Magnate de las farmacéuticas, emprendedora de tecnología por satélite, filósofa futurista Martine Rothblatt, la alta ejecutiva mejor pagada de los Estados Unidos, nació hombre. Es un transexual. Un transexual con mucho poder. Pero si cree que ese ‘detalle’ es lo único curioso de su biografía, se equivoca. Hablamos con ella.

De las 500 compañías más importantes del mundo, menos del 5 por ciento están dirigidas por mujeres. y, además, ellas cobran menos.

Entre los 200 consejeros delegados estadounidenses mejor pagados, solo figuraban 11 mujeres, y su salario promedio es 1,6 millones de dólares inferior al de sus iguales masculinos. Marissa Mayer, de Yahoo, ocupa el puesto 34 de la lista y el año pasado ganó 25 millones de dólares; Meg Whitman, de Hewlett-Packard, ocupa el puesto 95, con 18 millones. Pero la consejera delegada mejor pagada es menos famosa. Se trata de Martine Rothblatt, de 59 años, fundadora de United Therapeutics, una compañía farmacéutica que cotiza en Bolsa. Sin embargo, lo verdaderamente extraordinario de Rothblatt no es eso. Lo que diferencia a Rothblatt que el año pasado ganó 38 millones de dólares de las otras directivas es que nació con el cuerpo de un hombre. Es como haber ganado la lotería , comenta Rothblatt jocosa sobre el hecho de que su nombre encabece el listado. Ahora bien, yo no puedo decir que mi trayectoria haya sido la típica de una mujer, ya que durante la primera mitad de mi vida fui un hombre , afirma. Martine es una transexual, una transexual con muchísimo poder. Es una persona lo bastante comprometida con las cuestiones de género como para haberse sometido a una cirugía radical, pero no lo bastante como para preocuparse de si la gente utiliza el pronombre ‘él’ o ‘ella’ cuando se refiere a su persona desde que en 1994 se sometió a una operación de cambio de sexo.A ella le gusta que la llamen Martine, simplemente. Bina Aspen, la mujer con quien se casó hace 33 años, cuando Martine era hombre, y que sigue siendo su esposa, no se define a sí misma ni como heterosexual ni como homosexual, sino como Martinesexual . Una manera de decir que para ella el sexo tan solo resulta deseable con una sola persona en el mundo. su Martine. Tienen cuatro hijos. Los chicos en público se refieren a Martine por su nombre. En casa, simplemente, como ‘papá’. En 1995, poco después de su transformación, Martine publicó The apartheid of sex, un manifiesto en el que defendía que había que redefinir las categorías relacionadas con el sexo y el género. Los genitales son tan irrelevantes como el color de la piel a la hora de determinar el papel que el individuo desempeña en la sociedad. En consecuencia, la división legal de las personas entre hombres y mujeres es tan absurda como la división legal entre las razas blanca y negra . Martine no quiere verse constreñida por las palabras. Ha sugerido el empleo de la fórmula ‘pn.’ (‘persona’) en lugar de ‘señor’ o ‘señora’; y el de ‘cariño’ en lugar de ‘esposo’ o ‘esposa’. Sí que le gusta el prefijo ‘trans’, porque se ajusta a la imagen que tiene de sí misma, la de una exploradora que cruza barreras, que se aventura en terrenos desconocidos. Hoy, Martine no se considera tanto una transexual como una transhumanista, una visionaria convencida de que la tecnología puede liberar a los seres humanos de los límites impuestos por su biología. de la infertilidad, la enfermedad y la degeneración física y mental y hasta de la muerte. En sus ratos libres, cuando no está dirigiendo una empresa valorada en cinco mil millones de dólares, Martine dedica sus esfuerzos a ver cómo la tecnología podría ponerle punto final a esa limitación tan definitiva. Rothblatt cree que en un futuro no muy lejano los seres queridos fallecidos volverán a vivir en forma de seres digitales, recreados por medio de unos sofisticados programas de inteligencia artificial. Todo esto puede sonar mesiánico o hasta infantiloide, pero es algo tecnológicamente inevitable .

Un chico inquieto hijo de un dentistaMartine Rothblatt fue el hijo de un matrimonio judío que vivía en un barrio proletario de San Diego, en California. Su padre era dentista. Su madre, Rosa Lee, siempre supo que su primogénito estaba llamado a hacer cosas grandes. Sin embargo, Martine resultó ser un estudiante poco motivado. Dejó la universidad tras el primer año. Quería ver mundo; tras leer que las islas Seychelles eran una especie de paraíso, viajó al archipiélago con unos pocos dólares. Las Seychelles le decepcionaron. Pero un amigo trabajaba allí en la base estadounidense encargada del seguimiento de los satélites de la NASA. Un día invitó a Martine a la base. En el exterior del perímetro había una gigantesca antena parabólica. Creí haber entrado en el futuro , recuerda ella. Aquel lugar parecía el mismo centro del mundo . Martine regresó a California y volvió a matricularse en la universidad; quería especializarse en Derecho Espacial. Martine conoció a Bina en 1979, en una fiesta. Vi a Bina sentada en un rincón y al momento me sentí atraído por ella. La invité a bailar. Bailamos un rato, nos sentamos, charlamos Y desde entonces estamos juntos . Sus mundos eran muy diferentes. Martine era blanco, judío y estaba sacándose un máster en Derecho. Bina, afroamericana, trabajaba como agente inmobiliaria. Pero también tenían cosas en común. Ambos eran padres solteros. Martine había conocido a una mujer en Kenia, país por el que pasó después de las Seychelles; la relación no funcionó, pero dio un hijo, Eli, que por entonces tenía tres años. La hija de Bina, Sunee, tenía la misma edad. No tardaron en irse a vivir juntos a un pequeño apartamento en Washington. Fue una época feliz. Tras casarse, los Rothblatt tuvieron dos hijos más. En 1983, convencido de que nadie había percibido todavía las posibilidades comerciales del espacio exterior, Martine dejó el importante bufete de abogados en el que trabajaba y montó su propia empresa. Al poco tiempo lanzó Geostar, el innovador sistema de navegación automovilística. Luego vino Sirius Radio. Martine estaba pensando en un mundo lleno de coches dotados con satélites diminutos.

y un buen día A principios de los noventa, Bina se quedó tan sorprendida como el resto cuando su marido le dijo que estaba pensando en convertirse en mujer. Martine dice que retrasó el momento del anuncio hasta que estuvo seguro de que Bina no lo abandonaría. Yo te quiero por tu alma, no por el color de tu piel , respondió Bina. Tuve mucha suerte , reflexiona Martine. Muchísima suerte . Empezaron los años de la transición. Años de hormonas y de innumerables sesiones de psicoterapia para determinar que la decisión de Martine no era un capricho pasajero. Empezó a llevar ropas de mujer. Primero, cuando estaba a solas con Bina; luego, en compañía de amigos, junto con sus hijos y los amigos de estos He hablado con tres de los cuatro hijos, y todos dicen que fue una época difícil. Sus compañeros de colegio les gastaban bromas pesadas. ¿Y quién lleva los pantalones en vuestra casa? .Gabriel, el tercero de los hijos de Martine y Bina, tenía 11 años cuando Martine le informó sobre la operación quirúrgica inminente. Gabriel hoy tiene 31 años y es padre de cuatro hijos. Pero ¿seguirás siendo mi padre? , le preguntó Gabriel ese día. Voy a seguir siendo tu padre , respondió Martine. No voy a cambiar. Tan solo voy a cambiar físicamente. Como si fuera una mariposa . Gabriel terminó por aceptar la decisión de Martine. Hizo lo que consideraba más oportuno, lo que era mejor para ella . Pero a la vez sospecha que fue una decisión inspirada en su constante afán de cruzar todas las barreras. Hay quien necesita convertirse en un ejemplo viviente , dice Gabriel.

El drama de su hija En 1996, la familia descubrió que su hija menor, Jenesis, tenía serios problemas físicos. La niña tenía siete años. El médico le diagnosticó una enfermedad rara y mortal. hipertensión pulmonar primaria, una dolencia que dificulta el flujo sanguíneo entre el corazón y los pulmones. Jenesis sufría constantes desvanecimientos. Por aquel entonces, la mayoría de los enfermos moría antes de dos años. El medicamento más recetado era un producto llamado Flolan, comercializado por Glaxo, que tenía que ser administrado por vía intravenosa, durante las 24 horas del día, con la ayuda de una sonda portátil. Martine decidió cambiar las cosas. Vendió un buen paquete de sus acciones en Sirius e invirtió tres millones de dólares en crear una fundación para la curación de la enfermedad. Se puso en contacto con James Crow, el farmacólogo jubilado que había dirigido el desarrollo del Flolan. Lo llamó una y otra vez, hasta que logró una cita. Crow le habló de cierto medicamento que no había sido comercializado; era más seguro y simple de administrar que el Flolan. Pero Glaxo no tenía interés en producirlo. el mercado era demasiado pequeño. Además de una mejora para la vida de su hija enferma, Martine vio que tenía una oportunidad ante los ojos; sabía de la desesperación de los padres como él ansiosos de que la calidad de vida de sus hijos aumentara, aunque fuera un poco. Y en el mundo de la industria farmacéutica, la desesperación es el camino hacia los beneficios. Martine creó su propia compañía farmacéutica, de la que se nombró consejera delegada, y convenció a Crow para que se olvidara de la jubilación y se convirtiera en el presidente y jefe de operaciones. El salario inicial sería de 75.000 dólares al año para cada uno. Su objetivo. patentar el medicamento, encontrar inversores y conseguir la aprobación oficial del regulador estadounidense. United Therapeutics salió a Bolsa en 1999; el precio de la acción. 12 dólares. El año pasado, Martine consiguió que el regulador aprobase la comercialización del medicamento en forma de pastilla. La acción llegó a los 112 dólares. United Therapeutics sigue siendo una compañía pequeña (con 729 empleados y valorada en 5,34 millones de dólares, no está entre las 500 principales listadas por Fortune), pero Martine propietaria del 7,5 por ciento vinculó su salario al precio de la acción, en una especie de política de incentivación personal, que explica que hoy esté sacándose 38 millones al año. Sigue sin haber curación para la hipertensión pulmonar, pero la combinación de medicamentos producidos por su compañía y por otras hace que los pacientes vivan más tiempo. Este 2014, Jenesis cumplirá 30 años.United Therapeutics está hoy en plena expansión. Martine se ha adentrado en la investigación de terapias anticancerígenas basadas en células madre. También colabora con su amigo Craig Venter uno de los primeros científicos que secuenció el genoma humano en el proyecto de criar cerdos para el trasplante de sus órganos a pacientes humanos.

¿Su próximo reto? La vida eternaPero la gran apuesta de Martine está en Vermont, donde ella y Bina han establecido la sede de Terasem, una organización que trata de conseguir la inmortalidad por medio de la inteligencia artificial. El nuevo libro de Rothblatt se titula Virtually human. the promise and the peril of digital immortality. Martine cree que la tecnología permitirá al ser humano prolongar su vida indefinidamente. Pero no es la única que lo cree. Kurzweil, director de ingeniería de Google, es uno de los principales precursores de la idea de esta inmortalidad digital. Y Peter Thiel, el fundador de PayPal, ha aportado más de 3,5 millones de dólares al proyecto de terminar con el envejecimiento. Estos ‘futuristas’, como Martine, defienden una realidad incontestable. la tecnología ha mejorado la existencia humana de forma inmensurable (transfusiones, trasplantes, cirugía artroscópica, resonancias magnéticas ) y va a seguir haciéndolo con la creación de dispositivos inteligentes que transformarán el propio organismo humano. Rothblatt habla de millones de nanorrobots navegando por cuerpos humanos vivos, dirigidos de forma inalámbrica. Pero en este proceso es clave, sobre todo, la inteligencia artificial. En opinión de estos visionarios, los transhumanistas, la inteligencia artificial no tardará en superar el poder del cerebro humano y evolucionar en forma de máquinas autorreplicantes y automejorables. En Virtually human, Martine describe un mundo poblado por humanos y sus clones mentales , conscientes réplicas digitales de las mentes individuales, creadas mediante la amalgama de entrevistas videográficas, fotografías, pruebas psicológicas y existencias digitales enteras. entradas en Facebook, tuits Estos clones existirían en paralelo a los originales en carne y hueso, pero se comportarán, juzgarán, pensarán, sentirán, recordarán y aprenderán por su cuenta Y dado que técnicamente no serán humanos, no tendrán por qué morir. un yo sin fecha de caducidad.La gran mayoría de los transhumanistas son varones, y su interés en alargar la vida puede verse como una descomunal expresión de su narcisismo. Pero Martine es una romántica; cuando se propuso construir un primer clon mental, su propósito fue clonar a Bina, su mujer. Rothblatt encargó en 2010 a la firma Hanson Robotics una réplica de Bina. Bina48, como se llama este robot, se ha cargado con 20 horas de entrevistas con su mujer, ha sido programado para hablar como ella todo con el propósito de que cuando Bina expire, como sucede con todos los seres humanos, Martine, sus hijos y amigos siempre puedan seguir contando con Bina48.Martine y Bina me invitan a cenar y, después, a subir al tejado, donde tienen dos tumbonas y una gran vista del cielo. Echados en las tumbonas, Rothblatt me habla del universo, lo que en su momento la empujó a seguir un camino tan inusual en la vida. Pienso en aquel joven en las islas Seychelles, el que vio la gran antena parabólica. Ahora, mientras contempla el mismo cielo de entonces, Martine es la prueba de que es posible transformar la ciencia ficción en realidad.

Un ejecutivo diferenteRothblatt es la alta ejecutiva mejor pagada y una emprendedora incuestionable. Estudió Derecho, pero siempre se orientó hacia las nuevas tecnologías y la investigación espacial. Tras su cambio de sexo, hace 20 años, poco a poco ha ido optando por un aspecto unisex.

Antes y después de su cambio de sexoArriba, Martine con su hijo mayor, que nació de una relación con una keniana antes de conocer a su mujer. A la derecha, tras someterse a una operación de cambio de sexo en 1994. Su aspecto era más femenino que el de hoy. Llevaba los labios pintados y el pelo suelto. Martine dice que empezó a acariciar la idea de cambiar de sexo cuando tenía 15 años. En mi cabeza, me veía como una mujer sexualmente atraída por las mujeres .

El amor de su vida eternaMartine y Bina llevan 33 años casadas. Para Martine, ella es tan importante que ha creado un robot, Bina48, llamado a ser su réplica inmortal. Martine, de 59 años, no tiene la menor intención de jubilarse. Disfruto de un estupendo equilibrio entre mi vida personal y mi vida laboral , asegura.

Retrato de familiaMartine con su esposa y su hija Jenesis. Fue una enfermedad de Jenesis, diagnosticada cuando tenía siete años, la que llevó a su padre a crear una empresa farmacéutica. Esa compañía la ha hecho rica y famosa, pero sobre todo salvó la vida de su hija. Le dieron dos años de vida y este 2014 va a cumplir 30.