Adiós a los cinturones gástricos, a las dietas sin resultados, a los remordimientos de conciencia Los científicos creen que una píldora ‘milagrosa’ inhibidora del apetito es posible. Laboratorios y universidades compiten en una carrera contrarreloj por una patente. Están en juego millones de vidas y, por supuesto, millones de dólares. Se lo contamos.

Por increíble que parezca, en el mundo actualmente hay más personas sobrealimentadas que desnutridas. El 25 por ciento de los ciudadanos en la mayoría de los países occidentales son obesos, y cerca de la mitad de la población tiene sobrepeso. El mundo occidental está angustiado por la obesidad y con razón. El problema es tan serio que la esperanza de vida de la población puede empezar a disminuir por primera vez en la historia. Pero aún más inquietante que la posible duración de la vida es la incidencia del sobrepeso en la calidad de la existencia. El hecho de ser obesos implica que somos más propensos a sufrir problemas en las articulaciones, dolor crónico, diabetes del tipo 2, enfermedades coronarias y ciertos tipos de cáncer, por no hablar de la estigmatización social y los problemas de salud mental.

El impacto de la obesidad en la economía mundial es descomunal. Según un informe reciente de la consultora Mackinsey, los costes de la obesidad ascienden a 1,7 billones (con be, sí) de euros, casi el 3 por ciento del PIB del planeta, y se sitúa casi al mismo nivel que tabaquismo, guerras y terrorismo. Los gastos engloban costes sanitarios, absentismo laboral, intervenciones y dietas. Un dato. solo los tratamientos que se comercializan por Internet rondan los 17.000 millones de euros. En España, el 37 por ciento de la población sufre sobrepeso. Uno de cada doce fallecimientos está ligado a la obesidad, casi 30.000 muertes al año. Cada español que quiere perder peso gasta unos 60 euros mensuales en dietas. Y si recurre a tratamientos que no cubre la Seguridad Social, lo que pasa en el 80 por ciento de los casos, el coste es de mil euros al año, según la Fundación Jiménez Díaz.

LA PÍLDORA CONTRA LAS GRASAS 

Para afrontar este problema tan complicado, un equipo de científicos trabaja en el Wellcome Trust-Medical Research Council Institute of Metabolic Science, con sede en Cambridge, y creado por el profesor Sir Stephen O’Rahilly. No es exagerado decir que están en juego millones de vidas y también, por supuesto, miles de millones de dólares. Hoy tiene lugar una secreta carrera para encontrar la ‘cura’ de la obesidad, carrera en la que O’Rahilly participa. Cuanto mayor es el problema, mayor será la gloria y la riqueza para la persona o la compañía que encuentre la tan debatida ‘píldora milagrosa’.

La importancia de encontrar una píldora se explica por la complejidad de los métodos manejados hasta ahora. La cirugía más efectiva es la que logra que el individuo se sienta saciado. Pero el bypass gástrico es peligroso y costoso. Todo cambiaría si apareciese una pastilla que engañara al cerebro y lo llevara a sentirse lleno mediante el incremento en las hormonas de la saciedad, esto es. a través del envío de falsos mensajes del estómago al cerebro. O’Rahilly no da muchos detalles sobre su investigación, incluso prefiere no mencionar los laboratorios que están detrás, pero transmite la impresión de que esta posibilidad no está lejana. En todo caso, él no es el único sumergido en esta investigación. La competencia más cercana está en el hospital de Saint Bartholomew, que, junto con la London School of Medicine, ya ha anunciado que en cinco años podrá tener la píldora en el mercado.

DESCOMPONIENDO LA OBESIDAD

 Al otro lado del océano, los científicos del Stem Cell Institute de Harvard y el Hospital General de Massachusetts aseguraban en diciembre haber dado un paso de gigante en su investigación. La noticia dio la vuelta al mundo. Su equipo, afirmaron, había identificado dos elementos capaces de transformar la grasa blanca mala en grasa marrón buena. Es decir, sabían cómo reprogramar los adipocitos para que hicieran el trabajo sucio y se convirtieran en unos auténticos comegrasa. Ante las expectativas creadas por su descubrimiento, el equipo norteamericano tuvo que salir al paso y reconocer que aún les queda un largo camino.

El problema, explicaron, es que los dos elementos en cuestión podrían dañar el sistema inmunológico. Otro grupo de investigación del Imperial College londinense ha identificado una enzima llamada glucoquinasa, encargada de regular las ansias de azúcar en el cerebro. Es la primera vez que alguien identifica un elemento en el cerebro que responde a un nutriente específico, y no al consumo energético en general , dice James Gardiner, del Imperial College. Los experimentos hechos con ratas han mostrado que el incremento en la actividad de la glucoquinasa provoca que los roedores prefieran consumir glucosa en lugar del alimento normal. Si existiera una pastilla capaz de revertir estas ansias, el consumo de azúcar sería menor.

Pero los avances no acaban aquí. A principios de enero, un estudio publicado en Nature Medicine por investigadores del Salk Institute, de La Jolla (California), anunció el desarrollo de un medicamento que funciona como una comida imaginaria y que ha provocado la reducción de la obesidad entre los ratones de laboratorio. O’Rahilly matiza. Son unas observaciones interesantes, pero el hecho es que muy pocos de los productos que parecen resultar efectivos entre los ratones terminan por ser aprobados para su administración al ser humano .

TICA

 El doctor Giles Yeo, uno de los investigadores que trabaja con O’Rahilly, emplea una aproximación diferente al problema. Según él, en lugar de condenar a quienes comen en exceso, haríamos mejor en preguntarnos por qué ciertos individuos comen demasiado y otros no. El entorno desempeña un papel importante, por supuesto, pero también la genética. Todos hemos sido programados para sobrevivir el tiempo suficiente para reproducirnos argumenta Giles Yeo. A fin de sobrevivir tanto tiempo, uno tiene que comer. Durante toda nuestra existencia como seres vivos hemos tenido que hacerle frente a la escasez alimentaria, hasta hace 50 años. Estábamos programados para comer cuando pudiéramos, en previsión de las hambrunas inevitables. En otras palabras, nuestros genes nos dicen que tenemos que comer siempre que podamos .

En el contexto de la genética, explica Yeo, 50 años no son más que un simple suspiro; nuestros organismos todavía no se han adaptado al nuevo entorno repentinamente abundante en alimentos. La explicación genética, sin embargo, tiene muchos detractores. Yeo cuenta que durante una cena universitaria en Cambridge uno de los comensales le espetó. Lo que estáis haciendo es dar una excusa a los que no saben cuidar de sí mismos . La opinión pública considera, de forma generalizada, que la obesidad constituye una muestra de debilidad moral.

La profesora Sadaf Farooqi incide en este aspecto. Está especializada en el estudio de los niños gravemente obesos. Farooqi ha visto a niños del medio rural pakistaní o de la Liberia devastada por la guerra que sufrían obesidad mórbida cuando lo lógico sería que sufrieran malnutrición. Por eso no entiende casos como el arresto de los padres de un niño de 11 años que pesaba más de 100 kilos. Según ella, cuanto más obeso sea el menor, más probable es que los genes desempeñen un papel decisivo. En estos casos es absurdo culpar a los padres. ¿quién puede ser responsable de que un niño de tres años pese 36 kilos? .

Farooqi considera que el componente genético está entre el 40 y el 70 por ciento. Y cada vez se identifican más factores genéticos.Farooqi estudia fenotipos metabólicos extremos , individuos con problemas genéticos raros. Así ha logrado descubrir que ciertos niños sufren una falta congénita de leptina. La leptina es la hormona que hace que nos sintamos llenos después de comer. Después de tratar a estos niños dándoles la hormona que les faltaba, incluso los que estaban poco menos que confinados a una silla de ruedas, empezaron a tener un peso normal. Un éxito. Sin embargo, y de forma frustrante, la leptina tan solo es efectiva en los casos de deficiencia crónica muy extrema. No es la cura milagrosa.

LA CURA MÚLTIPLE

 La cura será, muy probablemente, multifacética, como ha sucedido en el caso de la tensión arterial alta. O’Rahilly explica que la hipertensión hoy resulta manejable porque somos conscientes de los peligros de la sal, lo que ha llevado a la reducción del consumo y a la existencia de medicamentos como las estatinas, que ayudan a su control. El objetivo de la investigación de O’Rahilly es conseguir que el exceso de peso corporal se convierta, como la hipertensión, en una dolencia tratable de forma barata, que ya no sea un peligro para la vida del paciente . La combinación de medidas farmacológicas, la famosa y ansiada píldora, y ambientales puede lograr, en un tiempo razonable, que la obesidad se convierta en un problema del pasado.

LA CARRERA POR LA PATENTE

-Hormonas alteradas. Susan Jebb, profesora en Oxford, y su equipo estudian carencias hormonales que favorecen el sobrepeso. Ese déficit da lugar a cerebros hambrientos , con los que las dietas no son útiles. Sí lo sería una alteración de las hormonas.

-La comida imaginaria. Investigadores del Salk Institute (California), con Ronald Evans al frente, trabajan con un fármaco el fexaramine que funciona como comida imaginaria . Hace que el cuerpo reaccione como cuando va a ingerir comida y desencadena la quema de grasa. De momento funciona en ratas.

-Genes ‘del hambre’. El doctor Giles Yeo se centra en el enfoque genético. Durante miles de años estuvimos programados para ‘devorar’ hasta saciarnos porque no sabíamos cuándo comeríamos de nuevo. Ahora hay una desastrosa incompatibilidad entre nuestros genes y nuestro entorno .

-Inducir la saciedad. El profesor Stephan O’Rahilly, al frente de un equipo de 19 investigadores en Cambridge, busca la fórmula para inducir la sensación de saciedad de forma farmacológica y, además, hacerlo de un modo personalizado.

BREVE HISTORIA DE LA OBESIDAD

-‘La Venus de Willendorf’ 

En todas las sociedades han existido individuos obesos. La Venus de Willendorf, la estatuilla de una figura femenina muy pródiga en curvas encontrada en un campo de Austria, es 25.000 años anterior al nacimiento de Cristo. Hipócrates ya escribió sobre la obesidad en el siglo IV antes de Cristo.

-La corpulencia victoriana 

En 1700, cuando Europa estaba tornándose más próspera y mejor alimentada, Thomas Short escribió el Discurso sobre las causas y efectos de la corpulencia, que ya analizaba científicamente el tema de la obesidad. Sin embargo, el sobrepeso por entonces seguía siendo un fenómeno poco frecuente.

-Después de la guerra 

La expansión de las grasas se aceleró tras la Segunda Guerra Mundial. Al mismo tiempo que se abandonaban las labores agrícolas por los empleos sedentarios de oficina, los productos alimenticios se convirtieron en más abundantes, más baratos y más ricos en grasas y azúcares. Nuestro gasto calórico se redujo de forma drástica y el consumo aumentó de igual forma.

-El encanto de la comida basura 

El problema se agravó en las décadas siguientes por factores adicionales. A partir de los años setenta empieza a estar al acceso de cualquiera la comida rápida, barata, rebosante de calorías y deliberadamente adictiva. A lo que hay que unir las cada vez más sofisticadas técnicas de marketing empleadas por la industria alimentaria.

-Miedo y tecnología

La masificación de la tecnología a partir de los noventa es el factor más reciente. El creciente interés por los juegos informáticos, el temor a que los niños salgan a jugar a la calle y la disminución de las actividades deportivas en las escuelas han llevado a unos índices de obesidad inéditos.

-La calefacción engorda

La generalización de la calefacción también tiene que ver con el aumento de la obesidad. como ya no pasamos frío, no tenemos la necesidad de movernos para entrar en calor. Unas temperaturas más bajas incrementan la actividad de la grasa marrón, que asume la labor de quemar mayor número de calorías.

-Cambiar el entorno

Un estudio publicado en el British Medical Journal analiza la incidencia de la exposición a la comida rápida. A mayor número de establecimientos de este tipo de comida, mayor es el peso corporal del vecindario. Lo que puede sonar a verdad de Perogrullo, pero ratifica que el entorno es importante. Es decir, quizá habría que cambiar el entorno en lugar de decirle a la gente que tiene que cambiar de hábitos.

-El remedio o la enfermedad

Varios estudios más inciden en la importancia de la infraestructura en la regulación de la obesidad. Algunos concluyen que, si se facilita la práctica de ejercicio físico en un entorno, baja el sobrepeso. Y el carril-bici siempre será más barato que el coste de que la sanidad pública asuma las enfermedades derivadas de la obesidad.