Liberal convencido y jurista de reconocido prestigio internacional, deja la presidencia de su famoso despacho al cumplir ochenta años. Con ese motivo y el de la publicación de una biografía sobre él, nos recibe, no tanto para mirar atrás como para aventurarse a predecir lo que viene. Sabe mucho más de lo que cuenta, pero lo que cuenta ya es mucho

De Antonio Garrigues dice Núria Espert que es ese amigo incondicional siempre dispuesto a levantarte el ánimo, a hacer fácil lo difícil y a darse de lleno a las aventuras culturales, cuanto más inquietantes e inseguras, mejor. Conversador ameno e inteligente y humanista de sólida formación y exquisita delicadeza, no es hombre al que le guste mirar hacia atrás y está siempre dispuesto a seguir aprendiendo de la vida. Pese a ello, y con motivo de la inminente publicación de su biografía, escrita por Carlos García-León y Borja Martínez Echevarría (Ediciones Península), tenemos ocasión de hablar con quien ha sido testigo clave de medio siglo de nuestra historia.

XLSemanal. La publicación de esta biografía coincide con su 80 cumpleaños y con la decisión de dejar la presidencia del despacho Garrigues. ¿Impone pasar a ser octogenario?

Antonio Garrigues. Mucho, sí. Tengo grabada una frase que en su día nos dijo mi amigo Fernando Chueca. Primero de todo, quiero aseguraros que yo no tengo 80 años, de verdad que no los tengo. He cumplido 80 años, pero no los tengo [se ríe].

XL. ¿Dice adiós definitivamente al bufete?

A.G. Me van a dar una presidencia de honor y voy a mantener mi despacho. Así que, durante algún tiempo, seguiré siendo el último Garrigues en Garrigues; porque, al igual que hacen las grandes firmas inglesas, no está permitido que los hijos de los socios entren a trabajar en la firma. Somos más de 320 socios, no sería viable. Hace mucho que Garrigues dejó de ser una empresa familiar.

XL. ¿No cree en el futuro de las empresas familiares?

A.G. La primera obligación de una empresa familiar es dejar de serlo; de lo contrario está condenada, en la mayor parte de los casos, al fracaso. En ese aspecto estamos mejorando mucho en España. Las empresas familiares tienen que prever su transición a la profesionalización de sus estructuras y su liderazgo. Ese es el camino no solo para la supervivencia empresarial, sino también para la familiar.

XL. ¿Esta teoría la aplicaría también a empresas como El Corte Inglés o el Banco de Santander, donde las presidencias acaban de recaer en familiares directos de los fallecidos Emilio Botín e Isidoro Álvarez?

A.G. Sin duda. Y doy por seguro que lo valoran y lo tienen en cuenta. Son personas y organizaciones responsables y previsoras.

XL. Se sabe que los grandes despachos adquieren un poder político y económico importante, que son y ejercen como auténticos lobbies. ¿Juegan al límite de la ley?

A.G. En esto hay mucho de mito y de leyenda; aunque no cabe duda que, si unimos los cuatro o cinco grandes despachos que existen en nuestro país, tenemos una cierta influencia. Más que poder, que es una palabra muy dura, tenemos influencia a través del poder de nuestra clientela y nuestra forma de ver las cosas.

XL. ¿Se siente un hombre con poder?

A.G. Pues no, sinceramente. Yo creo que, cuando alguien se cree poderoso, deja de serlo y pasa a ser tonto. Nosotros no aspiramos a tener ese tipo de poder. Debemos vigilar de una manera muy clara qué es influencia y qué es tráfico de influencias. Pero es lógico que, si creemos que algo es justo, influyamos cerca del Gobierno para defenderlo. Ese es el tema del llamado lobby, que está ahí.

XL. Si acepta que los lobbies existen, no será tanta ficción el poder que ejercen.

A.G. Estoy dispuesto a aceptar que existe poder jurídico, pero hay casos y países En el mundo anglosajón, la figura del abogado en una empresa es muy importante y el poder jurídico es mucho mayor que aquí. Sinceramente, creo que seríamos un peligro público si quisiéramos tener ese poder. Yo no me siento un hombre poderoso bajo ningún concepto; me puedo sentir influyente en ciertos asuntos, pero nada más.

XL. Usted ha mantenido amistad con muchos políticos relevantes. Tuvo una relación muy estrecha con Jordi Pujol, ¿le han sorprendido los delitos económicos que puede haber cometido?

A.G. Exactamente igual que al resto de los españoles. Hay muchísima gente que ha tenido con él una muy buena relación e incluso una admiración profunda hacia él y ahora se ha producido una desmitificación. Pero que nadie crea que el de Pujol es un caso único.

XL. ¡Vaya! Sería de agradecer que no hubiera muchos políticos de esa relevancia involucrados en cuestiones tan turbias.

A.G. No es un caso único, repito.

XL. ¿Conoce casos similares de políticos relevantes?

A.G. [Piensa unos segundos]. Que nadie crea que solo existe este caso; y, ciertamente, no lo digo en defensa de Jordi Pujol, como puede imaginar.

XL. ¿Sabe más de lo que puede decir?

A.G. No es cuestión de que no pueda hablar Cuando digo que su caso no es el único, me refiero a otros políticos políticos que también han tenido y que siguen teniendo cuentas en el extranjero.

XL. ¿Entiende la trayectoria política del señor Pujol?

A.G. En España había cierto sentimiento de admiración por su labor, y a todos nos extrañó la radicalización política en la que fue entrando. En una ocasión le hice ver públicamente al entonces honorable señor Pujol qnsible su cambio respecto al proceso soberanista. No fue un encuentro agradable. Recientemente he vuelto a tener un encuentro con él y le reiteré que, siendo sincero, no entendía la postura que él estaba tomando.

XL. ¿Y qué le respondió?

A.G. Justificaba su actitud por el comportamiento que el Estado tenía respecto a Cataluña, por la sentencia del Tribunal Constitucional En fin, ese tipo de cuestiones que todos hemos escuchado.

XL. Y, ahora, ¿qué?

A.G. Ahora, me preocupan seriamente los partidos que están en riesgo en Cataluña. CiU, el Partido Socialista, el PP y el encumbramiento de ERC. Entiendo que todo el mundo puede beneficiarse de los errores ajenos, pero demasiados errores pueden desfigurar el mapa político catalán, y Cataluña no es un tema cualquiera; es esencial para España.

XL. ¿Confía en la marcha atrás del independentismo?

A.G. Cataluña es una pieza enteramente fiable. Cataluña acabará haciendo las cosas bien.

XL. El dinero es muy temeroso y huye de las situaciones en conflicto

A.G. No cabe duda de que puede influir en las inversiones de capital extranjero. Muchos clientes nos preguntan por la situación de Cataluña y, en estos momentos, les decimos que damos por seguro que no va a pasar nada.

XL. ¿Es un deseo o un convencimiento?

A.G. Sinceramente, pienso que no va a pasar nada, que la ciudadanía catalana es muy seria e inteligente y que va a acabar resolviendo este tema de una manera clara. Los catalanes no van a poner en riesgo todo el valor de su comunidad, que es inmenso. Siempre se han comportado correctamente y este tema se va a resolver sin el menor trauma. Estoy seguro de que ese deseo independentista no es mayoritario y que hay que ver por qué crece, hasta dónde crece y cómo crece. Luego habrá que buscar soluciones que pueden estar en el cambio constitucional y en recomponer el modelo hacia un federalismo más tradicional o más clásico. Alemania, Gran Bretaña, los Estados Unidos son países federales.

XL. ¿Rajoy lo está haciendo bien?

A.G. Creo que Rajoy hasta ahora ha hecho bien muchas cosas. Yo viví de una manera muy cercana cuando él se opuso al rescate europeo y vi las presiones que recibió de la gran empresa y de la gran banca, diciéndole que no se podía soportar esa locura y que tenía que pedir el rescate porque estábamos al borde del hundimiento. Fue tremendo y, sin embargo, él supo aguantar la situación y esa apuesta le ha salido bien.

XL. ¿Y respecto a Cataluña?

A.G. Como liberal que soy, tanto silencio y tanta ausencia de diálogo no me parece democrático. Pero echar la culpa a Rajoy o a Mas es un ejercicio especulativo, el juego de las culpas es muy complicado. Ortega decía que hay problemas que hay que conllevar , y este es uno de ellos, con el que vamos a convivir siempre.

XL. Ahora, España es de los países de la Unión Europea que más crece, pese a que la deuda ha aumentado. ¿Es optimista?

A.G. En este momento somos de los mejores de la clase. Y, además, resolver bien el problema de Cataluña le va a dar a España una fuerza y un impulso espectaculares.

XL. Parece que el bipartidismo ya no está nada claro en España.

A.G. Es una evolución democrática perfectamente previsible, pese a que la Ley Electoral en España lo favorece; pero la baja credibilidad del estamento político ha ido creciendo con los años de una manera espectacular y esto se veía venir. Los partidos políticos se han llegado a convertir en un problema para la ciudadanía y esto es lo que se está pagando ahora.

XL. ¿Cómo entiende la irrupción de Podemos?

A.G. Ha sido sorprendente en cuanto a la cuantía del resultado, pero no en cuanto a la lógica. Estos partidos emanan en elecciones donde no está en juego el poder auténtico, como lo es una elección europea; y, cuando llega el momento de la verdad, inevitablemente pierden votos.

XL. ¿Cree que Podemos acabará languideciendo?

A.G. Si alguien cree que desaparecerá, se equivoca. Van a tener muchísimos problemas de organización y de definición que lo van a debilitar, va a mermar en importancia, pero no va a desaparecer de la escena política. Podemos acabará ‘convencionalizándose’.

XL. ¿Pasará a ser casta ?

A.G. No [sonríe], eso podría ofenderlos; pero tendrán que enviar un mensaje asumible y aceptable, cosa que no han hecho hasta ahora. Lo único que por el momento han demostrado es la desafección política de la gente hacia los políticos y los partidos grandes.

XL. La relación entre la familia Garrigues y los reyes ha sido siempre buena, incluso a su padre se le concedió un título nobiliario al cumplir cien años. Sin embargo, usted dice que no es monárquico.

A.G. La monarquía es un sistema que hemos asumido y aceptado en España y en muchos otros países europeos porque ha funcionado muy bien. Pero no me declaro monárquico porque no creo que sea el único sistema válido para regular la convivencia entre ciudadanos. Yo no sacralizo la monarquía. Ahora bien, no cabe duda de que en estos momentos es el mejor sistema para este país; y para mí tampoco cabe ninguna duda de que el papel de la monarquía es decisivo. El cambio ha sido fenomenal y el valor de la juventud me parece vital.

XL. Hubo quien comparó el clan Kennedy con la saga Garrigues, y su hermano Joaquín dijo entonces. Ellos son más guapos, más ricos, se apoyan unos a otros, reconocen un jerarca por encima de todos y nosotros, no .

A.G. Todo eso es cierto, pero es que, además, entre nosotros siempre ha existido un espíritu muy competitivo y mucha rivalidad. Siempre hemos tenido un enorme afán de superación sobre los demás; cada uno de nosotros sentía la necesidad de demostrar que era capaz de hacerlo mejor que el resto.

Privadísimo

1. Es miembro de la Trilateral y el Club Bilderberg, asociaciones secretas que ejercían una especie de gobierno mundial en la sombra. Entró por su amistad con David Rockefeller. Hoy, dice, han perdido influencia y ganado poder intelectual .

2. Entró a trabajar en JandA Garrigues en 1954, pero solo ha actuado ante un tribunal dos o tres veces y en temas menores. En el despacho hay mejores procesalistas .ü

3. En los años setenta, el despacho Garrigues tenía el monopolio de la inversión extranjera en España (Ford, IBM, Avon, Hewlett Packard, Philip Morris ). Éramos los únicos bien relacionados y que hablaban inglés .

4. Es un apasionado del teatro. Ha escrito más de 50 obras e incluso se ha subido al escenario para interpretar alguna de ellas.ü

5. Su padre -abogado, embajador y ministro- tuvo una amistad amorosa con Jackie Kennedy cuando ambos eran viudos. Su hijo asegura que, pese a que se entendían bien, no hubo pasión .

Todo un clan. Los cuatro Antonios. Garrigues Walker; su padre, Garrigues y Díaz-Cañabate; su hijo, Garrigues Miranda; y en sus rodillas, su nieto. El otro Garrigues Walker era Joaquín (derecha), político y de gran carisma, con quien Antonio tuvo una relación tensa. Dos almas separadas por un muro infranqueable de ladrillo , cuenta.