El bien y el mal, los hijos, el cáncer de mama, todo eso, y más, puede surgir conversando con Angelina Jolie. Después de tres años sin estrenar nada, y tras someterse a una doble mastectomía, esta madre de seis hijos se mete en la piel de la mayor villana de la historia de Disney.

Nunca quiso ser una princesa. Ella prefería las brujas malvadas, como Maléfica, con su elegancia gótica y sus histriónicas risotadas. Era una tipa dura, una niña punk ensimismada hasta que los viajes y la maternidad abrieron su mente y reblandecieron su corazón. Hoy, a punto de cumplir los 39, Angelina Jolie aún prefiere el negro en mi armario, casi todo es negro , dice y su fascinación por la oscuridad permanece intacta, aunque su vida, según ella la describe, aparezca repleta de luz.

Actriz, directora, productora, mujer más bella del mundo según amplio consenso, prometida desde hace dos años con Brad Pitt, su equivalente como sex symbol del lado masculino, madre de seis hijos, trabajadora de la ONU, activista contra la violencia sexual, celebridad implicada en todo tipo de causas; no todos los días es posible charlar con alguien como Angelina Jolie. La oportunidad se presenta en Londres, donde la mayor estrella del Hollywood actual promociona su primera película en tres años.

En Maléfica Jolie da vida a la villana del clásico Disney La Bella Durmiente en una producción de 200 millones de dólares. Mientras habla con XLSemanal en un hotel ubicado junto a la Embajada de Nigeria, desde la calle resuenan los gritos de 200 personas que claman contra los secuestros de niñas por la secta Boko Haram. Jolie se sumará a la indignación a lo largo de esta entrevista, donde la luz y la oscuridad se alternan en una conversación sobre el bien y el mal, la familia, la adolescencia, una doble mastectomía y desgarradoras visiones en la frontera siria.

Brad Pitt y Angelina Jolie posan juntos en una premier

XLSemanal. Este es, de largo, el personaje más malvado de su carrera

Angelina Jolie. Maléfica no es tan mala

XL. Hombre, condena a muerte a una niña por no haber sido invitada a su bautizo

A.J. Sí, bueno, la verdad es que difícilmente puede haber algo más malvado. Infligir dolor a alguien a través de su hija ¡es algo imperdonable! Lo que ocurre es que la película ofrece una visión más amplia del personaje. Descubrimos la raíz de su odio. No se enfada solo por no haber sido invitada al bautizo de la princesa Aurora; hay algo más.

XL. ¿Y qué le atrajo de Maléfica? ¿Tenía ganas quizá de saber qué se siente al ser alguien diabólico?

A.J. Algo así. Me interesaba explorar ese lado oscuro de alguien con un gran poder que sufre una tremenda tormenta interior. Además, fue muy divertido. Tuve que trabajar mucho la voz, la forma de caminar y de mirar, entrar en el disfraz, el maquillaje Es un papel sin término medio. o lo bordas o haces el ridículo. Tenía que ser atrevida.

XL. De niña, ¿le daba miedo Maléfica?

A.J. ¿Miedo? ¡Era mi personaje favorito! [Se ríe].

XL. Discúlpeme el tópico, pero ¿nunca quiso ser una princesa?

A.J. No. Nunca. Eso de ser princesa y ser salvada por el príncipe encantador, en mi generación, como que no. Cuentos de hadas, finales felices, personajes muy buenos y muy malos; eso nunca fue conmigo. Y mantengo esa perspectiva cuando les cuento historias a mis hijos.

XL. No querer ser princesa es generacional, dice. ¿Está segura?

A.J. Bueno, quizá yo fuera un poco más oscura que la media [se ríe]. Supongo que ser hija de un matrimonio fallido te hace ver de otro modo todo eso de que vivieron felices y comieron perdices. De joven, no pensaba en cosas como encontrar al hombre de mis sueños o ser madre.

XL. ¿Hacer de Maléfica ha sido como volver a su adolescencia?

A.J. Sí, sí, cuando era gótica [se ríe]. Me fascinaba. Había algo muy poderoso y elegante en ella, con esa risa diabólica tan suya. Era oscura, cruel, brutal y estaba enfadada todo el rato, pero no sé, era excitante. No es solo el personaje más oscuro que he interpretado, también el más divertido.

XL. ¿Es divertido ser mala?

A.J. Bueno, una mala de Disney es distinto. Es un personaje un poco absurdo, exagerado y, sí, muy divertido. Por la voz, su expresividad, su risa, su poderío, que entra en una habitación y se la come entera. Y luego el aspecto, con esos cuernos enormes, los tacones, las capas, los dientes puntiagudos, las facciones afiladas

XL. Si hubiera aparecido de esa guisa ante sus amigos góticos adolescentes, habría causado sensación, ¿no?

A.J. Seguro, aunque siempre fui la más oscura, la más punk. Una chica dura. Luego empecé a viajar y vi que hay gente con problemas más graves que los míos. Eso y tener hijos. De pronto, el centro de tu mundo se traslada a otra persona. Afrontas cada día de forma diferente. Te levantas y, aunque te sientas desanimada, con ellos todo se ilumina de nuevo.

XL. Tengo entendido que, en aquellos años, entre sus aspiraciones figuraba la de dirigir una funeraria. ¿Puede ser?

A.J. Es verdad, sí.

XL. Pensé que tal vez fuese exageración de algún cronista…

A.J. Esta vez, no [se ríe]. Sonará extraño, pero es que cuando murió mi abuelo detesté su funeral con todas mis fuerzas. Fue todo lo contrario a una celebración de su vida. Así que me dije que dirigir una funeraria sería ideal para mí, porque nunca he temido la muerte y se me da bien hablar con la gente que sufre. Y, no creas, me lo tomé muy en serio. Por un tiempo [se ríe].

XL. Decía antes que con Maléfica le interesaba explorar el lado oscuro. ¿Ha cambiado, de aa forma en que percibe el mal? Un acto criminal, por ejemplo.

A.J. No ha cambiado mi punto de vista sobre los grandes criminales. Yo he visto de primera mano lo que son capaces de hacer. Pero sí que me interesa el mal, sus raíces. Maléfica no nace malvada. Algo le ocurre y por eso se convierte en un ser oscuro. Al final, la comprendes.

XL. Entender el origen del mal y empatizar con el criminal son cosas distintas…

A.J. Por supuesto, y yo tengo una política de tolerancia cero contra la crueldad y los criminales. Pero explorar por qué, de repente, se manifiesta una crueldad extrema en una persona es algo básico para prevenir, para intentar evitar que el mal se extienda.

XL. ¿Es cierto que dejará a un lado su carrera para reforzar su labor humanitaria?

A.J. Quiero dirigir y escribir más que actuar, aunque habrá más papeles. Seguro. Pero sí, quiero dedicar más tiempo a mi trabajo con la ONU y con la Iniciativa para la Prevención de la Violencia Sexual [PSVI por sus siglas en inglés]. En junio celebramos una conferencia sobre violencia sexual en zonas de guerra para reforzar la lucha contra este tipo de criminales.

XL. ¿Como los de la secta Boko Haram?

A.J. Eso es, ¡gente que secuestra niñas en masa! Hay que sentar un gran precedente para que no crean que quedarán impunes. Nunca se hace suficiente en estos asuntos.

XL. En estos años ha viajado en varias ocasiones a la frontera de Siria. ¿Cómo la reciben los refugiados?

A.J. Ya no te creen. La primera vez que fui, hace tres años ya, me dijeron. ¡Por favor, diga a su presidente que nos ayude, dígale al mundo cómo estamos sufriendo! . Regresas un año después, todo sigue igual, y ya nadie cree que puedas hacer algo al respecto. La mujer que sujeta a su hijo en brazos te dice. ¡Mi hijo no se merece esto, no es un terrorista! . La tercera vez ya no quieren ni verte. Han comprendido que, en el juego de la política, no significan nada. Y tienen razón.

XL. ¿Cómo analiza el papel de EE.UU. ante la guerra en Siria?

A.J. Cuando dibujas una línea sobre armas químicas, no puedes echarte atrás. Hay evidencias de su uso y no podemos permanecer impávidos ante eso. Dijimos que se actuaría si Bashar al-Assad las usaba y hay que hacerlo.

XL. Se refiere a una respuesta militar…

A.J. No lo sé, pero ¡hay que hacer algo! Más del 25 por ciento de la población necesita ayuda para sobrevivir, hay más de 2,7 millones de refugiados, 9 millones de desplazados ¡los niños se mueren! Recuerdo mi primera visita a la frontera. Subí a una loma para ver territorio sirio y vi embarazadas, madres con los niños a cuestas, heridos; gente aterrorizada que corría hacia Jordania mientras eran perseguidos a tiros. Nunca olvidaré esa imagen.

XL. A Obama se lo acusa de debilidad ante la situación en Siria o Ucrania. ¿Suscribe esa opinión?

A.J. No es solo Obama, es el sistema entero lo que no funciona. Naciones Unidas, las relaciones internacionales Analicemos a fondo estas instituciones. ¿Por qué no funcionan? En Ucrania, por ejemplo, mucho me temo que lo peor está todavía por venir.

XL. Me han advertido de que no le pregunte por la doble mastectomía a la que se sometió hace poco más de un año ¿Puedo preguntarle, al menos, cómo se encuentra?

A.J. Estoy muy bien, estupendamente. Tomé la decisión correcta. De hecho, he trabajado mucho este año en Unbroken, mi nueva película como directora.

XL. Como celebridad llama usted la atención sobre refugiados, violencia sexual, cáncer de mama pero ¿le incomoda que su salud sea ahora asunto de interés público?

A.J. Hace años que vivo bajo esa condición de personaje público y sé cómo llevarlo. Sé muy bien por qué hago las cosas que hago y eso es lo que importa. Pero sí, hacer pública la operación fue decisión mía. Lo hice para ayudar a otras mujeres y familias con problemas similares y no me arrepiento. Cuando era más joven y no había cosas positivas en mi vida sobre las que los medios pudieran hablar, era más duro. Ahora soy inmune a la industria del cotilleo y a las tonterías que nos rodean. Pero si todo lo que se publica sobre mí contribuye a que se hable de los otros asuntos, merece la pena aguantar. Puedo soportarlo, vamos [se ríe].

XL. Volviendo a Maléfica, supongo que sus hijos han sido decisivos a la hora de aceptar este personaje. ¿No habrían preferido, no sé, que hiciera de Bella Durmiente?

A.J. Hombre, no me pega mucho, ¿no? [se ríe]. Cuando les dije que iba a hacer de Maléfica, se quedaron como. ¡Pero esa da mucho miedo! . Así que me senté con ellos, les conté la historia tal y como es en la película y al día siguiente ya estaban defendiéndola ante sus amigos.

XL. ¿Y cómo ha sido la convivencia con Maléfica?

A.J. Todos lo hemos pasado en grande. Desde el primer momento fui probando cosas a ver cómo reaccionaban. Buscando la voz de Maléfica, por ejemplo. Tenía que ser cavernosa, profunda, británica y muy teatral, lo que, para mí, que hago cine y no teatro, era todo un reto. Un día, a la hora del baño, les estaba contando un cuento y al ver que no me hacían caso, puse voz de Maléfica y, oye, ¡se morían de la risa! Y ahí fue. acababa de encontrar la voz que buscaba.

XL. ¿Y cómo reaccionaban al verla con esos cuernos?

A.J. A Pax, por ejemplo, que tenía ocho años entonces, no le gustó nada cuando me vio. ¡Pero es que con los tacones y los cuernos medía dos treinta! Para ella fue como. Se parece a mamá, pero no es ella. ¿Qué le ha hecho a mi mamá? . Me tuve que quitar todo para tranquilizarla. Para Vivienne, sin embargo, que tenía cuatro años, en todo momento yo era mamá; daba igual lo diabólica que pareciera.

XL. Vivienne, de hecho, tiene un papel…

A.J. Sí, y fue por eso. Todos los niños que probábamos se morían de miedo. Ella era la única que no se asustaba con mis cuernos, los ojos amarillos, las garras Venían chiquillos al rodaje y en cuanto les decía. ¡Hola, chicos! , se quedaban helados, lloraban, gritaban o salían disparados. Una vez tuve que esconderme en mi caravana [se ríe]. También salen Pax y Zahara en la escena del bautizo. Fue idea mía. Es un momento especial en la historia de Disney y pensé que sería genial tenerlos allí.

XL. ¿No estará pensando en hacer una película con toda la familia, dirigiendo a sus hijos y a Brad Pitt? No sé, la secuela de Mr. and Ms. Smith, por ejemplo.

A.J. Bueno, de esa ya vivimos la continuación [se ríe]. Y va muy bien [sonríe]. Pero no. Es divertido, ha sido genial para todos, pero no queremos animarlos a ir por ese camino.

XL. ¿Es porque usted es actriz hija de actores?

A.J. Bueno, hoy es distinto. De cara al exterior, más que actores, somos celebridades, como si nuestro trabajo no fuera lo importante para los demás. ¡Quieren nuestra vida entera! La gente se hace famosa de la noche a la mañana, sin tiempo para asimilar lo que les sucede.

XL. Hoy en día, con Internet, sus hijos pueden tener acceso a todo lo que se dice sobre ustedes. ¿Cómo lidian con eso?

A.J. Bueno, en casa tenemos controles parentales en el ordenador. Puedes limitar las búsquedas, incluso que no aparezcan cosas con tu nombre.

XL. ¿Nunca les han preguntado, por ejemplo, qué es eso de ‘Brangelina’?

A.J. [Se ríe] No. Ni siquiera sé si conocen la expresión. Sí saben que son parte de una familia muy pública, porque han crecido rodeados de paparazis, pero también porque se lo hemos dicho que se dicen muchas mentiras y que, si ven algo sobre nosotros, lo primero es preguntarnos.

XL. ¿Y sus películas? ¿Las han visto?

A.J. Hace poco, los mayores vieron Mr. and Ms. Smith y no veas cómo se reían. ¡Imagina ver a tus padres convertidos en un matrimonio de espías que quieren acabar el uno con el otro! [Se ríe]. Bueno, y cuando Knox, que tiene cinco años, vio Tomb Raider pensó que mamá podía hacer todas esas cosas. Pero la que más ganas tienen de ver es Maléfica [se ríe].