Su caso ocupó las páginas de sucesos de los periódicos de medio mundo. Una profesora norteamericana de 34 años, casada y con hijos se acostaba con uno de sus alumnos, de 13. Ella fue condenada a casi 8 años de cárcel por ello. Sin embargo, 20 años después y con  dos hijas, Vili  Fualaau solicita el divorcio. Por Fernando Goitia

El tenía 13 años; ella, 34. Se acostaron. Y se enamoraron. ¿Se enamoraron? Es lo que ellos han mantenido a lo largo de casi dos décadas. La justicia de los Estados Unidos, sin embargo, nunca se planteó la pureza de sus sentimientos.

A efectos legales, Mary “violó” a Vili, un menor y uno de sus alumnos en una escuela de Seattle. Y pagó por ello. Casi ocho años de prisión.

Mary Kay tiene hoy 53 años y lleva el apellido de Vili Fualaau, de 31 años, el niño que le provocó aquel irrefrenable deseo sexual. Es también el apellido de las dos hijas de la pareja, Audrey y Georgia Fualaau, de 17 y 16 años, respectivamente. La familia lleva una vida tranquila en el mismo barrio donde vivían cuando Mary y Vili se conocieron. Hace unas semanas, sin embargo, ante el décimo aniversario de boda de la pareja, este 20 de mayo, los Fualaau se dejaron entrevistar por Barbara Walters. A sus 85 años, esta leyenda catódica de los Estados Unidos llevaba un año jubilada. Y, de repente, la mujer que ha entrevistado a todo tipo de presidentes de gobierno, primeros ministros y estrellas anunciaba su regreso. ¿Quién era el responsable? ¿Michelle Obama, el Papa? Nada más lejos…

La entrevista a los Fualaau la vieron en seis millones de hogares, lo que prueba el interés -o el morbo- que aún despiertan “la profesora y el estudiante”. Gracias a la televisión, “la violadora de menores” , como llamaban a Kay los medios, y su delito sexual se han convertido, a ojos del público, en una sorprendente historia de amor.

La historia arranca cuando Vili tenía siete años y Mary era su profesora en segundo de primaria. Él, de origen samoano, de familia desestructurada y con un padre violento de extensa ficha policial, era un chico problemático. Pero nada reseñable sucedió entonces. Cuatro años después, sin embargo, en sexto curso, sus caminos volvieron a cruzarse. Ella daba ahora clases de matemáticas y a él no se le daban bien, así que la profesora, ahora sí, comenzó a dedicarle un poco más de tiempo a Vili que al resto de sus alumnos.

“¿Tienes un amante?”

Mary era, por entonces, ya madre de cuatro hijos y esposa de Steve Letorneau, un compañero de universidad con quien se casó tras quedarse embarazada. “Fue duro decidir si me casaba o no. No nos conocíamos casi. Siempre tuvimos problemas de pareja, pero en la enseñanza encontré mi gran refugio. El aula era mi mundo”.

En la escuela, Mary era conocida por sus piernas largas y sus pechos apretados. Una mujer que hacía suspirar a los adolescentes. Eso fue, al menos, lo que Vili contó a la Policía. Hoy da una versión más poética. “Parecía una actriz de Hollywood”.

En 2004, tras recuperar la libertad definitiva, y con Vili ya mayor de edad, Mary Kay concedió a Walters su primera entrevista. Le explicó cómo ocurrió todo. “Vili llegó una semana tarde. Su aparición fue como una gran perturbación: él era un poco más grande que los demás, y pensé” ‘Este chico quizá no encaje. Creo que vamos a tener problemas’. Yo daba una atención especial a todos los alumnos, intentaba que cada uno diera lo mejor”.

“Cuando lo miré a los ojos , me desarmó. Sentí algo. Un amor muy profundo”, dice la antigua profesora

Poco a poco fue ayudando a Vili con su pasión por el dibujo en clases particulares hasta que, al final de curso, se produjo el incidente que lo cambiaría todo. “Digamos que nos conocíamos ya bastante -contó-. Nos interesaban las mismas cosas, teníamos muy buena relación, pero sentía que empezaba a interesarse por las mujeres y que quizá estuviera dirigiendo esos sentimientos hacia mí. Decidí no darle importancia. Hasta que un día me dijo. ‘¿Tienes un amante?’. Me quedé perpleja. Me dije: ‘No lo mires a los ojos, Mary. Simula que estás ocupada’. Fue muy incómodo y empecé a evitarle por sus insinuaciones. Pero él era muy resuelto y me exigió una respuesta…  Cuando lo miré a los ojos, me desarmó. Sentí algo. Y me dijo. ‘Estoy enamorado de ti’. Yo le respondí. ‘¿Podrías aguantar unos años más?’. Me estaba separando de mi marido pero seguíamos viviendo juntos…  En fin, no quería dañar sus sentimientos. Pero sentía un amor muy muy profundo por él”.

“El incidente” , así lo llama Mary, tuvo lugar una noche. “Nos besamos, y no nos detuvimos ahí. Pensé que no iría más allá, pero sí que fue -admite-. Lo amaba tanto. Pero pensaba, ¿por qué no habrá sido solo un beso?”. Corría el verano de 1996. En septiembre, Mary estaba embarazada de Vili. Su marido lo descubrió todo en enero de 1997. Una carta de amor hallada en su casa le abrió los ojos. Denunció a su esposa, y Mary fue detenida por violación de un menor.

La pequeña Audrey vino al mundo el 29 de mayo de ese año, en pleno juicio. En agosto, su madre se declaró culpable de haber violado a un menor y fue condenada a siete años y medio de prisión. Seis meses después le dieron la condicional. Supeditada, eso sí, a no contactar con Vili bajo ningún concepto y a acudir a terapia para agresores sexuales. Un par de semanas después, ella y Vili fueron sorprendidos en un coche con las manos en la masa. Embarazada otra vez, la profesora apenas había pasado un mes en la calle. El juez la ponía de nuevo entre rejas y, en esta ocasión, para cumplir íntegra su pena.

Georgia Fualaau nació en la cárcel el 16 de octubre de 1998. Tras el parto, su madre recibió una petición de divorcio de Steve Letorneau y la noticia de que él y sus cuatro hijos en común se mudaban a Alaska. Hoy, al rememorar aquellos años, Mary evita términos como ‘prisión’. Ella habla de cuando “se fue” y de que en su celda soñaba con “casarme con Vili “.

Mary sigue en la lista federal de aresores sexuales. Lleva años queriendo que borren su nombre de ella para volver a dar clase

Además de soñar, Mary Kay fue bastante activa en prisión. Publicó un libro, Un único crimen, el amor, firmado con Vili; dio clases a sus compañeras, creó audiolibros para ciegos, se apuntó al coro de la cárcel y, como católica n padre ultraconservador, a cuyo funeral no se le permitió asistir, no se perdía una misa.

La pesadilla al salir del colegio

Vili, mientras tanto, atravesaba su propio infierno fuera. “Me sorprende seguir con vida”, admite. Alcohol, sexo y depresión profunda fueron sus grandes enemigos en la adolescencia.” Fue un periodo muy oscuro”, añade. No encontró ayuda en su propia familia, desestructurada desde que era un niño, para afrontar ser padre él mismo a los 13 años, mientras su vida era diseccionada por los medios de todo Estados Unidos. !Fue un cambio gigantesco -asegura-. Y nadie me ayudó… Ni mi familia ni los psiquiatras, nadie. Los médicos y terapeutas no sabían bien qué hacer conmigo. Querían atiborrarme a antidepresivos. Y mis amigos, claro, no sabían qué decirme. ¿Cómo me iban a aconsejar sobre ser padre? La persona con la que necesitaba hablar era Mary. Insistí siempre para que me dejaran hablar con ella, pero fue imposible”.

Lo consiguió, en todo caso, a través de sus hijas, cuando estas tuvieron edad suficiente para visitar a su madre. Aprovechando esos momentos, Mary Kay y Vili se intercambiaron durante años mensajes de amor. Es más, fueron Audrey y Georgia quienes trasladaron la proposición de matrimonio. “Vinieron un día a visitarme y me cantaron en hawaiano: ‘¿Te casarás conmigo?’ -recuerda Mary-. Sabían que nosotros, sus padres, nos casaríamos en cuanto yo saliera de prisión”. Mary Kay quedó libre en agosto de 2004. Vili tenía ya veinte años. Se casaron sin reparar en gastos, diez meses después, en un enlace que, a cambio de 750.000 dólares, emitió en exclusiva una cadena de televisión. Esconderse del mundo, por lo visto, no figuraba entre los planes de la pareja.

De hecho, se fueron a vivir al lugar donde se conocieron. “La gente me juzga, lo sé, pero mis vecinos saben que no estoy loca -cuenta la señora de Fualaau-. Me adoran y yo a ellos. Por eso me he quedado. Nuestras hijas están escolarizadas en el colegio donde trabajan muchos excompañeros míos. Es el entorno más seguro del mundo para nosotros. Solo queríamos recuperar nuestras vidas”.

Y en esas andan. Hoy, Mary trabaja como asistente legal y da clases particulares de piano, aunque su nombre continúe en la lista federal de agresores sexuales, condición que, por ejemplo, le impidió visitar en el hospital a una de sus hijas. Lleva años intentando que borren su nombre de ella y recuperar así su licencia para ejercer la enseñanza y retomar su carrera. Vili, por su parte, se gana la vida como jardinero y DJ ocasional.

Sus dos hijas adolescentes asisten a la misma escuela donde se conocieron sus padres, con profesores a los que Mary Kay conoce desde hace años. “Nunca tuvimos una charla con ellas sobre cómo nos conocimos -subraya Mary Kay-. Crecieron con ello. De hecho, recuerdo que una de nuestras hijas me dijo una vez. ‘¿Sabías que vuestra relación sería legal en muchos otros países?'”.

“Si una de nuestras hijas tuviera una relación con un profesor, no lo aprobaríamos. Una niña no es como un niño”

Sus padres, eso sí, no tienen reparos en confesar que son extremadamente protectores. Tanto que Vili les ha prohibido tener novio. “Se lo digo por experiencia -revela-. Una relación puede llevarte a algo que crees desear, pero de lo que te puedes arrepentir quizá años después. Y, desde luego, no aprobaría que una de mis hijas se acostara con uno de sus profesores o algún adulto. Una niña no es como un niño”.