Desmejorado, burt reynolds trabaja sin parar a sus 79 años.

Así de renqueante y flaco apareció el actor hace unos días en Filadelfia. Su corazón funciona con ayuda de un quíntuple bypass, ha superado su adicción a los analgésicos y, al borde de la quiebra, ha subastado por 2,5 millones de dólares sus tesoros personales. Reynolds, sin embargo, asegura estar en plena forma. Lo prueban sus tres cintas pendientes de estreno -con papeles de largo recorrido- y la escritura de su segundo libro de memorias –But enough about me (‘Dejemos de hablar de mí’)-, donde cotilleará sobre todas las personas con las que ha trabajado. Y, ¡ojo!, que la lista es kilométrica. Raquel Welch, Angie Dickinson, Liza Minnelli, Farrah Fawcett o Kim Basinger son solo una muestra por el lado femenino. Woody Allen, Clint Eastwood, Paul Thomas Anderson o Samuel Fuller, por el masculino. Al fin y al cabo, el gran sex symbol masculino de los setenta lleva casi 200 películas encima desde su debut televisivo, en 1959. Poco después, por cierto, de ser desestimado para Sayonara por parecerse demasiado a Marlon Brando .