La amenaza de inundación es seria: el aumento del nivel del mar ya se percibe en sus calles encharcadas. Los que más peligro corren son los ricos: sus casas están en primera línea. Por Norbert Höfler

Las cucarachas salen de grietas y ranuras. Son muchísimas. Y grandes como abejorros gordos. Buscan terreno seco, la seguridad. Si no lo consiguen, acabarán convertidas en comida para peces.

Raymond Romero se apoya en una valla oxidada y entorna los ojos bajo el sol de la mañana. «Veo este espectáculo dos veces al día», dice. Las cucarachas vienen con la subida de la marea. El agua rebosa por los sumideros situados delante de su casa en Miami Beach. También se desborda del canal de 20 metros de ancho que pasa por detrás de la vivienda e inunda la terraza. Al cabo de un rato el agua se retira, regresa al canal, fluye de vuelta a los sumideros… por el momento: volverá dentro de 12 horas.

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Raymond Romero, de 39 años, vive junto a un canal navegable, solo cuatro manzanas detrás de los hoteles de lujo que se alinean a lo largo de esta famosa playa. Tras cada inundación, Romero saca sus muebles a la calle para que se sequen. Dice que ya no se puede permitir pagar el seguro de la casa. Las cuotas suben al mismo ritmo que el nivel del agua.

Casi nadie discute si ocurrirá o no. Lo único que no se sabe es cuándo; en qué momento la ciudad dejará de ser habitable

Florida sumergida

La mayoría de los seis millones de habitantes de su área metropolitana saben que la ciudad acabará siendo víctima de la subida del nivel del mar. Ya casi nadie discute si ocurrirá o no. Lo único que no se sabe es en qué momento la mayor parte de Florida pasará a ser inhabitable por culpa de las aguas. Puede ser en 20 años, en 50 o en 100. Los científicos avisan: Miami sucumbirá a la inundación. El Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático estima que el nivel del mar habrá subido entre 26 centímetros y un metro para finales de este siglo. Otros estudios creen posible una subida de entre 1,80 metros y seis metros. Miami ocupa el puesto número uno en la lista de ciudades con el mayor riesgo de daños económicos, por delante de Nueva York, Boston, Bombay, Shenzen, Calcuta o Bangkok.

El buzo urbano

Hora punta en Miami Beach. Freddy Pérez está sumergido hasta el cuello en uno de los sumideros de una arteria urbana de cuatro carriles. La marea también se desborda en esta zona, aflora por conductos y tuberías. «Estamos instalando bombas fijas y elevando los muros de contención», explica Pérez. Desconoce durante cuánto tiempo estas medidas serán eficaces. «Quizá unos diez años, quizá veinte. Depende de lo rápido que se derrita el hielo de Groenlandia», dice.

La ciudad se asienta sobre una roca caliza porosa llena de agua dulce. En los lugares muy bajos, esa agua aflora a la superficie, aunque no llueva

Philip Lavine, alcalde de Miami, está convencido de que la ciudad se puede salvar. Si dijera otra cosa, podría provocar una huida en estampida de los inversores. Se sigue construyendo como si no hubiera peligro. Compañías financieras y bancos de todo el mundo se están instalando en la ciudad. Incluso en las muy amenazadas playas de Miami Beach se alzan nuevos bloques de viviendas. En el área de Miami se están levantando unas 150 torres de oficinas, hoteles y apartamentos. Los planificadores urbanos calculan un crecimiento de la población de tres millones de personas hasta el año 2060.

El gobernador de Florida, el republicano Rick Scott, encaja a la perfección en este ambiente: cree que el cambio climático es pura propaganda izquierdista. Algo que inquieta a Harold Wanless, profesor de Geología en la Universidad de Miami que lleva desde los ochenta avisando del peligro de la subida del nivel del mar. Cree que los acuerdos internacionales para la protección del clima son buenos, pero que en el caso de Miami ya es demasiado tarde para revertir la situación. El profesor Wanless despliega unos mapas del sur de Florida. Muestran la cantidad de tierra que se iría perdiendo si el agua subiera hasta los 1,80 metros. Las aguas residuales ya no podrían evacuarse, el sistema de vaciado de las cisternas no funcionaría, los inodoros no servirían de nada. Según los mapas de Wanless, dentro de diez años solo quedaría un fragmentado paisaje de islas.

Piet Dircke dirige el departamento de gestión del agua en la empresa holandesa Arcadis. Fue su equipo, con experiencia en Nueva Orleans tras el huracán Katrina, el que planificó el sistema de diques y bombas de achique que impidió que la tormenta Isaac se tradujera en otra catástrofe. Un sistema que no ha sido suficiente para impedir las consecuencias del huracán Irma que amenaza actualmente la cosa de Florida.

El mar era el mejor amigo de Miami, pero ahora se está convirtiendo en su peor enemigo. Solo veo una solución: construir una plataforma firme varios kilómetros mar adentro, delante de la ciudad, que se alce muy por encima del nivel del agua y sobre la que se puedan construir casas. De esa forma, la nueva Miami protegerá a la antigua».

Los expertos ven como única solución la construcción, delante de la ciudad, de una plataforma firme mar adentro que actúe como muro de protección

Philip Stoddard, biólogo y responsable municipal del pequeño distrito de Miami Sur, nos muestra el segundo gran problema al que se enfrenta la ciudad: se asienta sobre una roca caliza porosa y llena de agujeros, en lo que hace millones de años fue un arrecife de coral. La subida del nivel del mar empuja a su vez el nivel del agua dulce acumulado bajo la ciudad. En lugares muy bajos, el agua ya aflora en la superficie cuando hay marea alta. Stoddard cuenta: «La gente llama a los bomberos y les dice: “No llueve, pero se me está haciendo un lago en el jardín”». Como regidor de un barrio de apenas 13.000 habitantes, Stoddard ha establecido que, para construir en Miami Sur, sea obligatorio hacerlo sobre pilotes. Y las nuevas calles ya se están haciendo elevadas.

Charcos callejeros

Cuando llueve, en Miami Beach el agua llega hasta la rodilla. El mar empuja desde los canales y bloquea los desagües. El trabajo de Freddy Pérez consiste en sumergirse para desatascar los sumideros. A pesar del peligro, se siguen construyendo edificios cerca del mar. «Las casas más valiosas están pegadas al agua», alerta Piet Dircke, especialista holandés en planificación de diques y bombas de achique para ciudades.

El lujo no se detiene

El mundo de los negocios vive de espaldas a la amenaza de inundación. Se están levantando 150 edificios de lujo en el área de Miami. Hay obras colosales, como la torre Porshe Design, cuyos residentes tendrán ascensor hasta su piso, para ellos ¡y sus coches! Mientras, los expertos alertan de que solo en el área metropolitana se encuentran amenazados hoteles y apartamentos por valor de 400.000 millones de dólares.


PARA SABER MÁS

Grupo Intergubernamental de Expertos sobre Cambio Climático