La epidemia está fuera de control , alerta el doctor Bart Janssens, director de operaciones de Médicos sin Fronteras, la organización que más rápido reaccionó al brote, que comenzó en marzo. Médicos, cooperantes y misioneros son los únicos que hacen frente al virus desde entonces. Al cierre de esta edición, ya había costado la vida a mil personas en cuatro países. Así es su batalla diaria.

Los ‘astronautas’ del pánico Un equipo se prepara para entrar en una zona de alto riesgo en Sierra Leona. Los sanitarios se visten por parejas. Tardan una media hora porque deben asegurar cada lazada. Y solo pueden trabajar durante una hora, pues la temperatura en el interior del traje es de 35 grados y la humedad, del 80 por ciento. Sudan a mares. Las gafas de esquiador reducen su visión. Los movimientos son lentos.

Contacto humano A pesar de la vestimenta, intentan dar calor humano a los pacientes. Hablarlos, acariciarlos Y más si es una niña asustada, como esta de Guinea Conakry. No solo hay que dar tratamiento. Es cuestión de dignidad , resume el enfermero español Luis Encinas.

Post mórtem Las tradiciones funerarias propagan la enfermedad. La gente lava, viste y abraza a los difuntos. El personal médico debe pedir permiso a los imanes para tratar el cadáver, respetando la cultura local.

El cloro purificador Un equipo de Médicos sin Fronteras (MSF) rocía con cloro la casa de una mujer contagiada por el virus en Gueckedou (Guinea Conakry). MSF tiene a 300 voluntarios desplegados en los países afectados, pero reconoce que ha llegado a su límite operativo.

Contratos de riesgo El personal de MSF ha sufrido en varias ocasiones ataques de multitudes furiosas. Por eso es tan importante contratar y preparar a personal local, pero no es fácil. No solo por el peligro de contagio que corren, también por el estigma entre sus compatriotas.

Tregua en el caos Miedo y ansiedad forman parte del día a día. La situación es caótica. De un hospital en Sierra Leona ha huido casi todo el personal sanitario local y está rodeado por el Ejército para que no escapen también los enfermos. Anja Wolz, coordinadora de emergencias, se toma un respiro.

Horror y esperanza Reparto de mantas y colchones en una aldea donde se ha producido un brote y hubo que quemar las pertenencias de los muertos. Una enfermera relata. En una habitación había cuatro cadáveres, la sangre se mezclaba con el cloro, el calor era infernal. Casi nos desmayamos .

La protección Cada vez que se pasa por las zonas de aislamiento hay que desinfectar las ropas protectoras, las botas y los guantes de goma. Solo el personal de MSF y los misioneros han combatido el brote hemorrágico, que lleva ya cinco meses, y lo han hecho en una situación muy precaria.

Funerales diarios Finda Marie Kamano, una mujer guineana, muere de ébola días después de lavar el cadáver de un familiar contagiado. Esta vez se toman todas las precauciones en los ritos funerarios. Pero el brote ya ha saltado fronteras.