El periodista Fernando Ónega  mantuvo la primera entrevista con el monarca después de la coronación de Felipe VI y la última en su despacho de La Zarzuela. Por Virginia Drake

Cuatro horas de diálogo que se recogen en el libro Juan Carlos I: El hombre que pudo reinar (Plaza & Janés)

Nos vamos, ¿no? Se lo preguntó dos veces, como si necesitara reafirmar el permiso para marcharse. Su hijo hizo un gesto de asentimiento.

Él giró su cuerpo maltrecho, castigado por los años, dolido a causa de los accidentes, la cadera tantas veces rota y las “visitas al taller” , y entró en la penumbra del palacio, que era la penumbra de la historia. Se apoyó en su bastón y se desvaneció tras aquella puerta que daba al balcón de la plaza de Oriente.

[…] A su lado iba una gran mujer, la gran dama que le acompañó, por lo menos oficialmente, durante el último medio siglo. Hasta ese instante llegaron las fotos del matrimonio. Las posteriores fueron de encuentros en citas oficiales que duraron lo que duraron los actos. Detrás de aquellas cortinas emprendieron caminos opuestos.

[…] Lo cierto es que no era devoto del Palacio de Oriente. Ni siquiera lo llamaba palacio sino Oriente. No quiso vivir allí como su abuelo, quizá porque este salió de aquel recinto para el exilio sin que nadie acudiera a despedirlo. Él quiso vivir en La Zarzuela porque había soñado con un hogar. […] Pero aquel 19 de junio tenía que estar allí. Era su despedida. Se trataba de la entrega de sus poderes a su hijo con el pueblo como testigo. Fugaz, dos minutos apenas, pero aquella escena cerró una página de la historia.

[…] Cuatro meses después, lejos del ruido y las banderas, en la tranquilidad de su despacho, le pregunté cómo recordaba aquel momento y qué sintió a la hora de despedirse.

J.C.. Quizá la palabra emoción se quede corta. Fueron sentimientos contradictorios. la satisfacción del deber cumplido y el dolor de la despedida; la pena de pensar que me retiro y el orgullo de un padre de ver a su hijo allí.

La mañana del adiós

[…] Él se levantó temprano, como todos los días. Tiene programada la radio como despertador a las siete de la mañana. A continuación realizó sus ejercicios de rehabilitación. Salió de La Zarzuela con la sensación de vestir por última vez el uniforme de gala de capitán general. Preguntó si había mucha gente en la plaza de Oriente. Está llena, señor . Sintió nostalgia, pero también, como confesó después, el orgullo de la misión cumplida. Salió al balcón 59 segundos después que Felipe VI. Se le veía pequeño al lado de su hijo.

[…] Fue en ese momento, ya detrás de las cortinas, cuando Juan Carlos I se sintió libre de la carga de la Corona. Experimentó la liberación. Había dejado definitivamente la Jefatura del Estado.

[…] No sabía en aquel momento su Majestad que allí se iba a instalar su despacho futuro, quizá porque La Zarzuela no es tan grande como para que quepan dos reyes.

Sin urgencias, pero resuelto a abdicar

Su figura física llegaba deteriorada a la abdicación. Habían pasado demasiadas cosas en los últimos años. Se habían cometido errores. Escándalos próximos, rumores de alcoba y noticias ciertas del deterioro de la salud se juntaron en poco tiempo. Quizá se habían perdido reflejos.

La abdicación tuvo que adelantarse al saberse que dos personas ajenas estaban en el secreto: Teresa Fernández de la Vega y Javier Zarzalejos

[…] Mucha gente hablaba de la abdicación e incluso la pedía, pero pocos creíamos que sucediera, porque habíamos leído en sus confesiones a José Luis de Vilallonga estas palabras de don Juan de Borbón. Un Rey, me había dicho mi padre, nunca debe abdicar; no tiene derecho a hacerlo . Ninguna de las personas que habían hablado con él detectó la menor intención.

[…] Sin embargo, don Juan Carlos sí había pensado en la abdicación. Lo hizo hace años y en más de una ocasión , según escribió Fernando Almansa. Ha comentado que le gustaría, cuando llegase el momento, dejar la Corona al príncipe y que el relevo de su hijo en el trono se produjera dentro de la normalidad democrática y constitucional.

Un encargo muy especial

En la primavera de 2013 sorprendió al jefe de la Casa Real, Rafael Spottorno, con un encargo que le dejó de piedra.

-Vete estudiando cómo se podría instrumentar una posible abdicación. Sin prisas, solo se trata de tener estudiado el tema en sus aspectos jurídico y constitucional.

A lo largo del año que transcurrió entre ese encargo y la decisión final, Rafael Spottorno le preguntó varias veces al Rey si seguía adelante con el trabajo encomendado. Y le repitió la pregunta con otros matices. ¿Estamos seguros, señor? . Y el señor lo estaba. Sin urgencias pero resuelto. Solo le faltaba decidir el momento.

Las razones de la abdicación

Estoy convencido de que el empujón definitivo se produjo, tal como él reveló, al cumplir setenta y seis años. ¿Qué ocurrió ese día? Se celebraba la Pascua Militar, y el Rey leyó su discurso y se perdió. Estaba agotado. Tenía motivos para estar agotado. Había estado respondiendo mensajes de felicitación por su cumpleaños hasta altas horas de la madrugada, uno a uno, sin ningún tipo de ayuda. En consecuencia, había dormido poco y su capacidad de resistencia se vio mermada. Le disgustó verse después en la televisión. Y le disgustaron, le alarmaron en especial las críticas publicadas, hasta el punto de que le preguntó a una persona de confianza: “¿Es que no hay nadie que me defienda?”. Creo que esa sensación de derrota o de impotencia, aunque haya sido puntual y excepcional, le llevó a la decisión final.

La soledad del Rey

Lo más probable es que la decisión de abdicar fuera una suma de todo, agravada por la soledad. El Rey estaba muy solo los últimos meses previos a la abdicación. Su matrimonio había naufragado. La relación con sus hijos era complicada: con Cristina por las razones procesales conocidas y porque se había marchado a vivir a Suiza; con la infanta Elena, a pesar de que se profesaban un afecto mutuo, porque ella tenía su propia vida; y aunque el príncipe Felipe mantenía una relación de cariño y admiración, esta estaba matizada por el ‘factor Letizia’: la sintonía suegro-nuera no sobrepasaba mucho los límites de la cortesía. Incluso hubo momentos de desafecto, creo que superados. Utilizando la célebre expresión de Ortega, “se conllevaban”.

Además de una soledad todavía mayor, según me contaron fuentes de toda solvencia, la relación con el Gobierno era poco fluida. Se limitaba a lo obligado por la función institucional y la costumbre, pero hubo casos de nombramientos de embajadores que no le fueron comunicados a Su Majestad, cosa que no había hecho ningún Gobierno anterior. Don Juan Carlos no quiso hacer uso de su autoridad para reclamar esa información. Se tragó los silencios para no provocar conflictos, pero vio incrementado su aislamiento.

[…] A todos estos episodios hubo que sumar las desventuras de su salud, que fueron más graves de lo conocido. Don Juan Carlos estuvo al borde de la muerte cuando fue convocado el doctor Miguel Cabanela.

La infección que sufría estaba a punto de convertirse en una septicemia, enfermedad potencialmente mortal. Se puede decir que la última intervención para cortarla le salvó la vida.

[…] A la vista de este paisaje humano, la alternativa de la abdicación empezaba a ser una hipótesis razonable.

La opinión pública

Estoy en condiciones de afirmar que el factor de la opinión pública fue determinante. Desde el Palacio de La Zarzuela se hacían encuestas. Periódicamente llegaban los barómetros del CIS y los sondeos de empresas privadas que publicaban los medios informativos. Y cada estudio demoscópico era un golpe en el rostro del monarca. había rechazo. Por primera vez en los treinta y nueve años de reinado, don Juan Carlos veía bajar la calificación que le daban los ciudadanos.

El calendario

La primera vez que el rey solicitó que se fuese estudiando su abdicación fue en la primavera de 2013. Es decir, un año después del suceso de Botsuana pero meses antes de la operación efectuada por el doctor Cabanela, cuando se encontraba ya muy limitada su movilidad.

Febrero de 2014. Secreto absoluto […]

La decisión final fue comunicada a Spottorno a principios de 2014. Y una vez adoptada, al Rey le salió el impulso vital que lleva dentro y quiso visitar los países del Golfo, en un viaje que sus colaboradores llamaron la ruta del dátil . Viajaron en un avión lleno de empresarios y periodistas. Lo que ninguno se podía imaginar al ver a Rafael Spottorno y Javier Ayuso trabajar juntos en un ordenador era lo que estaban haciendo. el esquema del borrador de lo que finalmente sería el discurso de abdicación. Había orden de secreto absoluto. Aún hoy parece increíble que consiguieran la ausencia de cualquier tipo de filtraciones, pero lo lograron. Y se evitó lo que menos convenía en ese momento. abrir el debate monarquía-república. Aunque fue por los pelos . hubo que adelantar una semana la abdicación, porque al menos dos personas conocían los preparativos. Y estas dos personas no estaban en la lista de los conjurados al silencio.

31 de marzo de 2014

El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, recibió la sorpresa política de su mandato, el día del funeral de Estado de Adolfo Suárez. Salió de las Cortes con destino al palacio de La Zarzuela y allí le esperaba el rey para el despacho semanal. No entraron en el debate de las materias de consulta ordinaria que el presidente traslada al monarca ni el monarca hizo al presidente pregunta alguna. Solo le comunicó que había decidido abdicar. Rajoy respondió escuetamente: “Es su decisión, la respeto y cuente con todo mi apoyo y el del Gobierno”.

3 de abril de 2014.

Tres días después, el rey recibió a Alfredo Pérez Rubalcaba, que resultaría fundamental en la operación. Rubalcaba tenía la clave de los votos para que la proclamación del nuevo rey no se llevara a cabo únicamente con el respaldo del Partido Popular. Y para conseguir ese fin disponía de la llave del calendario, ya que el líder del Partido Socialista también pensaba dejar la secretaría general de su partido. Con él en ese puesto, la mayoría estaba asegurada. Sin él, y sin conocer al sucesor, nadie podía asegurarla.

Diecisiete días que salvaron la monarquía

De esa forma se estableció un primer abanico de fechas. Todo el proceso de abdicación y proclamación tenía que producirse entre el 25 de mayo y el 30 de junio. A partir del 25 de mayo porque era el día de las elecciones europeas. Antes del 30 de junio, porque era el final del periodo de sesiones y todo el proceso debía realizarse con las instituciones a pleno rendimiento, sin vacaciones parlamentarias.

Abril de 2014. Se encienden las alarmas

Después de Semana Santa se celebraron reuniones a las que asistieron Rafael Spottorno, Alfonso Sanz Portolés, Jaime Alfonsín, Domingo Martínez Palomo y Javier Ayuso, por parte de La Zarzuela. Con el Rey se reunieron el Príncipe Felipe, Mariano Rajoy, Pérez Rubalcaba y Spottorno. Se contó con la opinión de Felipe González y de Alberto Aza, anterior jefe de la Casa. Se informó a los expresidentes José María Aznar y Rodríguez Zapatero. Se acordó que la abdicación se comunicaría el lunes 9 de junio.

16 de mayo de 2014

En la siguiente reunión se produjo un hecho imprevisto. Rafael Spottorno informó de que había al menos dos personas ajenas a los trabajos que conocían o intuían que se preparaba la abdicación. Se trataba de María Teresa Fernández de la Vega y Javier Zarzalejos. Rubalcaba ofreció una interpretación rápida que provocó la risa de los asistentes. a María Teresa se lo contó Zapatero; a Zarzalejos se lo contó Aznar. También a Javier Ayuso le preguntaron dos periodistas qué había de cierto en el rumor de una inmediata abdicación del rey. Se encendieron las alarmas. Alfredo Pérez Rubalcaba reaccionó con agilidad: “Hay que adelantar la abdicación”. Mariano Rajoy se sumó a la iniciativa como si se hubiesen puesto previamente de acuerdo, y se propuso adelantar todo el proceso una semana. Ya no se podían correr riesgos. La abdicación quedó señalada para el día 2 de junio.

Solo había una duda. ¿estarían el Príncipe y la reina Sofía en Madrid? Se consultó la agenda, y don Felipe regresaba de una toma de posesión en Iberoamérica. Doña Sofía recibía un premio en Nueva York, pero llegaría a tiempo para los actos públicos. El calendario estaba despejado.

[…] En La Moncloa se instaló la orfebrería jurídica. De los miles de funcionarios que trabajan en ese recinto, solo tres personas supieron lo que se estaba preparando. Fue otra de las cautelas del precavido Mariano Rajoy. Cuando se le comunicó que podía informar al Gobierno, el presidente respondió. Solo se lo diremos a dos personas. Soraya Sáenz de Santamaría y Pérez Renovales , subsecretario de Presidencia.

[…] Para acelerar el proceso y no perderse en discusiones colaterales, se dejaron para después lo que podrían llamarse ‘asuntos menores’ como el tratamiento, el escudo del rey Felipe VI y las precedencias. Para la polémica cuestión del aforamiento se encontró un hueco en la Ley Orgánica del Poder Judicial.

El tránsito se hizo con toda normalidad, sin traumas de ningún tipo.

Octubre de 2014

El Rey está más relajado y afectuoso. De salud se encuentra bien. Por fortuna ya no tiene que hacer rehabilitación. Cada mañana hace su gimnasia y camina ochocientos metros en la cinta. Le cuesta pero avanza.

[…] Es posible que hoy, después de todo lo vivido, se sienta un poco más solo todavía. Le fallaron demasiados amigos. O quizá no tuvo la suerte en la elección de los mismos.

[…] Al final de su reinado, hubo una palabra que repetía cada minuto, en público y en privado. Gracias . Se marchó agradecido por todo. por el apoyo recibido, por las muestras de afecto de la gente, por haberle permitido simplemente reinar. Está convencido de su buena estrella. Esa buena suerte que siempre me ha acompañado . Jaime Carvajal le escuchó esta confesión.

No sé cómo han salido las cosas tan bien. A veces tengo la impresión de que se me aparecía una paloma, se me posaba en el hombro y me iba inspirando.

A quien el Rey dedicó una frase de gratitud cuando comunicó su decisión de abdicar fue a ella, a doña Sofía, a su esposa durante cincuenta y dos años. Y se lo dijo así: “Gratitud a la Reina, cuya colaboración y generoso apoyo no me han faltado nunca”.

En la retina de los españoles quedaban algunas imágenes que hablaban de distancia. Hacía mucho tiempo que no se cruzaban miradas de complicidad, al menos en público. Algunos libros publicados aseguraban que la pareja afectiva estaba rota y que hacía décadas que no convivían como un matrimonio. Hay quien asegura que el príncipe Felipe quiso casarse por amor, sin atender al origen de la elegida, justamente para no sufrir el desamor que había visto en su casa. Historias de corte

Cuando se escriben estas páginas, doña Sofía también se ha desvanecido en la historia. Quizá más que nadie. En la memoria queda su frase. En este viaje vamos juntos. Y eso no se acaba .Salvo tras la abdicación de su marido. Y una mañana de junio de 2014 el telón bajó en un balcón del Palacio de Oriente.