Es una de las zonas más bellas y sobrecogedoras del mundo. Una joya geológica vertebrada por montañas saladas, géiseres de cinco metros y puntos donde no llueve jamás. Viajamos hasta la región de Atacama, al norte de Chile, donde nada es lo que parece. Por Daniel Méndez

Se acerca el 21 de junio, día del solsticio de verano; de invierno en el hemisferio sur. Es una fecha especial para los indígenas del desierto de Atacama. Se celebra el Año Nuevo y es el único día en el  que, según la tradición, dos viejos amantes pueden reposar juntos.

Uno es el volcán Licancabur, que con sus 5916 metros de altura supone una presencia constante en el horizonte de la región chilena de Antofagasta, en el extremo norte del país. Su enamorada es la montaña Kimal, la más alta de la cordillera, que se extiende a los pies del imponente volcán. El 21 de junio la Luna asoma justo por detrás del volcán, proyectando su sombra hacia su amada Kimal. Y esa noche, por fin, duermen juntos.

Solo el 21 de junio el volcán Lincabur proyecta su sombra sobre la montaña Kimal

Hay una leyenda que ofrece una poética explicación del modo en que la sal llegó hasta esta remota zona, convirtiendo la región de Atacama en una de las más bellas del mundo (e inhóspitas: hay rincones donde no ha caído una gota de lluvia en 250 años). Los geólogos aportan teorías más mundanas: quizá hubo aquí un mar hace 200 millones de años; quizá se trate de un lago glaciar evaporado en el que se habrían filtrado los sedimentos de las montañas.

Laguna de Miscanti. Situada a más ás poblada de lo que parece. se pueden avistar más de 70 especies de aves.

Sea como fuere, el paisaje de este valle de la Luna -en la Reserva Nacional de los Flamencos- deja sin aliento al visitante. Es un espectáculo geológico al que cada año acuden miles de viajeros. Imperdible una puesta de Sol desde lo alto de una colina. El tiempo ha esculpido curiosas siluetas, como las tres torres bautizadas como las Tres Marías.

Las Tres Marías. Un turista derrumbó parte de esta impactante formación geológica del valle de la Luna. Ahora solo se puede ver de lejos, pero merece la pena.

La base de operaciones perfecta para explorar la zona es el pueblo de San Pedro de Atacama. Sus calles sin asfaltar y sus casas de adobe atraen a gente de todo tipo, algunos incluso se instalan aquí en temporadas más o menos largas. Un aire familiar y bohemio se respira en sus calles. Hoy abundan las tiendas de souvenirs, los restaurantes y las oficinas que ofrecen excursiones.

La Nasa utiliza como zona experimental el Valle de la Luna

Los destinos tienen nombres tan sugerentes como el citado valle de la Luna -que, pese a su nombre, se parece más a Marte, o así parece pensarlo la NASA, que utiliza la región como zona experimental-, el valle de la Muerte o la piedra del Coyote. Antes de visitarlos, conviene habituarse a la altitud: durante las excursiones se superan a menudo los 4000 metros. Para evitar el mal de altura se recomienda beber mucha agua, comer poco y no realizar grandes esfuerzos. La altura y los cielos despejados hacen imprescindible una buena crema solar. Un factor 50 no es ninguna exageración. Eso sí, la luz es inolvidable. Unas gafas con cristal polarizado permiten apreciar todos los matices del paisaje, al tiempo que protegen la retina.

Un buen madrugón espera al viajero que quiere acercarse hasta los géiseres de El Tatio, el campo geotermal más grande del hemisferio sur. Ubicado a 4321 metros de altura, el termómetro baja durante la noche a 15 grados bajo cero. Por debajo de la superficie corren aguas subterráneas que pueden alcanzar los 85 grados. El contraste de temperatura provoca fumarolas y géiseres que escupen el agua hasta alcanzar los cuatro o cinco metros. Más de 60 pozos reproduciendo el mismo fenómeno generan un impresionante espectáculo al que conviene llegar abrigado y bien temprano. Y con mucho cuidado al pisar: el agua en ebullición puede provocar quemaduras.

Con cerca de 80 fuentes, El Tatio es el campo de géiseres más grande del hemisferio sur. Su nombre significa ‘el abuelo que llora’ en el extinto idioma atacameño kunza.

Imperdible también la laguna Chaxa, poblada -pese a las altas temperaturas y la salinidad del agua- de pequeños invertebrados, como el camarón rosado, que alimentan a los flamencos. Es uno de los mejores lugares de Chile para el avistamiento de estas aves.

Se puede retomar fuerzas tomando algo en la plaza de Armas de San Pedro de Atacama.

De regreso a San Pedro de Atacama es frecuente divisar a las vicuñas. Al llegar, el viajero puede refrescarse con un helado de hoja de coca. El pueblo es pequeño. Uno se siente como en casa recorriendo la calle Caracoles en busca de un restaurante donde disfrutar de un buen pisco. Como dicen por aquí: ¿cachai? Viene a significar “¿entiendes?”. Es un comodín que se escucha sin parar en Chile.

En San Pedro, el calor aprieta. Un buen helado -de hoja de coca, por ejemplo- refresca.