En Alemania, muchos estaban dispuestos a pedir su cabeza. Pero, entonces, ganó el Mundial Ahora, el hombre del que media Alemania se ha mofado en los últimos ocho años los que lleva como seleccionador es un héroe nacional. Esta es su historia.

Ha conquistado el mundial, sí, pero eso no ha sido lo más difícil. Lo asombroso es que, por fin, ha conquistado a los alemanes. Joachim Löw se puede ir de vacaciones con la conciencia tranquila. Se lo ha ganado , piensan ahora sus compatriotas, aunque durante años pensaran que Löw, siempre tan relajado, tan poco alemán, no se ganaba el sueldo. 2,5 millones de euros al año más incentivos, 80 veces más que el salario medio germano. Y mucho menos el derecho a unos días de asueto. Con ese bronceado y ese aspecto de dolce far niente, daba la impresión de estar siempre en Mallorca. Muchos periodistas alemanes pensaban pedir su cabeza tras el partido contra Argelia, en el que los africanos dieron una lección de fútbol desinhibido.

Alemania venció en la prórroga, pero muchos ya tenían escrito el obituario deportivo de Löw en caso de que no hubiese tanta suerte contra Francia. Las razones eran variopintas y las enumera una revista germana. que si lleva el reloj en la muñeca que no es. Que si se tiñe el pelo. Que si los jerséis de cuello de pico. Que si esa voz no pega con su aspecto. Y lo de tomar café expreso. Y que es testarudo y arrogante. Que está chapado a la antigua. Que si no puede tomar decisiones. O que si jugó un fútbol ‘cagueta’ contra España. O si jugó un fútbol igual de ‘cagueta’ contra Italia. Que si es un tipo sin emociones. Que en realidad no entrena. Que si parece un muñeco de Lego. Que si juega demasiado poco, como España. O al revés, que ya está bien de tanto tiki-taken.

Un entrenador tropical

La inquina viene de años atrás. Para muestra, un botón. En 2011, año previo a la Eurocopa de Polonia y Ucrania, los alemanes pudieron ver un anuncio protagonizado por su seleccionador del mayor turoperador del país. Un trajeado Joachim Löw llegaba a un resort tropical, se quitaba la chaqueta, el reloj y las prisas antes de zambullirse en la piscina. Pero ¿por qué elegir a un entrenador de fútbol para anunciar un verano de dulce relax si en el deporte, y especialmente en el fútbol alemán, todo gira en torno al sacrificio, la disciplina, el esfuerzo, la superación ? ¿No había nadie mejor?

Pues quizá no. En Alemania, a Joachim Löw se lo asocia con un modo distinto de hacer las cosas. una forma más relajada, casi latina. Este espíritu innovador, casi antipatriótico, le valió desde el principio la oposición del mundo del fútbol, siempre dado a las comparaciones y a las glorias pasadas. Löw proponía un juego más vistoso y rápido, pero no por ello menos efectivo. El objetivo era el mismo. ganar, pero de otra forma. Panzers con guantes de seda. La revolución.Löw llegó en 2006 como la antítesis del entrenador clásico. No llevaba chándal ni cara de sargento prusiano. El nuevo seleccionador alemán era un tipo elegante, de aspecto cuidado; quizá demasiado cuidado. ¡Y con ese pelo! Fue como meter a un metrosexual en un vestuario de amigos cuarentones. La desconfianza estaba servida, en buena medida porque todo esto sucedía dos años antes de que Pep Guardiola llegara al banquillo del Barça y sancionara con sus éxitos una forma de jugar, de ser y hasta de vestir.

Guardiola se hizo famoso por sus chalecos y jerséis de pico; Löw, por sus camisas entalladas. Pero mientras el primero reconoce su interés por la moda, el alemán lo niega y encuentra exagerado que lo describan como un icono . Lleva vaqueros de Louis Vuitton, trajes de Hugo Boss y usa crema facial, pero dice que cuida su imagen porque representa a la federación, y el fútbol es un negocio mediático . Suena a excusa, pero sus amigos aseguran que cambió cuando se hizo cargo de la selección, que de joven no tenía interés por la ropa. Lo que sí tenía era el mismo corte de pelo, un peinado tan famoso como él y que parece trabajadamente casual, a pesar de que su secreto es dos minutos de secador, a veces algo de gel y ya, se me queda así . Y no, no se lo tiñe. Tampoco es una peluca. Habladurías.

Demasiado ‘especial’ para ser alemán

Porque se habla mucho en torno a Joachim Löw. Se dicen muchas cosas de él. Que es demasiado distinto, demasiado especial, demasiado , en fin, que es homosexual, y que el suyo es un matrimonio por apariencia, que por eso se lo ve tan poco con su mujer, que por eso no tienen hijos y han apadrinado a un par de niños africanos. En realidad, Löw es un celoso defensor de su vida privada. Daniela, de profesión contable y su pareja desde hace 36 años, comparte esa visión. No aparece casi nunca en público, huye de los paparazis y, cuando asiste a los partidos, no va a los palcos vips, como las esposas y novias de los jugadores, sino que se sienta con amigos en la grada. Cuando la prensa critica que no se la lleve a las concentraciones, él responde. Un empleado de banca tampoco se lleva a su mujer a la oficina . En sus pocas entrevistas personales, asegura que Daniela es su aliada y cómplice , que comprende la intensidad con la que me entrego a mi trabajo y apoya mi gran pasión en la vida, que es el fútbol .

A fin de cuentas, el fútbol los unió. Joachim, el mayor de cuatro hermanos, nació en 1960 en Schönau, en la Selva Negra, y se trasladó a Friburgo para estudiar Comercio Internacional en el instituto de formación profesional. Jugaba al fútbol en el equipo local, del que era presidente el padre de Daniela. Pareja desde los 17 años, no se casaron hasta 1986. El matrimonio sobrevivió a una vida nómada, de ciudad en ciudad y de club en club, siguiendo los vaivenes de una carrera futbolística que nunca terminó de despegar. Una vez colgadas las botas por una lesión, Joachim pasó ocho años entrenando equipos de Alemania, Austria, Suiza e incluso Turquía.

Susurrar al futbolista

La gran oportunidad le llegó en 2004. Jürgen Klinsmann lo reclutó como su ayudante cuando fue elegido como seleccionador alemán. A Klinsmann le había llamado la atención la facilidad de Löw para comunicar sus ideas a los jugadores. Su confianza en él le hizo pedir que le sucediese en el cargdo él dejó la selección tras el Mundial de 2006. Löw intentó modernizar el fútbol alemán, dar un nuevo estilo en el campo, en el vestuario, los despachos. Los tradicionalistas disparaban desde los medios de comunicación respaldados por una afición que miraba a su nuevo seleccionador con suspicacia, que hacía bromas sobre su peinado y sus pañuelos al cuello y pronunciaba el ‘Jogi’ diminutivo cariñoso de Joachim con cierta mala leche.

La desconfianza se fue diluyendo con los años, sobre todo a la vista de la regularidad en los grandes torneos y las fases de excelente juego, pero bastaba un tropiezo para que las críticas volvieran a arreciar. La constancia y la seguridad en sí mismo lo han ayudado a superar todos estos baches, pero también su capacidad para desconectar, para salir del mundo a menudo tóxico del fútbol y buscar refugio en Friburgo, su oasis de calma , como él mismo dice. En esta ciudad del sur de Alemania viven sus amigos y buena parte de su familia. Para mí, es mi hogar. Allí hago lo que más me divierte. jugar al fútbol con mis amigos, ir a comer, estar en casa con la familia . Un plato de espaguetis, una copa de Rioja y un café expreso. Ver una película policiaca en la tele. Los placeres sencillos de la vida.

La obligación y después, el relax

Estar a gusto, sentirse bien, son conceptos que Löw repite mucho y que aplica en lo personal y en lo profesional, a sí mismo y a sus jugadores. Cumplir las obligaciones y después relajarse, libertad en las concentraciones, pero siempre el máximo compromiso, trabajo duro y merecido descanso. Un mensaje quizá dirigido también a un país, a una Alemania hoy feliz que ha descubierto en el fútbol la manera de enseñar al mundo una cara que quiere ser más amable y relajada. Ha conquistado el Mundial, ha conquistado a los alemanes, se ha ganado la renovación hasta después de la Eurocopa de Francia, en 2016, y ahora unas buenas vacaciones. Así terminaba aquel anuncio profético protagonizado por Löw. una hamaca, una sonrisa relajada y un eslogan. Se lo ha ganado . Ahora, sí.

Por sus palabras lo conoceréis

– Reconozco que se me escapan palabrotas durante los partidos. Vigilaré mi lenguaje , prometió hace cuatro años al saber que una joven sorda leía sus labios y transcribía las lindezas que salían de su boca en su Twitter. No pudo reprimirse en el Mundial al ver el juego de su equipo contra los Estados Unidos y Argelia, y sus tacos fueron reproducidos en la cuenta de su intérprete.

– Procuraré controlarme a partir de ahora . Lo dijo poco antes del Mundial, tras quedarse seis meses sin carné de conducir por exceso de velocidad y hablar por el móvil.

– Para combatir el estrés, en vacaciones me gusta tumbarme ‘a la bartola’ en una playa de Maldivas, pero también he subido al Kilimanjaro; una experiencia inolvidable. Viajo por trabajo 200 días al año y estar en casa con los míos y mis amigos es otra manera de relajarme y despejar la cabeza, pero mi mujer tiene que obligarme a desconectar el móvil .

He oído rumores de que soy gay. Son tan infundados como los de que llevo peluca. Puede preguntarle a mi mujer .

– No, no llevo peluca. Tíreme del pelo y compruébelo .

– Estoy en un estado de profunda relajación , dijo en vísperas del partido de cuartos de final contra Francia. Los medios galos lo tacharon de prepotente. Algunos alemanes, también.

– Cuando pasen los años, recordaré como uno de los momentos cumbres de mi carrera la semifinal contra Brasil; no tanto por el 1-7, sino por el hecho de que el público brasileño nos aplaudiese .

– Le dije a Götze. ‘Demuéstrale al mundo que eres mejor que Messi y que puedes decidir la final’. Siempre tuve buenos presentimientos con Götze. Es un chico milagro . Mario Götze marcó el gol del triunfo frente a Argentina en la final del Mundial.