Son una de las minorías más perseguidas del planeta. musulmanes asentados en Birmania, donde la mayoría budista los ha aislado en guetos y sufren atrocidades. Huir no es solución. Los países vecinos también los rechazan y, este año, más de 25 mil rohinyás han sido encontrados en embarcaciones a la deriva. En el sudeste asiático no se conocía un éxodo así desde la guerra de Vietnam.

El “barco de la vergüenza” Estos rohinyás buscaban una tierra amiga en Indonesia. Los traficantes los abandonaron a su suerte en alta mar, sin alimentos ni agua. Pasaron dos meses de horror a la deriva. Y cuando avistaron tierra, nadie quería recogerlos. Tailandia, que en el sur tiene una insurrección islámica, no quiere nuevas comunidades musulmanas. Malasia e Indonesia, tierras del islam, tampoco los admitieron. Sucumbían lentamente en las orillas de la bahía de Bengala, comiendo cuerda y bebiendo su propia orina, implorando un rescate que llegó finalmente de la mano de unos pescadores indonesios.

Vivir en guetos Los rohinyás son un grupo étnico musulmán del norte del estado de Rakáin, en Birmania, limítrofe con Bangladés. Llegaron en el siglo VII como comerciantes. Según la ONU, son unos 800.000. El Gobierno de Birmania aplica una política antimusulmana y los recluye en guetos -como afirman las ONG- donde nadie puede entrar o salir sin permiso. En la foto, los restos de uno de esos campos, Du Chee Yar Tan, tras ser arrasado por budistas radicales.

Más castigo que crimenSegún Amnistía Internacional, los rohinyás sufren atrocidades desde 1978. Su situación no ha mejorado con la aparente apertura de Birmania. El Gobierno ha expulsado a las ONG y niega a los rohinyás ayuda internacional. Como no hay comida, aumentan los delitos. En la foto, Essoup, acusado de robar cigarrillos en el mercado de Thae Chaung.

El lujo del hospital Los rohinyás deben pedir permiso a las autoridades para casarse y firmar un documento por el que se comprometen a no tener más de dos hijos. Acostarse con una mujer fuera del matrimonio supone diez años de prisión y hacerlo con un budista hasta la muerte. En la imagen, Zatul sostiene a su nieto recién nacido. Su hija es de las pocas rohinyás que paren en un hospital.

Odio racial Los rohinyás no son gente de Birmania. Su tez es marrón oscura. Son feos como ogros . Estas declaraciones de un alto diplomático birmano son ejemplo del trato a estos musulmanes. En la foto, Abdul Razak sostiene a su sobrina de cinco años, atropellada por una moto. Fueron al hospital más cercano, pero el supervisor se negó a atender a la niña. Después de horas y con ayuda del fotógrafo, pudo ser atendida en otro hospital a varios kilómetros.

Los campos de la muerteMuchos rohinyás que huyen por mar acaban secuestrados por mafias en campos de la muerte entre Malasia y Tailandia. Exigen un rescate a sus familiares bajo amenaza de ser esclavizados o torturados. El dinero casi nunca llega. Abdul Hakim, uno de los supervivientes de esos campos (como los de la imagen), cuenta que fue golpeado y torturado con aceite hirviendo durante dos años.

El silencio cómplice Nur Hussein, de 28 años, murió de un ataque de asma. Tratado con oxígeno, se habría salvado. El Gobierno birmano ha recibido críticas internacionales, pero también la Premio Nobel de la Paz Aung San Suu Kyi, que se negó a hacer una declaración a favor de los rohinyás varados en el ‘barco de la vergüenza’. En medio del proceso electoral, y temiendo poner en su contra a muchos budistas, se limitó de decir que era una situación compleja .