategias de distracción: hicimos creer a la gente que había una pista a las afueras del pueblo, para que se fueran para allá. Iba esposado de manera discreta, para que no se notara que era el detenido, pero él tenía miedo de que lo reconocieran. en realidad son unos cobardes. Allí se empezó a derrumbar” .

Unas horas más tarde, lo confesaría todo. En el juicio, que se celebraría al año siguiente, fue condenado a 50 años por el caso de Olga Sangrador; lo que, sumado a otras condenas por abuso de menores, dio un total de 64 años y nueve meses de condena. A raíz de la sentencia de Estrasburgo se han quedado en 21 años de cárcel. Unos días antes que él, abandonaba la prisión de Alcalá Meco (Madrid) el Violador del Ascensor, condenado a 273 años de cárcel por 18 delitos de agresión sexual y dos asesinatos. Uno de ellos, el de la joven Leticia Lebrato, de 17 años, ocurrió en Valladolid y el mismo Francisco Javier Galache participó en la investigación.

El caso del ‘violador del portal’. Investigadora: Mariluz Carro Pereira

Mariluz Carro Pereira, investigadora de EL CASO DEL 'VIOLADOR DEL PORTAL' que supuso la detención de Pablo García Ribado y Antonio Barroso Mingo

Mariluz Carro Pereira: “Los violadores en serie son como depredadores a la espera de su presa. y siempre van a más”

‘El Sucio’ y ‘el Limpio’. Así llamaban esta investigadora y sus colegas a Pablo García Ribado y Antonio Barroso Mingo antes de su detención. Un total de 74 violaciones en tres años. Siempre en portales. La agente Mariluz Carro nunca olvidará aquellos días.

“Los violadores en serie son como depredadores a la espera de su presa. Y siempre van a más”, dice Mariluz Carro, oficial de policía del Servicio de Atención a la Mujer de Madrid. Y sabe de lo que habla. lleva en el cuerpo más de 26 años y ha trabajado en casos como el del Violador de Pirámides. “Fue terrible, porque yo estaba embarazada. Todavía recuerdo la llamada de una menor, que tenía la edad que ahora tiene mi hija”. O aquel pederasta que, en el momento de la detención, dijo que los estaba esperando: solo así sería capaz de parar. También pateó las calles de Madrid tras los pasos de Pablo García Ribado, el Violador del Portal.

Tablón de investigación de El caso del Violador del Portal dirigido por la agente Mariluz Carro. Pablo García Ribado y Antonio Mingo , conocidos por los investigadores como "El Sucio" y "El limipo" Barroso Mingo antes de su detención. Un total de 74 violaciones en tres años. Siempre en portales.

El caso del Violador del Portal exigió mucha paciencia y meses de trabajo en la calle. Hasta encontrar una pista de la que empezar a tirar

“Llegar hasta ellos  implica muchas noches de guardia, buscando algún indicio, algo de lo que empezar a tirar. Especialmente si, como en este caso, no tenemos nada”. Las víctimas no los reconocían en los álbumes de fotos: no tenían antecedentes. Tampoco es fácil obtener datos: “Imagina cómo nos llega una mujer que acaba de sufrir una agresión sexual”. Demasiadas veces no denuncian, y las que lo hacen llegan traumatizadas, en estado de shock.

“Llegaron a cometer más de un asalto en una noche. ¡Pero no teníamos datos para empezar a trabajar!”

“Había mucha prisa, porque iban a más: llegaron a cometer más de una violación por noche”. Fueron meses de calle y analizando las declaraciones en busca de detalles que se hubieran pasado por alto. Una noche se cruzaron con un individuo que coincidía con las descripciones.Le piden la documentación. “Al identificarlos, incluso en la detención, ellos siguen tan normales. Es gente muy fría. Su cabeza no funciona como la nuestra”.

Pablo García Ribado y Antonio Barroso Mingo; el Limpio y el Sucio, como los apodaron los investigadores. El primero iba desaliñado y tenía las manos muy sucias: era mecánico. Su compinche iba repeinado y perfumado. García Ribado fue condenado a 1721 años de prisión por 74 violaciones, seis agresiones sexuales y diez delitos de robo. El 13 de noviembre quedó en libertad. Tiene 44 años. “Dicen que no está rehabilitado. Yo no opino. Solo me importa que no se vuelva a repetir”.

El caso del violador Antonio García Carbonell. Investigador: Reyes Benítez

Reyes Benítez, investigador del caso del violador Antonio García Carbonell

Reyes Benítez: “Actuaban con mucha agresividad. se llevaban a las víctimas a un lugar apartado. violaban a la chica y golpeaban al chico”

Cinco años estuvo tras la pista de unos casos de violación que aterrorizaban a Cataluña. Su empeño logró reabrir un expediente cerrado y llevar a la cárcel al verdadero culpable.

Es tal el rechazo que suscitan ciertos casos que a menudo no hay nadie esperando a la salida de la prisión. A Antonio García Carbonell, casado y con diez hijos, lo esperaba un nutrido grupo de familiares, armados con amplias sonrisas y botellas de güisqui. Fue el primer preso común en quedar en libertad tras la derogación de la doctrina Parot. Tiene 76 años -lo que reduce notablemente el riesgo de reincidencia- y ha pasado 18 en prisión: en 1996 fue condenado a 230 años de cárcel por robo, detención ilegal y violación.

“Todo empezó el 1 de noviembre de 1991. Es el día de la castañada en Cataluña y estaba celebrándolo cuando me sonó el busca”, explica Reyes Benítez, destinado entonces en la Policía Judicial de Martorell. Se había producido una agresión sexual. La primera de una serie de ataques similares: dos individuos se acercan a vehículos aparcados en zonas apartadas, se identifican como policías y asaltan con mucha violencia a la pareja. “Se los llevaban a otro lugar, donde violaban por turnos a la chica mientras el otro golpeaba brutalmente al chico”.

“El caso me olía mal. Se había resuelto demasiado rápido. Después vimos que el culpable seguía libre”

Las víctimas dijeron que hablaban árabe y dos ciudadanos marroquíes -Abderrazak Mounib y Ahmed Tommouch- fueron detenidos y condenados a más de un siglo de prisión. “Qué ocurre, que en 1995, estando ambos en prisión, comienzan a producirse una serie de violaciones casi idénticas. A mí, como a muchos otros compañeros, el tema nos había olido mal desde un principio”. Así que decidió hacer una prueba: mostró a las víctimas la foto de Ahmed Tommouch Y lo identifican. “¡Pero él estaba en prisión! El culpable estaba libre y se seguían produciendo violaciones”.

Antonio García Carbonell asaltaba, con un compinche, a parejas para violar a las mujeres.

Antonio García Carbonell asaltaba, con un co9mpinche, a parejas para violar a las mujeres. La primera pista fue uno de los coches usados por los agresores, un Renault 5 que había sufrido un golpe

Siguieron meses de investigaciones. Poco a poco obtienen algunos datos, como sus vehículos. un Renault 5, un Volkswagen, una furgoneta… Peinando una amplia zona -se movían en varias provincias catalanas- logran localizar uno de los coches en una estación de tren. Se monta un dispositivo, “hasta que una persona, muy parecida a Tommouch, se acerca. Logró escapar, pero al registrar el vehículo encontramos algunos objetos empleados en los hechos -como una pistola falsa o una barra de hierro- y material sustraído a las víctimas,,, de 1991”. Finalmente detienen a Antonio García Carbonell: de etnia gitana, hablaba caló con su compinche. “La primera vez que lo vi fue en el cuartel de la Guardia Civil de Terrasa. Era clavado a Tommouch”. A los primeros acusados se los exculpó de una de las violaciones: la única donde se conservaban muestras de ADN, que demostraron la culpabilidad de Carbonell. Por las demás, cumplieron su pena. Mounib falleció en prisión, por un infarto. Tommouch, ya libre tras cumplir una condena de 14 años, reclama un indulto que no llega.