Centenares de fotógrafos han retratado la emigración africana. Pero, ¿cómo viven y ven esta odisea sus miles de protagonistas?

-Los últimos metros. Yo, como los hombres que aparecen en esta fotografía, llegué a Ceuta nadando, bordeando por mar la valla. Entré al segundo intento. Fue el final de un largo viaje. La gente no se da cuenta de lo que hemos pasado para llegar aquí. Es un auténtico infierno. Yo crecí con la idea de que en Europa el dinero caía del cielo. De niños veíamos el fútbol en televisión, los estadios del Real Madrid y el Barça, y nos impresionaban mucho. La vida me demostraría que la realidad era bien diferente .

-Un editor gráfico improvisado. Me impresiona mucho ver todas estas fotos. Yo no salgo en ellas, pero cuentan perfectamente la experiencia que viví. Como muestra la historia que voy a contar en este reportaje, cada día puede ser el último. ¡Hay tanta gente que pierde la vida por el camino! Muchos amigos de Camerún me han llamado para decirme que también quieren venir. La decisión es suya. Pero yo les cuento todo. lo bueno y lo malo, y que ellos decidan. En el fondo, me gustaría disuadirlos. Es demasiado peligroso .

-Huérfano y con tres hermanas. Nací hace 24 años en Loum, una pequeña ciudad al sur de Camerún. Mi padre murió cuando yo tenía 6 años y, a partir de entonces, nada fue fácil para mi familia. Vivía con mi madre y mis tres hermanas. No teníamos dinero para pagar la escuela de todos, así que a los 15 años dejé de estudiar y empecé a trabajar con mi madre en el campo. Pero tampoco con eso sacábamos lo suficiente para mantenernos a todos. Tenía que hacer algo .

-Apenas unas monedas en la ciudad. Una noche, mientras mi madre dormía, me fui a probar suerte a Douala, a dos horas de mi casa. Solo cuando me vi ya en la ciudad, me atreví a llamar a mi madre para avisarla. Sé que no me habría dejado ir. La vida en la ciudad no era fácil. Todos los días, durante dos meses, me plantaba en el mercado y ayudaba a la gente con sus bolsas a cambio de monedas. Luego entré en una lavandería. 14 horas diarias por muy poco dinero; pero al menos dormía en casa de un amigo y no en la calle. Tenía 18 años. Todo lo que ganaba iba para mi madre .

-180 euros para todo el viaje. En Douala conocí a un chico que me habló por primera vez de cómo llegar a Marruecos. Me ayudó a planificar el viaje. Volví a mi pueblo para consultárselo a mi madre. ‘Es lo que has elegido dijo ella, solo podemos rezar por ti’. Un pastor de la iglesia me ayudó con algo de dinero. Conseguí 180 euros para todo el trayecto. Por el camino encuentras mucha gente que te intenta robar o te engaña. Cogí un autobús a Kumba, donde dormí un par de noches en un coche abandonado. Luego seguí hasta Ekom, en la frontera con Nigeria .

-Me robaron dos veces. Tras sobornar a la Policía, conseguí cruzar la frontera. En Abuya, la capital, me robaron 50 euros. Me quedaba cada vez menos, pero logré llegar hasta Maradi (en Níger). Maradi es una ciudad muy pobre, donde algunos niños me suplicaban comida con platos en la mano. Al verlos, lloré. Por la noche intentaron robarme de nuevo, pero no tuvieron suerte. había pagado el autobús para Arlit, al noroeste de Níger, y ya no me quedaba nada. Sin embargo, las cosas mejoraron. En Arlit, un hombre me acogió en su casa a cambio de que lo ayudara en la construcción. Gané algo de dinero y pagué el coche a Argelia .

-Tres días sin agua. En el viaje a Argelia vivimos un momento dramático. En mitad del desierto del Sáhara, el coche se paró. Casi nadie tenía agua, y los pocos que tenían no la querían compartir. Teníamos miedo. Sin agua, en medio de la nada, solo podíamos rezar. Pasaron tres días hasta que apareció un coche y alguien reparó el nuestro. ¡Logramos salir! De vuelta en la carretera, nos paró la Policía argelina. Registraron el vehículo. buscaban droga. No la encontraron y nos dejaron seguir, pero a pie. al conductor lo mandaron de vuelta a Níger .

-40 kilómetros a pie y casi descalzo. Quedaban todavía 40 kilómetros de desierto hasta la ciudad más cercana. Sin agua y con mis zapatillas destrozadas, caminé 20 kilómetros. Pero ya no podía más. necesitaba agua. Arriesgándome a que me cogiese la Policía, me acerqué a la carretera a pedir agua a algún coche que pasara. Tuve suerte. un conductor me dio de beber y seguí camino. Dejé mi mochila tirada en el desierto. Me pesaba. A medianoche llegué a Tamanrasset. Allí conocí a un camerunés que me ayudó. Me acogió en su casa y me compró un billete para Orán .

-Alimentarse de pasta de dientes. Llegué a la frontera de Argelia con Marruecos. Allí dormía con otros en la montaña, hasta que logramos colarnos en un tren de mercancías que iba a Fez. Llevaba dos días sin comer. Pero me salvó mi pasta de dientes. ¡Nunca pensé que serviría de cena! En Fez reuní algo de dinero cargando bolsas y seguí hasta Casiago, la última ciudad africana antes de Ceuta. Comía lo que encontraba en la basura. El primer día lloré sin parar. A las dos semanas ya éramos 120 personas en el monte. Decidimos tratar de entrar en Ceuta .

-Disparos en el agua. Caminamos dos horas hasta llegar al mar. La Policía de Marruecos nos dio el alto. Corrimos. Si te cogen, te pegan una paliza y te llevan a Rabat Lo sé porque me pasó a mí la primera vez que intenté cruzar. La segunda tuve más suerte. En la playa corrí pegado a la valla, para nadar lo menos posible. Cuando estaba a unos cien metros, me tiré al agua con mi flotador, un neumático. La Policía nos tiraba piedras e incluso disparaba No son balas de verdad, pero si te dan no puedes nadar por el dolor. No me alcanzaron .

-Y llegamos a España. Unos 70 compañeros logramos nadar hasta aguas españolas. En la playa estaba la Guardia Civil. Nos dijeron que saliéramos, pero no lo hicimos. Nos habían dicho que ellos te devolvían a Marruecos y que esperásemos a la Policía. Cuando llegaron los agentes, nos llevaron al centro de inmigrantes de Ceuta. Era el 12 de diciembre de 2011. Esta foto fue tomada el mismo día que crucé yo. Reconozco a algunos. el de los brazos abiertos es un boxeador de Camerú. Estábamos felices. Llamé a mi madre. Le di una alegría .

-Te encierran y te insultan. Pasé 9 largos meses en el Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes. Un día vi una iglesia y entré a rezar. El cura se acercó a mí. Me ofreció trabajo en las reformas de la capilla y que me uniera al coro. Tengo aún una cadena que me regaló. Y un buen día me trasladaron al Centro de Internamiento de Extranjeros de Tarifa. Las condiciones allí son muy duras. te encierran en una celda, te insultan Y vives siempre con la angustia de que te manden de vuelta a tu país, de que todo haya sido en vano. Tuve suerte. En mi caso no fue así .

-Recoger cartón y dormir en una chabola. Después de 27 días, me llevaron a Puente Genil (Córdoba) y conseguí contactar con un amigo. Estaba en Torrelavega (Santander) y fui para allá. En Torrelavega no encontraba trabajo y comía lo que podía. A los dos meses me vine a Madrid. Estuve otros tres trabajando con unos gitanos en Torrejón. Recogíamos cartón y a cambio me daban algo de dinero y un sitio donde dormir. Era una chabola y hacía mucho frío. No aguantaba más. Conseguí contactar con Full, un amigo de Camerún. Hicimos juntos parte del viaje a Europa. Me contó que vivía en Madrid, en una casa de la ONG Pueblos Unidos .

-Por fin, un hogar. Fue una gran suerte dar con ellos. A los tres días me dijeron que había sitio en una casa de la organización. Ese es todavía hoy mi hogar. Estoy haciendo un curso de carpintería y trabajo los fines de semana en un restaurante africano. Soy también catequista de niños. Ha sido un largo viaje y una experiencia que no le deseo a nadie. Aunque me siento orgulloso de haberlo logrado. Me ha hecho crecer como persona. Doy gracias a todos los que me ayudaron por el camino. Y pido a Dios por todos los que no lo consiguieron .