Para explicar muchas de las claves de la mente de Putin, nada mejor que sumergirse en su infancia y en su relación con sus padres y con su abuelo. Por Giles Whittell

El escritor y exdiplomático ruso Vladímir Fédorovski, que conoce personalmente al presidente ruso Vladímir Putin, traza un retrato psicológico que nos permite entrar en la cabeza del hombre que está poniendo en jaque al mundo.

Su popularidad está en lo más alto y el país entero parece haberse unido en bloque a su jefe. Pero ¿quién es Putin en realidad? ¿Cómo fue su infancia? ¿Cuáles fueron sus pesadillas, sus sufrimientos, sus luchas, sus métodos? Vladímir Fédorovski, antiguo diplomático y portavoz del Movimiento por las Reformas Democráticas al final de la URSS (1991), es hoy un escritor de éxito y autor  de Putin, el itinerario secreto. Hablamos con él para que nos ayude a desentrañar la personalidad del nuevo zar.

Su infancia en un miserable apartamento comunal de 20 metros cuadrados

“La primera clave psicológica la encontramos en su infancia”, -afirma Fédorovski. Putin es un puro producto del final del estalinismo. Nació en Leningrado el 7 de octubre de 1952 en el seno de una familia obrera. Él es el hijo pequeño. Sus dos hermanos, Víktor y Oleg, nacidos en los años treinta, murieron siendo muy niños. Su madre y su padre cuentan ya con 41 años cuando nace Putin. Vladímir: es, por tanto, el hijo tardío de unos padres que sobrevivieron al terrible asedio de Leningrado, una ciudad sometida al bloqueo de las tropas alemanas durante casi 900 días, y que se saldó con 1.800.000 muertos”.

“Se crio en una dura atmósfera de posguerra, en medio de una miseria total, en uno de los barrios más desfavorecidos de la ciudad”

“Es en esta dura atmósfera de posguerra, en una miseria total, en la que se cría el joven Putin, en un apartamento comunitario de 20 metros cuadrados, situado en uno de los barrios más desfavorecidos de la ciudad, y sometido a las leyes de la calle, en la que hay que pelear para sobrevivir. “La manera que tiene hoy de responder ojo por ojo en el ámbito internacional se remonta a esa infancia, marcada por un agudo sentimiento de heroísmo nacionalista combinado con la rabia del chico que quiere salir adelante.

Su barrio: el hampa dictaba las normas de la calle

“En Putin hay una voluntad de poder heredada de un imperio desaparecido, la Unión Soviética, -continúa Fédorovski. Pero en lo que respecta a su personalidad, esa voluntad de poder procede más bien de la observación de la gente que tenía el mando en su barrio de infancia. El hampa era quien dictaba la ley, con jefes tan poderosos que los llaman en ruso los ‘ladrones de ley’. El premio Nobel de Literatura Joseph Brodsky (1940-1996) les dedicó uno de sus poemas: ‘Si naciste en el Imperio, instálate lejos de su capital, y cuando llegues a una provincia, guárdate de los que ejercen el poder. El problema es que en las provincias son los ladrones los que gobiernan… ¡pero aún prefiero los ladrones a los asesinos!'”.

“Cuando me entrevisté con Putin por primera primera vez, vi que copiaba mis gestos. Es una técnica de la KGB para empatizar con el interlocutor”

“Todos los rusos conocen estos versos, que retratan nuestra sociedad. Los ‘ladrones de ley’ (los jefes de la mafia) están por encima de la masa, determinan todo, gestionan la ‘hucha’ común. Por lo tanto, no tienen necesidad de corromperse y llenarse los bolsillos. Eso es lo que pasa con Putin, al que algunos medios acusan de poseer cientos de propiedades bajo testaferros. ¿Para qué va a corromperse directamente y acumular bienes cuando él está por encima de los que se lucran? El poder es la fuente de la que mana la riqueza material. Y a Putin no le gusta el dinero, sino el poder. Guardando las distancias, por supuesto, no es difícil recordar en todo ello a esos ‘ladrones de ley'”.

Un joven marcado por la figura de su abuelo, un cocinero al servicio del Kremlin

“Putin es un personaje complejo” -señala Fédorovski. “Su revancha social sobre sus orígenes obreros y campesinos la lleva a cabo convirtiéndose en el jefe supremo del país con una misión de grandeza histórica”. Y añade. “En este sentido es interesante escucharlo cuando evoca la figura de su abuelo paterno, Spiridon Putin, que fue cocinero en el Kremlin al servicio de Lenin y, más tarde, de Stalin, y al que admira profundamente… Esta convivencia con el establishment de la dictadura fue esencial en su imaginación infantil”.

“Su padre era Vladímir Spiridonóvich Putin, un obrero en una fábrica de armamento que llegó a ser oficial del NKVD. Cuando lo movilizaron contra las fuerzas del ejército alemán, logró salvar su vida sumergiéndose en un pantano y respirando con la ayuda de una caña. Esta anécdota da muestra de la fortaleza mental de este hombre, que más tarde quedaría inválido en dos tercios de su cuerpo.

 “Vladímir Putin conoce muy bien. Ucrania. Trabajó allí como campesino en su época de estudiante”

Con ese pasado obrero y de cercanía al poder absoluto, en el que planea el fantasma de la tragedia de Leningrado que su madre, María Ivánovna Pútina, padeció en carne propia; y con esa fascinación por el valor militar, vemos cómo en la era de Brézhnev va creciendo ese chiquillo apasionado por las películas de espías, que se refugia en los deportes de combate, el sambo -una mezcla de boxeo y lucha libre-, y más tarde el yudo- se convertirá en cinturón negro y formará parte del equipo ruso en los Juegos Olímpicos-, al tiempo que sueña con convertirse en una especie de James Bond soviético”.

Para Fédorovski, la práctica de esa violencia controlada con el yudo es clave para entender su fortaleza mental. “El yudo de alto nivel es una especie de ascesis gracias a la cual se absorbe la fuerza del adversario para desequilibrarlo. Es un poco lo que ha pasado con la crisis de Ucrania, un país que Putin conoce bien porque trabajó allí como campesino en su época de estudiante. A finales de 2013, Putin era perfectamente consciente de la corrupción del presidente prorruso Yanukóvich, pero subestimó su debilidad. Cuando este se vio obligado a huir, era imposible no reaccionar. De ahí la escalada militar en Crimea y el referéndum. Como buen ruso, Putin es también un apasionado del ajedrez…”

¿Qué queda en la personalidad de Putin de agente del KGB?

Según Fédorovski, el KGB ha influido más en Putin como estructura mental que en sus comportamientos concretos. “Con 15 años, el joven Vladímir presenta su candidatura al KGB, pero es rechazado. Antes, le dicen, debe terminar sus estudios, algo que también le han pedido sus padres. Después de pensar en hacer una ingeniería, Putin se decide por el Derecho. Una vez obtenida su licenciatura en la Facultad de Leningrado, se enrola en los Servicios Especiales. Allí sigue una formación intensiva con la que aprende todas las técnicas de espionaje y de contraespionaje: información, cribado de datos, eliminación del adversario con las manos o veneno. Culmina estas enseñanzas en Moscú en la Academia Andropov -a la cual solo se accede si ya se cuenta con un cierto rango dentro de la organización-“.

“Una de las particularidades del KGB es la de enseñar a sus agentes a hablar lenguas extranjeras sin acento. Putin domina a la perfección el alemán, idioma que comenzó a estudiar en el colegio. Tiene una formación lingüística muy elevada. Además, todos los agentes, hombres o mujeres, deben ser capaces, según lo requiera cada misión, de sumergirse por completo en un universo extraño y seducir a quien sea, independientemente de su aspecto. Y también manejan esa técnica muy especial que permite crear un ambiente de intimidad entre el oficial y su potencial agente. Por medio del mimetismo se pone al interlocutor cómodo, convirtiéndose en su espejo e imitando su manera de expresarse, su mímica, su gestualidad. Cuando me entrevisté con Putin la primera vez, me di cuenta de que copiaba mis gestos. Varios años más tarde, un presidente francés me confesó que Putin había hecho lo mismo con él.

El día que conocí a Putin

“Conocí a Vladimir Putin en una cena a la que me había invitado Anatoli Sobchak, el primer alcalde democrático de San Petersburgo. La primera vez que lo vi, Sobchak me advirtió: ‘Ten cuidado, no te equivoques, no es un agente cualquiera del KGB. Lo he contratado como secretario para que limpie la antesala de mi despacho de todos los corruptos que se agolpan en ella’. Era la época de las maletas atiborradas de dólares, y Sobchak no quería que nadie le tendiera una trampa con algún asunto turbio Así, entre 1989 y 1996, primero como consejero de asuntos internacionales, más tarde como miembro del gabinete, una eminencia gris, y finalmente como primer adjunto al alcalde, el oficial operativo superior del KGB en la sombra se encargó de aquella limpieza. Todo ello bajo una apariencia bastante anodina, incluso apagada, algo que me llama la atención hoy, con la perspectiva del tiempo.

“Pero es que una de las características de Putin es la de jugar siempre a dos barajas: al tiempo que desempeñaba labores de teniente coronel de los servicios especiales, se desenvolvía como un fino político. Siempre se las arregló para no redactar ningún informe sobre Sobchak, a pesar de que el KGB se lo reclamaba. A priori, le habían encomendado la misión de infiltrarse en el Ayuntamiento, pero él le dio la vuelta a la situación. Y nunca ha dejado de actuar de esa manera, lo que lo convierte en uno de los personajes más ambiguos que he conocido”.

El Putin supermacho alfa

“Putin es muy sensible a la belleza, empezando por la de San Petersburgo, el símbolo del esplendor artístico, histórico y fundacional de su visión de Rusia. Tampoco podemos negar su narcisismo de supermacho, como lo prueban sus conquistas femeninas y las transformaciones de su aspecto, y que él escenifica con sus carreras por la estepa, o a bordo de helicópteros, o como una especie de Rambo con el torso desnudo y musculado durante una partida de caza, hasta el punto de que se ha convertido hoy en un icono gay en Nueva York”.

“Pero lo más significativo de su imagen es, sobre todo, su habilidad para manipular a los medios. Mucha gente consideró, durante mucho tiempo, que fue un error aquella salida suya sobre los chechenos: ‘¡Iremos a buscarlos hasta dentro de los váteres!”. Sin embargo, sé de buena fuente que aquella declaración no fue una improvisación. Entonces era todavía un desconocido y el viejo Yeltsin, un vegetal hinchado por el alcohol: así que lanzó aquella frase como una especie de globo sonda, para terminar asestándole el golpe definitivo a Yeltsin e imponerse como el único político capaz de restablecer la paz en un país invadido por el crimen. Este pragmatismo, en el que no caben consideraciones emocionales, le viene de su formación. Y aunque utiliza esta técnica de los servicios especiales en la cabeza del Estado, solo es un medio, nunca un fin, y siempre al servicio de un destino y de una voluntad políticos fuera de toda norma”.